miércoles, 7 de enero de 2009

Faro


Un faro es una pintura que había en mi casa cuando era niño, pintada por mi abuelo, del que según dicen saqué un gran parecido físico.
Mi abuelo Manuel era constructor, y tenía gusto por los pinceles. Estuvo preso un año o más al finalizar la guerra incivil, quizá por rojo o porque le pilló en la zona en la que tocaba ser rojo. Nunca le conocí, pero me hubiera gustado preguntárselo.
En mi casa había dos cuadros suyos de corte romántico y casi fantástico por su poca visión realista del paisaje: un puente y un faro.
Me fascinan los puentes y los faros, pero también los caminos, senderos y bosques, los horizontes y los precipicios abisales. También los acantilados. Y las cabañas iluminadas y ocultas en una bosque como el calor y la protección en esta vida-selva y espesura.
Yo soy como tú, una barquita chica que quiere llegar a puerto, a punto siempre de estallar mi casco frágil en la roca del acantilado. Culpa de la tormenta y de la noche.
Por eso el faro como símbolo me es tan sugerente, es el que sirve de guía para llegar a puerto. Pero no sólo eso. Es lo que te ilumina en medio de la tempestad, para que no te rompas.
Y no sé si el de farero sigue siendo un oficio o una quimera. Bonita y trágica profesión, la del linterna de los mares. Ser vigilante de los que en tí confían. Pero no poder hacer nada por los que a pesar de todo naufragan.



Faro que alumbras al mundo
por encima de la tempestad
devuelveme la esperanza
y que brille mi estrella
pero no en soledad
Oye mi voz
mi última oportunidad
faro que alumbras al mundo
alumbra mi vida

1 comentario:

Beatriz Salas dijo...

Me ha gustado leerte, amigo.
Me llevo prestada tu fotografía para una entrada en mi blog al que te invito a escuchar poemas...
Gracias. Un saludo.