jueves, 10 de noviembre de 2011

Pulp, de Charles Bukowski

Bukowski trabajando




Yo tenía talento, tengo talento. A veces me miro las manos y me doy cuenta de que podría haber sido un gran pianista o algo así. Pero ¿qué han hecho mis manos? Rascarme las pelotas, firmar cheques, atar zapatos, tirar de la cadena de los retretes, etc., etc. He desaprovechado mis manos. Y mi mente.
(Charles Bukowski. Pulp.)
No he querido saber, pero he sabido, que la ingesta de alcoholes de diverso tipo, acompañados de una vida sin motivaciones, hace que te sientas una mierda, tío.
Son las consecuencias de una vida disoluta. Búscate también un oficio de detective, en Hollywood, y te meterás en problemas. Con el casero de tu oficina, con el vecino de tu casa, con cada barman de cada tugurio cutre o no tanto que visites.
Yo, que soy un tipo decente y ya no mezclo -casi- y que tengo motivaciones -algunas- y que no soy detective -cocinillas- ni vivo en Hollywood -Aluche City, la ciudad sin ley- y que sólo visito garitos donde las bargirls me reciben con afecto y con cariño y los barman son chistosos y generosos en las tapas, pues me puedo dar con un canto en los piños.
Mis caseros reciben puntual y religiosamente su dinero, mis vecinos son encantadores. Todos me rinden pleitesía. Todos besáis mi lindo culo. ¿No lo querías saber? Pues ya lo sabes.
-Caballerete, deje usted de fardar y haga crítica literaria.
-Señora, la vida es pulp, y habrá que comenzar metiéndose en problemas.
-Joven, es usted un insolente.
-Insaciable, socia.
-Sucio.
Realismo sucio. Ejem. Centrémonos en este mundo sin centro y con extremos.
Lo pulp. A la mala literatura, así dice la dedicatoria de Bukowski en la novela.
Veamos. Lo minimalista. Leamos. Gente que se mata, tan fácil. La muerte es minimalista, y sin embargo, la señora Muerte siempre está más guapa que nunca. Algo de lirismo sucio arranca de las flores mustias de la vida este Bukowski. La señora Muerte es la protagonista principal de la novela, que le encarga un singular caso a nuestro detective Nick Belane: encontrar a Céline, al que se ha visto merodeando en una librería hojeando libros de Faulkner y de Thomas Mann, man -que es como decir tío en américa, hombre-. Louis-Ferdinand Céline murió, según las fuentes oficiales, en los albores de la década de los 60, pero al igual que Elvis, es visto por ahí de vez en cuando. Hasta los hay que dicen que han visto a Franco, con gafas de sol, paseando en coche.
Qué me van a decir a mí, que un día me encontré a Azorín para reconcomerme la conciencia, y que suelo encontrarme con James Joyce. Anteayer le volví a ver, apostado en la fachada de un bar de mi barrio, renqueante.
La señora Muerte va buscando a esta gente a la que tanto ven los vivos, para que vayan al lugar donde debieron ir según las fuentes oficiales. Un mundo en orden.
Ayer, día de Ntra. Sra. de la Almudena, patrona nuestra, me tocó la fiesta. La víspera me fui de cañas. Terminamos en aquel italoargentino del que te hablé hace algo más de un año, donde celebré, hace más de un año, donde brindé, hace más de un año, por los encantos de un personaje de novela pulp que estuvo entre mis brazos.
-No sea fatuo, pollo.
-Yo a veces es que soy muy pulp, señora.
Cuando se tercia. No había vuelto desde entonces. El hallazgo de la noche de anteayer fue una pizza al cabrales que me hace sentir nostalgia gustativa cada vez que la recuerdo y añoro, dos días después.
Listillo: la gente pulp no toma pizza al cabrales, toma whisky y cutreburguers en sórdidos bares donde siempre uno se mete en problemas, tío. Las camareras mascan chicle, llevan minifalda y delantalito, tienen los labios pintados, son viejunas, y te llaman darling.
Yo: que te jodan.
Por la noche soñé que leía un libro, y que deseaba terminarlo para darme a la lectura de Pulp, de Charles Bukowski, amarillo volumen que reposaba en mi estantería de pendientes. Es un libro que sustraí de la biblioteca de mi hermano, el que vive en Irlanda. La biblioteca de mi hermano duerme en parte en una caja de cartón, junto a libros como Reo de Nocturnidad, de Alfredo Bryce Echenique, que le regalé yo cuando vivía en Montpellier, pues sucede en Montpellier. Mi hermano, poco a poco, se está haciendo con otra biblioteca con libros que le regalan, que le regalamos, o que se compra.
Bukowski haciendo horas extras


Desperté y recordé el sueño, y decidí empezarlo ayer por la tarde, cuando leí más de la mitad, hasta que la mollera se me sobrecargó de alcoholes vicarios y de tías buenas y de extraterrestres y de tías buenas que son extraterrestres y que se encariñan con nuestro detective más chungo de L.A. Como la Sra. Muerte.
Bukowski hace selección tópicos pulp y los mete en su novela, y le queda ágil, delirante, amarga, desencantada, negra, erótica, reflexiva, mordaz, chistosa ... Algo muy recomendable para pasar dos tardes de Otoño: cien páginas un día, cien el otro. Es fácil, predominan los diálogos amenos, las descripciones rápidas, minimalistas, las reflexiones trascendentes de un alcohólico desolado y solo, al que sin embargo las tías buensa le llaman cariñosamente gordinflón.
Nuestro detective Nick Belane es adicto a la procrastinación, al whiskye, a la ginebra, al sake, al vodka sobre todo, a las apuestas hípicas, a los puros, a las patatas fritas y a pensar que el mundo está lleno de aburridos y que los que no se aburren sólo hacen gilipolleces. Casi nunca tiene un caso que resolver, pero en la novela se le juntan cuatro o cinco, todos entrelazados, entre ellos un caso literario -Celine buscado por la Sra. Muerte- y un caso de extraterrestres gusanos que se convierten en tías buenas y se meten en ataúdes en pelotas para asustar al de la funeraria y a nuestro hombre en L.A.
Humor negro sobre todo, y delirante inventiva.
No siempre hago caso de mis sueños epifánicos, en los que se me invita a leer algo. Sí hice caso con Cortázar y con Ernesto Sábato, aún tengo una cuenta pendiente con Luis Mateo Díez y con Jorge Semprún. Lo de Bukowski fue porque lo tenía más a mano. El otro libro de este sueño que leía en el momento en que se me ocurría leer al viejo Charles Bukowski no sé cual era, quizá alguno de Blasco Ibáñez.
Este Sábado convencía a un par de amigos incautos para que me siguieran a la filmoteca, donde nos tragamos la vida de Blasco Ibáñez, dirigida por Berlanga. Fui con la intención de motivarme a leer algo del autor valenciano: tengo sus obras completas en Aguilar, en piel, desde antes de nacer. Tuvo una vida trepidante y una obra fecunda. Luego fue a Hollywood a escribir guiones.
Yo, que he visto mucho Tarantino, no puedo evitar el comparar los diálogos de esta novlea, como si fuesen dichos por personajes tarantinianos. Cuando entran en la oficina de nuestro detective Nick Belane estos dos matones: Dante y Fante, por ejemplo.
Terminada esta tarde la novela, no puedo evitar mirar la ficha técnica de Pulp Fiction, de Tarantino, y resulta que fue realizada en el mismo año en que fue publicada Pulp, 1994. Las dos obras son homenajes más o menos paródicos al pulp, cierta literatura de kiosko, de saldo, barata, que alegró nuestra juventud, y que la alegra. Guardo aún, tras de la puerta, ciertas novelitas compradas a mis quince años en kioskos y en el rastro. Novelas a veinte duros, nuevecitas, otras no tanto. Las guardo para el Invierno, porque será largo, y nosotros somos tan jóvenes ...



Coda

Una novela en la que el detective chungo tararea algún tema de Carmen, de Bizet, no es cualquier mierda, tío.

3 comentarios:

andy-ccama dijo...

me dieron ganas de leer Pulp,primera lectura de bukowski por mi parte.haber que tal resulta,me parece interesante

Príncipe de ArroyoLuche dijo...

Hola, Andy, es una lectura muy amena, un libro muy imaginativo, espero que te sea provechoso.
Gracias por tu visita.

andy-ccama dijo...

de nada,en gran parte lo amena de la presentacion que haces del libro.