martes, 10 de enero de 2012

Simbolismo (XIII): La Rosa de los Vientos






La Belleza es mi rosa de los vientos, la brújula que me guía al antojo de los 8 vientos, que no del mío.
Creías que estaba dormido, pero no, tan sólo soñaba.
Creías que quizá había naufragado, pero no, tan sólo estaba atendiendo a las sirenas.
Mi nombre es Ulises, regreso a Ítaca, desde hace tanto, tanto tiempo ...
Engaño cíclopes, mi nombre para el enemigo es Nadie. No tengo enemigos, tampoco compito: tengo cosas más importantes que hacer que lo que se supone que debo hacer.
Porque sé que Penélope me estará esperando, pero no me estará esperando siempre, y si me retraso, me retraso.



Poemas de Kavafis, Charlie Parker y otros hombres de jazz buscando una Ítaca melódica, la Belleza es Verdad, y la Verdad Belleza, quien busca la Verdad busca Belleza, que diría Keats.(link)
En el juego de la rayuela se busca a la Maga, ¿enocntraría a La Maga? Y aquí, ¿encontraremos a La Ninfa?
La Ninfa también es mi Ítaca, mi Verdad, La Belleza.
Bajemos por esta bitácora y veremos que, como en las cartas de navegación, hay una Rosa de los Vientos, mi emblema con su leyenda: La Belleza es mi Rosa de los Vientos, la brújula, etcétera.



Así como en mi primera bitácora, hace más de cuatro años.
Esto, ya lo sabéis, es un manicomio, pero esconde como una excusa una razón: la búsqueda. Esto, digo, además es un barco, con su tripulación permanentemente amotinada: anarquía. Sin embargo, todos los marineros locos tenemos algo en común: un mismo emblema, la Rosa de los Vientos. La misma brújula.
El Norte, la Flor de Lis.
Como la estrella para los caminantes.
Nos perdemos contínuamente: es una necesidad para encontrarse. Los reencuentros felices, ay, cuándo tú y yo ...
Fracasábamos. Tampoco importaba demasiado. Sabíamos que había un lugar donde nos esperában, pero no iban a esperarnos siempre. Y si nos retrasamos, pues nos retrasamos.
Sabemos que hay que hacerlo, y que podemos hacerlo. Pero somos tan frágiles, peleamos sin escudo, no sabemos ver, o bien hay niebla, o bien el sol quema los ojos.



Todo es ilusión. Todo es vanidad. Cuando leemos el Eclesiastés lo aprendemos. También lo dicen en sus mantras los budistas.
Nosotros, mientras ellos todos se vuelven locos, navegamos.
Y... ¿por qué navegas? Te veo desde la roca confundiéndote.
¿Sabíais que siempre, frente a mí, tuve una rosa de los vientos? Era un dibujo fascinante. Sobre todo en Verano, cuando salía a leer a la terraza, desde niño, Robur el Conquistador, por ejemplo, veía una terraza frente a la mía, con una rosa de los vientos en el techo.
Luego todo siempre fue viento, pero yo tuve como asidero una rosa.
Vientos muchas veces enfrentados, pero La Rosa siempre se mantuvo fragante y lozana.
Era como cuando se abría la caja de Pandora. Fiebre y naufragio. Pero Pandora eres tú, Pandora soy yo, y nadie está libre de la tormenta.
Nadie está libre de ser verso en un bello poema, o capítulo en una novela de cualquier estilo.
Como sabéis todos los que me leéis, esta bitácora es un blog de autoficción. Aunque, ay, aunque no tanto.



Norte, Sur, Este, Oeste.
Islas donde repostar, donde perderse. Mujeres como islas.
Los vientos me llevan donde Calipso, donde Nausica, donde Circe.
Isla Eugenia o Isla TuNombre. Isla Tatiana o isla Lucía.
Oh, si un día fui bello y fui bueno ...(link)
Sin embargo era Tatiana la que más se parecía a mis sueños, con su pelo rubio y sus cejas oscuras, y unos ojos aún más oscuros y una sonrisa permanente, aristocrática y altiva. Era una muchacha elegante. Era fría como amante, su cuerpo desnudo parecía el de una diosa griega. Sin embargo todo lo compensó con un abrazo intenso que me regaló esa noche, cuando le dije: no importa, no te preocupes, no te pido más, tan sólo estar así ...
Era además una gran lectora, y yo pensé que era un milagro el encontrarme amando en la realidad a una chica tan parecida a un personaje que creé para esas novelas que imaginé en la adolescencia y que nunca escribí. Era como Patricia, la diótima, la heroína culta y seria de mis sueños.
Poco después llegué a Lucía, que también era rubia y de piel muy blanca. De cara graciosa, era más cálida, y se le escapaba el deseo de las manos. Sus besos de novia eran casi castos, pero luego navegaba sobre mí como si yo fuera oceánico, como si no le importara el naufragio. Ella quería que yo me quedara. No hace mucho la ví, y no quise decirle nada. Circe es un episodio, no es Ítaca. Lucía me hechizó con el licor de su deseo, y convirtió en cerdos a todos mis amigos. Yo, el astuto Ulises, sin embargo, sé de qué manera esta circe me ayudó en mi camino a Ítaca. Y uno no puede descartar volver a sus orillas.



Y luego estás tú, tan parecida en tu verdad -La Belleza es Verdad, y la Verdad Belleza- a Penélope. Tú, que esquivas pretendientes y deshaces cada noche la prenda que tejes durante el día.
Tú: mi dolor, tú: mi brújula.
Cuando te conocí no pude resistirme a tu magnetismo de brújula. Tus ojos tristes, extraños, entre el gris y el verde como un jardín lluvioso.
Tú siempre me indicas mi Norte.
Nos miramos, y no fueron unos pocos segundos, mantuvimos la mirada, nos juntamos de esa manera ya para siempre. Aunque estemos siempre tan separados, desde ese momento somos los imanes del hierro que nos hace fuertes.
Sólo tú me hiciste feliz de una manera duradera.
Yo llego a tí, haciéndome pasar por mendigo, para tensar el arco que yo sólo sé tensar. Yo, príncipe de Ítaca.
A la reconquista del reino que me fue arrebatado.
Ya sea en barco, con el emblema de la Rosa de los Vientos, o sobre yegua gallarda, con el emblema del lobo de la estepa.




Coda

Este post podría tratarse de una excusa para presentaros la más bella canción, ya lo anuncié hace semanas, y hace meses. No hace mucho descubrí que ya se podía encontrar en youtube, pero quise demorar mi alegría.
En el primer post (link) que aquí escribí dije lo que pensaba: la poesía es para ser cantada.
Se trata del poema Amor Onírico, del poeta sevillano Al Mutamid, cantado por Enrique Morente, (link) tan celebrados los dos siempre aquí en mis cuadernos de bitácora.
... parecía que te besé los labios, los ojos, las mejillas y las manos, y que logré mi propósito.
Por amor tuyo, si no mi visitaba tu imagen nocturna, jamás podría conocer el sabor del sueño ...
Y por hoy ya sólo queda por decir que aquí compartimos las palabras de Amos Oz en lo que respecta a Ítaca como símbolo de la llegada y el encuentro y cualquier consecución y realización. (link)
Sin prisa, pero sin perder el norte.