lunes, 31 de octubre de 2016

¿Cuál es tu don?

Mi nombre es David, y puedo volar.
Hace años tenía miedo a llevar a alguien en mi vuelo, por si caía yo dañar a mi compañera.
Hoy sé que eso no puede suceder, nadie que vuele conmigo, si se mantiene a mi mano, caerá, pues sé que puedo volar al igual que puedo caminar, al igual que respiro. Tan natural como todo ésto.


jueves, 13 de octubre de 2016

Con Bob Dylan la Academia Sueca premia La Poesía en sus orígenes




Hoy la academia sueca ha premiado un tipo de poesía que nunca fue premiado, el del ser humano en sus orígenes, que no sabía escribir, pero sí sabía cantar, y cuando quería rezar, mostrar una emoción, un sentimiento, una queja, o contar una historia épica o amorosa digna de ser contada, para que no cayera en el olvido y fuera difícil de olvidar y fácil de transmitir de boca a boca, de generación en generación, siempre se hacía acompañar por la música. La poesía nació cantada, que luego sólo se considerara como poesía la cosa escrita para elitistas fue una derivación. Por eso hoy, más que muchas otras veces, el Nobel de Literatura ha sido justo, premiando a un poeta que canta sus versos. Felicidades, Mr. Dylan.



lunes, 3 de octubre de 2016

Negaciones y negociaciones entre dos ángeles cegados por el llanto





-El deseo es infinito.
-No, el deseo es breve, y es más, es neutro, se torna del color del alba en que despiertas. Se eleva como una paloma hacia la cima del cielo y vuelve hacia el ocaso como el Carro del sol.
-La muerte vibra.
-No, la muerte no se mueve y es quieta, no avisa y no amenaza, es el zarpazo voraz del silencio, la cuna oscura de los nonatos, la matriz sin vías de escape.
-La pena es lágrima.
-No, la pena es la sonrisa amarga e impotente del payaso mundo, del destierro de la experiencia, de la nada y del nunca; sobrecoge y empuja el llanto, pero no es el llanto.
-El amor es sendero.
-No, el amor se acaba, el amor no llega, el amor es cómo y es quién y es qué; pues el amor delimita las parcelas de la necesidad de la persona, de la cultura, del cosmos civilizado; pues si se abriera el amor sería como la tierra abriéndose por la impetuosidad de los mares.
-La memoria es emotiva.
-No, la memoria es un museo ...
-El libro es árbol, pues tiene hojas.
-No, basta, no tienes ni idea de tus afirmaciones, vienes y dices como quien está cargado de sabiduría y experiencias, pero no, no sabes ni andar, ni mirar, ni respirar.
- ...
-Sí, llora, pues por no saber no sabes ni saber la pena, ni gustas bien del amor, ni sabrás morir, pues no has sabido vivir. Quién te dijo que abrieras la boca, qué te hizo suponer que ibas a ser escuchado, cómo te has atrevido a aseverar ...
-El infinito es deseo, la vibración se muere, la lágrima es pena, el sendero es amor, la emoción es memoria, y el árbol es libro, pues tiene hojas.
-No sé, calla.
- El deseo es infinito, la muerte vibra, la pena es lágrima, el amor es sendero, la memoria es emotiva, el libro es árbol, pues tiene hojas.
-Calla, no sé.
-El infinito es deseo, la vibración se muere, la lágrima es pena, el sendero es amor, la emoción es memoria, y el árbol es libro, pues tiene hojas.
-¡Calla, ya!
-...
-Qué sabré yo, Vida, de todas esas hojas y su memoria. ¡Qué sabré yo, ángel cegado por el llanto!




sábado, 27 de agosto de 2016

Tienes, tienes, tienes

El baño de las ninfas
George Owen Wynne Apperley

Tengo, tengo, tengo
tú no tienes nada
tengo tres ovejas
en una cabaña
una me da leche 
una me da lana
y otra mantequilla
para la semana.
Caballito blanco 
llévame de aquí
llévame hasta el pueblo
donde yo nací.
(Canción popular infantil)


Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tienes tres amigas
que coquetas bailan
un hada que te dice
otra que te habla 
y otra te murmura
todas mis hazañas.
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino
que un día perdí.

Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tienes un amante
que te sueña al alba
dentro de tu luna
una voz que canta
con lengua de estrellas
y una mano sabia.
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino 
que un día perdí.


Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tres lindas doncellas
te cuidan y acompañan
una que te cose
otra que te lava
y otra que te reza
todas mis plegarias.
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino
que un día perdí.

Tienes, tienes, tienes
yo no tengo nada
tienes un palacio
con cuarenta estancias
un jardín de frutos
que tiembla si pasas
y una fuente dulce
donde tú te bañas
Mi yegua gallarda
llévame de aquí
llévame hasta el reino 
que un día perdí.

jueves, 11 de agosto de 2016

Toda literatura sobre lo nuestro es vana


Adán y Eva según Lucas
Cranach el Viejo

Toda literatura sobre lo nuestro es vana.
No quiero comprender tu mundo
-tampoco quiero que tú entiendas
lo mío-
Con contemplar abrazar
unirme a ti me basta.
Porque tu boca y la mía sólo dirán 
mentiras.
Todo lo que sea intentar ser claros
honestos sinceros francos
será misión suicida estrellada
contra el muro de un mundo mudo.
Tu boca sólo dice mentiras
tu cuerpo sin embargo es verdad.
Mi boca será esquiva
mientras que
en tu cuerpo mi cuerpo se refugia.
Toda literatura sobre lo nuestro es vana.

martes, 15 de marzo de 2016

Pura música

El sueño de la razón produce monstruos,
de don Francisco de Goya


Sentir sin el sustento de la razón ni de palabra alguna.
Sentir la pena y la alegría, el gozo y el dolor, el amor y el odio, el deseo y el asco como si fuesen pura música, pues el pensamiento limita y sesga, profana y equivoca.

martes, 8 de marzo de 2016

El vergel olvidado

El Paraíso Terrenal o Jardín del Edén, del
pintor flamenco Clerk Hendrick

No se trataba de crear, sino de recrear - no es una invención pues nada nuevo queda por hacer, "nada nuevo bajo el sol" que dice el Eclesiastés-. Se trataba de regresar, y de hacerlo posible. De recordar: y entonces intentarlo de nuevo, recrear.

viernes, 4 de marzo de 2016

La canción de los libertos

Niños en el mar, de Joaquín Sorolla

No somos los elegidos,
pero elegimos
y al elegir entonces
-un camino, una distancia
unos zapatos-
formamos parte
de la canción de los libertos.
Elijámonos pues
si queremos ser los elegidos,

sábado, 23 de enero de 2016

Atmósfera

Mujer leyendo, de Franz Eybl
Fríos como témpanos en las páginas del cementerio del libro de texto, los versos se estremecieron y cobraron vida bajo el imperio de su mirada, en la atmósfera respirable creada por su boca cuando fueron recitados.
Entonces yo quise ser mirado por esos ojos hacedores y ser besado por aquel aliento oxigenado.
Desde entonces yo, en las asignaturas de Literatura, de Lengua Española, de Música y de Arte que ella impartía no me permití bajar del notable y por vez primera me hice coleccionista de sobresalientes.
Me había enamorado de la profesora y quería ser su alumno aventajado.
De esta manera fui cumplimentando todas las tareas y trabajos, y me entregaba después a la lectura de los poetas, narradores y críticos que ella recomendaba y de los que hablaba con pasión de enamorada; lo que causó que se despertara en mí la soberbia ambición de ser lírico, de saber contar, de tener criterio, de que fuera mi enamorada. Quise ser competitivo desde la admiración del otro. Sabía lo que ella amaba, entonces yo debía ser como ellos, sentir como ellos, expresarme como ellos, habitar estremecido y vivo en esa atmósfera que ella generaba.
Hice crítica, escribí pequeñas historias, compuse versos.
En Arte  y Música era distinto, pues si el éstas trataban de la Belleza y para mí la Belleza era ella, era ella la que hablaba de sí misma cuando impartía las asignaturas de Arte y de Música.
Adquirí la costumbre de tomar algún poema que me gustara de aquellos poetas que ella mencionaba y de dejarlo en su mesa antes de que cualquiera entrara en el aula. Antes de comenzar cada clase ella tomaba el folio mecanografiado y lo leía. Yo, que ya vivía en su atmósfera desde el momento de su lectura, que ya los había hecho míos, al ver cómo se movían musitando sus labios sensuales, al ver cómo se dilataba su mirar para ser poseída, me sentía amador y amante. Nunca escribía el autor, lo más seguro era que ella lo supiera, tanto se entregaba al amor con aquellos autores, tan bien les conocía.
Después de leer para sí se levantaba y lo leía en voz alta. Los primeros días preguntó quien había dejado allí ese poema, y ante el silencio general, lo leía y lo comentaba, dando a conocer a todos su mundo en el que yo ya vivía, yo que era tan tímido me sentía por fin poseído por el orgullo que era la fama al presentar a todos la atmósfera de nuestros amores.
Ella entraba en clase cada vez más contenta, a ver qué tenemos hoy, decía. Los poemas y fragmentos por mi escogidos siempre le agradaban.
No sé cómo lo supo, pudo ser por cada pista que yo iba dejando en exámenes y trabajos. Un tiempo después ella me miraba antes y después de las lecturas, y me guiñaba el ojo al terminar cada clase. ¿Y a ti quién es el poeta que más te gusta? Me abordó un día en que nos tropezamos en un pasillo abarrotado de gente yendo y viniendo, circulando como células en el flujo sanguíneo del corpus académico. A mí me gustas tú, quise decir, pero era vergonzoso y busqué una metáfora o algo que dejara clara mi intención sin que fuera dicha. No son los poetas, dije sin temor a ser pedante, es la vida que se obra cuando sus obras son leídas. Y herido por la vergüenza me dí la vuelta y salí de circulación empujando a mis compañeros.
No por eso dejamos nuestros amores, yo seguí dejando los poemas en su mesa y ella siguió mirándome y haciéndome guiños.
Muchacha leyendo, de Franz Eybl
Llegó la Primavera, esa estación que nos trastorna a los sensibles, y con ella llegó el momento de dejarle algo mío, creado por mí para ella. Busqué entre todos los poemas y todo me pareció vano, cursi y pretencioso. Visualicé su rostro leyéndome y vi muecas de asombro, recordé su rostro leyendo a otros y cómo se regeneraba en su lectura nuestra atmósfera. Fui honesto conmigo mismo al reconocer el imperio de esos otros que me habían invitado a ser uno más en sus escritos, y escribí un corto poema en prosa llamado Atmósfera:
"Fríos como témpanos en las páginas del cementerio del libro de texto, los versos se estremecieron y cobraron vida bajo el imperio de su mirada, en la atmósfera respirable creada por su boca cuando fueron recitados.
Entonces yo quise ser mirado por esos ojos hacedores y ser besado por aquel aliento oxigenado."
Lo que sucedió después ya no tiene importancia para este relato, sólo decir que después de pedir silencio ella leyó mi poema en alta voz y después me preguntó a mi directamente quien era el autor o la autora. Todos me miraron, ojos curiosos, alientos expectantes.
No importa lo que dije, ni lo que sucedió, pero seré bueno y dejaré una pista, que está en las obras de la Literatura , de la Música y del Arte. Sólo basta con que los que esto lean quieran vivir en esa atmósfera obrada por sus obras, y lo sabrán.



jueves, 24 de diciembre de 2015

Alucinación de Navidad



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La flor de hibisco seca, como un pequeño capullo inservible, cuando se humedece se agranda y se expande, cobrando la apariencia de un gorrito de Papá Noel o, si prestamos atención más detenida, el gorrito de un diabólico bufón.
O quizá fue el influjo de la luna llena de la madrugada de la Navidad del año 2015, suceso que no volverá hasta más allá de dos decenios, y suceso que no regresó desde aquella Navidad de principios de los años noventa, cuando mi hermana pequeña se perdió, y nadie se dio cuenta hasta que ya casada y con hijos nos contó el pecado que la Nochebuena cometió contra su seno. Y desde entonces no volvió a creer, y yo, triste yo, no volví a crecer.
No, no volví a crecer, quedé dentro del adolescente que fui, anclado en el puerto de la ilusión y la inacción y la inercia, donde el futuro se aniña y el pasado lo inunda todo como un leviatán monstruoso y redundante.
No, mi hermana pequeña no volvió a creer, quedó su corazón enterrado en el bosque en que se sintió sola, abandonada por la familia y los amigos al ataque de las fieras y al acecho lúbrico de los hombres malos.
Esta Nochebuena del 2015 volví de la Misa de Gallo y retomé el gin-tonic por donde lo dejé, a la mitad y aumentado por el hielo derretido, por lo que le añadí otro opulento, un hielo como un huevo de hielo que asemejara una brillante piedra preciosa de dimensiones extraordinarias.
Me repantigué en el sofá rodeado de la familia y eché mis ojos a pasear por los alrededores del salón y por las estancias de mis interiores vanos. Como era tan habitual en mí, mientras ellos seguían con alegre atención infantil las canciones y sucesos que la televisión peroraba, yo me acomodaba ensimismado y ausente, sin perder detalle de las correspondencias entre el exterior y mi interior, cazando gestos de allí para cocinarlos aquí, y así lograr la gran alucinación llamada magia navideña, un misterio nebuloso -hoy, además, amaneció nublado- donde los recuerdos se barajan por el gran tahúr que es el poeta que soy para obrar el milagro, la gran jugada, por lo que seguimos creyendo y no creciendo, anclados digo en el puerto de la adolescencia.
Fue entonces cuando, aprovechando una pausa para la publicidad y que todos callaron su jolgorio, miré a mi hermana pequeña e imploré, deseante:
-Hermanita, venga, cuéntanos otra vez lo de aquella Nochebuena, sí, esa en la que te perdiste y que ninguno nos dimos cuenta, bueno, yo sí, ya te conté, que estaba preocupado y me dio por imaginar, y llegaste algo tarde pero nadie le dio importancia ...
Miré en mi gin-tonic la cáscara de limón y las bayas de enebro y las bolas de cardamomo y pimienta roja agrandadas por las dos horas de humedad en la ginebra y la tónica azulada, tónica mar, gin tónic oceánico y e incógnito, donde la flor de hibisco me sobrecogió por el color picante carmesí de flor abierta.
-Cabronazo - renegó con pómulos púrpura-, ya podrías haber dicho algo y que me fuerais a buscar, pero no, como siempre, aquí cada uno a su bola.
-¿Qué pasó? -arquea una ceja sin celos mi cuñado su marido.
La flor de hibisco se abre aun más a mi terror rojo y su vergüenza sonrosada. Recordé que imaginaba que ..., mientras ella contaba que ...
Resultado de imagen de flor de hibisco gin tonic-No tenía ni quince años, yo estaba con mis amigas paseando la tarde de Nochebuena, y nos juntamos con unos amigos, y sin darme cuenta me separé con uno y nos perdimos y él se asustó y anochecía y se fue corriendo y quise seguirle y me quedé sola cada vez más oscuro y habíamos visto hombres que nos miraban, que me miraban, porque él, bueno, qué más da, de pronto me quedé sola y no veía ni las luces de la ciudad y tuve mucho miedo y pensé en todos vosotros y en qué pasaría si yo no llegaba a casa una noche como la de hoy, de Nochebuena, y lloré y ya estaba oscuro del todo cuando pude ver la luz de unas farolas y casi tenía más miedo de ir por allí porque antes habíamos visto hombres que me miraban y serían lo que pasó cinco minutos pero me parecieron cinco horas y de pronto esa luna llena y los perros ladrando y unas risas que no parecían humanas y unos lamentos y tuve tanto pánico que fui a la calle y ya allí eché a correr y no sabía qué autobús coger ni si el metro que había allí me venía bien y cogí un taxi con el aguinaldo que me dio el tío Paco, que yo quería comprarme un disco y se lo dí al taxista que me llamó señora y no niña, si yo era una niña, me sentí fatal, y luego llego aquí y mamá hija, qué tarde llegas, pero nadie ni puto caso y tú, y tú, mirándome con esa cara de empanao que tienes siempre, que dónde estaba, pues qué te pensabas...
Desde entonces ya no serías mi hermana pequeña, pensaba o intuía, y la flor de hibisco se terminaba de abrir hermosa y maligna y carmesí como su boca entonces cuando me dijo aquello interrumpiendo un sollozo oye a ti qué te importa con quien estaba con mis amigas y me perdí sola y abandonada por todos pero es Nochebuena le dije y deberías estar aquí yo sí estaba asustado, y a mí qué la Navidad me dijo, y calla y no digas nada les trae sin cuidado que me pierda o que esté con quien esté y se metió en el baño con cerrojo y escuché un lamento y chorros de agua caer y su voz dolida murmurando y un ladrido y una blanca luna llena y una mirada lúbrica de hombre y como un presentimiento también una flor rojísima abriéndose, la flor de hibisco ante mis narices.Resultado de imagen de flor de hibisco gin tonic
Terminado su relato antes de que terminara la publicidad, su marido mi cuñado se encogió de hombros qué harías tú con ése y mi hermana pequeña se encogió de hombros y sonriéndome a mi con picante carmesí me perdí, joder, desde entonces todo esto me parece un paripé y lo hago por los niños y por la familia que ni se preocuparon de mi aquella Nochebuena y yo perdida, ahí, abandonada.
Yo me encogí de hombros decidido otra vez a no seguir creciendo y fui a servirme otra bebida, un bourbon solo con hielo, después de mirar atónito el gorrito de diabólico bufón de la flor abierta en el gin-tonic acabado que se burlaba de mi.