sábado, 27 de agosto de 2016

Tienes, tienes, tienes

El baño de las ninfas
George Owen Wynne Apperley

Tengo, tengo, tengo
tú no tienes nada
tengo tres ovejas
en una cabaña
una me da leche 
una me da lana
y otra mantequilla
para la semana.
Caballito blanco 
llévame de aquí
llévame hasta el pueblo
donde yo nací.
(Canción popular infantil)


Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tienes tres amigas
que coquetas bailan
un hada que te dice
otra que te habla 
y otra te murmura
todas mis hazañas.
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino
que un día perdí.

Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tienes un amante
que te sueña al alba
dentro de tu luna
una voz que canta
con lengua de estrellas
y una mano sabia.
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino 
que un día perdí.


Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tres lindas doncellas
te cuidan y acompañan
una que te cose
otra que te lava
y otra que te reza
todas mis plegarias.
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino
que un día perdí.

Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tienes un palacio
con cuarenta estancias
un jardín de frutos
que tiembla si pasas
y una fuente dulce
donde tú te bañas
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino 
que un día perdí.

jueves, 11 de agosto de 2016

Toda literatura sobre lo nuestro es vana


Adán y Eva según Lucas
Cranach el Viejo

Toda literatura sobre lo nuestro es vana.
No quiero comprender tu mundo
-tampoco quiero que tú entiendas
lo mío-
Con contemplar abrazar
unirme a ti me basta.
Porque tu boca y la mía sólo dirán 
mentiras.
Todo lo que sea intentar ser claros
honestos sinceros francos
será misión suicida estrellada
contra el muro de un mundo mudo.
Tu boca sólo dice mentiras
tu cuerpo sin embargo es verdad.
Mi boca será esquiva
mientras que
en tu cuerpo mi cuerpo se refugia.
Toda literatura sobre lo nuestro es vana.

martes, 15 de marzo de 2016

Pura música

El sueño de la razón produce monstruos,
de don Francisco de Goya


Sentir sin el sustento de la razón ni de palabra alguna.
Sentir la pena y la alegría, el gozo y el dolor, el amor y el odio, el deseo y el asco como si fuesen pura música, pues el pensamiento limita y sesga, profana y equivoca.

martes, 8 de marzo de 2016

El vergel olvidado

El Paraíso Terrenal o Jardín del Edén, del
pintor flamenco Clerk Hendrick

No se trataba de crear, sino de recrear - no es una invención pues nada nuevo queda por hacer, "nada nuevo bajo el sol" que dice el Eclesiastés-. Se trataba de regresar, y de hacerlo posible. De recordar: y entonces intentarlo de nuevo, recrear.

viernes, 4 de marzo de 2016

La canción de los libertos

Niños en el mar, de Joaquín Sorolla

No somos los elegidos,
pero elegimos
y al elegir entonces
-un camino, una distancia
unos zapatos-
formamos parte
de la canción de los libertos.
Elijámonos pues
si queremos ser los elegidos,

sábado, 23 de enero de 2016

Atmósfera

Mujer leyendo, de Franz Eybl
Fríos como témpanos en las páginas del cementerio del libro de texto, los versos se estremecieron y cobraron vida bajo el imperio de su mirada, en la atmósfera respirable creada por su boca cuando fueron recitados.
Entonces yo quise ser mirado por esos ojos hacedores y ser besado por aquel aliento oxigenado.
Desde entonces yo, en las asignaturas de Literatura, de Lengua Española, de Música y de Arte que ella impartía no me permití bajar del notable y por vez primera me hice coleccionista de sobresalientes.
Me había enamorado de la profesora y quería ser su alumno aventajado.
De esta manera fui cumplimentando todas las tareas y trabajos, y me entregaba después a la lectura de los poetas, narradores y críticos que ella recomendaba y de los que hablaba con pasión de enamorada; lo que causó que se despertara en mí la soberbia ambición de ser lírico, de saber contar, de tener criterio, de que fuera mi enamorada. Quise ser competitivo desde la admiración del otro. Sabía lo que ella amaba, entonces yo debía ser como ellos, sentir como ellos, expresarme como ellos, habitar estremecido y vivo en esa atmósfera que ella generaba.
Hice crítica, escribí pequeñas historias, compuse versos.
En Arte  y Música era distinto, pues si el éstas trataban de la Belleza y para mí la Belleza era ella, era ella la que hablaba de sí misma cuando impartía las asignaturas de Arte y de Música.
Adquirí la costumbre de tomar algún poema que me gustara de aquellos poetas que ella mencionaba y de dejarlo en su mesa antes de que cualquiera entrara en el aula. Antes de comenzar cada clase ella tomaba el folio mecanografiado y lo leía. Yo, que ya vivía en su atmósfera desde el momento de su lectura, que ya los había hecho míos, al ver cómo se movían musitando sus labios sensuales, al ver cómo se dilataba su mirar para ser poseída, me sentía amador y amante. Nunca escribía el autor, lo más seguro era que ella lo supiera, tanto se entregaba al amor con aquellos autores, tan bien les conocía.
Después de leer para sí se levantaba y lo leía en voz alta. Los primeros días preguntó quien había dejado allí ese poema, y ante el silencio general, lo leía y lo comentaba, dando a conocer a todos su mundo en el que yo ya vivía, yo que era tan tímido me sentía por fin poseído por el orgullo que era la fama al presentar a todos la atmósfera de nuestros amores.
Ella entraba en clase cada vez más contenta, a ver qué tenemos hoy, decía. Los poemas y fragmentos por mi escogidos siempre le agradaban.
No sé cómo lo supo, pudo ser por cada pista que yo iba dejando en exámenes y trabajos. Un tiempo después ella me miraba antes y después de las lecturas, y me guiñaba el ojo al terminar cada clase. ¿Y a ti quién es el poeta que más te gusta? Me abordó un día en que nos tropezamos en un pasillo abarrotado de gente yendo y viniendo, circulando como células en el flujo sanguíneo del corpus académico. A mí me gustas tú, quise decir, pero era vergonzoso y busqué una metáfora o algo que dejara clara mi intención sin que fuera dicha. No son los poetas, dije sin temor a ser pedante, es la vida que se obra cuando sus obras son leídas. Y herido por la vergüenza me dí la vuelta y salí de circulación empujando a mis compañeros.
No por eso dejamos nuestros amores, yo seguí dejando los poemas en su mesa y ella siguió mirándome y haciéndome guiños.
Muchacha leyendo, de Franz Eybl
Llegó la Primavera, esa estación que nos trastorna a los sensibles, y con ella llegó el momento de dejarle algo mío, creado por mí para ella. Busqué entre todos los poemas y todo me pareció vano, cursi y pretencioso. Visualicé su rostro leyéndome y vi muecas de asombro, recordé su rostro leyendo a otros y cómo se regeneraba en su lectura nuestra atmósfera. Fui honesto conmigo mismo al reconocer el imperio de esos otros que me habían invitado a ser uno más en sus escritos, y escribí un corto poema en prosa llamado Atmósfera:
"Fríos como témpanos en las páginas del cementerio del libro de texto, los versos se estremecieron y cobraron vida bajo el imperio de su mirada, en la atmósfera respirable creada por su boca cuando fueron recitados.
Entonces yo quise ser mirado por esos ojos hacedores y ser besado por aquel aliento oxigenado."
Lo que sucedió después ya no tiene importancia para este relato, sólo decir que después de pedir silencio ella leyó mi poema en alta voz y después me preguntó a mi directamente quien era el autor o la autora. Todos me miraron, ojos curiosos, alientos expectantes.
No importa lo que dije, ni lo que sucedió, pero seré bueno y dejaré una pista, que está en las obras de la Literatura , de la Música y del Arte. Sólo basta con que los que esto lean quieran vivir en esa atmósfera obrada por sus obras, y lo sabrán.



jueves, 24 de diciembre de 2015

Alucinación de Navidad



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La flor de hibisco seca, como un pequeño capullo inservible, cuando se humedece se agranda y se expande, cobrando la apariencia de un gorrito de Papá Noel o, si prestamos atención más detenida, el gorrito de un diabólico bufón.
O quizá fue el influjo de la luna llena de la madrugada de la Navidad del año 2015, suceso que no volverá hasta más allá de dos decenios, y suceso que no regresó desde aquella Navidad de principios de los años noventa, cuando mi hermana pequeña se perdió, y nadie se dio cuenta hasta que ya casada y con hijos nos contó el pecado que la Nochebuena cometió contra su seno. Y desde entonces no volvió a creer, y yo, triste yo, no volví a crecer.
No, no volví a crecer, quedé dentro del adolescente que fui, anclado en el puerto de la ilusión y la inacción y la inercia, donde el futuro se aniña y el pasado lo inunda todo como un leviatán monstruoso y redundante.
No, mi hermana pequeña no volvió a creer, quedó su corazón enterrado en el bosque en que se sintió sola, abandonada por la familia y los amigos al ataque de las fieras y al acecho lúbrico de los hombres malos.
Esta Nochebuena del 2015 volví de la Misa de Gallo y retomé el gin-tonic por donde lo dejé, a la mitad y aumentado por el hielo derretido, por lo que le añadí otro opulento, un hielo como un huevo de hielo que asemejara una brillante piedra preciosa de dimensiones extraordinarias.
Me repantigué en el sofá rodeado de la familia y eché mis ojos a pasear por los alrededores del salón y por las estancias de mis interiores vanos. Como era tan habitual en mí, mientras ellos seguían con alegre atención infantil las canciones y sucesos que la televisión peroraba, yo me acomodaba ensimismado y ausente, sin perder detalle de las correspondencias entre el exterior y mi interior, cazando gestos de allí para cocinarlos aquí, y así lograr la gran alucinación llamada magia navideña, un misterio nebuloso -hoy, además, amaneció nublado- donde los recuerdos se barajan por el gran tahúr que es el poeta que soy para obrar el milagro, la gran jugada, por lo que seguimos creyendo y no creciendo, anclados digo en el puerto de la adolescencia.
Fue entonces cuando, aprovechando una pausa para la publicidad y que todos callaron su jolgorio, miré a mi hermana pequeña e imploré, deseante:
-Hermanita, venga, cuéntanos otra vez lo de aquella Nochebuena, sí, esa en la que te perdiste y que ninguno nos dimos cuenta, bueno, yo sí, ya te conté, que estaba preocupado y me dio por imaginar, y llegaste algo tarde pero nadie le dio importancia ...
Miré en mi gin-tonic la cáscara de limón y las bayas de enebro y las bolas de cardamomo y pimienta roja agrandadas por las dos horas de humedad en la ginebra y la tónica azulada, tónica mar, gin tónic oceánico y e incógnito, donde la flor de hibisco me sobrecogió por el color picante carmesí de flor abierta.
-Cabronazo - renegó con pómulos púrpura-, ya podrías haber dicho algo y que me fuerais a buscar, pero no, como siempre, aquí cada uno a su bola.
-¿Qué pasó? -arquea una ceja sin celos mi cuñado su marido.
La flor de hibisco se abre aun más a mi terror rojo y su vergüenza sonrosada. Recordé que imaginaba que ..., mientras ella contaba que ...
Resultado de imagen de flor de hibisco gin tonic-No tenía ni quince años, yo estaba con mis amigas paseando la tarde de Nochebuena, y nos juntamos con unos amigos, y sin darme cuenta me separé con uno y nos perdimos y él se asustó y anochecía y se fue corriendo y quise seguirle y me quedé sola cada vez más oscuro y habíamos visto hombres que nos miraban, que me miraban, porque él, bueno, qué más da, de pronto me quedé sola y no veía ni las luces de la ciudad y tuve mucho miedo y pensé en todos vosotros y en qué pasaría si yo no llegaba a casa una noche como la de hoy, de Nochebuena, y lloré y ya estaba oscuro del todo cuando pude ver la luz de unas farolas y casi tenía más miedo de ir por allí porque antes habíamos visto hombres que me miraban y serían lo que pasó cinco minutos pero me parecieron cinco horas y de pronto esa luna llena y los perros ladrando y unas risas que no parecían humanas y unos lamentos y tuve tanto pánico que fui a la calle y ya allí eché a correr y no sabía qué autobús coger ni si el metro que había allí me venía bien y cogí un taxi con el aguinaldo que me dio el tío Paco, que yo quería comprarme un disco y se lo dí al taxista que me llamó señora y no niña, si yo era una niña, me sentí fatal, y luego llego aquí y mamá hija, qué tarde llegas, pero nadie ni puto caso y tú, y tú, mirándome con esa cara de empanao que tienes siempre, que dónde estaba, pues qué te pensabas...
Desde entonces ya no serías mi hermana pequeña, pensaba o intuía, y la flor de hibisco se terminaba de abrir hermosa y maligna y carmesí como su boca entonces cuando me dijo aquello interrumpiendo un sollozo oye a ti qué te importa con quien estaba con mis amigas y me perdí sola y abandonada por todos pero es Nochebuena le dije y deberías estar aquí yo sí estaba asustado, y a mí qué la Navidad me dijo, y calla y no digas nada les trae sin cuidado que me pierda o que esté con quien esté y se metió en el baño con cerrojo y escuché un lamento y chorros de agua caer y su voz dolida murmurando y un ladrido y una blanca luna llena y una mirada lúbrica de hombre y como un presentimiento también una flor rojísima abriéndose, la flor de hibisco ante mis narices.Resultado de imagen de flor de hibisco gin tonic
Terminado su relato antes de que terminara la publicidad, su marido mi cuñado se encogió de hombros qué harías tú con ése y mi hermana pequeña se encogió de hombros y sonriéndome a mi con picante carmesí me perdí, joder, desde entonces todo esto me parece un paripé y lo hago por los niños y por la familia que ni se preocuparon de mi aquella Nochebuena y yo perdida, ahí, abandonada.
Yo me encogí de hombros decidido otra vez a no seguir creciendo y fui a servirme otra bebida, un bourbon solo con hielo, después de mirar atónito el gorrito de diabólico bufón de la flor abierta en el gin-tonic acabado que se burlaba de mi.



martes, 20 de octubre de 2015

Los libros encadenados

Dos hombres contemplando la luna, de C.D. Friedrich

¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes
angélicas? Y aun si de repente algún ángel 
me apretara contra su corazón, me suprimiría
su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible.
Así que me contengo, y me ahogo el clamor de la garganta
tenebrosa. Ay, ¿quién de veras podría ayudarnos? No
los ángeles, no los hombres, y ya saben los astutos
animales que no nos sentimos muy seguros en casa,
dentro del mundo interpretado ...

(Reiner Maria Rilke. Las Elegías de Duino. Primera Elegía)


Donde se guardan los libros, de Jesús Marchamalo


El pasado lunes, paseando y a la busca con un amigo lector por la Feria del libro antiguo y de ocasión de Recoletos, recordaba y contaba la anécdota del año anterior, cuando ya de anochecida, y por el mismo paseo, me encontré con Jesús Marchamalo. Yo le conocía, le había leído, y el a mí no, aunque alguna vez comenté algo en su blog a propósito de nuestra querida Feria del libro antiguo. Le saludé, claro, y me contestó: vaya, alguien que me conoce. De todos es sabido que a los autores no les conoce nadie, salvo el que los lee. Pues bien, a mi amigo lector le recomendé con candor Donde se guardan los libros, pues es una lectura indispensable para todo aquél que sienta curiosidad por lo que leen los autores de renombre, yo se lo prestaría. También le recomendé, con el tomo de sus relatos ante nuestras narices, a G.K. Chesterton, del cual el año anterior yo compré un volumen con las peripecias de su popular personaje el padre Brown. Mi amigo me hizo caso y compró los relatos, aunque, le advertí, lo bueno de verdad es El hombre que fue Jueves, libro que por esos misteriosos avatares de la física cuántica nos encontramos dos casetas más adelantes, y que también compró.

El hombre que fue Jueves, de G. K. Chesterton


Clásico que trata de una conspiración anarquista, recomendable para el lector que quiera dejar a su mente volar con libertad cazando ideas como nubes, dentro siempre del decoro y el buen gusto propio de un gentleman, un caballero por decirlo en católico. Este libro lo leí yo hace unos ocho años, una primavera hiperactiva en la que me encontraba yo currando en tres trabajos, y lo leída de camino a La Latina, donde en unas cuevas estaba yo como camarero, en simetría con aquel lejano tiempo en que me preparaba como cocinero en la escuela de hostelería de la Casa de Campo, y leía yo por entonces la trilogía barojiana de La lucha por la vida, que toca el tema del anarquismo español de principios de siglo.

Aurora Roja, de don Pío Baroja


Editado bellamente por Caro Raggio, al igual que el resto de la trilogía, con el sello ilustrativo de Ricardo Baroja, hermano del autor. Formaba parte de la pequeña biblioteca en la alcoba de mi hermana, que estudió Filología Hispánica, y donde en su ausencia, yo me pasaba las horas vivas entre libros -no demasiados para una estudiante de filología, me dijo un amigo, pero sí los suficientes para que me picara a mi el bichito que hace adictos a la lectura-. Abundaban las novelas barojianas, tanto como las de Gabo el mago, casi tanto como las novelas de nuestro hada madrina, Carmen Martín Gaite, Hilvanes bien lo sabe, ella que es mi compañera de fatigas y placeres literarios. De Carmen leí primero La reina de las nieves, y entonces ya obró en mi el milagro de su narrar, o como diría ella, su contar.

La reina de las nieves, de Carmen Martín Gaite


Fue un deslumbramiento, al igual que me ha sucedido con tantos libros, que si son buenos te llevan a otros, por eso nos atrevemos a decir que los libros van encadenados, y que con ellos vamos, como a una de las pocas prisiones donde merece la pena cumplir la pena y expiar nuestras culpas, una cárcel de celdas abiertas e ilimitada, el terreno de la libertad posible, pues el buen libro te atrapa y cuando te suelta te ha empujado a otro libro. Lo que recuerdo de La reina de las nieves, como de cualquier escrito de Carmiña, es la empatía con los personajes en particular, con la narración en general. Recuerdo sobre todo la escena donde se habla del vèrtigo ante las pinturas del pintor alemán Caspar David Friedrich, vértigo que ya había sentido hace años, en aquel otro deslumbramiento que tuve en el conocimiento de este pintor. Esta novela se basa, es una versión moderna, de aquél cuento del más terrible de los autores de cuentos de hadas, Hans Christian Andersen

Cuentos, de Hans Christian Andersen


Los libros de relatos para niños deberían ser leídos por el lector adulto, sobre todo en buenas compilaciones y ediciones comentadas, pues es aquí donde se halla el germen de las futuras lecturas y del amor que tendremos en un futuro por los libros. Como en los versos del más alto de los poetas, R. M. Rilke, que encabezan este post, los cuentos son como los ángeles, son el principio de lo terrible. Los cuentos han de leerse íntegros, absténganse de leer reducciones o copias censuradas, pues la crueldad, la violencia, la turbia sexualidad y el amargo final que forma parte de algunos de aquellos cuentos en su versión original -sobre todo en Hans Christian Andersen-, será también lo que acaecerá cuando despertemos a la vida adulta Si logramos adentrarnos en el misterio de este universo infantil, si somos capaces de embriagarnos y mirar e interpretar a través de esa imaginería cargada de símbolos, metáforas y alegorías, comprenderemos que, por muy adultos y razonables que lleguemos a ser, esta vida no es más que un cuento, un sueño como escribió Calderón, cargado de esa terrible belleza angélica, pues todo cuento es la representación de la vida con pistas, con guías, con trampas, con palacios de ensueño y con bosques oscuros o encantados.

La vida es sueño, de Calderón de la Barca


Así también empatizamos con Segismundo, que vive en su prisión, y que es engañado. Por eso esta obra es una de las más universales, pues es una representación y una alegoría para todo tiempo y lugar, por tanto también una de las obras preferidas para los filósofos y los críticos de literatura. Es obra que también toma el testigo de las tragedias de los grandes clásiscos griegos: Esquilo, Sófocles, Eurípides; tragedias que compré hace más de una década en el barrio de Prosperidad, una tarde de Sábado. Por aquel entonces, en aquel tiempo germinal, los dioses aún trataban cara a cara con nosotros, por lo tanto Las Tragedias están hermanadas con los relatos mitológicos, y son a su vez las fuentes que regaron los inabarcables campos de los cuentos de hadas y de aquellas obras del Barroco como La vida es sueño, entre tantos otros campos. Personalmente, siento Prometeo Encadenado, de Esquilo, como un precedente de esta obra célebre de Calderón.

Prometeo encadenado, de Esquilo


De las tragedias de Esquilo es mi preferida, junto con Los siete contra Tebas y el ciclo de La Orestiada. Me recuerdo a mí mismo en una noche solitaria, solo en casa -yo era de los que, dada la multitud que en casa éramos, aprovechaba las escasas horas de soledad para la lectura, más que para la escritura, pues el jaleo de cien locos en mi cabeza es continuo, por lo que el ruido no me molesta para escribir, pero sí para leer-. Me recuerdo usurpando el sillón paterno, bajo la lámpara de pie, el mejor sitio para la lectura por las noches. Recuerdo también la grata sorpresa que me supuso la lectura de Prometeo Encadenado, la primera en el libro, un deslumbramiento feliz, una conciencia de que la modernidad y la vanguardia ya la hacían los griegos. Pero esta es otra tesis que deberá ser defendida en otro momento y lugar, al igual que el tema de su dudosa autoría, que deberá ser estudiada por otros más sabios.  Me recuerdo también, un año antes, en otra noche de soledad en casa, divertido y risueño por otra gran obra que a la humanidad ha sido dada: La Conjura de los necios, de John Kennedy Toole.
Prometeo, cuyo pecado fue darnos a conocer el fuego, es amonestado por Hermes:


A ti, sofista
Insolente y acerbo, de los dioses

Enemigo, que diste a los mortales
Efímeros, su honor; ladrón del fuego,


(Continuará, con La conjura de los necios)

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Manicomiopedia (II)

MANICOMIOPEDIA



Cerveza


Color, aroma y sabor de las embriagadoras miradas de algunas muchachas.
"En mi garganta
los ojos de mi enamorada" (YSQA).


Encontrar


Para encontrar hay que perder primero. Luego buscar, después del encuentro amar. Pero la pérdida es inevitable para el encuentro.


Follar


Pretexto para los aperitivos y los postres. Follar en sí está bien: ejercita, aviva, descarga; pero lo que importa en verdad es la liturgia. En Manicomio lo practicamos sobre todo en los solsticios y equinoccios, en las noches de magia donde yacemos con diosas.


Luna


Se me ha caído la luna
en los reflejos del río
y rotita en mil pedazos
reparte su poesía
(YSQA)


Paloma


Hoy por fin he visto al viejo que da de comer a las palomas.



Rosa


Rose is a rose is a rose is a rose (Gertrude Stein)



Vila-Matas


Conocido aquí por Tito Quique, además de ser el autor de tratados metaliterarios como Dietario Voluble, Dublinesca o Bartleby y Compañía, y siendo también un gran motivador literario de largo aliento, don Enrique Vila-Matas, digo, es el padrino de Manicomio. 
Él, sin embargo, no lo sabe. 
Y como no se dé prisa se irá sin saberlo nunca.


lunes, 31 de agosto de 2015

Manicomiopedia (I)

MANICOMIOPEDIA

Anchoa


Manjar en salmuera enlatado que emparedado y acompañado de una cerveza -o varias- bien fría es ejemplo y espejo de lo que ha de ser una combinación perfecta. Con el boquerón en vinagre forma el famoso matrimonio, aunque como personas completas que son, valen por sí mismas. Valorada en Manicomio por su concentración de sabor y por su enjundia, la tomamos en la hora de la cena en días raros antisociales frente a una película clásica a ser posible en blanco y negro.


Babia

Patria límbica, famosa como destino turístico siempre a mano y sin fronteras. Aquí habitamos Nos.


Centuria

Nos, los Cien Locos


Dostoievski


Escritor capaz de rematar en su demencia al más orate. Sus novelas, rallantes, están lleras de seres histriónicos y atormentados. No leer mezclado con té, café, anfetaminas, cocaína, viagra u otras sustancias que alteren el sistema nervioso. Recomendable su uso en grandes cantidades con mayores injestas de alcoholes y otros depresores del ánimo.


España

Aparta de mí este cáliz (César Vallejo)


Hache




Jazz

La música de la libertad, que a la vez concede al oyente la posibilidad también de la libertad de detenerse a escucharla o de usarla simplemente como ruido de fondo. Con variedad de estilos, consiente en ser casado con otros estilos musicales en una ventajosa simbiosis. Es inmenso caudal, fontana, castalia, alfaguara ... Su uso está más popularizado de lo que comúnmente se cree: desde la publicidad hasta las películas pornográficas, esta música es ambiente como el mismo aire.