jueves, 31 de diciembre de 2009

Reflexiones para un nuevo año ( y VII )


El sueño de la razón produce monstruos, de Francisco de Goya

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Reflexiones para un nuevo año (VI)

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena en mi paz y pena en mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!


En el año 2010 conmemoramos el nacimiento de una de las cumbres de la poesía en castellano, nuestro humilde pastor de verso, grandioso generador de Poesía, Miguel Hernández.
A él le debo, desde la época en Libro de Arena, el mejor post que querría escribir, a él y a Antonio Machado y a Walter Benjamin, que tuvieron una vida truncada para un final común, todo ello gracias a esas malditas guerras y malditos seres que las generan.

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.





Junto a César Vallejo, alma gemela suya ante el cual también me arrodillo, es un poeta del pueblo y para el pueblo, cantor de su dolor y sus espinas, ellos mejor que nadie, pues también las llevaron para vergüenza atroz de los verdugos.

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre su cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.




A él, junto a Antonio Machado, Lorca, Gabriel Celaya, Pablo Neruda, Jose Agustín Goytisolo y otros tantos otros, le han cantado los mejores.
Porque la buena poesía nació para ser cantada, mejor que para ser leída o meditada en el rancio y erudito boureau de un catedrático sin tacha.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.


Recuerda, para el próximo Otoño, tenemos una cita de luna y duelo.
El treinta de Octubre, exactamente.

martes, 29 de diciembre de 2009

Reflexiones para un nuevo año (V)


No morirá el libro por causa de los e-books o de las bibliotecas virtuales, al igual que no murieron ni el cine ni la radio por culpa de la televisión y los reproductores fílmicos domésticos.
El libro no es tan sólo un conjunto de palabras: es un objeto perfecto, fácil de usar, cómodo, atractivo y fragante.
Al igual que el cine es butaca y pantalla gigante, ritual de tardes de invierno lluviosas y calurosas siestas de verano.
Noches de estío en los cines abiertos de verano, cuando parece que todo es estrella.
Al igual que el cine nunca mató al teatro.
¡Basta ya de rollos freudianos!
Los hijos, si son buenos ellos y son buenos los padres, no matan a sus progenitores.
No hay sustitución a manos de culturas asesinas. Lo que hay es -aunque no sepamos verlo ni disfrutarlo- una gran mediateca, a tu servicio.
Mediateca Organismo encargado de recolectar, conservar y poner a disposición de los usuarios documentos de todo tipo y en todos los soportes.


domingo, 27 de diciembre de 2009

sábado, 26 de diciembre de 2009

Reflexiones para un nuevo año (III)

Martin Heidegger en su estudio, y en la siguiente, caminando.
(1)
El camino y la medida,
el sendero y la canción
se encuentran en la misma vía.

Camina soportando
el fracaso y la cuestión,
por la única senda que es tuya.


(2)
Cuando la temprana luz de la mañana crece en silencio sobre los montes...

El oscurecimiento del mundo jamás alcanza la luz del Ser.

Venimos demasiado tarde para los dioses y demasiado pronto para el Ser. El poema que éste ha iniciado es el hombre.


Ponerse en camino hacia una estrella, nada más.

Pensar es ceñirse a un único pensamiento, que un día se mantendrá como una estrella en el cielo del mundo.


(11)

Cuando los rayos del sol de la tarde, entremetiéndose por algún resquicio en el bosque, circundan de oro los troncos...

Los troncos vecinos de la poesía son el canto y el pensamiento.


Los tres brotan del Ser y se elevan en su verdad.


Su relación nos da a pensar aquello que Hölderlin canta de los árboles del bosque:

Y quedan sin conocerse el uno al otro
los troncos vecinos
el tiempo que están en pie.

Martin Heidegger , Desde la experiencia del pensamiento



Por la única senda que es tuya, ponerse en camino hacia una estrella, nada más ...


Hölderlin

viernes, 25 de diciembre de 2009

Reflexiones para un nuevo año (II)



Déjame entrar ha sido la mejor película que he visto este año, la película de vampiros que más me ha estremecido hasta hoy. Más que Entrevista con el vampiro, que habré visto cuatro o cinco veces, más aún que Drácula de Coppola. Perturbadora, estéticamente impecable, una rareza magistral en las antípodas de la saga Crepúsculo -sí, caí en la tentación y ví la primera parte, cualquier episodio de la serie True Blood vale más, tiempo perdido...- Déjame entrar, con sus personajes en soledad extrema, con sus paisajes de ciudad desiertos y nevados, es, como me dijo un amigo, perfecta.



Ha sido un año de buenas películas...
En Gran Torino, Clint Eastwood demuestra que si en América Woody Allen es el genio de la comedia, él lo es del drama.
Ágora, donde podemos constatar que todas las críticas negativas que recibe el prodigio Amenábar son pura envidia.
500 días juntos, una comedia antiromántica con unos gags geniales y una estructura innovadora, impropia de la comedia americana al uso.
Celda 211, trepidante, dura, violenta, con un sorprendente Luis Tosar, que siempre hizo, plano, el mismo personaje. Aquí por fin demuestra lo buen actor que es en el papel de Malamadre.
De otras películas ya he hablado en post anteriores.
Lo que ocurre es que muchas veces uno prefiere, antes que escribir sobre una película, ver otra película.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Reflexiones para un nuevo año (1)


Otros se jactan de los libros que han escrito; yo me enorgullezco de los que he leído.
Jorge Luis Borges

Yo sin embargo no me avergüenzo de lo escrito, pero sí de los libros no leídos.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Villancico, de Gloria Fuertes


Ya está el niño en el portal
que nació en la portería,
San José tiene taller,
y es la portera María.

Vengan sabios y doctores
a consultarle sus dudas,
el niño sabelotodo
está esperando en la cuna.

Dice que pecado es
hablar mal de los vecinos
y que pecado no es
besarse por los caminos.

Que se acerquen los pastores
que me divierten un rato
que se acerquen los humildes,
que se alejen los beatos.

Que pase la Magdalena,
que venga San Agustín,
que esperen los reyes magos
que les tengo que escribir.



domingo, 20 de diciembre de 2009

Esa moneda

Esa moneda, amor, esa moneda...
Esa moneda fue acuñada en la Real Casa de la Moneda, en Madrid, allá por los albores del nuevo siglo, y hoy podría jurar, ya con su alma, que es la moneda más viajada y manida, pasando por manos mil, cambiado su valor de objeto neutro por valores tan diversos como el valor de una escarola, el valor de un bebedero de canarios, el valor de un guante de ducha, el valor una entrada de museo, el valor de un sobre de cromos, el valor de un libro de saldo, y el valor de dos soldaditos de plomo en el rastro, uno manco y otro cojo.
El día de su nacimiento fue como un vómito de plata. Brillo de Cuproníquel, corazón de latón, de níquel su sangre sólida.
Convivió los primeros días en monedero de plástico con algunas iguales de menos precio pero no menos valía, porque si con una moneda menor das tu limosna, o compras pan, y con una de más masa un mal tabaco, o va en el juego...
También había ahí de los cuarenta una rubia peseta, con larga vida y un millón de usuarios, que lo mismo sirvió en sus primeros años para pagar caricias como en los últimos para caer de suelo en suelo, sin que nadie se parase a recogerla, menos ese ser supersticioso que fue su última dueña.
Esa moneda, amor, esa moneda cuya historia narro, de dos euros pero de azarosa valía, fue cobrando su alma según iba, o venía, reflejante espejo de muchas caras y no menos secretos.
En la mesilla de noche de alguna desnudez fue contagiada. Luego sus dueños siguientes sintieron en sus dedos la vibración erótica de unas nalgas descocadas.
En el cesto de la iglesia fue acto generoso entre tanta purrela. Se la quedó el monaguillo para jugar futbolines.
En los toros fue cambiada por un farias. Yo era de metal, casi de piedra, y aquí me veis, convertida en humo desintegrado en la plenitud del olé de una veróinca.
En el kiosko algún fascículo inacabado sobre el arte del encaje de bolillos. Más un chicle de fresa ácida que regalaste a aquel niño, para entretener su gazucilla hasta la hora del papeo.
Esa moneda, amor, esta moneda...

viernes, 18 de diciembre de 2009

La moneda

Sobre el flujo monetario...
Dicen los gurús de la nueva era que el dinero no ha de quedarse estancado, que sólo su flujo enriquece a su propietario. Así es como se enriquecen las naciones. Quien invierte, progresa, quien conserva, se pudre.
Hay teorías sobre ello, yo recuerdo la de Max Weber, ¿por qué las regiones del norte de Europa, protestantes, son más prósperas que las regiones del sur, católicas?
Una vocación religiosa por el trabajo, pero Jesús de Nazaret, el hijo del carpintero, no quiere ricos en su reino, no quiere espíritus con demasiadas cargas naturales. Entonces el dinero que se gana y no se ahorra ha de ser invertido.
Pero hablaré de otro flujo, y es un cuento con el que me deleito en el libre arte de imaginar. Yo voy al estanco y el estanquero me devuelve un euro.
Ensimismado, camino, pensando en quien ha podido tener en sus manos la moneda, y si quizá lo tuviste tú, unos instantes, en tus manos.
O que la moneda que yo suelto llegará a tí, con ese beso del tacto de mis dedos.



El vino que pagué yo,
con aquel euro italiano
que había estado en un vagón
antes de estar en mi mano,
y antes de eso en Torino,
y antes de Torino, en Prato,
donde hicieron mi zapato
sobre el que caería el vino.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Eco

Eco y Narciso, de John Waterhouse




Esto que estás oyendo
ya no soy yo,
es el eco, del eco, del eco
de un sentimiento;
su luz fugaz
alumbrando desde otro tiempo,
una hoja lejana que lleva y que trae el viento.

Yo, sin embargo,
siento que estás aquí,
desafiando las leyes del tiempo
y de la distancia.
Sutil, quizás,
tan real como una fragancia:
un brevísimo lapso de estado de gracia.

Eco, eco
ocupando de a poco el espacio
de mi abrazo hueco…..

Esto que canto ahora,
continuará
derivando latente en el éter,
eternamente….
inerte, así,
a la espera de aquel oyente
que despierte a su eco de siglos de bella durmiente..

Eco, eco
ocupando de a poco el espacio
de mi abrazo hueco…...

Eco, de Jorge Drexler



Narciso y Eco, de Gonzalo Orquín



...Eco merece una disgresión. Su alegría y parlachinería cautivaron a Júpiter; sorprendidos en adulterio por Juno, castigóla ésta a que jamás podría hablar por completo; su boca no pronunciaría sino las últimas sílabas de aquello que quisiera expresar. Pues bien, viendo Eco a Narciso quedó enamorada de él y le fue siguiendo, pero sin que él se diera cuenta. Al fin decide acercársele y exponerle con ardiente palabrería su pasión. Pero.. ¿Cómo podrá si las palabras le faltan? Por fortuna, la ocasión le fue propicia. Encontrándose solo el mancebo, desea darse cuenta de por dónde pueden caminar sus acompañantes y grita: "¿Quién está aquí?" Eco repite las últimas palabras "... está aquí". Maravillado queda Narciso de esta voz dulcísima de quien no ve. Vuelve a gritar: "¿por qué me huyes?" Eco repite: "... me huyes". Y Narciso: "¡juntémonos!" Y Eco: "...juntémonos". Por fin se encuentran. Eco abraza al ya desilusionado mancebo. Y éste dice terriblemente frío: " No pensarás que yo te amo..." Y Eco repite, acongojada: "...yo te amo". "¡ Permitan los dioses soberanos -grita él- que antes la muerte me deshaga que tú goces de mí!"
Huyó, implacable, Narciso. Y la ninfa así menospreciada, se refugió en lo más solitario de los bosques. La consumía su terrible pasión. Deliraba. Se enfurecía. Y pensó: "¡ojalá cuando él ame como yo amo, se desespere como me desespero yo!"

Némesis, diosa de la venganza -y a veces de la justicia- escuchó su ruego. En un valle encantador había una fuente de agua extremadamente clara, que jamás había sido enturbiada ni por el cieno ni por los hocicos de los ganados. A esa fuente llegó Narciso, y habiéndose tumbado en el césped para beber, Cupido le clavó, por la espalda, su flecha... Lo primero que vio Narciso fue su propia imagen, reflejada en el propio cristal. Insensatamente creyó que aquel rostro hermosísimo que contemplaba era de un ser real , ajeno a sí mismo. Sí, él estaba enamorado de aquellos ojos que relucían como luceros, de aquellos cabellos dignos de Apolo. El objeto de su amor era... él mismo. ¡ Y deseaba poseerse! Pareció enloquecer... ¡No encontraba boca para besar! Como una voz en su interior le reprochó: "¡insensato!" "¿cómo te has enamorado de un vano fantasma? Tu pasión es una quimera, retírate de esa fuente y verás como la imagen desaparece. Y, sin embargo, contigo está, contigo ha venido, se va contigo... ¡y no la poseerás jamás!."

Alzó los brazos al cielo Narciso. Llorando. Tiróse los cabellos. Y gritó, blasfemo así: "Decidme selvas, vosotras que habéis sido testigo de tantos idilios apasionados... ¿por qué el amor es tan cruel para mí? Hace siglos que existís; decidme ¿visteis nunca un amor obligado a sufrir designios más rudos? Yo veo al objeto de mi pasión y no le puedo encontrar. No me separan de él ni los mares enormes, ni los senderos inaccesibles, ni las montañas, ni los bosques. El agua de una fontana me lo presenta consumido del mismo deseo que a mí me consume. ¡Oh pasión mía! ¡quienquiera que seáis, aproximaos a mí como a vos me aproximo! ¡Ni mi juventud ni mi belleza son causas para vuestro temor! Yo desdeñe el amor de todas las ninfas... No tengáis para mí el mismo desdén. Pero ¿ si me amáis, por qué os sirvo de burla? Os tiendo mis brazos y me tendéis los vuestros. Os acerco mi boca y vuestros labios se me ofrecen. ¿Por qué permanecer más tiempo en el error? Debe ser mi propia imagen la que me engaña. Me amo a mí mismo. Atizo el mismo fuego que me devora. ¿Qué será mejor: pedir o que me pidan? ¡ Desdichado de mí que no puedo separarme de mí mismo! A mí me pueden amar otros, pero yo no me puedo amar...¡Ay! El dolor comienza a desanimarme. Mis fuerzas disminuyen. Voy a morir en la flor de la edad. Mas no ha de aterrarme la muerte liberadora de todos mis tormentos. Moriría triste si hubiera de sobrevivirme el objeto de mi pasión. Pero bien entiendo que vamos a perder dos almas una sola vida."

Dicho esto, tornó Narciso a contemplarse en la misma fuente. Y lloró, ebrio de pasión, ante su propia imagen. Volvió a traslucir frases entrecortadas... ¿Quién? ¿Narciso? ¿Su imagen llorosa? "¿por qué me huyes? Espérame, eres la única persona a quien yo adoro. El placer de verte es el único que queda a tu desventurado amante."

Poco a poco Narciso fue tomando los colores finísimos de esas manzanas, coloradas por un lado, blanquecinas y doradas por el otro. El ardor le consumía poco a poco. La metamorfosis duró escasos minutos. Al cabo de ellos, de Narciso no quedaba sino una rosa hermosísima, al borde de las aguas, que se seguía contemplando en el espejo sutilísimo.

Todavía se cuenta que Narciso, antes de quedar transformado pudo exclamar: "¡Objeto vanamente amado...adiós...!" Y Eco: "... adiós" cayendo enseguida en el césped rota de amor. Las náyades, sus hermanas, le lloraron amargamente meneándose las doradas cabelleras. Las dríadas dejaron romperse en el aire sus lamentaciones. Pues bien: a los llantos y a las lamentaciones contestaba Eco... cuyo cuerpo no se pudo encontrar. Y, sin embargo, por montes y valles, en todas las partes del mundo, aún responde Eco a las últimas sílabas de toda la patética voz humana.
Ovidio. Metamorfosis. Libro Tercero III.


La muerte de Narciso, de Nicolas Poussin

martes, 8 de diciembre de 2009

La Carretera, de Cormac McCarthy



Un hombre y su hijo...

..., cada cual el mundo entero para el otro...

..., camino del sur, después de la hecatombe...

... la fragilidad de todo por fin revelada.

Y punto.



Me la podría haber perdido, tenía mis reservas, ni el título ni la fachada me llamaban la atención. No sabía ni de qué iba. Pero lo ví barato, y muy recomendado por amigos cuya opinión me importa, así que me decidí. Primero compré el libro, y luego leí la contraportada. Normalmente hago al revés, todos lo hacemos de la otra manera, primero leemos la contraportada, hojeamos, y compramos.
Y eso que lleva años en las tiendas, y ni una sola ojeada por la curiosidad. Reconozco que mis prejuicios venían a que me sonaba a Jack Keruac. Gracias a que normalmente no hago caso a mis prejuicios he podido leer esta gran obra de McCarty, que a buen seguro, muchos lo dicen, será un clásico que se codeará en los anaqueles con los colosos de la literatura.

No hay un sólo profeta en la larga crónica de la Tierra que no encuentre hoy aquí su razón de ser. Teníais razón, hablarais de lo que hablarais.

Cualquiera que lea un resumen podría encuadrar la obra en cualquier subgénero de ciencia-ficción y de catástrofes, pero La Carretera está muy por encima de cualquier etiqueta, es alta literatura, se salva por la exquisita escritura, realmente inspirada. Un buen manejo de las técnicas narrativas para crear tensión y desasosiego, emoción sin sentimentalismo, y un escepticismo nada gratuito. Todo ello con un lirismo que le otorga el don de lo literario, ese lirismo que sólo los literatos de raza transportan como ese fuego salvífico del que hablan contínuamente el padre y el hijo. Porque nosotros llevamos el fuego, ¿verdad, Papá? Pregunta siempre el niño al padre. Sí, porque nosotros llevamos el fuego.

Todo ello como en un antiguo ungimiento. Que así sea. Evoca las formas. Cuando no tengas nada más inventa ceremonias e infúndeles vida.

Cuando empecé a leer La Carretera algo me llamó la atención, una manera de describir que ya conocía en otros, y no sé cuanta culpa, o mejor dicho bendición, tendrá el traductor Luis Murillo Fort. De esto y de la riqueza del lenguaje.
No siempre, porque predomina la descripción seca y limpia, sin afectación ni sobrecarga. Pero hay páginas y páginas que tienen ese algo que me hace querer tanto un libro: la metáfora. La metáfora a la manera de Ramón Gómez de la Serna, has leído bien, y he seleccionado para tí unas cuantas greguerías que me dejaron boquiabierto.
Pese a su fama de mal novelista, me he leído media docena de novelas de Ramón, quedando encantado. Tienen mala fama porque dicen que encadena una greguería con otra, y que así no hay manera de que fluya una narración. Lo mismo le echaban en cara a Umbral, que sí, muy literato y muy lírico, pero nones como novelista. Que se vayan a freír tramas esparragueras los que no saben saborear los delicados y fortísimos licores diamantinos de la literatura.
Escribo con conocimiento de causa, he leído El Novelista, El Torero Caracho, Piso Bajo, El Chalet de las Flores... y sé de qué manera se las gastaba este madrileño para urdir tramas, a base o a golpe de metáfora, que daban esa sensación onírica y plástica, que lo estás viendo viviendo un sueño.
En el caso de La carretera hay que añadir a estas metáforas un grado de intensidad, sensación onírica, sí, pero de pesadilla que se repite con una saña cruel demasiado a menudo. Te lo hace pasar mal, el amigo McCarty, acierta al tocar la fibra sensible, con esa plasticidad que otorga la metáfora, mejor que la descripción al uso, que a mí siempre me parece un coñazo. Por eso estoy más a favor de los líricos que describen con impresiones y símbolos que de los que rellenan párrafos con paja, aunque sea de oro puro.
Cambio una página de Ramón por cien de Azorín.
Cormac McCarthy es un escritor genial, un literato de raza, he aquí las pruebas del delito. Selección de greguerías, metáfora+humorismo, aunque aquí el humor sea más bien negro:

Un cadáver en el portal, tieso como el cuero. Haciéndole un mohín al día.

Está nevando, dijo el chico. Miró al cielo. Un solitario copo grisáceo que cayera de un tamiz. Lo atrapó en la palma de la mano y lo vio expirar como la postrera hostia de la cristiandad.

Por la mañana volvía a nevar. Cuentas de hielo gris en ristra sobre los cables de electricidad.

De día el sol proscrito circunda la tierra cual madre afligida con una lámpara.

Reflejando el sol desde aquella oscuridad profunda como un destello de navajas en una cueva.

En las cañadas el humo elevándose del suelo como grupos de velas paganas.

Se sentó a su lado y acarició sus pálidos cabellos enmarañados. Cáliz de oro, bueno para albergar a un Dios.


Presiento que la película será de nuestro agrado. Esperando su estreno... ¿cuantos posts sobre cine te debo ya? Una larga decena, sin duda.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Páginas para el recuerdo en los últimos años.



De las fantasías diurnas en la carretera no había modo de despertar. Siguió caminando pesadamente. Lo recordaba todo de ella, salvo su olor. Sentado en un teatro con ella al lado inclinada al frente escuchando música. Volutas y apliques dorados y los pliegues del telón como columnas a cada lado del escenario. Ella le tenía la mano cogida sobre el regazo y él notaba la parte superior de sus medias a través de la fina tela de su vestido de verano. Congela este fotograma. Ahora maldice tu oscuridad y tu frío y fastídiate.
Cormac McCarthy. La carretera.
Si la memoria no me engaña, el año 2005 fue el de El Barón Rampante, de Italo Calvino, y la Insoportable levedad del ser, de Milán Kundera.
Del año 2006 recuerdo ante todo Conversación en la catedral, de Vargas-Llosa, y El libro de las ilusiones, de Paul Auster.
En el 2007 fueron Un descanso verdadero, de Amos Oz, y Crimen y Castigo, de Dostoyevski.
En el 2008, por encima de todos, sobresaliendo entre ruinas de páginas olvidadas, y de otras guardadas en el corazón de la memoria, sobresaliente, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.
2009 podría haber sido también de un único monarca, Perec y la extensísima La vida instrucciones de uso. Pero ha venido el pez chico a compartir, a buen seguro, el recuerdo en un futuro del ánima de las horas de lectura de estos meses. La intensa obra de Cormac McCarthy, La Carretera.
De ella hablaré mañana, o pasado, o quizá al otro.

Porque hay un lugar donde me están esperando, pero no me estarán esperando siempre. Y si me retraso, me retraso.
Amos Oz. Un descanso verdadero.

A no ser que el siguiente, rechoncho y dormidito aún en la espera de la aurora de mis ojos, quiera gobernar en triunvirato en el ministerio de las nostalgias literarias:

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Simbolismo (IX). El ciprés y la luna


La voz inmóvil

El ciprés, junto a la adelfa,
velando a la luna nueva,
me está llamando:
-Ven, ven...

(No, no, que no voy,
que no.)

El ciprés, junto a la acequia,
velando a la luna llena,
me está llamando:
-Ven, ven...

(No, no, que no voy,
que no.)

El ciprés, junto a la alberca,
velando a la luna muerta,
me está llamando:
-Ven, ven...

(No, no, que no voy,
que no.)

La noche cubre al ciprés
como una campana negra.

Sigue sonando:
-¡Ven!...
¡Ven!...
(Emilio Prados)



Camino con ciprés bajo cielo estrellado, de Vincent Van Gogh

sábado, 28 de noviembre de 2009

¡Oh, hazme una máscara!, de Dylan Thomas


Oh, make me a mask

O make me a mask and a wall to shut from your spies
Of the sharp, enamelled eyes and the spectacled claws
Rape and rebellion in the nurseries of my face,
Gag of dumbstruck tree to block from bare enemies
The bayonet tongue in this undefended prayerpiece,
The present mouth, and the sweetly blown trumpet of lies,
Shaped in old armour and oak the countenance of a dunce
To shield the glistening brain and blunt the examiners,
And a tear-stained widower grief drooped from the lashes
To veil belladonna and let the dry eyes perceive
Others betray the lamenting lies of their losses
By the curve of the nude mouth or the laugh up the sleeve.

(Dylan Thomas)



Oh, hazme una máscara

Oh hazme una máscara y un muro que me oculte de tus espías
de esos agudos ojos esmaltados y de las garras ostentosas
de la rebeldía y la violación en los viveros de mi rostro,
una mordaza de árbol, en silencio golpeado para cubrirme de los desnudos enemigos
hazme una lengua de bayoneta en esta oración indefensa,
vuelve mi boca flagrante y que sea una trompeta de mentiras soplada dulcemente,
dame las facciones de un tonto moldeado en vieja armadura y roble
para escudar el cerebro brillante y confundir a los indagadores,
y un dolor viudo manchado de lágrimas caído de las pestañas
para velar la belladona y hacer que adviertan los ojos secos
que otros traicionan las quejumbrosas mentiras de sus pérdidas
con los pliegues de la boca desnuda y la risa solapada.

(Traducción de Elizabeth Azcona Cranwell)

martes, 24 de noviembre de 2009

Deseo de ser punk, de Belén Gopegui



En vez de estudiar, me he puesto a escribirte. No eres un puto personaje inventado ni eres mi puto amor platónico. Te he encontrado y tú sí tienes música.

Así finaliza el primer capítulo de esta novela íntegra y honesta, que trata de la búsqueda de la autenticidad y la actitud, temas que ya sabes tú que me son no sólo interesantes, sino imprescindibles.
Y la música no es un puto pretexto, pues para Martina, muchacha de dieciséis años, la música es esa actitud auténtica que se busca. Desde las primeras páginas me he sentido identificado con la voz de Martina, admirando, eso sí, ciertos poéticos aciertos del estilo de Belén Gopeui.

... imagina que se te rompe algo, el vaso, por ejemplo, ese que tiras sin querer, y la gente se limita a traer una bayeta para el agua y una escoba para los cristales. Pero imagina que tú no quieres la bayeta. Querías ese vaso. Te importaba ese vaso. No entiendes que esté roto. Y entonces te pones a recoger los cristales uno a uno. Y tratas de pegarlos. Aunque, claro, intentas hacer eso, se te ha olvidado secar el agua con la bayeta. Y también se te ha olvidado la hora que es. Y, encima, hay veces que las cosas se rompen en siete trozos y vale, las puedes pegar. Pero a veces se rompen en cien o más.

Monólogo interior de una adolescente, purificado por el filtro literario de esta escritora de extraño atractivo y fiero pensamiento, quien haya leído algo suyo o alguna entrevista conocerá su actitud moral ante este sociedad herida, repleta de vasos rotos que se van quedando por el camino.


Es un libro cargado de sentencias, como un revólver no mortífero de balas, si no agresivo de salsa picante, quien haya leído el libro sabrá de qué hablo.
Así encabeza la Gopegui esta novela, con los versos del loco mayor del reino:

Sitting Bull (Toro Sentado) ha muerto: no hay tambores que anuncien su llegada a las Grandes Praderas. Deseo de ser Piel Roja.
Leopoldo María Panero.

Cita que como puedes ver, da pie al título de la obra.
Ha tenido excelentes críticas, pero yo no se la aconsejaría a todo el mundo. A no ser que se acojan a la técnica en la lectura del distanciamiento, tan errónea. Tú puedes leer con distanciamiento una novela de terror del virtuoso Stephen King, o El Señor de los Anillos. Un mundo aparte como vía de escape por unas horas. Pero este libro es real, Martina lo dice en cualquier página en su búsqueda de la autenticidad, que no quiere elfos ni duendes, busca personas. Si te implicas como lector activo, identificándote, no te gustará, a no ser que sientas como el personaje, y yo he tenido la suerte de encontrar en Martina a alguien muy parecido a mí, en constante reflexión y baremo.
En su manera de entender la música por ejemplo, yo encontré mi música hace ya años, y quizá no sea la de Martina, pero ella en su búsqueda aspira a ese código que yo he encontrado, y aunque a veces llegue a él y lo encuentre roto, día a día intento reconstruírlo, porque quizá sea lo único que me mantiene en pié, o lo único que comprendo o simplemente intuyo como certeza.
No tiene más de doscientas páginas, pero vale una larguísima reflexión, esta novela.
Si la lees, y si puedes, escucha para profundizar en el alma de Martina toda la música sobre la que medita y que escucha, en pasajes memorables, como cuando con su amiga Vera cantan este tema de los Foo Fighters en el Jardín Botánico.




O Martina escuchando en la biblioteca pública el Total eclipse of the heart de Bonnie Tyler que encabeza este post.
O en el mismo lugar peru otro día, la oración de Johnny Cash.



Muchas de las canciones que se mencionan son canciones que oían sus padres, Lucas, todos los adultos, canciones que a ella le parecen algo blandas, pero que sí le parece que tienen un código. Como esta de los Crosby, Still and Nash:



Luego están las que ella y sus amigos escuchan, Fe de Ratas:


Reincidentes:


AC/DC:


Guns and Roses:


Pero es esta canción de Iggy Pop la estancia donde Martina se encuentra y donde quiere estar, el grito, que no el lamento, que quiere lanzar al mundo. Hay dos versiones, una corta y triste, y otra larga, “emoción en estado puro”, que es la que da sentido a la locura genial de esta Martina:




gimme danger, little stranger
and I'll give you a piece
gimme danger, little stranger
and I'll feel your disease

there's nothing in my dreams
Just some ugly memories
kiss me like the ocean breeze

(hey!)

Now if you will be my lover
i will shiver insane
but if you can be my master
i will do anything

there's nothing left to life
but a pair glassy eyes
raze my feelings one more time

(yeah!)

find a little strip and find a little stranger
yeah you're gonna feel my hand

said:
I got a little angel, want a little danger
honey you're gonna feel my hand
swear you're gonna feel my hand
swear you're gonna feel my hand

gimme danger
little stranger
gimme danger
little stranger
gimme danger
little stranger

gimme danger
little stranger

gimme danger
little stranger

can you feel me?
you gotta feel me!
you gotta feel this

little stranger...


Belén Copegui y "Deseo de ser punk". (Un idioma sin fronteras)

sábado, 7 de noviembre de 2009

Manicomio musical. Pop para el siglo XXI

Bienvenidos al siglo XXI
Están cerradas por stock
las puertas.
Yo mismo

Comenzaré este post como comienza sus monólogos ese gran humorista llamado César Vidal, que junto a Jiménez Losantos forma parte de una nueva generación de cómicos adeptos al esperpento y el absurdo más hilarantes.
Corría el año milnovecientosnoveintaitrés cuando este muchacho llamado David asistía por las tardes a las clases de Hostelería -rama de Cocina- de la Casa de Campo, dedicando las mañanas a leer libros de métrica y a practicar todas las composiciones poéticas propuestas por don Fernando Lázaro Carreter en aquel libro... Cómo se comenta un texto literario, o quízá otro, qué sé yo, qué sabe nadie.
No se me escapaba nada: sonetos, redondillas, coplas, liras, tetrástrofos monorrimos, serventesios y villancicos.
No recuerdo ahora mismo la composición del villancico, pero sí recuerdo los primeros versos que elaboré como ejercicio: Bienvenidos al siglo XXI/ están cerradas por stock/ las puertas... y ahí se quedó la profecía. Seguro que se hallará el poemilla al completo en cualquier hoja de cuaderno en cualquier carpeta entre poemas fotocopiados de Blas de Otero y Neruda, dibujos obscenos, letras de canciones de los Héroes del Silencio y de Antonio Vega, chicas de la revista Interviú y cánticos rojiblancos.
Pues bien, he ahí, en mí, un ejemplo de esquizofrenia posmoderna profética y precursora de lo que hay hoy, aquí, ya entraditos en el siglo XXI.
Por entonces mis amigos y yo escuchábamos eso: Antonio Vega, El último de la fia, Héroes del silencio, Celtas Cortos, Loquillo... mientras que las revistas de música señalaban a otros grupos como exponentes de la música generacional.
Tanto la crítica como el consumidor mayoritario han hablado distintos idiomas siempre, pero ahora mismo dudo que sea, en música, por una cuestión de elitismo, sino que es una cuestión de edades. Y es que los críticos musicales siempre tendrán más años y gustos distantes a los de los adolescentes y veinteañeros.
Leo en las revistas Rockdelux y Mondosonoro a quienes consideran hoy como los mejores de esta década que finaliza, que supongo será precursora en tantas cosas. Todos los nombres me suenan, y soy oyente de algunos de ellos, todos me gustan.
Hoy, digo, la crítica y yo estamos de acuerdo, por lo menos en ésto. Mira, oye y disfruta conmigo.
Hay demasiadas músicas, demasiados libros, demasiada baratija y demasiado de todo. Reina un caótico berenjenal por doquier. Están cerradas por stock las puertas del entendimiento. Lo diré siempre: es necesaria la crítica como son necesarias las señales, las guías, sobre todo en estos días de efímeras imposturas y postines.











martes, 3 de noviembre de 2009

Réquiem por tres grandes hombres longevos



Francisco Ayala, (Granada, 16 de Marzo de 1906- Madrid, 3 de Noviembre de 2009)



Perduración del libro y la lectura.

Pinchad en la imagen para leer el artículo:




Jose Luis López Vázquez (Madrid, 11 de Marzo de 1922- Madrid, 2 de Noviembre de 2009)






Claude Lévi-Strauss (Bruselas, 28 de Noviembre de 1908- París, 31 de Octubre de 2009)



Raza e historia (fragmento)
" Hablar de la contribución de las razas humanas a la civilización mundial podría causar sorpresa en una serie de capítulos destinados a luchar contra el prejuicio racista. Sería vano haber consagrado tanto talento y tantos esfuerzos en demostrar que nada, en el estado actual de la ciencia, permite afirmar la superioridad o inferioridad intelectual de una raza con respecto a otra, si solamente fuera para devolver subrepticiamente consistencia a la noción de raza, queriendo demostrar así que los grandes grupos étnicos que componen la humanidad han aportado, en tanto que tales, contribuciones específicas al patrimonio común. Pero nada más lejos de nuestro propósito que una empresa tal, que únicamente llevaría a formular la doctrina racista a la inversa. Cuando se intenta caracterizar las razas biológicas por propiedades psicológicas particulares, uno se aleja tanto de la verdad científica definiéndolas de manera positiva como negativa. No hay que olvidar que Gobineau, a quien la historia ha hecho el padre de las teorías racistas, no concebía sin embargo, la «desigualdad de las razas humanas» de manera cuantitativa, sino cualitativa: para él las grandes razas primitivas que formaban la humanidad en sus comienzos —blanca, amarilla y negra— no eran tan desiguales en valor absoluto como diversas en sus aptitudes particulares. La tara de la degeneración se vinculaba para él al fenómeno del mestizaje, antes que a la posición de cada raza en una escala de valores común a todas ellas. Esta tara estaba destinada pues a castigar a la humanidad entera, condenada sin distinción de raza, a un mestizaje cada vez más estimulado. Pero el pecado original de la antropología consiste en la confusión entre la noción puramente biológica de raza (suponiendo además, que incluso en este terreno limitado, esta noción pueda aspirar a la objetividad, lo que la genética moderna pone en duda) y las producciones sociológicas y psicológicas de las culturas humanas. Ha bastado a Gobineau haberlo cometido, para encontrarse encerrado en el círculo infernal que conduce de un error intelectual, sin excluir la buena fe, a la legitimación involuntaria de todas las tentativas de discriminación y de explotación. "

domingo, 1 de noviembre de 2009

Los Hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson

... y puso la cafetera.



Ay Mama Inés
Ay Mama Inés
Todos los suecos
tomamos café


Cambien la palabra negros por la palabra suecos, y servirá de banda sonora original para la primera parte de la primera parte de la saga Millennium, también conocida por la trilogía de culto -no sé por qué- y por trilogía Salander.
Una de las cosas que más me ha gustado de la novela es que sus personajes están todo el día tomando café, normalmente solo, sin leche y sin azúcar, y a menudo, aunque menos, café latte, es decir, con leche, sin azúcar.
Un sueco visita a otro sueco y antes de saludarse ya están poniendo la cafetera y colocando las tazas. Si un sueco se despierta a media noche y no logra conciliar el sueño, se pone la cafetera y se bebe un café mientras reflexiona alguna trama económica, periodística, judicial o criminal. Un sueco, solo en casa, al levantarse, a media mañana, a media tarde, y después de la cena, pone la cafetera y se toma un café.
Además comen rebanadas de pan con queso, mucho pescado ahumado, albóndigas, guisos de carne de alce y de otros pintorescos cérvidos nórdicos.
Y beben un orujo de allí, cuyo nombre ahora no recuerdo, no me acuerdo ni de los nombres de los personajes ni de los nombres de las ciudades de la novela.
En Suecia, en verano hace calor y en invierno mucho frío, la diferencia con España es que allí en Invierno hace un frío de unos 30 grados bajo cero. Imagínate que un español sale de casa con esa temperatura. Un sueco, con esa costumbre del frío, hace vida normal, entre estanterías de Ikea y cafeteras y albóndigas de Bambi y que seguramente aderecerá con salsas de arándanos u otras frutas del bosque. Un español quedará momificado nada más poner un pie en la calle, ostia, Manolo, mira cómo patino...
Está de moda Estocolmo, y en la tele echan programas tipo españoles por el mundo en los que salen paisanos que viven por allá arriba -según los mapas-. Yo no me pierdo ni uno, uno aprende mucho con los programas de la tele, como qué quiere decir la expresión hacerse el sueco. Y es que resulta que a los suecos no les gusta entrar en conflictos, si alguien tiene ganas de entrar en polémica, el sueco hará un gesto gentil y escurrirá el bulto. Yo soy muy gentil y muy sueco, llegado el caso.
Uno de los mayores aciertos, según Vargas-Llosa y yo mismo, es el personaje femenino de la outsider Salander. Es el gran acierto de esta novela.
Hay una trama judicial, una trama económica, una trama periodística, y una trama criminal, que es la principal. A diferencia de tanto best-seller -cuidado, que esta novela reúne todos los tópicos de lo que se entiende por best-seller-, hay un toque original, y es que la trama principal, la solución del enigma, se resuelva cien páginas antes de finalizar la obra.
Uno vuela por las páginas leyendo a velocidad vertiginosa, hasta llegar a la quinientos ochenta o así, entonces para, sosegadamente, se pone la cafetera, y lee la solución de otras tramas menores, entrelazadas todas entre sí.
También hay sexo y violencia, cómo no, y después de cada polvo y de cada agresión se toman un café.
Yo lo que busco en este tipo de obras es algo que encontraba de niño en las novelas de Enid Blyton, enumeración más o menos narrada de rutinas y manías. Yo leía las novelas de Los Cinco, más que por la trama de misterio, por ver lo que comían, y es que esos muchachos estaban todo el día devorando sándwiches, salchichas, pasteles, huevos con tocino; todo regado con té y cerveza de jengibre.
Los personajes dramáticos de Wilde toman mucho té y sándwiches de pepino.
Pepe Carvalho, el detective más grande, se pasa el día comiendo mucho y bueno, que es lo que hay que hacer, según piensa éste, cuando uno come solo, para olvidar que está solo. En las novelas de Vázquez Montalbán siempre hay una trama gastronómica donde siempre gana el buen comer, allí los malos siempre comen mal y poco.
Las novelas más geniales, como El Quijote de Cervantes y el Gargantúa de Rebelais, enumeran manjares con evocadoras descripciones. Memorables las bodas de Camacho …
Claro es que también busco el suspense, que el escritor de turno me meta en su intriga. Pero esto es lo de menos, tampoco soy un buen lector de novelas de intriga, en cuanto los personajes se dedican a la resolución del caso, sin comer, ni amar, ni reflexionar sobre cualquier cosa ajena a la trama, pues me suelo aburrir mazo.
Un par de horas después de dar por finalizada la novela me he puesto la peli en el dvd. Ni punto de comparación. Si después de leerte un tochazo de 700 páginas te ves su representación en un par de horas, es como si visualizaras un resumen bastante raquítico, mutilado. Así que de la peli mejor que no opino -eso sí, la reconstrucción de los hechos a través de los negativos de las fotografías escaneadas logran adaptar para la pantalla todo ese misterio de la novela-. Si hubiera dejado pasar un par de meses, seguro que algo habría sacado en claro.

martes, 27 de octubre de 2009

Sonata



Mentre estic escoltant-la, cau la pluja.
Penso en el gos que, solitari, anava
rere el taüt de Mozart: puc seguir-lo
alhora en els compassos del piano
i en els camins que fa l’aigua en els vidres.
Misteriosament feliç, segueixo un gos
fet alhora de música i de pluja

La escucho y cae la lluvia,
y pienso en aquel perro solitario
que iba detrás del ataúd de Mozart.
Lo sigo en los compases de este piano
y en los caminos que dibuja el agua
al irse deslizando en los cristales.
Voy, misteriosamente feliz, siguiendo a un perro
hecho a la vez de música y de lluvia.

Joan Margarit (1938)
Misteriosamente feliz



Desde hace más de diez años, ya sea en metro, ya en tren, y siempre que me halle sin un libro o una revista, me levanto una estación antes para leer algún fragmento escogido por la Asociación de Editores de Madrid, con la colaboración del Gremio de Libreros de Madrid. Decoran estos carteles no sólo los vagones, sino también nuestras mentes, además de incitar a la sana costumbre de la lectura y de servir de herramienta para la construcción -en el caso de niños y adolescentes- y reconstrucción -en el caso de adultos abandonados a los desiertos televisivos- de la inteligencia y el buen gusto.
Ayer, después del trabajo, de regreso a casa, tocó este cartel, entre las estaciones de Carabanchel y Eugenia de Montijo.
Pareciéndome hermoso el poema, decidí compartirlo contigo en mi bitácora.

domingo, 18 de octubre de 2009

jueves, 15 de octubre de 2009

Cuentos, de Chejov -desmañado y audaz-

Consejos para escritores
Por Anton Chejov

-Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.
-Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. En cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.
-Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.
-No pulir, no limar demasiado. Hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento.
-Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto.
-Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad: nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.
-Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento.
-Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera.
-Guarde el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero. Después acórtela medio año y después publíquela. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.
-Te aconsejo: 1) ninguna monserga de carácter político, social, económico; 2) objetividad absoluta; 3) veracidad en la pintura de los personajes y de las cosas; 4) máxima concisión; 5) audacia y originalidad: rechaza todo lo convencional; 6) espontaneidad.
-Es difícil unir las ganas de vivir con las de escribir. No dejes correr tu pluma cuando tu cabeza está cansada.
-Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política, en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios, pero en el arte no se puede mentir.
-Nada es más fácil que describir autoridades antipáticas. Al lector le gusta, pero sólo al más insoportable, al más mediocre de los lectores. Dios te guarde de los lugares comunes. Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes. Hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones. No publiques hasta estar seguro de que tus personajes están vivos y de que no pecas contra la realidad.
-Escribir para los críticos tiene tanto sentido como darle a oler flores a una persona resfriada.
-No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo.
-No es la escritura en sí misma lo que me da náusea, sino el entorno literario, del que no es posible escapar y que te acompaña a todas partes, como a la tierra su atmósfera. No creo en nuestra intelligentsia, que es hipócrita, falsa, histérica, maleducada, ociosa; no le creo ni siquiera cuando sufre y se lamenta, ya que sus perseguidores proceden de sus propias entrañas. Creo en los individuos, en unas pocas personas esparcidas por todos los rincones -sean intelectuales o campesinos-; en ellos está la fuerza, aunque sean pocos.



Un viaje de novios
Los hombres que están de más
La muerte de un funcionario público
La víspera de la Cuaresma
El camaleón






Me gustan los cuentos, y me gusta que los libros de cuentos me acompañen durante semanas, o meses.
Pocas veces me veras leyendo dos cuentos seguidos, al menos hay que dejar reposar, entre cuento y cuento, unos minutos.
Me gusta llevarlos en los transportes públicos, y hago así:
En el andén o la parada de autobús leo uno.
Ya sentado, o de pie, con el traqueteo, leo otro.
Hago pausas, miro alrededor, si da tiempo leo otro, que suelo terminar subiendo por las escaleras mecánicas. Las escaleras mecánicas tienen la facultad de acelerar la velocidad de lectura, cuando el suelo se come el ultimo peldaño los ojos se tragan el último párrafo. Si no es así, voy caminando con el libro abierto en mis manos.
Yo soy de esos que si no ha terminado aunque sea una pagina, va leyendo por la calle.
A veces veo gente que lee mientras camina, suelen ser adolescentes, yo les comprendo porque era igual.
Recuerdo, hace ya años, a una chica que siempre iba vestida de uniforme de colegio de monjas, y siempre iba leyendo un libro, me la encontraba a menudo, en la misma postura y con la misma voracidad. Un día me la encontré caminando e iba centrada en la lectura. Tenía el pelo muy negro, los ojos muy azules, y la tez muy pálida. Y los labios carnosos. Otro día, en el autobús, me fije en su lectura, era uno de los trópicos de Henry Miller.
Recuerdo –no, no estoy emulando a Perec, me ha salido así, je, je.. – a una vecina que era muy hippie que siempre iba leyendo cuando me la encontraba, era la hermana del heavy del vecindario. Un día estaba sentada en el portal de mi casa y, como tengo por costumbre, saludé. No me hizo ni puñetero caso.
Me acuerdo también de los tiempos en los que íbamos todas las tardes a estudiar a la biblioteca, y había una chica de aspecto inglés, rubia pajiza de ojos azules –se teñiría el pelo de negro más adelante-, que iba también con sus amigas a estudiar, pero ella nunca estudiaba, solo leía, y si ellas le proponían un descanso para fumar un cigarro o tomar un café, siempre decía: esperad a que termine este capitulo. Alguna vez me la encontré en la parada del autobús, y siempre iba leyendo.
Creo que ya lo dije en otro post, yo de Chejov me leí sus obras breves de teatro de una tacada en el autobús, de camino de la universidad a casa. Luego le regalé el libro a un compañero de clase que era actor de teatro, formaba parte de los siete akabaos. Muchas veces vestía un elegante abrigo con un chándal debajo.
De Chejov me queda por leer sus obras de teatro mayores –menos El jardín de los cerezos-, y sus relatos largos, que tengo en otro libro. Acabo de leer la etiqueta y figura que me costó 295 pesetas.
Junto a esos cuentos largos, compré además, y lo sé porque son de la misma colección de Espasa:
-El corsario, de Byron.
-Los pequeños burgueses, de Balzac
-El jugador, de Dostoyevsky.
Fue una mañana en el Vips de Serrano, a la vuelta de firmar un contrato para trabajar como cocinero en el restaurante de un gimnasio para gente de pelas. Hoy en día, para la única gente de pelas que cocino es para algún que otro amigo acaudalado.
Sin embargo, el libro que acabo de leer, lo adquirí gratuitamente de expurgo en la biblioteca, que tiene esa generosidad. Cuando renueva sus fondos, pega un punto rojo en la solapa de los libros viejos y lo ofrece a los paseantes que por allí nos acercamos.
Así adquirí yo, entre otros:
-Dos educaciones, de Carlos Fuentes.
-Todos muertos, de Chester Himes.
-Contrapunto, de Don DeLillo.
-El paraíso de la reina Sibila, de Antoine de La Sale -¡en Siruela, fíjate tú!
-Una noche en sus brazos, de Penny Jordan, de la colección Bianca, de la editorial Harlequín.
Recuerdo que esto mismo se lo comenté a los akabaos hace más de un año, en un e-mail, y uno de ellos dijo: yo ya no visito las bibliotecas porque hay un cabrón que arrasa con todos los libros.
Ese cabrón era yo.
Posiblemente el próximo libro de relatos que comience serán los Cuentos Completos, de Flannery O’Connor, libro que me regaló el amigo Gargantúa junto a su señora por mi anterior cumpleaños. Ellos fueron también los que me regalaron los cuentos de Saki.
Así que si vienes por Madrid, y te encuentras a uno que va por el metro o el bus, leyendo un tochazo de esa mujer, Flannery, seguro que soy yo.
Y si me sacas una foto de soslayo con el móvil avísame antes, que yo, coqueto como Luis Cernuda, tengo un perfil bonito y otro no tanto.
Que te gusten los cuentos de Chejov que he seleccionado para ti.

martes, 13 de octubre de 2009

La vida, instrucciones de uso, de Georges Perec



Abre bien los ojos, mira.
(Julio Verne. Miguel Strogoff)

Con esta cita se abre el mundo que nos regala, tan rizado y generoso, Georges Perec.
Para que lo mires, tal como es.
El mundo es un edificio parisino al que se le ha quitado la fachada para que puedas mirar, tú que eres tan curiosa, o tan curioso, lo que hay ahí dentro.
Todo, sin una aparente selección de estampas de epinar y bibelots que son descritos.
Dime, cuando tu lees, ¿te gustan las descripciones minuciosas, artesanales, que interrumpen el curso de la narración? Yo conocí a una chica que se saltaba las descripciones, pero si te saltas las de este libro, te quedas sin novela.
¿No te gustan las descripciones? toma mil dosis.

Pero cada chuchería, pintura, cómoda, figurilla, tiene su historia, entonces va Perec y nos retrata el alma de las cosas. La historia, intrahistoria, razón y sinrazón de cada cosa.
Decía don Pío Baroja que en la novela cabía todo, y tanto…
Todo tipo de intrigas y romances.
Primero te haces una idea de la estampa con una detallada descripción de lo que la habita. Luego te cuenta la historia no ya de la persona que allí viva, si no también de los que antes vivieron.
Y, como en un puzzle, porque esta novela es un puzzle, al igual que Rayuela se basaba en el juego que le da el nombre, esta obra se va construyendo al igual que un puzzle, que deberás unir tú, sin olvidar nunca que cada pieza ha de ser unida a otra.
Como buen francés, Perec es influido por el pensamiento estructuralista, tan en boga cuando él comenzó a escribir. Un elemento no vale nada por si mismo, se define sincrónica y diacrónicamente junto o frente a otros elementos. (La definición es mía, que me paso todo pensamiento filosófico por el tamiz de mi propia tontería).
Antes, durante, y a buen seguro que después, me he estado informando sobre esta magnitud publicada en la colección Compactos de Anagrama.


En alguna parte lei que recuerda a las películas de Jean-Pierre Jeunet, el director de películas tan deliciosas y extrañas como Amelie, La Ciudad de los Niños Perdidos, y Delicatessen. Es cierto, porque esa detallada descripción de la realidad es personalísima, original, misteriosa, entrañable…
Te coge con delicadeza del cogote para que te vuelvas y mires atrás, a toda aquella curiosidad que tenias de niño, que en todo te fijabas y todo te asombraba.
Ahora voy por la calle y miro a las personas y las cosas como lo haría Perec, como si fuesen una novedad, un misterio, una lección.
¿Es una de las grandes obras de la literatura universal? Lo es.
Te costara leerla, no es fácil, pese a su claridad es complejísima.
Si cada tarde lees un puñadito de sus casi cien capítulos te aseguro que llegado al final ya empezarás a sentir cierta nostalgia.

La tarde en que compre este libro, casi sorprendiéndome a mi mismo, me puse todo contento. Luego, las primeras tardes, que eran las últimas del verano, me iba a leer este libro a la gran terraza de la casa materna, rodeado de plantas, flores, edificios, gorriones y mirlos, bajo el cielo abierto, frente a las acacias, chopos, y plátanos de sombra.
En esas primeras tardes sentí algo muy especial: la felicidad del lector sin prisas, que se cree eterno para poder leer el mundo. Una sensación de mágico equilibrio con las cosas y con todo lo que me rodeaba, me ha salvado este mes de Septiembre de caer en una de esas negros estados de ánimo que me suelen atizar todos los principios de Otoño.

Un artista del trapecio -como se sabe, este arte que se practica en lo alto de las cúpulas de los grandes circos es uno de los más difíciles entre todos los asequibles al hombre- había organizado su vida de tal manera -primero por afán profesional de perfección, después por costumbre que se había hecho tiránica- que, mientras trabajaba en la misma empresa, permanecía día y noche en el trapecio. Todas sus necesidades -por otra parte muy pequeñas- eran satisfechas por criados que se relevaban a intervalos y vigilaban debajo. Todo lo que arriba se necesitaba lo subían y bajaban en cestillos construidos para el caso.
(Franz Kafka. Un artista del trapecio.


Uno lamenta no haber leído lo suficiente para reconocer todos los guiños- historias que Perec nos lanza. En su amor por la literatura, entre sus personajes los hay que son robados de otros libros de autores como Kafka, sí, me he vuelto a reencontrar con el artista del trapecio que leí de adolescente. También, otro de los personajes –con otro nombre-, es Bartleby el escribiente, aquel tipo inolvidable creado por Melville.
Un centenar de personajes principales, especie de novela coral, pero uno tan solo es el más absurdo de todos ellos, quizá el más serio, Bartlebooth, multimillonario inglés con un excéntrico plan que emprende desde casi adolescente para ocupar las horas de su vida.

domingo, 11 de octubre de 2009

Sobre el flechazo



I am just a dreamer,
but you are just a dream,
You could have been anyone to me.
Before that moment you touched my lips
That perfect feeling when time just slips
Away between us on our foggy trip.

You are like a hurricane
Theres calm in your eye.
And Im gettin blown away
To somewhere safer where the feeling stays.
I want to love you but Im getting blown away.


Si en el anterior post hablábamos sobre La Belleza, hoy quisiera que otro por mí lo hiciera sobre el flechazo, y nadie mejor que Neil Young.
Hace unas semanas volví a escuchar esta bellísima canción que yacía escondida en algún lugar de la memoria, esperando el momento en que se abrieran los resortes del reencuentro.
Quizá en el año correspondiente la pinchaban por la radio, o alguno de mis hermanos mayores la tuviera en alguna cinta.
Es tal como se cuenta, así sucede con todo aquello a lo que profesamos nuestro amor, ya sea Dios, mujer, hombre, casa, perro, árbol, flor, libro, idea, melodía, sentimiento, y a todos aquellos etcéteras que a nosotros se acogen, o siendo justos, a los que nosotros nos acogemos.

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Hoy cumplo dos años de bloguero empedernido y solitario -¡antaño tan expansivo!-.
Cien Locos en el Manicomio de los hombres necesitados, miren y asómbrense como la desnuda Emperatriz corta la cabeza del infausto Pasolosdías.

Tú nunca te cansas, tú nunca te aburres, eres el tonto que acabada la linde sigue caminando.
Si te llamo Autoengaño asentirás con toda tu gentileza. Responde.
Venus es el planeta que me representa, así­ que te doy las gracias, gracias por este baile, y por tus ojos maravillados.
Se acaban las navidades, otro año más desnuda entre la nieve, no tengo frí­o, mientras yo esté no tendrás frí­o.
Es ley de vida, y es muy humano de tu parte, no te juzgo por ello, si nos reprodujéramos de otra manera serí­as un enfermo, pero el cuerpo es así­, ya ves cí³mo tu visií³n estructuralista de la vida te salva: cada elemento se define junto o en contra a otros elementos.
Recuerdo un comentario que me dedicaste en una de tus páginas, en la que decí­as que yo no era provocativa porque no buscaba una respuesta sexual en tí­, sino que era una provocadora: esperaba una respuesta intelectual.
Ya ves como me aferro a tu ser, ya lo sientes. Desde niño el ansia de unií³n, y yo no dejo de pasearme por todas tus prolongaciones. Responde.
Yo no te ayudo, no soy de tí­, pero estoy ahí­, como esa cancií³n tan bonica de Amancio Prada, libre me quieres, pero no de tí­, ni de mí­ misma siquiera. Tan bonica la cancií³n como bonico eres tú, qué malo te pones ante esos afectos de palabra, como si fuesen desprecios.
Sí³lo cabe esperar otro ataque de locura, y ya, ya tenemos Vida por unos meses.
Ahora te dedico yo a tí­ un haiku de esos que están tan de moda:

"Sigue escribiendo:
cada verso es un beso
que no has dado".

Venus sugiendo caliente del océano polar catártico.

(Comentario publicado por Emperatriz el 5-1-08 en la bitácora de Salix Babilónica)




Have you noticed i've never been impressed
by your friends from new york and london
i'll level accusations like the press
until you realise that you've dressed yourself in tatters

because the man's needs
man's needs
are full of greed
full of greed
a man's needs
man's needs
are lost on me

a man's needs
man's needs
are full of greed
full of greed
a man's needs

i'm not bothered
what you say or how you dress
i'm a mess so you've always seemed inviting
but really
this all seems quite meaningless and i remember
that you never seem to see

the fact that man's needs

man's needs
are full of greed
full of greed
a man's needs
man's needs
are lost on me

a girl's needs
girl's needs
just don't agree
don't agree
with man's needs

have you noticed
i've never been
impressed by your friends
from new york and london?
but really this all seems
quite meaningless
and i remember
that you never seem to see

the excuse that man's needs
man's needs
are full of greed
full of greed
a man's needs
man's needs
are lost on me

you say your man's needs
man's needs
have lots on me
i don't agree
a man's needs
oh oh oh oh

(The Cribs)

jueves, 8 de octubre de 2009

Sobre la Belleza del Mundo

Esta bitácora cumple hoy un año.



Franz Schubert. Piano Trio In E Flat, Op.100

Esta pieza es netamente bella.
Podrás disentir de mi gusto y de todas mis emociones, y señalar tú otra melodía, que quizás a mí me deje indiferente.
La belleza nunca se casó con nadie, no es propiedad de uno sólo, ni mucho menos de una colectividad. Su relación con ella nos hace únicos.
No puede existir consenso, no debe haberlo, porque entonces todos escribiríamos el mismo verso y compondríamos la misma melodía.
Al igual que, aunque nos aproximemos a una idea de perfección, hemos de desterrar ese absoluto, esa llegada sin regreso ni posibilidad de partida. Hay que seguir buscando, aproximándose a todo aquello digno de nuestro amor.
Y fundirse con la brevedad de unos minutos, porque quizá el asentamiento definitivo signifique la muerte, no física, si no eso que llaman acertadamente “muerte en vida”.
Esta búsqueda, en mi experiencia personal, es aparentemente pasiva, y así ha de ser, porque no me paso el día cavando por ver si encuentro petróleo.
Paso los días volviéndome loco, paso los días buscando en penumbra…
Tampoco estoy aparentemente alerta, esta búsqueda es intuitiva, instintiva, azarosa, pero abierta -es decir, desprejuiciada-. Como una esfinge durmiente vigilo el camino.
No soy una hormiguita en busca de cosas, soy una araña que ha ido hilvanando su educación sentimental, magnética para atraer aquella sangre que me da la vida.
Llámalo sangre o aliento, mirada o beso, objeto o entidad artística, o simple y llanamente enamoramiento. Llámalo también flechazo, de gozo y dolor estremecidos.
En ese breve momento el alma despierta, y como en los versos de Holderlin, saluda la belleza del mundo.
No sucede a menudo ese encuentro, pero sucede tan escasas veces como para que sintamos la urgente necesidad de volver otra vez a la aventura homérica de su busca. Llámalo Itaca, y en cada estación se encuentra más que en la llegada misma, porque a la llegada cesa la búsqueda, y cesa la aventura lírica del alma.
Enamoramiento y temblor, flechazo ante el rostro sexual –por generador de vida e imitador de muerte- de La Belleza.
Este Otoño se cumplen diez años desde que escuché por última vez La Muerte y la Doncella, de Franz Schubert. En la primera parte de su segundo movimiento se halla ese encuentro o flechazo, la más pura y sublime expresión de La Belleza.
“Melodía como esta es una prueba convincente de la existencia de Dios”.
(Mencken)

Para celebrar el primer año de esta bitácora, queda abierta para ti esta pieza de Schubert, y por ahora sigue cerrada para mí, ¿hasta cuándo?

La Belleza del Mundo

martes, 6 de octubre de 2009

Mercedes Sosa vino a ofrecer su corazón



Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia el mas fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
Aúnque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia, todo cambia

Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
Por mas lejo que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana

Cambia, todo cambia

(Julio Numhauser)











¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón,
tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

No será tan fácil, ya sé qué pasa,
no será tan simple como pensaba,
como abrir el pecho y sacar el alma,
una cuchillada del amor.

Luna de los pobres siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón,
como un documento inalterable
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo, y me darás algo,
algo que me alivie un poco más.

Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y hablo de países y de esperanzas,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo de cambiar ésta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar, nomás.

¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón.

(Fito Páez)

domingo, 4 de octubre de 2009

Un Dios Salvaje, de Jasmina Reza



Voy muy poco al teatro, ya me gustaría ir más, pero es necesaria gente que quiera sesión de teatro y una economía solvente. Esto último, al menos, para ver las grandes obras en cartelera. Según parece, en Madrid hay buena cartelera actualmente, Ana Belén en la Fedra de Eurípides, no me gustaría perdérmela…
Pero una vez al mes sería cosa buena, ¿no te cuestan tres cubatas casi lo que cuesta una sesión de las baratas?
Sin embargo, así como en el cine me he perdido mucho para olvidar también mucho, puedo recordar cada una de las obras de teatro, gozando de todas. Sobre todo tengo buenos recuerdos de los musicales, Los Miserables, por ejemplo.
Como pillamos las entradas a última hora –el día anterior, que es decir tarde-, sólo pudimos encontrar butaca donde antaño estaba el gallinero, como quien dice.
Aun así, uno para esos casos se pone elegante, con camisa de estreno y americana de pana oscura. Después de un café rápido en el starbucks –ese gran invento- vamos pasando y mirando alrededor, como un esnob le digo a la chica que conmigo va: la gente viene al teatro como quien va al supermercado. Me contesta: al teatro hay que ir elegante. Ella va de negro, con minifalda que al pasar por Sol se le levanta con el aliento del metro, grita: ¡no quiero ir de Marilyn! Le digo: o de Kelly LeBrock, en La Mujer de Rojo. Me dice: No es lo mismo Marilyn que Kelly LeBrock. Le digo: yo me enamoré de ella en La Mujer Explosiva. Me dice: en La Mujer Explosiva estaba muy bien, en eso te doy la razón.
En la mujer explosiva dos adolescentes con la hormona en sazón y bragas en la cabeza creaban por ordenador a Kelly LeBrock, con retazos de otras, como los labios de Marilyn.
En el teatro, delante se sienta una parejita de estudiantes. Él tiene pinta de futuro intelectual o gilipuertas, la chica le habla y el chico saca un libro y se pone a leer, hasta que se apagan las luces y suena la música y aparecen los cuatro jinetes de Un Dios Salvaje en escena. Luego, durante la obra, la chica acercara su cabecita al hombro de él, apartándola enseguida, ya que no había correspondencia por parte del futuro tontolaba y actual cretino.
Aún recuerdo aquella otra obra de Yasmina Reza, Arte, con Fltotats, Pou e Hipólito. Me acuerdo de cómo, justo al salir del teatro, compré el libro-Guión. Creo que lo he leído un par de veces, para recobrar esa fascinación inmensa que sentí por la obra, por todo el tinglado montado alrededor de una pintura en blanco.
Aquí el meollo viene de una pelea de niños, en la que al final no queda muy claro quien es la víctima, quien el verdugo. A partir de ahí se monta la guerra de todos contra todos de los adultos, de las parejas que haciendo piña en un principio terminan arañándose, pasando a ser guerra de sexos haciendo piña las mujeres y piña los hombres, terminando también ellas mismas y ellos mismos enfrentados. En ese caos quien es la concienciada pacifista termina siendo la más agresiva e histérica. Quien parece más egoísta –absorbido con ciertos sarcasmo hacia los demás por sus conversaciones de móvil por motivos de trabajo- luego resulta ser el que intenta arreglar las flores esparcidas, tiradas en el escenario por su esposa, la más fina y elegante, que termina desmadrándose.
Pequeña alegoría de las relaciones humanas en occidente y en familias de clase media-alta, Un Dios Salvaje es una comedia -¿tragicomedia?- profunda, nada superficial, inteligentísima, un texto de pura ironía que termina siendo sarcasmo abierto.
Como si Oscar Wilde se desmelenara y tirara la loza del te contra las paredes y hubiera guerra de tartas con los victorianos sándwiches de pepino.
La sobriedad del escenario de la acción –sobriedad de los escenarios de Reza- contrasta con la complejidad de los personajes.
Las interpretaciones son soberbias, sobre todo las de Pere Ponce –sarcástico con conversaciones de móvil- y Maribel Verdú.
Sobre todo la Verdú, haciendo de distinguida o pija sin afectación alguna, cosa difícil, por lo estereotipado de esta tribu tan ancha como larga.