viernes, 15 de abril de 2011

Un sol negro y ansioso


Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.
(Pablo Neruda. 20 poemas de amor y una canción desesperada. Poema XIX)

Apolo persiguiendo a Dafne

Tras vos, un alquimista va corriendo, Dafne, que llaman Sol, ¿y vos tan cruda?, son los versos que Quevedo dedicó al mito, y Nos queremos dedicarle al mito una bitácora con lo que su Erecta Majestad el Marqués de la Pollalzada considere menester, ya que él es el jefe de economato de Manicomio, bibliotecario y corruptor, rijoso cinéfago y garante del tesoro de nuestra eterna juventud: es un viejo verde, sin más.
Conocí a este filólogo filóloco a la tierna edad de tres añitos, cuando él ya tenía la rancia edad de 87, aunque el muy bribón se quita años y dice que tiene 84. Su Erecta Majestad siempre tiene la misma edad, ¿desde cuando? Desde que lo dioses convivían con los hombres, quizá, cuando los seres del submundo se dejaban ver: ninfas, sátiros y duendes.
Desde entonces, interpretando mis sueños, pues es Apolo con su oráculo, va siempre conmigo. Es la sabiduría del plagio, la usurpación y la intertextualidad, pues por su mediateca él cita a otros para traerme a mi ninfa. Sabiduría al fin y al cabo, como un venero caudaloso, generador incombustible, llama incandescente.
Sátiro
Una mediateca

Vive exiliado en este manicomio interior, purgando sus pecados a base de explorar y explotar a través de viejos documentos y de las nuevas tecnologías todo lo que pueda hacer de este vampiro un ser de corazón siempre joven.
Lleva el peso de toda una pinacoteca, una biblioteca, una filmoteca; es decir: una mediateca alimentada desde el comienzo de los tiempos con todo tipo de documentos que tratan del amor erótico. Poemas de Samaniego, Aretino y Safo;  novelas del Marqués de Sade y de Marguerite Duras; cine de Tinto Brass o de Mariano Ozores; pinturas de Gèrôme o de Botero. Qué sé yo, ya lo irás viendo.
Es el apóstol de la lujuria al que Ilegales dedicaron un disco y es Baudelaire haciendo inventario de flores del mal.



Nuestro anciano decano es un marrano, es Alfonso XIII mirando cine porno. Fue Casanova también, aunque él habla de Giacomo como si fuese otro, su compadre. Es el que desnudó a las hijas del Cid y el que surtía de doncellas a Heliogábalo. Es el Marqués de Bradomín seduciendo señoras en la iglesia, y es cualquier padre de familia en los 80 boquiabierto en Nochevieja cuando a Sabrina se le escapaba un seno. Es, como no, Ramón Gómez de la Serna escribiendo Senos, o Juan Manuel de Prada en Coños.
Es Víctor Hugo pervirtiendo a las sirvientas.

La Ninfa

Ninfa rechazando a sátiro. Tívoli. Siglo. II

Pocos son los libros en que no habita este sol negro y ansioso, y quizá es porque el laurel del triunfo  -siempre cínico en el mito y en la realidad pues se trata de una impostura-, es lo que más tienta al creador artístico.
Apolo es, ya nos lo mostró Calasso en La locura que viene de las ninfas, un usurpador. Usurpador es una acusación que se da mucho en el Ulises de Joyce, donde nuestra Erecta Majestad se vanguardiza para volvernos más locos de deseo que nunca, con una Molly Bloom monologando y deseando como nadie en el mundo.
Todos los libros conoce nuestro decano en Manicomio, y sabe mirar el calentón más sibilino, como el cerdo que es metiendo su hocico en tierra para buscar la trufa exquisita.
Es Apolo persiguiendo a Dafne desde siempre, un sátiro sorprendiendo a la Ninfa.
Es, ante todo y sobre todo, un lector conquistando el pálpito en el texto, o un literato creando todo aquello que despierte el amor, sección deseo.
Mi vocación eres tú ruborizada, ese podría ser su lema.
Nuestro Marqués ya tuvo su blog en aquella comunidad literaria, Libro de Arena
Se vino aquí con nosotros, a convivir en este sanatorio, a colaborar en el equipo de Literaturitis Crónica, porque sabía que aquí La Ninfa, nuestra Emperatriz, dejándose atrapar a duras penas, permanecía siempre desnuda, y al no morirnos como manda el mito, multiplicamos aún más nuestra locura.
La cosa está en permanecer siempre erectos, es decir, siempre inspirados. Sin erección no hay procreación, sin inspiración no hay creación.
El erotómano marqués quiere vuestra colaboración, así que si alguien va por el paraíso y se le cae la manzana del pecado en la cabeza, la traiga aquí para mostrarla al mundo y diga con el filósofo fenomenológico Husserl: esto es una manzana porque la percibo como tal, pero, ¿existe de manera independiente?
regresoalacasamusa@live.com




Ponga olas de mar que acaricien la arena,
suave brisa que calme el dolor.
De esta noche, esta puta noche.
Huela el sudor de tu cuerpo
en las noche de magia,
al aroma del sol tatuado en tu vientre,
y me olvide de esta puta noche.