martes, 30 de diciembre de 2008

El nuevo año

Hoy la televisión
ha dicho que el nuevo año
traerá esa transformación
que tanto estamos esperando.

Habrá tres navidades
la fiesta será diaria
cada cristo bajará de su cruz
aunque hay alondras que están en babia.

Nos darán de beber
y gratis todo el año
los mudos estarán hablando
y ya los sordos lo están intentando.

Y haremos el amor
cada quien con cada cual
los curas podrán casarse,
eso sí a una cierta edad.

Y sin grandes follones
alguno renunciará
y hasta es posible que alguno lo haga
hay cretinos de cualquier edad.







Yo soy el muchacho que quería ser como Leonard Cohen, pero tampoco me hubiera importado tener la voz ronca de crooner negro de Lucio Dalla, y hacer como él canciones tan hermosas como esta. ¡Al menos los dos nacimos el mismo día! Eso sí, yo 30 años después.
He aquí la versión que hizo Patxi Andión de este tema para recibir un nuevo año.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Rey David




Hoy, 29 de Diciembre, es día de mi santo, pero no tanto...
El Rey David es de los pocos miembros del santoral que no es santo. Fue poeta -el Libro de los Salmos está compuesto por él-, y fue rey. Pero no un santo, ni mucho menos...

domingo, 21 de diciembre de 2008

Villancicos

Pues no...
Bueno, que sí, que este post de hoy -sólo para tus ojos tan hermosos- va de literatura, cómo no, que de otra cosa no hablo.
Mis dos villancicos preferidos:
1. Los campanilleros.
Recién tenía yo terminada hará ya más de diez años la lectura de Tiempo de Silencio, de Luís Martín-Santos, cuando me puse en el vídeo la película adaptada de este texto por Vicente Aranda.
Hay una escena que me emocionó. Bueno, el libro bien, muy innovador y muy fatigoso de estudiar, si querías sacar el COU, había que leerlo y no aburrirse y dar palmas y decir, ¡oh, genio! Pero la peli es otra cosa, más llevadera y menos de estudiar y más de asimilar unos sucesos para luego llegar a conclusiones.
Lo que digo, una escena que me emocionó:
Imanol Arias y Juan Echanove salen de un café o una casa de lenocinio en época navideña y se lían a cantar esta canción, Los Campanilleros:



Es una canción de Navidad, pero tambien es una canción de amor que una mujer -podría ser un hombre, yo mismo-, le canta a su amado en hora de desconsuelo, desamparo, qué sé yo:
lloran penas que yo estoy pasando
desde el primer día que te he conocío
porque en tu querer tengo puestos los cinco sentíos
y me vuelvo loca sin poerte ver

Es un villancico muy hermoso, y aquí la versión de José Mercé:



2- Luego, siemrpre me ha gustado mucho la canción del tamborilero, en España cantada por un amanerado Raphael:

mas tú ya sabes que soy pobre también
y no poseo más que un viejo tambor

Y la canción original:

Y aquí estos dos, haciendo esta versión de amiguetes, tan agusto:


Pero emociona igual, ¿verdad?

¡Feliz Navidad a todos!

viernes, 19 de diciembre de 2008

Simbolismo (V). Sinestesia e impresiones.

O sea, que pintura sería pintar las cosas cuando son menos ellas. Y literatura, claro.
Cuando son menos ellas: cuando están en trance de transmutarse por sí mismas (por la luz o la sombra del tiempo, si es que no es lo mismo) en otra cosa. Escribir, pintar, hacer arte, es sorprender la cosa en su momento metafórico.
Las cosas (las personas) tienen al menos un instante a lo largo del día -el atardecer, según Tiziano- en que son extrañas a sí mismas.
Es cuando el universo comulga con el universo, cuando la transvaloración natural de todos los valores se opera por sí sola.
Había que pintar la entropía y la sinestesia. Más que utilizar la sinestesia escribiendo (traslación de las palpitaciones de un sentido corporal a otro), sorprender la sinestesia que se opera en las cosas, el tizianismo de la vida.
Francisco Umbral. Trilogía de Madrid.


La melodiosa caricia de tus manos en mi rostro.
El susurro vergonzoso de tus ojillos al mirarme.
Yo escuchaba tu voz de bombón y almendra, crujiendo rica en mis oídos.
Guardo el sabor de un beso tornasolado.
Y atesoro la fragante luminosidad de tu sonrisa.
Y aquí estoy ahora, tecleando sinestesias, mala cosa es, un desorden sensorial provocado por alguna droga, por un daño cerebral, o por la locura. O la literatura, que está compuesta por desórdenes y alteraciones de todo tipo. Una de dos, o deformas, o informas. O te metes a literato o a periodista. Están los que, de una manera genial, meten esa deformidad en la crónica, como Umbral. O los que llenan de datos objetivos la literatura -cosa necesaria a veces, no lo dudemos, pero a veces tan molesta...-.
El simbolismo fue un movimiento, pero no se murió, ni se mudó, pasó lo que pasa con todo lo bueno, que pasados unos años, pasada la novedad, su luz y su sombra se fueron alargando, y así seguirá hasta el fin de los tiempos. Hay una corriente literaria, un río de tinta antígua, que es la que a mí más me interesa.
Nace por el 98 con Valle y Unamuno. Y Baroja y Azorín. Y como no Machado. Tan distintos eran como distantes sus literaturas. Pero se les metió en el mismo saco, los etiquetistas del Carrefour lo tienen duro por estas fechas con la campaña de Navidad, los etiquetistas literarios no lo tienen tan difícil, se dicen: estos nacieron por estas fechas, publicaron en este año, ¿a los cinco les gusta el dantesco baile del pañuelo? Pues generación pañuelo.
No, no lo critico, es necesaro, son imprescindibles las guías y las señales. Y algo común tendrán, enemigos a batir, padres a los que matar, hijos a los que parir. Valle y Baroja en nada se parecen, pero están en el mismo saco. Pero todos ellos tienen un mismo aroma reconfortante al rastrojo quemándose en una tarde de otoño en la que el sol siempre se va yendo dejando el más mágico instante.
Pasé quizá demasiado rápido por el frío, pero algo fui recogiendo, y me paraba allá donde encontraba calor, uno quisiera pararse siempre al amor de la lumbre de Ramón Gómez de la Serna, su casa es como un bazar que nunca se acaba. O bajo el sol de Juan Ramón Jiménez, donde nada es necesario, tan desnudo.
Pero eso sería limitarse, yo no quiero especializarme y ser el más sabio en la h cuando todas las letras del abecedario pasan a mi alrededor, reclamándome.
En Lorca, sobre todo en él, hay algo de ese mágico instante, de ese misticismo que evoca una eterna última tarde, preludio de la muerte, que nunca llega del todo.
Canto del cisne de la literatura nuestra, oro de las últimas hojas caídas, por qué nos ha tocado a nosotros nacer en este país inmenso y tan acomplejado.
Es un país que siempre se está desintegrando, pero que nunca termina.
Generaciones de postguerra, por ahí continúo. El oro mágico de la hoja de Otoño sigue en Cela, Aldecoa, en todos los que les acompañan. Allí en el río Jarama un grupo de jóvenes..., y entre visillos la gente de ese pueblo...
No sé distinguir el humo del sarmiento y de la piñota, tampoco es tan necesario si de camino hacia la inevitable noche uno se sienta al calor de todas esas palabras quemándose dentro de uno. Combustión en el alma, energía.
La palabras de oro y bronce, las palabras huelen a humo, saben a pan con aceitunas. Las palabras te golpean o te acarician.
Esas correspondencias de las que hablaba Baudelaire, para abrir resortes en el alma a través de los sentidos.
Cuando leí el primer libro entero de Umbral, en Primavera y con lluvia, luego una tarde, en la última página, salió el sol y salí a la calle y me reencontré con todo aquello que evoqué.
El impresionismo es un estilo pictórico y musical contemporáneo al simbolismo. Hermanado o casado, o la misma cosa.
Son impresiones, lo demás como que no me importa, ni el análisis crítico ni la moraleja final, cuando uno lee un texto, poema o narración, y por dentro algo reconoce en las palabras a un hermano que vuelve o a una novia que llega para quedarse para siempre.
A veces me pregunto por qué sigo leyendo a autores extranjeros, si ya sé que la combustión que necesito para la energía de mi busca está en los de esta tierra. Que te hablan de lugares que has pisado, de hechos que tenéis tú y los tuyos en la memoria personal y colectiva.
¿Perdí el tiempo leyendo a Amis, a Auster?
Hay que buscar por cualquier parte, el encuentro nunca se sabe donde puede suceder, el patito feo que un día será cisne no puede quedarse quieto en sus complejos. Hay que escapar de las reinas de las nieves.
Volver a la oscuridad y confusión del medievo, donde cada país estaba fragmentado en mil reinos, para encontrar el tuyo e iluminarlo, llevándolo al renacimiento claro y armonioso. Que para que haya una estrella es necesario el caos, que para encontrar primero hay que perderse.
En permanente lucha contra los ejércitos de la desolación.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Manón



En más de una novela he leído de qué manera los personajes, cuando no tienen nada que hacer, se meten en algún cine a ver cualquier película. La que le echen.
Yo nunca haría eso, un mínimo nivel de exigencia, vamos a ver, la vida ya es la caja de bombones de Forrest Gump, nunca sabes qué te vas a encontrar, si el bombón amargo o el que sabe a hiel.
Lo que sí he hecho alguna vez es ir con un par de pelis en la mollera y no decidirme hasta estar en la taquilla.
Ayer, sin embargo, me ví en la filmoteca frente a una película que no tenía yo entre mis elecciones, ¿dónde sale aquí Buster Keaton? Me pregunté en los primeros minutos.
Después de comer opíparamente en casa de una tía mía que está enferma, y de escuchar historias familiares de la postguerra con interés y sorpresa, cogí el metro hacia el centro. Iba con tiempo, y no había tomado yo de mi droga, así que me pasé por el Starbucks Café de Arenal y pedí uno de los míos. Hubiera preferido sentarme allí un ratillo mientras seguía leyendo artículos literarios -a la mañana descubrí a un poeta, un tal Juan Eduardo Cirlot, al que a buen seguro buscaré en las polvorientas librerías y en las deshabitadas bibliotecas, al que encotraré, y al que amaré, ya que sus versos me parecieron maravillosos:

Este sonido triste que solloza
es mi espada románica que piensa.
Mi corazón oscuro la acompaña.
...
Yo soy un ser humano a pesar mío.
El espacio plateado de mi espíritu
penetra en el espacio gris del mundo.
¿Hasta cuándo?


Ven a verme llorar,
no lloro con los ojos ni con el pensamiento;
lloro con las entrañas, con los dedos quemados,
con la frente rajada por cuchillos
y con la llaga en llamas que yo todo soy.
Desciende del palacio, ven
a verme llorar.


Triste, mi corazón, como los ángeles
que sólo son cenizas estelares,
polvo de las galaxias más oscuras,
consunciones de cánticos ausentes.

Mis manos me acompañan hasta el bosque
donde un instante estuvo tu fulgor
de pronto recobrado por los ávidos
poderes de la nada y de lo nunca.

Me caigo en torno mío y me deshago
en un montón de letras en que apenas
tu nombre de amatistas y de muérdago,
Bronwyn, no se desgasta con el tiempo.


El mar entre las manos de las nubes.
El mar entre las nubes de las hierbas.
El mar entre las hierbas de tu cuerpo.


Lo que decía, que café en vaso de papel en mano decido marchar, eso está lleno de familias de ingleses con niños gritones.
Sorbito a sorbito, me pongo tibio, me mancho de café primero la manga del abrigo y luego los pantalones. Como aquellas obras completas de Lorca en Aguilar que descansa -hasta que llego yo y lo abro, menos a menudo de lo que debiera- en casa de mis padres, sus páginas tintas de un café con leche antíguo, que quizá tomaba mi madre y que yo, infante aún, vertí sobre sus páginas.
(Desde entonces cae sobre mí la maldición de la mancha del café sobre la literatura, no puedeo escribir sin cafeína, no puedo tomarlo sin sentirme página, ¡ay!)
Mi intención era ver un corto y un largo de Buster Keaton, del que están dando un ciclo en la filmoteca. Casualidades, antes de saberlo yo ya le había dedicado un post a este hombre que nunca sonreía.
Lo primero es que se les chafa la cinta, o se les quema, o qué sé yo, que al medio minuto se corta la emisión y encienden las luces.
Sin título y sin nada que me diga que es lo que voy a ver, dan cuenta en pantalla del listado de intérpretes, y no encuentro a Buster en palabra alguna.
Luego meten a una veintena de judíos en un barco, que cantan una hermosa oración una vez asentados.
Luego encuentran a una parejita de polizontes bien guapa, ella es Manon Lescaut, él es su novio y salvador.
¿Dónde estás, Keaton? Seguro que se confundieron de cinta.
Pero nones, el que se confundió fui yo, que lo del hombre esfinge fue ayer, joder, que lo de hoy es una peli francesa del 48, una adaptación de la novela del Abate Prevost Manon Lescaut.
Una trágica historia de amor, que me rocordó el polvo serán, mas polvo enamorado Quevediano.
Como trágica es la paralela historia de aquellos que llegados a su tierra prometida, antes de pisarla, son masacrados.
El paraíso queda muy lejos de aquí, le dice él a ella antes de que ella le ofrezca su último suspiro, y él arrastrará su cuerpo, enloquecido por todas las palbras que escuchó, le habla su amada muerta y le hablan los cactus, el sol, el polvo del desierto.
Entré al cine para reír y me quedé para llorar, es una célebre historia que tiene óperas de Puccini y de Massenet:

martes, 16 de diciembre de 2008

Simbolismo (IV). Dos poemas




Puestos así uno detrás de otro, como si se complementaran. Con permiso o sin él lo hago, llámenme atrevido o necio, pero la poesía tambien es un cuento con una aventura. Una aventura del alma.

EL ADOLESCENTE

(El baúl espera, cerrado ya,

en el patio de mármol.)


1
-Madre, me olvido de algo, y no me acuerdo...
madre, ¿qué es eso que me olvido?
-La ropa va toda, hijo.
-Sí, mas me falta algo y no recuerdo...
Madre, ¿qué es eso que me olvido?
-¿Van todos los libros, hijo?
-Todos, mas falta algo y no me acuerdo...
Madre, ¿qué es eso que olvido?
-Será... tu retrato, hijo.
-¡No, no! Me falta algo, y no recuerdo...
Madre, ¿qué es eso que olvido?
-No pienses más, duerme, hijo...

2
-¡Madre! (La aurora es otra.) Tu voz viva
sonará... ¡mas yo sin oírlo!
¡Sólo una hora por medio,
y ya está el mundo vacío!
¡No van a ninguna parte
los matinales caminos!
¡Madre, madre, ya sé lo que me faltaba:
todo, tú, yo!
Norte negro.
Silba el viento, grande y frío.

(El cochero va cantando.

Los lejanos eucaliptos,

aún nocturnos, dejan ver,

doblándose, el repetido

humo del tren. Bajo el puente,

Riotinto.

torna su onda grana al pueblo.

La marisma inmensa. El niño

del carabinero grita

tras el coche: "¡Adiós!"... Crujido

de arena bajo las ruedas

duras... Olor a marisco

podrido...)


(Juan Ramón Jiménez)



EL VIAJERO

Está en la sala familiar, sombría,
y entre nosotros, el querido hermano
que en el sueño infantil de un claro día
vimos partir hacia un país lejano.

Hoy tiene ya las sienes plateadas,
un gris mechón sobre la angosta frente;
y la fría inquietud de sus miradas
revela un alma casi toda ausente.

Deshójanse las copas otoñales
del parque mustio y viejo.
La tarde, tras los húmedos cristales,
se pinta, y en el fondo del espejo.

El rostro del hermano se ilumina
suavemente. ¿Floridos desengaños
dorados por la tarde que declina?
¿Ansias de vida nueva en nuevos años?

¿Lamentará la juventud perdida?
Lejos quedó -la pobre loba- muerta.
¿La blanca juventud nunca vivida,
teme, que ha de cantar ante su puerta?

¿Sonríe al sol de oro
de la tierra de un sueño no encontrada;
y ve su nave hender el mar sonoro,
de viento y luz la blanca vela hinchada?

Él ha visto las hojas otoñales,
amarillas, rodar, las olorosas
ramas del eucalipto, los rosales
que enseñan otra vez sus blancas rosas...

Y este dolor que añora o desconfía
el temblor de una lágrima reprime,
y un resto de viril hipocresía
en el semblante pálido se imprime.

Serio retrato en la pared clarea
todavía. Nosotros divagamos.
En la tristeza del hogar golpea
el tic-tac del reloj. Todos callamos.
(Antonio Machado)

Parece como si el poema de Juan Ramón hallara cierta continuidad en el de Machado.
Está el que marcha a un viaje y está el que regresa.
El mismo hermano que tanto tú como yo tenemos, que un día marchó en busca de aventuras, o de conocimiento.
Y que llega con su frustración y sus canas.
Es que quizá se fue olvidándose a sí mismo.
Y vuelve sin su sueño realizado, con sus trabajos de amor perdidos, con su conocimiento roto por los desengaños.
Interpreta tú, si tienen ojos tu alma, sí, tu alma que es tu hermano y tu aventura.


Mujer frente al sol del poniente. Caspar David Friedrich.



Mujer asomada a la ventana. C.D.Friedrich.



En el velero. C.D.Friedrich.



El soñador. C.D. Friedrich



Cisnes en el cañaveral. C.D.Friedrich.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Un nuevo género: cine de ninfas

Y menos mal que aquí a Holliwood no se le ocurre meter mano, que viva el cine francés -lo digo con la voz muy bajita, no sea que se lo crean-.
Desconfío mucho de Holliwood cuando toca un clásico, me pasó con Troya, que hizo de la Iliada lo que le dió la gana, cambiando hasta el temperamento de los personajes, adaptándolo a su manera de entender el mundo, que no digo yo que sea mala, pero las cosas no fueron narradas así.
Hoy he ido a ver Su majestad Minor, de Jean Jacques Annaud, que lo mismo te dirige un En busca del fuego que un El nombre de la Rosa, o aquella versión de El Amante, de la Duras. Es decir, que no es poca cosa.



Es una película desconcertante: zafia, fresca, divertida -aunque decae algo en la segunda mitad-, mágica, burda, bella, irreverente,erótica, poética, y un tanto cochina. Como que el personaje principal es Minor, el hombre-cerdo, unido sentimentalmente a una marrana, aunque luego se enamora de la hija del patriarca. Es, ante todo, sorprendente, aunque tiene en su contra a que recuerda algo al cine casposo tipo Jaimito contra todos. Pero siempre se parecerá más a las Metamorfosis de Ovidio una película así que cualquier tratamiento filtrado por la mentalidad imperante.
Cuando uno lee los clásicos se sorprende más que cuando ve una adaptación sobre el texto, la falta de tapujos y reservas de la época nunca será políticamente correcta para estos días. ¡Pero la vieja y decadente Europa siempre tendrá viejos lobos que salven la mitología, la literatura, el maravilloso mundo de la fábula, donde todo es posible!
Ya hace unos meses que fui a ver El romance de Astrea y Celadón, de Eric Rohmer, que adaptaba una novela del siglo XVII, La Astrea.



El genio de Rohmer hace que te traslades no a la época pre-cristiana en que suceden los hechos, si no que ves a través de los mismitos ojos con que miraban esa época en el siglo XVII. ¿Habéis visto esos cuadros de Velázquez que tratan los personajes mitológicos como personajes contemporáneos? Pues igual. O esas figurillas del Belén napolitanas, que visten como hace dos, o tres siglos.
Al menos no te llevan a engaño, te dicen: mira, esta película está basada en una novela pastoril del XVII que retrata la era mitológica, en la que ninfas y humanos convivían, y lo vas a ver con la visión del XVII. No así Holliwood, que te saca unos vestidos muy acordes pero que las mentes son muy de hoy en día, es que si no aburre.
Así pasó con la peli de hoy, que siendo día del espectador éramos cuatro gatos. Igual que cuando fui a ver la de Rohmer.
Sucedió una cosa curiosa la semana pasada, que fui a ver Gomorra a los Kinépolis. Gomorra es un film sin concesiones, que retrata las cosas tal como son, sin romanticismo alguno -he de confesar que me gustaron más las romántica saga de El Padrino, o pelis similares, no tengo nada en contra, prefiero el tratamiento romántico en el cine al realista-. Pues la gente se aburrió mazo, a partir de la primera media hora la gente se fue yendo, quizá por la crudeza de la película, quizá porque les parecía un tostón. Los cinco macarrillas que se nos sentaron atrás se marcharon en el minuto 31, y menos mal, había uno que comentaba cada escena en voz alta. Luego a mi izquierda una de esas parejitas que a falta de besitos se daba a la cháchara con una fluidez propia de tertulianos de mesa camilla. Y el colega con el que fui, mandando mensajitos con el móvil -pero por lo menos tenía el decoro de hacerlo en silencio, es de mi opinión, al cine se va a ver la película-. A mí me ha mirado un tuerto con esto del cine, siempre me tocan los mismos, cualquier día día les interpreto el papel de la niña del exorcista, a ver si así se divierten, que para algo han pagado entrada, los pobres.



Y ya, por último, lanzo mi deseo, más películas mitológicas -¿vió alguien las maravillosas Furia de Titanes (1981) -con el shakesperiano Laurence Olivier haciendo de Zeus- o Jason y los Argonautas (1963)? Más cine mitológico con respeto e imaginación, que no son incompatibles. Más cine de ninfas y sátiros irreverentes, como la peli de Annaud. Y menor chorradas al gusto efímero de las mentes estúpidas que manejan Jodiwood.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Simbolismo (III). Noche oscura del alma

En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada




vivo sin vivir en mi - Amancio Prada

Hoy se celebra la festividad de San Juan de la Cruz, patrono de poetas y otros herejes, como lo fue él mismo en su época, que no en esta. Tiene el hombre la fea costumbre de acusar lo que luego santifica, pura contradicción, pero quien esté libre de pecado...
Misticismo. Poco que decir sobre el tema, doctores tiene la iglesia, y eruditos la poética, yo me conformo con el goce y el tormento plasmado en verso, que otros escriban y estudien las notas a pie de página.
Una anécdota sí que contaré, sacada del Gargoris y Habidis. Una historia mágica de España, de Fernando Sánchez Dragó, que no sólo fue premio nacional de ensayo hará unas tres décadas, si no que es de grata lectura pese a su gruesa presencia. Subrayado lo tengo, yo es que antes leía ensayos voluminosos, ahora les miro el lomo con nostalgia de tiempos en que fui más sabio y menos cangrejo. Que los golpes te dejan gilipollas, no dan sabiduría. Quien los probó lo sabe.
Pues narra que un profesor suyo apellidado Maldonado, a la hora de explicar la lección sobre los místicos españoles -y arrastrando hacia el aula consigo al poeta y profesor Carlos Bousoño como testigo-, se limitó -o, mejor dicho, se expandió- a dar vueltas y a gritar ¡San Juan! ¡Santa Teresa! ¡Los místicos! ¡Oh! ¡Ah! Mesándose los cabellos, quizá rasgándose las vestiduras -no lo creo, pero queda bien-. Y que ahí acabó la lección.
San Juan de la Cruz es el poeta más grande en lengua castellana. Ni lo digo ni lo desmiento: lo es. No el mejor, ni el que escribe más bonito, o que según el canon se adapte a la perfección. Ajeno a cualquier medida. O etiqueta. Quizá no sea una declaración subjetiva, la mía, y como siga explicándome la lío seguro.
Sus versos no exceden las cuarenta páginas, un puñadito de poemas de lectura sencilla. Y aun así es tan grande su huella que no hay generación ni movimiento posterior que no presuma de seguirla. Pero no tan descalzos como el carmelita.
Creo recordar que el fraile poeta escribió toda su obra en prisión, en los años o meses que estuviera -he decidido no informarme para este post, no es necesario-, sin papel ni pluma, sino que con su alma y su soledad, en larguísima noche.
Luego, a partir de ahí, sí escribió mucho explicando cada verso, un montoncillo de páginas por cada verso.
Leí una vez en un artículo que Francisco Umbral alababa su poesía, pero que no hacía falta luego tanta explicación, que el poeta que explica su verso lo jode todo. Quien sabe, quizá eran una excusa para la iglesia, o quizá no. Es uno de los doctores de la iglesia, San Juan.
Sus versos, por sí mismos, pueden ser víctimas de multitud de interpretaciones, acertadas o no. Cuanto más universal es el verso, a más interpretaciones llegará, a las que cada uno le de.
Es considerada su poesía, por ejemplo, una de las cimas en poesía erótica:

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba
allí quedó dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena
cuando yo sus cabellos esparcía
con su mano serena
y en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme
el rostro recliné sobre el amado;
cesó todo, y dejéme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.


Pocos versos tan hermosos sobre el amor se escribieron antes y después. Siguen la tradición amorosa de El cantar de los cantares, del rey Salomón, dignos hijos de tan alto padre, los versos de San Juan.
Como aquellos otros de un amor no tan afortunado, en el poema Super Flumina Babylonis:


Allí me hirió el amor,
y el corazón me sacaba.
Díjele que me matase,
pues de tal suerte llagaba;
yo me metía en su fuego,

20. sabiendo que me abrasaba,
disculpando al avecica
que en el fuego se acababa.
Estábame en mí muriendo,
y en ti sólo respiraba,


San Juan y Sta Teresa fueron precursores del modernismo, que es como se llamó aquí al movimiento simbolista. Mediante imágenes sencillas se nos abre en el corazón un mundo no tan sencillo, difícil de entender aunque te leas una biblioteca de tratados, tan sólo a los poetas más grandes les ha sido dado el don de hacer no ya comprender, si no sentir el goce y el tormento a quien les lea. Que tú mismo has sentido sin saber expresarlo. Pura música en la que se olvida la palabra, aunque esté compuesta de letras. Cuando el verso es alado y vuela, que se escapa con la misma facilidad que una mariposa.
Oyes una melodía y no sabes qué milagro sucede dentro de tí, por eso las palabras muchas veces molestan para explicar lo más hondo y grande, el intenso amor y la pura belleza.
El poeta que escribe ha de vaciar entonces las palabras de contenido, como el místico hace con su alma, vaciarlo. Y entonces se llenará de aquello que no es lo que se dice, la mariposa no es ese insecto zumbante y material, es el aleteo y su luminosidad.
Mira, no te voy a hacer entender lo que ni yo mismo entiendo. Pero no olvides que lo más sencillo encierra semilla y muerte, y lo que hay antes, mediante y después. Mientras que los términos difíciles que no pueden ser expresados con palabras llanas pueden ir cargados con la mismita nada, y no merece la pena ponerse a meditarlo.
Lee ahora estos versos, más sencilla y bella no puede decirse la pena de amores:

Un pastorcico solo está penado,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.

2. No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido;
mas llora por pensar que está olvidado.

3. Que sólo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.

4. Y dice el pastorcito: ¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia,
y el pecho por su amor muy lastimado!

5. Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado asido dellos,
el pecho del amor muy lastimado





San Juan ha sido musicado por Amancio Prada y por Enrique Morente.
Del primero sí se puede encontrar algo en la red, de Enrique Morente yo tengo el vinilo -con adaptaciones también de poemas hermosísimos de Al-Mutamid-, e hice mal en no adquirir el disco compacto cuando pude hacerlo, pues el disco creo que está descatalogado.
También le dio vida en la pantalla el actor Juan Diego -que tan bien sabe hacer de cualquier cosa, de santo y de chulo, como todos los buenos actores-.


¡Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche!.

I

Aquella eterna fonte está ascondida.
¡Que bien sé yo do tiene su manida
aunque es de noche!

II

Su origen no lo sé pues no le tiene
mas sé que todo origen della viene
aunque es de noche.

III

Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben della
aunque es de noche.

IV

Bien sé que suelo en ella no se halla
y que ninguno puede vadealla
aunque es de noche.

V

Su claridad nunca es escurecida
y sé que toda luz de ella es venida
aunque es de noche.

VI

Sée ser tan caudalosos sus corrientes,
que infiernos cielos riegan y a las gentes
aunque es de noche.

VII

El corriente que nace desta fuente
bien sé que es tan capaz y omnipotente
aunque es de noche.

VIII

El corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede
aunque es de noche.

IX

Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida
aunque es de noche.

X

Aquí se está llamando a las criaturas
y de esta agua se hartan, aunque a escuras
porque es de noche.

XI

Aquesta viva fuente que deseo
en este pan de vida yo la veo
aunque es de noche.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Simbolismo (II) El misterioso milagro de las afinidades


Satie: Gymnopédie #3 - Philippe Entremont

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Antonio Machado. Soledades, galerías y otros poemas


Ya de niño este poema provocaba una sensación especial, como de sueño malsano y opiáceo. Hoy mismo sigue sucediendo igual.
No olvidemos que esta sencillez no es tal, que sólo el alma puede comprenderla y darle la interpretación verdadera. O eso, o un conocimiento casi científico, si es que damos válida a la Poética como una ciencia, a mí me hace gracia, pero es que hay poetas y eruditos que lo aceptan así. La elaboración del poema como trabajo de laboratorio, que sí, que sí, en este mundo loco se atrevieron a todo...

Este aparte puede ser saltado, que no tiene que ver con el tema, ya que se trata de un llanto de plañidera:


[Se atrevieron a levantar cátedras y a cometer asesinatos.
Es puro deleite ver cómo se matan entre ellos, los literatos, desde Góngora y Quevedo a Pérez Reverte y Umbral. Lo triste llega cuando para pasar de curso has de saber interpretar un texto literario. Pero hubo un tiempo en que hasta obligaban a aprender latín. Disciplinas extravagantes, vagantes, peregrinos mandamientos.
Y sin embargo esos tiempos que dieron luz a hombres y mujeres tan íntegros ya no volverán. Cualquier tiempo futuro será una mierda. El fracaso escolar es la vergüenza de hoy, cada tiempo tiene su vergüenza, con su castigo posterior.
La cosa viene del Edén, cuando Adán y Eva se vieron desnudos y sintieron su primera vergüenza, siendo por ello expulsados del paraíso.
A sí sucede con los colegiales de hoy, un día verán la debilidad de sus mentes por desnudas, y serán expulsados de uno de los pocos paraísos que quedan: Arte.
Sí, las artes son un edén original, génesis de lo poco bueno que nos queda.
Tengo unos cinco amigos que se dedican a la enseñanza de secundaria y primaria, compañeros de universidad -yo ahora alimento barrigas, ellos intentan alimentar cabezas, y es mucho menos agradecido lo de ellos-.
Yo también era un "fracasado escolar", pero al menos devoraba libros y algún profesor veía en mí un tipo brillante. Comí del fruto prohibido: la televisión. Y eso, unido a mi debilidad mental y mis amigas las musarañas, hicieron de mí un inconstante, un perezoso, un indolente. Pero luego los años de universidad fueron muy buenos, de algo me sirvió leer tanto en la adolescencia.Tendré que leer algún día el nuevo libro de Daniel Pennac, Mal de escuela, creo que tendrá graciosas similitudes con mi experiencia]



Este poema de Machado nos habla de ese estado del alma monótono, en un contínuo aprendizaje de las mismas pautas y las mismas lecciones.
Es como si esa estampa en cada uno de nosotros fuese eterna.
En eso consiste una de las características del simbolismo, en que los versos tomen una significación atemporal y universal. Los elementos simbólicos: colegial, maestro, monotonía, lluvia, cristales... son lo mismo aquí y en rusia, en 1923 y 2008. Y en la experiencia de cada cual estos elementos pueden tener las mismas concordancias, o, como dijo Baudelaire, las correspondencias, que el artista ha de encontrar, las afinidades secretas entre la sensibilidad y la espiritualidad.
Ahi radica quizá el milagro de este movimiento cargado de misterio, El Simbolismo.
El aroma de la rosa escrito en un verso lleva consigo una carga de sentido liviana para el olfato y gozosamente pesada para el espíritu. La flor que tú sentiste aquella tarde se quedará por siempre a tu vera, acompañándote por todos los caminos.
Ahí está la confusión que hay con la poesía de Gustavo Adolfo Becquer, que según nos dijo un catedrático, todo un señor, no era el cálido poeta para románticas empedernidas. Era un tipo frío, calculador, y misógino -y creo que además era antisemita-. Ahora vas y lo cascas. Un científico del verso.
Cuidado con los malentendidos en poesía, nunca es tan difícil el amor entre dos como en poesía, esa unión total entre dos, autor y lector. Sobre todo en simbolismo, donde la fuente que te da de beber no calma tu sed de hoy, pero quizá sí la del mañana.
Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto.., la he visto y me ha mirado...
¡Hoy creo en Dios!
Gustavo Adolfo Becquer

No es más -ni menos- que un texto metapoético, que trata sobre el propio poema. Hoy el poeta se ha sentido mirado por la musa, la inspiración. Y ha escrito la cosa más bonita que puedes decir de la amada.
Por cierto, el simbolismo es un movimiento, no ya ateo, si no usurpador. El poeta, que en el romanticismo fue intérprete de lo divino, aquí es creador, un dios, deseado y deseante, como el de Juan Ramón Jiménez.


Edward Burne-Jones, El espejo de Venus

jueves, 11 de diciembre de 2008

Simbolismo(I). El idioma del alma.

(I) Oriental - Enrique Granados

No sé qué tonto dijo que las personas cambiamos cada diez años. Si acaso tiene razón yo le rompo el mito sin proponerlo, a golpe de experiencia, que es como se acaban los mitos.
En estos días he vuelto a mí, si es que yo soy el que era hace diez años.
He vuelto al patio del colegio y al griterío de niños. He regresado a la casa de entonces, donde, pese al transcurso, todo sigue como entonces. Quizá el que cambió fui yo, y no la casa ni el jardín ni aquella escuela, y al volver me he visto más viejo y más cansado.
Allí vive aun el hermano pequeño, y yo tengo poco que darle, no le sirven estos regalos, no sé si le servirán para crecer.
Sí, hace diez años volví, tal como en estos días.
Al mismo rincón enfermo de la penumbra, donde tanto he buscado, jardín de ensueño.
Encontré a todos los hermanos rezándole a aquel pequeño que no pudo crecer, su lápida blanquita con su nombre expuesto es limpiada cada día, y hay una rosa lozana cada mañana en su memoria, recién cortada con mano desnuda y dañada como penitencia, rosa roja que languidece a la tarde para morir a la noche.
Pero tiemblo con el frío del amanecer, por ese sueño que se repite, donde yo soy el hermano que se fue que nos sueña muertos a los demás. Y él limpia la lápida a diario, y coloca la nueva flor que muere en la hora de lo oscuro.


Tengo sobre mis rodillas el ordenador portátil, y junto a mí cuatro libros de diversa índole pero de la misma cofradía: Las flores del mal, de Baudelaire, la poesía completa de Rimbaud, la antolojía poética de Juan Ramón Jiménez, y la poesía completa de Antonio Machado. Frente a mí, en el mueble del salón, donde tengo los -escasos- libros de arte, está El Simbolismo, que trata sobre todo el tema del simbolismo pictórico.
Cruzando al pasillo llego a mi cuarto, y ahí están por ser rescatados pronto Poe, Becquer -aunque esa edición preparada por una amiga dice que éste es romántico, ya hablaré yo con ella, y de paso que me cuente que tal quedó su tesis sobre toreo y literatura-... Es una pena que a Verlaine sólo le tenga en una antología de poesía erótica, con versos de su época decadente, pero algo sacaré. Y, como no, a San Juan de la Cruz, el Lunes día 15 es su día, en el santoral queda anunciado.
Baudelaire, Rimbaud, y místicos españoles. Aquello que aquí se llama Modernismo nació allá, y allí. Luego se nutrió además de los propios simbolistas franceses, y de aquel que según Umbral trajo la modernidad a la poesía en lengua castellana, Rubén Darío. No se sabe dónde empieza y aun no se ha acabado.
Me sucede en épocas de agotamiento, de enfermedad, o, como es el caso, de merecido descanso en el que una especie de depresión llega por el vacío, que pronto se llena con el reclamo de la casa materna, la matriz del manicomio interior, la génesis de este desastre que soy, caos de jardín inglés, laberinto borgiano, mística eternidad que día a día te mata.
Ayer lo definí sin palabras, en el andén del tren del lugar donde trabajo, a donde fui a un papeleo. Al entrar en el tren una ligera nevada como de cenizas de un dios fumador sirvió de acompañamiento.
Y bien, me dije -ya lo había pensado-, en estas casi dos semanas que tengo de descanso podría volver a esos libros, y hablar un poco de todo aquello, no importa de qué manera ni en qué dirección, todo tiene la virtud o defecto de retornarse e huírse.
Busco la razón por la que mi alma ha vuelto a ese paisaje, a hablarme bajito pero sin concesiones en ese idioma de siempre, que había abandonado.
Quizá porque he superado con fortuna ciertas pruebas en el trabajo, para el que me he entregado plenamente, y en estos días vacacionales he sentido un reclamo.
Quizá porque hace un par de semanas -por culpa de un mal y gracioso asunto, que no viene al caso- me ví ya muerto y resucitado sin traba física -pero sí mental- alguna.
Y porque hay algo en tu mirada que me alienta, y esta necesidad de sentir tu compañía me hace andar siempre a la busca y al encuentro. Y no sé si lo logro, pero quizá tambien al amor.
Por hoy ya basta de escritura.

Estaba yo muerto, inesperadamente, y la famosa aurora
Me envolvía.— Y, ¿qué? Entonces, ¿no es más que esto?
La cortina se había alzado y yo esperaba todavía.
Charles Baudelaire. El ensueño de un curioso.



Domingo, de Henri Le Sidaner

martes, 9 de diciembre de 2008

Leopoldo hijo, loco oficial del reino de las musas...

... donde nada es oficial, si no te duele o no lo gozas.
Lo que es yo, siempre sentí gran curiosidad por las familias literarias, sobre todo las mal avenidas, esas que pasan años sin hablarse con odios ancestrales que anteceden el origen conocido.
Qué pena no haber tenido yo un baile frenético así ante mis ojos como pan de cada día, y eso que en la madrugada del Domingo al Martes, a eso de las 4 A.M., un colega me atizó con la Divina Comedia del Divino Dante en la cabeza, pero se siente, eso no vale, la discusión era astrológico-sentimental, y no litararia.
Yo, cainita, matando el ego de un hermano, y luego sufrir el tormento del remordimiento, protegido de los hombres por el dios del alcohol.
Me tragué El Desencanto y Despues de Tantos Años, de Jaime Chávarri y Ricardo Franco respectivamente, dos veces cada una, en cine o en DVD. Y yo lo miraba todo como un adicto de hoy puediera ver un capítulo más de su culebrón preferido.
El Desencanto fue lo último que ví, la anterior primavera, en hora de almuerzo, con un plato de pasta y una pepsi en bandeja sobre mis rodillas.
Un padre y dos hijos laureados -el otro, el pequeño, Michi, era el más majete, creo que nunca se creyó nada, y por eso era carismático-. Y esa madre tan litararia, edípica.

INFIERNO Y PARAÍSO

«allá estará también la castañera
de ocho pares,
y el humo de los céntimos, y el vaho en los bolsillos»

Leopoldo Panero "Escrito a cada instante"

Pero no sólo los mendigos, padre, van al paraíso
van también aquellos que aun más asco dan
también estos mendigos del ser que acezan
a la puerta del manicomio
esas caricaturas humanas, tal como esta
que Alicia se piensa en el
jardín no
humano de las flores
y quisiera destruir el universo
porque si hay algún monstruo, éste es la desgracia
y la única injusticia que existe es la injusticia evidente
y si hay alguna moral, ésta es la moral del desastre.

Leopoldo María Panero, "Guarida de un animal"


Luego están los Goytisolo, pero en ellos como que el talento está más repartido. Juan, bien considerado -pese a que siempre se está quejando, siempre leo buenas críticas sobre él-, Luís, muy celebrado por los entendidos. Y Jose Agustín... sus canciones están en la memoria colectiva de muchos que nacimos antes que la constitución, gracias a aquel que le musicó.



¿Y los matrimonios, cómo se lo montan? No he leído a Josefina Aldecoa, pero sí a su marido, Ignacio Aldecoa. Carmen Martín Gaite y Rafael Sánchez Ferlosio, los dos leídos, sobre todo la primera, ¿se tirarían voluminosos Proust a la quijotera o les bastaría con el clásico tiro al plato, como a todos los matrimonios?
Y en el extanjero son legión las parejas de poetas, novelistas y artistas de similar ralea. Muchos se alcoholizan, otros enloquecen, algunos se suicidan, los menos envejecen plácidamente en hamacas donde recriminarse los tiempos dorados donde fueron jóvenes, talentudos y atractivos.
¡Y padres e hijos! Además de los Panero, por ahí campearon los Amis -no confundir con la secta americana, los pobres, tienen prohibido pelearse-.
Y que no me olvide yo de los Durrell, hermanos que no se parecían a Caín y Abel, porque uno era un genio de la literatura y el otro de la zoología -rama de la literatura, ¿o era de la biología?-. Sí, sólo un genio pudo crear algo como Mi Familia y Otros Animales, donde el pequeño Gerald observa a su hermano mayor Lawrence, como quien estudia una polilla o una salamanquesa.
Pero ya se me fue la chaveta fuera del asunto, así que como colofón, he aquí Leopoldo María Panero:


lunes, 8 de diciembre de 2008

jueves, 4 de diciembre de 2008

Jueves de Otoño con aguacero. César Vallejo.

En estos días en Madrid ha llovido y el sol ha salido más bien poco. Cielo de plomo frío, a juego con tanto viejo edificio.
Hoy, además, ha sido Jueves y Otoño, pese a tanto Invierno.
No he podido evitar acordarme de aquel poema de César Vallejo.
Y este otro poema, con el que me siento tan identificado últimamente, mi escritura como en el cuento de Andersen, palabras sirenas que por enamoradas se vuelven de espuma.


INTENSIDAD Y ALTURA

Quiero escribir, pero me sale espuma,
Quiero decir muchísimo y me atollo;
No hay cifra hablada que no sea suma,
No hay pirámide escrita, sin cogollo.
Quiero escribir, pero me siento puma;
Quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay toz hablada, que no llegue a bruma,
No hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.
Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
Carne de llanto, fruta de gemido,
Nuestra alma melancólica en conserva.
Vámonos! Vámonos! Estoy herido;
Vámonos a beber lo ya bebido,
Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.

Los últimos versos recuerdan ligéramente al Poe más tétrico, al igual que este poema, como si fuese un pariente peruano del Annabel Lee, poema musicado acertadamente por Santiago Auserón .
Pero será mejor acompañar el pema de Vallejo con la adaptación de uno de los hombres que mejor entendió a los poetas clásicos -sigo en mis trece con mi tesis: la poesía ha de ser cantada-.



EL POETA A SU AMADA

Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.

En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.


Es uno de los poetas más grandes, una cima. A mí me gusta compararle, en España, con Miguel Hernández, poetas del pueblo y para el pueblo. Sólo sus voces poéticas, y no su pose, fueron síntoma de su grandeza. Ambos con una facilidad envidiable en conquistar a la musa. Y un dolor existencial -en verso y en vida- nada envidiable.
Son esas casualidades trágicas, este poema suyo, quizá el más célebre, fue profético.
César Vallejo, nacido un 16 de Marzo en Perú, murió en París, no en Otoño, si no en Primavera, pero según dice la leyenda sí llovía.


PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El ángel exterminador

(Minutos después de la elaboración de este post, me entero por las noticias de la tarde del asesinato del empresario vasco Ignacio Uría. Vaya en su memoria)



...porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más ...
SANCHO. (Quijote, 11, cap. 74.)
Me llamarán, nos llamarán a todos.
Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,
en tornos de cristal, ante la muerte.
Y te expondrán, nos expondremos todos
a ser trizados ¡zas! por una bala.
Bien lo sabéis. Vendrán
por ti, por ti, por mí, por todos
Y también
por ti.
(Aquí no se salva ni dios. Lo asesinaron.)
Escrito está. Tu nombre está ya listo,
temblando en un papel. Aquel que dice:
abel, abel, abel ... o yo, tú, él ...
Pero tú, Sancho Pueblo,
pronuncias anchas sílabas,
permanentes palabras que no lleva el viento...
(Blas de Otero)


Al poeta social -e histriónico-existencialista- Blas de Otero le consideraron loco en la China de Mao, creo recordar que hasta le quisieron meter en un psiquiátrico, al declararse cristiano. Esto nos lo contó el poeta Jorge Urrutia cuando nos impartía clases de semiótica en los años finiseculares.
A mí, Blas de Otero y Gabriel Celaya fueron los primeros poetas que me llamaron la atención. El mismo día en que falleció Celaya, en la borrachera del Viernes, se me ocurrió declamar versos suyos con los colegas, suceso que pasó a los anales de Aluche-City, la ciudad sin ley. Ambos pertenecen a la rama histriónico-sobria del existencialismo poético, con versos idóneos para ser cantados por un tipo de negro como Paco Ibáñez.
Este poema viene a cuento de la película que ví ayer por la tarde por casualidad. Mi intención era ver El Ängel Exterminador de Luís Buñuel, a las 17.30, pero quiso el azar que el autobús, por el Paseo de Extremadura, se demorara por el tráfico -suele suceder-, y yo iba tan embebido en la lectura que ni cuenta me dí, ni siquiera me importó que una mujer hiciera sonar con su móvil, para deleite de su hija de unos cinco años, el último éxito de Paulina Rubio repetidas veces. Civismo, señora, civismo, habría que decirle. Ya no hay escándalo público.
Al bajar del autobús miré la hora, no había tiempo, y dudé en volver a sumergirme en la lectura en la línea de vuelta. Pero largas son las tardes aunque el tiempo sea de Invierno, y ya puesto en zona centro no iba a regresar, sabía que a las 6 echaban una del ciclo de los premios Goya, con el tema del terrorismo, no me hacía mucho, había empezado a verla en casa y me dormí a la mitad, pero me llevé la sorpresa al llegar al Doré, la película no era la misma que yo empecé a ver en la página películas-yonquis, era otra, Tiro en la Cabeza, de Jaime Rosales:

Así que como tenía tiempo me acodé en la barra de la cafetería del Doré, junto a una señorita que bebía una copa de vino tinto, y pedí un cortado -ya me había bebido yo, aprovechando el día libre, media botella de cariñena para acompañar el riquísimo pollo encebollado que me había cocinado para el papeo-.
La sala 2 de la filmoteca no tiene la majestad azul y señorial de la sala uno, más bien parece una cómoda salita de cine de la calle Princesa, pequeña y reconfortante. Dos micrófonos ante la pantalla eran signo de que habría presentación, miré el programa y cierto, se contaba con la presencia del director.
¡Pero no pudo ser! Un tipo con aspecto de ser ratón de filmoteca se acercó al micrófono y se excusó, no había venido Jaime Rosales para el pequeño debate. Según parece la academia había solicitado a la filmoteca un quinto pase, tal era la polémica, y así el director nos explicaría los planos y contraplanos y demás efectos artesanos de la película.
Singular y angustiosa, pasada la primera hora. Innovadora y... ¿quizá de narración caprichosa? Durante toda la película sólo hay ruido de fondo, de la calle, como si el espectador espiara de contínuo al terrorista situado a cinco o diez metros.
Así vemos su día a día, cómo come y charla, cómo ama y se pasea. Quizá una variante del género Dogma, no sé, pero al menos en mí el efecto de angustia que quizá busca sí lo consigue. En ese restaurant de la Francia vasca, donde las miradas gritan su odio silencioso, y luego los siguientes minutos, en los que por fin oímos la voz del personaje al que hemos acompañado en los paisajes de su humanidad, voz que grita: "¡txakurra, txakurra!"
Es una película de un realismo atroz, lo estás viviendo, como si estuvieras en ese garage y no pudieras hacer nada.
La crítica publicada por la revista Metrópoli lo explicará mejor que yo.
Y este poema de Rafael Alberti, mejor que yo podrá hacerte sentir aquella angustia:

LOS ÁNGELES MUDOS

Inmóviles, clavadas, mudas mujeres de los zaguanes
y hombres sin voz, lentos, de las bodegas,
quieren, quisieran, querrían preguntarme.
-¿Cómo tú por aquí y en otra parte?
Querrían hombres y mujeres, mudos, tocarme,
saber si mi sombra, si mi cuerpo andan sin alma
por otras calles.
Quisieran decirme:
-Si eres tú, párate.
Hombres, mujeres, mudos, querrían ver claro,
asomarse a mi alma,
acercarle una cerilla
por ver si es la misma.
Quieren, quisieran...
-Habla.
Y van a morirse, mudos,
sin saber nada.


Angel Exterminador - Ilegales
Ángel del terror o ángel de la guerra, da igual, ángel exterminador de todos modos.
También es hermosa y cruel esta canción de los Ilegales, un año de hace ya un par de décadas le nombraron el grupo de rock con mejor directo.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Elogio de la impostura

I
Núcleo de la barbarie:
la malograda palabra
servía como impostura.

II
A través del lenguaje se comunicaba el miedo.
A través de la duda escrita
me hacía fuerte y paciente.

III
Extrañeza del verso:
Todo lo escrito es mácula
en la blancura del folio

IV
¿Para qué escribes, dí,
para qué escribes?
¿Con qué finalidad
manchas mi cuerpo
arañas la blanca pureza
de esta inocencia
de este vacío?

V
Núcleo de la barbarie
ruina y miseria del cielo
con dos lágrimas de tinta
absurdas y sin sentido
creaba este mundo aparte
donde llenar el vacío

VI
Elogio de la impostura,
que desterraba el vacío
-o más bien aniquilaba,
o es muy posible que huyera-
ahogado por las palabras.

VII
Miedo me da tu lenguaje.
Yo impongo mi mundo aparte.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Camino en el país de las pesadillas


La inquietud del rosal
El rosal en su inquieto modo de florecer
va quemando la savia que alimenta su ser.
¡Fijaos en las rosas que caen del rosal:
Tantas son que la planta morirá de este mal!
El rosal no es adulto y su vida impaciente
se consume al dar flores precipitadamente.
Alfonsina Storni


Algo tiene que ver este poema con la película que voy a comentar hoy. En lo personal, casualidades, antes de ir al Doré me paso por La Casa del Libro, la pequeña, que está en la Plaza de las Descalzas. Fue el cumpleaños de una amiga y el Sábado estoy invitado, y voy con la intención de comprar una antología de Silvia Plath, salida hace poco. Leí la reseña hace un par de semanas y me pareció bien, pero, no está, hay otras, pero no esa. Estoy decidido a comprar una que está en Hiperión, cuando mis ojos tropiezan con una antología de la Storni, y sin pensarlo dos veces, me la quedo.
De vuelta a casa, en el autobús, hojeo el libro y leo poemas al azar, y este primero me parece bien para introducir este post. Idóneo para Camino, la niña de la película, que es retrato de un personaje real, al igual que las chicas de la peli de ayer.
Hoy el Doré está más atiborrado que ayer, y yo llego un pelín más tarde, así que no puedo coger asiento, pero tengo suerte y tengo butaca al lado del pasillo. Hoy, cosa pocas veces vista, los asientos reservados a la gente de la academia, se ocupan todos. Entre ellos está, con ella me cruzo cuando me pican la entrada, una joven actriz, que hace de novia marxista y de familia bien en una serie española que retrata -no fideligna, peso sí simpáticamente- los años de la transición de este lugar. Me sorprende, no es igual que en la tele, donde parece más alta, más grande y material. En vivo, es más chiquita y delgada, más clara y risueña, más etérea y quizá frágil. Y es mucho más atractiva que en la realidad. De ella no se podría decir: "Pues la ví y te digo que no vale nada"
La razón por la que titulo así el artículo es por las similitudes que Camino tiene con el libro de Lewis Carroll, lo que allí es conejo, aquí es un ratón, que la madre de Camino suele atrapar mediante trampa y que ella libera. En los sueños que tiene en su enfermedad, ese ratón le lleva a un mundo de maravillas, donde se encuentra con ese sabio que tambien recuerda a un personaje de Carroll, que en la película es el hombre que todo lo sabe pero que tiene un problema, metáfora quizá del Dios en el que cree Camino. Allí todo es hermoso y mágico, atención a la fotografía, si es que la véis. Allí se encuentra con la gente que le hace feliz: su padre, al que adora, y Jesús, el chico del que está enamorada -muy atinada la gracia por la confusión del nombre-, su hermana tal como fue en su época no numeraria... , hasta que aparece su madre, que destroza todos sus sueños, y entonces todo se convierte en una pesadilla de soledad y abandono, en la que un ángel de furia se ceba en su fragilidad.



Es una crítica sin condescendencias a las miserias del Opus Dei, rama calvinista del catolicismo. Cada cual según su Fe que vea la película y llegue a conclusiones. Quien haya leído testimonios de gente que ha salido de este grupo, o la haya conocido directamente, refrescará en su memoria el papel de las numerarias, el sentido de culpa, la esclavitud más a una norma que a un Dios...
Lo que es yo, nunca comprenderé cómo una Fe para los pobres se ha podido convertir en una religión de ricos, una Fe de perdón se ha podido convertir en una religión de culpa, una Fe de Amor y Libertad, en una religión de miedo y asfixia.
Cada cual que elija libremente sus cadenas, pero que nunca fuerce a nadie a elegir las suyas.
Me atañe, indirectamente: alguien que trajo sufrimiento a mi casa, pertenecía a aquellos que dicen creer en el trabajo, arrebatándolo.
Quizá tenga que agradecerles tambien esta locura mía, que no es novia de la muerte. Siempre en batalla perpétua con los ejércitos de la desolación, a la reconquista del reino que me fue arrebatado.
En el autobús leo a la Storni, suicida que tanta vida otorga con sus versos:

Lo inacabable
No tienes tú la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
Vendrá la primavera y habrá flores…
El tronco seco dará nuevas hojas.
Las lágrimas vertidas se harán perlas
de un collar nuevo; romperá la sombra
un sol precioso que dará a las venas
la savia fresca, loca y bullidora.
Tú seguirás tu ruta; yo la mía
y ambos, libertos, como mariposas
perderemos el polen de las alas
y hallaremos más polen en la flora.
Las palabras se secan como ríos
y los besos se secan como rosas,
pero por cada muerte siete vidas
buscan los labios demandando aurora.
Mas… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!
¡Y toda primavera que se esboza
es un cadáver más que adquiere vida
y es un capullo más que se deshoja!


miércoles, 26 de noviembre de 2008

El cielo azul de la filmoteca

Sería el cuento de nunca acabar. Yo sé que los ojos los tendré siempre jóvenes, y sé que la espalda se me irá curvando cada día. Después de todo, lo que me ha pasado le ha pasado a mil mujeres. Pero ¿por qué estoy yo hablando todo esto?(...) ¡Vamos! No me agrada que me miréis así. Me molestan esas miradas de perros fieles. Esas miradas de lástima que me perturban y me indignan.
(Federico García Lorca, Doña Rosita la Soltera o el Lenguaje de las Flores

Así comienza Los Años Desnudos, de Félix Sabroso y Dunia Ayaso, con Candela Peña recitando estas palabras de Lorca en un casting, y uno al principio no sabe si recita o se dirige a los que la miran.
Es una película muy buena, por muchas razones, pero sobre todo por el personaje que interpreta Candela Peña, y su propia interpretación. Tampoco le van a la zaga las otras dos, Mar Flores -que sueña con formar una familia- y Goya Toledo -víctima de aquellos años-.
Candela Peña quiere ser actriz, y de las tres es la única que gana su partida al destino, pese a la soledad e incomprensión, sólo apoyada por un transformista.
Sí, vale que el personaje de Mar Flores se casa, pero fíjate con quien, con un cabrón y un déspota.
Es que quizá sólo puedan realizarse los sueños para los que no se necesita a nadie. Puedes soñar que eres actriz, escritora, pintora o maestra, y a base de tesón y trabajo y de pisar muchas mierdas puedas tener esa suerte. Pero los sueños en que compartes, en que necesitas a otros, en que te ves con otros... esos se pueden volver contra tí.
Trabajar y ceder, con más alegría que pena, así hace el personaje que interpreta Candela, caer y levantarse, ilusión de niña y desengaños drásticos, hasta la familia le cierra las puertas, pero ella sigue.
Quizá sólo debamos soñar los frutos de la soledad, y no con otras personas...
Por lo demás todo bien, nos trasladamos a finales de la década de los setenta, con sus músicas y sus vestidos, lo que digo, que es una muy buena película.
Es que finaliza, en la filmoteca, el ciclo sobre los premios Goya, y aprovecho mis tardes libres para ver las que pueda.
Son películas de estreno que salen baratas en el Doré, sobre todo a mí, que no sé por qué misteriosa razón la Carlos III me sigue enviando el carnet de universitario.
Y vale más el Doré que cualquier otro cine, porque ahí se respeta el cine, y ayer escuché muchos ssssssssshhh!, como debe ser, ¡este no es el salón de casa! Escuché a uno. Los asientos de atrás están reservados a los académicos, yo suelo sentarme, cuando llego pronto y no es sesión numerada, en la fila 5, no más atrás.
Es una tarde fría pero simpática, esta de Martes en que voy a ver Los Años Desnudos, saco antes del cajero algo de dinero, por si me apetece tomarme un café, voy con poco más de lo que cuesta la entrada.
En la cola, delante de mí una muchacha bailotea y canta al son de su I-pod, como si nadie la viera. Para y calla, se da la vuelta y me dice si tengo por ahí algún programa para ver las películas de los días siguientes, le indico que en la entrada hay.
La entrada es la cafetería, y yo pido un cortado. En los Alphaville -hoy Golem-,también había cafetería, señorial en un sótano. La han quitado y no sé por qué. Si llegaba pronto, solía tomarme un café con hielo, y el camarero siempre me daba conversación.
Escojo la fila cinco, que de las primeras tiene asientos libres en el pasillo. Dudo si leer otro capítulo más de Los Detectives Salvajes. quieren sentarse en mi fila dos muchachitas gafipastas, muy lindas ellas. Las dejo pasar, caballerosamente. Luego vuelven a levantarse, y se corren un asiento, hacia mí.
Miro el cielo raso del cine, que es azul. De frente hay un telón, porque además de cine es teatro, y a veces se sientan ahí gentes importantes a hablar de cine, ante los espectadores.
A cada lado del telón hay pinturas, también azules, a la izquierda Nueva York, a la derecha Egipto.
Miro a la gente pasar y sentarse, miro el cielo azul, escucho las risas y palabras sueltas de las dos chicas, ¿quieres un chicle? le ofrece una a la otra.
Así, hasta que empieza la película, y es raro verla en estos fríos días de finales de Noviembre, en Madrid por lo menos es cortante, hiriente, y el cielo azul de este teatro nos da una tregua.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Haikus satírico-elegíacos con licenciosa rima


La melodía es Elegía, de Gabriel Fauré (1845-1924)


No me quedan más,

ya sólo me quedan tres:

Vida, Amor y Fe.



No me quedan más,

ya sólo me quedan dos:

¡Ay! Vida y Amor



No me quedan más,

ya sólo me queda una:

vida perruna



La pintura es Elegía, de William Adolphe Bouguereau (1899)

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Mafalda. Yo te nombro libertad



El personaje de Mafalda fue creado en una época importantísima, de cambio, la de la década de los 60. Por mucho que ciertos intelectuales quieran decir "no fue para tanto, ahí quedó, sus resultados, ¿dónde están?", esta década bien llamada prodigiosa fue el marco del cambio de mentalidades que tanto para bien y para mal disfrutamos y padecemos hoy. Que yo lo estudié y me lo aprendí en aquellos años finiseculares, y gracias a ello hoy mantengo la cabecita virginal y puta, amorosa como la primera vez, maleada de tanta idea cogida al vuelo. Gracias a ello, digo, creo que soy un tipo bastante tolerante y abierto a ideas, abomino del pensamiento único ya venga por parte de estos o aquellos. Gracias a esos libros que estudié y esos profesores a los que admiré, aun no he descubierto el buen camino de la verdad, soy joven y niño, como el primer día, corazón de tábula rasa, herido más de amores que de ideologías.
Los niños de Quino no son reales, son como ideas encarnadas. Son infantes con gustos de su edad e interrogantes de pensadores. Ahí quizá radique su originalidad, en eso y en una pizca de humor genial que lo mismo ralla lo gamberro que lo tierno. Otra cosa a su favor es que sus personajes no son planos, estereotipados.
Fijaos en Manolito, cuadriculado y torpe, pero con una agilidad para las cuentas y los planteamientos económicos muy interesantes.


O Susanita, la frívola, en más de una tira se explica a sí misma, su idiosincrasia es digna de un estudio, no hay más que ver cómo se ruboriza cuando su madre actúa como ella misma es.


Como personajes me gustan Miguelito y Guille, ingénuos y con delirios de grandeza, encantadores y carismáticos, ¿existía el mundo antes de que yo naciera? Pregunta a Mafalda Miguelito en una tira, y ante la afirmación, se pregunta: "¿Y para qué?"



Estos dos quizá sean los más niños, Miguelito y Guille, con toda esa genialidad no mancillada con que nos sorprenden a veces.



Pero yo soy Felipe, pequeño Hamlet, duda constante, soñador y enamorado, enfrentado a una realidad con la que es cobarde, pero con la que, paradójicamente, es consecuente.



Mafalda y Libertad son las abanderadas de los ideales de la época. Son los personajes más irreales, intelectuales, adultos y combativos.

Libertad es como Mafalda, pero más radical. Una alegoría de su propio nombre, pequeña pero respondona.

Yo ahora estoy haciendo, desde hace un par de meses, la colección completa de Mafalda que vende el diario Público todos los domingos. Los Domingos, Lunes o Martes, antes de acostarme, dedico una o dos horas a leer sus tiras.
De las horas de la semana, para mí son las más felices, no solo estoy recobrando las viejas tiras que ya leí hace años, si no que descubro otras nuevas: Quino siempre engancha. Y eso que ahora estoy con Los Detectives Salvajes, de Roberto Bolaño, cuya lectura no aburre y maravilla, ya os contaré tiempo después de ser leída, en plena digestión.
A Mafalda la conocí a principios de los 80, gracias a mi hermana, la progre de mi amplia y variopinta familia, que a mi hermano pequeño y a mí nos regaló el volumen 3. Luego vino el 4, y el 10. Y el tomo conmemorativo por su aniversario, que releí varias veces, con críticas de gente importante, como Sto. Julio Cortázar, crema de la inteligencia y gloria del swing literario. Argentino, como esta niña que no quisiéramos como hija, porque para conciencia crítica ya tenemos el mundo, tal cual es.

martes, 18 de noviembre de 2008

Belle de Jour, de Luis Buñuel




Si tengo que elegir un cine, me quedo con el Doré, es decir, la filmoteca. Quizá se esté más a gusto en cualquiera de las soledades de las pequeñas salas de los Renoir, pero el Doré, sin dejar de ser un cine de gente que va a ver Cine, aun guarda ese ambiente señorial de los viejos cines, que ya no quedan, y si quedan, puede ocurrir que te toque al lado el espontáneo de turno, como ya conté en otro post
De todas estas cosas ya hablé hace tiempo, en aquel blog donde era célebre y visitado, como señorona que tiene el té preparado para la tertulia con toda aquella querida gente con quien tanto amé.
Lo bueno del Doré es que llegas y lo primero que te encuentras es un café con mogollón de gente de diversa calaña, desde estudiantes con vocación cinéfila hasta abuelitas del vecindario que saben gastar su tiempo. Unos a otros se miran con curiosidad y complaciencia, un zoo bohemio de raras especies.
Lo peor que te puede pasar allí es que te quedes el último de la cola y tengas que subirte al gallinero a sentarte frente a una columna. Y, lo que me pasa a mí a veces, que te toque delante un cabezón de cuello hiperactivo, ¡con lo a gusto que se está con la cabecita apoyada en el cabezal, como hago yo! Es que el Doré no es como el Kinépolis, que va cuesta abajo, el doré es plano, como los cines de barrio y pipas.
Y la gente allí calla, si acaso ríe, o tose, o carraspea, ¡pero no habla! Y ay de quien ose musitar algo, enseguida un sssssssssssshhhhh colectivo le hará enrojecer de vergüenza.
Buñuel
De este aragonés genial ya había visto yo en el Doré, bien acompañado, Los Olvidados, de su época mejicana. Se trataba de un ciclo sobre la infancia, y vimos un par de películas. Los Olvidados tiene una curiosidad en el final, y es que hay dos finales, como si el de Teruel dijera, acaba mal, pero pudo acabar con esta justicia. O al contrario.
A cosas así es muy dado este señor, por algo es surrealista, se codeó con Dalí, y con Lorca, gente que fue famosa sin patear un balón y sin divorciarse de Mengana Zutánez, cosa rara en estos días sin ídolos originales.
De Buñuel recuerdo Ese Oscuro Objeto del deseo, con ese juego de utilizar dos actrices para un mismo personaje, y nunca me olvidaré de ella mirando por la ventana y mirando a un elegante Fernando Rey cargando un saco de patatas, sin ton ni son, o bueno, el son psicoanalítico que quiera darle el autor.
Ya nos lo explicó Jenaro Talens en Pragmática del texto, cuando nos puso Un Perro Andaluz en clase, la de miga que tienen cuatro imágenes, aunque no sé yo si será para tanto, el surrealismo más que hacerte pensar ha de deformarte por unos minutos esa visión cuadriculada que tienes de la realidad, que será cualquier cosa, pero nunca plana.
Belle de Jour
Así pasó esta tarde al terminar la película, un viejecillo le dice a su compañero: últimamente veo unas películas en las que no entiendo nada, no entiendo este final.
Un final que solo un genio, un poeta, ha podido conseguir, por cierto. Y por cierto que yo tampoco lo entendí, pero esa última secuencia, queda ahí, lírica y otoñal. Se sabe qué ocurre, pero no es preciso definirlo.
Los silenciosos espectadores aplaudieron al finalizar la peli. Como si fuera el preestreno y Buñuel estuviese ahí.
La trama no te la voy a contar, quizá la wikipedia te lo explique mejor, o quizá debas verla, mejor esto último.
Es morbosa, pervertida, erótica, más que cinco años de destape, sin ser explícita.
Ella parece que no sabe lo que quiere con el marido, pero lo sabe tan bien, que no se atreve. Lo mejor de la película son sus sueños confrontados con la realidad, lo que ella desea, y luego su frialdad con él. Bueno, más cosas buenas hay, además de eso, ¿Catherin Denueve vestida de tul negro? Sí, por ejemplo.

domingo, 16 de noviembre de 2008

La boca del tiempo nos habla y es sorda



La boca del tiempo nos habla y es sorda:

-Voy a hacer luna en porciones con tu nombre.

La boca del tiempo devora y devora:

-Voy a llenar de sombra tus parcelas,

voy a matar mi hambre con tu vida

voy a eclipsar la blanca luna de tu sueño

para que no crezcas

para que no sueñes

para que no vivas.

El hambre en porciones parcela tu nombre

nos habla la luna del sueño y el tiempo

eclipsa la boca y es sorda y devora,

la sombra, la sombra, la sombra, la sombra

Te mata, te mata, te mata, te mata

la boca devora y devora y devora,

y eclipsa y eclipsa y eclipsa y eclipsa.

La boca del tiempo nos dice y no escucha:

-Yo voy a hacer hambre y eclipse con tu vida.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Les vendanges de l'amour


Se dice, se comenta, se rumorea, que las francesas hablan como si estuvieran desnudas, y quizá canten como si en el acto del amor se hallaran, pero yo a Marie Laforet, la verdad, no me la imagino ni de tal guisa ni en tal acción, tal es la elegancia de su rostro y la majestad de sus ojos.
Recuerdo la primera noche que escuché esta canción, en su versión española, hará de esto más de cinco años.
Estaba yo comenzando a trabajar en un lugar que me cambiaría la vida, a mejor, aunque para ello tuve que morirme primero, dar una patada a todo aquello que me hacía infeliz. Estaba trabajando en las mismísimas cocinas de Pedro Botero, famoso por ser el más malo del mundo mundial, en cuyo caldero se cocinaban sobre todo niños. Pero yo aun no sabía donde me había metido. Si la madurez es esto, me dije cuando lo supe, prefiero vomitarla antes de que haga en mí algún efecto trastornador. Pero esta es otra historia que quizá cuente en otros lugares y a otras gentes, quien sabe.
Aquella noche habían robado en casa de un colega, y a otro y a mí nos dejó el coche para que lleváramos a su novia a casa. A la vuelta nos perdimos felizmente, porque nos metimos por barrios del norte bastante cucos, cerca de Ciudad Universitaria, y sin esperarlo nos vimos dentro de la Casa de Campo, donde las lumis tenían repartidas sus zonas según raza, origen, sexo y otras taxonomías. Ejercimos de curiosos sin pararnos, ya sabíamos la leyenda de que el que allí paraba podía ser víctima del ataque de las chicas cocodrilo, eso sí, pagando.
Ya en casa, me acosté, quizá me abrí una birra antes, no recuerdo, pero sí me acuerdo que por aquella época programaba la microcadena para que se apagara solita, y así hice. Escuchaba por entonces, para dormirme, una cadena donde emitían canciones de amor perdidas en las listas de éxitos de décadas anteriores, de esas que podían sonarte de algo, pero que nadie incluía en los recopilatorios para nostálgicos. Sí, estaba Kiss Fm, pero es que me cansaba tanto entonces como ahora.
Es una sensación extraña, despertarte en el primer duermevela sobrecogido por una canción que parece haber sido creada por un ángel para dormirte a tí.
Todo aquel al que le guste la música sabrá de qué hablo, la mente en ese momento no está ensuciada por los problemas del día, pero aun así el corazón necesita consuelo (porque el maldito corazón no puede ovlidar nunca ni el dolor ni la desdicha, aunque la cabeza lo haga), de pronto llega como un beso esa voz y esa melodía, un abrazo universal para tí, el universo entero se ha unido para ofrecerte ese instante de pura felicidad. Quien acaba de despertar está indefenso y desorientado, la música entonces hace de las suyas, sembrando algo en tí que no morirá jamás.
Me había pasado ya, desde niño. Pero ya de mayor recuerdo el So Long Marianne de Leonard Cohen:

Era como si recobrara algo muy hermoso por lo que merecía la pena vivir, no sabía qué, pero ese tesoro ahí queda, aún hoy.
Y recuerdo también el Romperás de Extremoduro, por una cinta que había puesto uno de mis hermanos, con el que compartía habitación:

¿Qué grupo era éste? ¿Cómo una guitarra tan simple podía embelesarme tanto? Y esa poesía desgarrada como la voz de Robe, con versos bien claros y muy, muy hermosos.
¡Pero ay, el día en que escuché el Y volvamos al amor, de aquella francesita!
Como si siempre hubiera estado ahí, y aun así volviera para quedarse siempre a pedir mi mano y no soltarla nunca. Un beso de algodón de azúcar, como si ya, desde niño, el mal de amores se hubiera abortado, y en la vida el amor fuese una continuidad natural como el pan nuestro de cada día.
Sí, ese pan por el que hay que trabajar con el sudor del inclemente sol del mediodía, pero que nadie duda que estará hoy en la mesa.

El Amor, como una sonrisa de muchacha de voz desnuda, que sorprende con su llegada aunque nunca se fue. Y que permanecerá por siempre.
Como el latir del corazón, que sólo se va con la vida, y a nadie le falta.
Que a nadie le falte.