viernes, 29 de abril de 2011

Umbraliana (VII) Larra. Anatomía de un dandy



Me dice hace unos minutos quien conmigo vive: no me molestes en una hora que estoy viendo La Boda de los Príncipes de Inglaterra. Le contesto: que sean dos.
Tengo que hacer un post y esto precisa de concentración suma, el día acompaña para el humo del tabaco nublando mi Queritadora Amigatil, que así se llama este ordenador de bitacotero irremediable. El día digo que está igual, nublando la pantalla de mi barrio. Otro café cortado y a escribir.
Unos príncipes de la idílica Albión se casan, y vuestro príncipe no hace crónica de aquellos pues no sabe de trapitos, pese a que hoy escribimos sobre un dandy, que según el libro recién leído un dandy más que por la cantidad se caracteriza por la sobria calidad.

Cursos de literatura creativa

Así debe ser la lectura de un lector dandy: más que excesiva exquisita. Creo que más que mucho se ha de leer bien y variado.
En el post anterior y en los últimos comentarios tratábamos el tema de los cursos de literatura, y le prometí a mi amiga Hilvanes que hoy comenzaría hablando de esto.
Ana María Matute no recibió ningún curso de este tipo y mírenla ahí coqueteando su sabiduría con un muñeco llamado Gorogó ante reyes y gobernantes. No se engañen: a no ser que quieran escribir la tradicional novela con los ingredientes de siempre y la fórmula repetida hasta el paroxismo mejor será darle la razón a la Matute: inventar.
Los cursos y talleres de literatura, yo, me los invento.
A mi medida, a mi manera, quizá peor que la tuya que eres más guapo y más sabio y más rico, pero tu piel no es la mía y tus trajes estilizados me asfixian.
Consejos varios para inventarse un curso sacado de la manga de la chistera un conejo y de la tierra un carnero.
Inventarse, empaparse de una particular mitología que a ser posible haya ido creciendo contigo, desde niño, o al menos de adolescente. Es lo que llamamos educación sentimental.
Ganas. De adolescente yo mis energías no las gastaba jugando al fútbol, llamaban al interfono los amigos y mi hermano bajaba pero yo me quedaba inventándome algo, quizá aquella historia de las hormigas que vivían en una tarta. O aquella del hombre cínico que de todo se reía hasta que una sombra comenzó a perseguirle y terminó muriendo de paranoia.  O aquel hombre agobiado por las cosas de la vida y un día en el aula delante de los alumnos se vuelve loco y lo deja todo y se va a vivir como un eremita: la novela se iba a llamar Libre.
Pero lo que importa a efectos prácticos es lo siguiente:
-Vida. Y aquí estamos con lo mismo de siempre, más que cantidad de experiencias, una buena acogida de las embestidas del toro es lo mejor para conquistar a esa tonadillera llamada inspiración. Sócrates no salió apenas de Atenas y es uno de los padres del sentir y pensar occidental. Y lo que no hayas vivido te lo inventas, que a Cyrano ni a Verne les hizo falta viajar a la luna para conquistarla. Parte de lo que escribo nace de una carencia, si nunca podré gobernar un reino, escribo una novela sobre dictadores corruptos y a por el nobel.
-Lectura. Siempre. Despaciosamente o vertiginosamente. Subrayando o anotando. Meditando o frivolizando. Con candidez o escepticismo. De cualquier manera, o de todas maneras. Pero siempre. Que sea la lectura para tu mente como el alimento para tu cuerpo. Vale un catálogo de IKEA, un prospecto, el As o la revista Hola. Que tus ojos se acostumbren a interpretar signos. Que tu alma sea un alquimista que convierta el texto en vida.
El taller literario perfecto es aquel que se da como una sesión de espiritismo, en quevediana conversación con los difuntos, y yo anoche convoqué a dos: Francisco Umbral y Mariano José de Larra. Y me dijeron muchas cosas y me hablaron de tí.
-Escritura. Bastantes muros nos pone el día a día como para andarse con limitaciones literarias. Los límites aquí te los inventas tú. A no ser que quieras ser un tipo campechano y sonriente en la feria del libro porque la tiene más grande que ninguno, entonces sí tendrás que adaptarte a una fórmula y a unos ingredientes. A no ser que siendo un puto genio te paguen por eructar tinta. Yo no sabría escribir una novela al uso, y leo novelas al uso y me lo paso bien leyendo novelas al uso. Pero sé juntar palabras y tengo cierta elegancia de dandy a la hora de codearme con las normativas vigentes sobre creación literaria. Arrogante y escéptico, me la pela el qué dirán si escribo raro. Me da gustirrinín sexual cuando me tocan los bajos. Todo el que escribe sabrá de sus zonas erógenas y sus "por ahí no que duele"
Terminemos ya este largo exordio, y vayamos a la reseña de la obra.

Ataque primaveral en la biblioteca.

El Martes por la tarde aparqué por unos días La Conciencia de Zeno y quise coquetear con otras páginas. Borracho de Primavera -llega un momento en Abril en sus fragancias provocadoras de amor ...-  fui a la biblioteca Antonio Mingote como a la aventura, con alguna intuición pero abierto a todo. Allí, rodeado de libros, me entró un ataque de amor y juro que los ojos se me empañaron acordándome de tí. Así que arremetí con todo lo que me permite el carnet de socio en libros.
Hubiera ido andando hasta casa, hay un buen paseo, pero amigos ya medio beodos me reclamaban para unas cañas, y tomé el autobús donde siéndote leal no le quitaba el ojo a las pasajeras. Entró, por ejemplo, una muchacha que...
Es tan guapa que siempre está ruborizada, pues todos los hombres la miran.
Algunas muchachas llevan la Primavera como una carga, se les nota el cansancio de ser bellas en el meneo lento de caderas cuando andan.
Los amigos estaban viendo al Manchester como un aperitivo para el partido del día siguiente. Me tomé una coca-cola y dos cervezas sin alcohol, quería iniciar después de la cena el aquelarre para invocar a Larra y a Umbral. Sólo apareció Umbral, pero sólo hablaba de Larra.
Salí un momento a fumar y el camarero me contó que cuando era joven sus patronos le querían mucho, y que él le afeitaba al patrón, y que la patrona siempre le tenía un tercio de cerveza fresquita en la nevera. Luego comentó lo bien que se estaba en la calle fumando.

Larra, cabeza consciente del Romanticismo

El pesimismo, el escepticismo de Larra nos certifican que él se un crítico desde la conciencia del mal. Un hombre que cuenta siempre con la condición caediza de la naturaleza. Larra cumple como crítico del individuo en artículos que no es necesario citar. Cumple también como crítico de costumbres -política, época, sociedad- en la mayor parte de su obra. Pero acierta, sobre todo con su transmutación del vicio personal en hábito colectivo, ya absuelto, y la denuncia. Su genialidad está en referir lo particular a lo absoluto, lo individual a lo colectivo, y viceversa. En un siglo que se cree absolutamente bueno -o absolutamente malo (una forma de perfección tan necia como la contraria)-, Larra levanta una conciencia de heterogeneidad, de imperfección. Es decir, una voluntad de superación. Si un pueblo no se salva por un justo, nuestro siglo XIX se salva por este injusto llamado Larra.
(Francisco Umbral)

Diréis que os he engañado y que os he traído hasta acá sin reseñar el libro. Pero es que Paco Umbral me contó ayer que todo va en una misma cosa.
Merecería tres post más, si acaso.
Paco Umbral es joven, no tiene ni mi edad. Es una de sus primeras obras.
Aún no es el Umbral de la lírica constante, aquí hace ensayo, pero ya es Umbral con las perlas de la lírica en el texto. Se le escapan las greguerías y los elementos conceptistas, se le nota el esperpento, y todo anuncia: aquí llego yo, el más grande literato en castellano de las próximas décadas.
Umbral siempre estaba haciendo semblanzas, en libros y en artículos. Tiene Umbral otras semblanzas mayores: Ramón -ya leída-, Lorca, Valle. Estuve apunto de coger la biografía de Valle-Inclán, pero me pareció demasiado voluminosa, y sería traicionar demasiado a Zeno, que se merece que le traicionen, pero sólo un poquito.
Todo biógrafo es biógrafo de sí mismo.
(José Hierro)
Su amigo José Hierro hace el prólogo, queremos a José Hierro porque gracias a él sabemos de la existencia del alma, y porque nos hace comprender que es necesario el dolor para sentir alegría.
Lo malo de los libros de la biblioteca es que son colectivos, y uno no puede subrayar para luego hacer una reseña. Los hay que se creen tan sabios que subrayan los libros ajenos con la ilusión de ser algo así como maestrillos, subrayando remarcan algo que el autor ya dice, para que el lector siguiente se entere bien. Dejan ahí su sabiduría, cretinos, ya se podrían dejar un billete de diez euros o una foto de la parienta en calcetines.
Más que una biografía es un ensayo, más que un ensayo es una hagiografía literaria, pues estamos de acuerdo en que Mariano José de Larra es uno de nuestros santos literarios. Santo es el que hace milagros, y en literatura es el que los hace con su prosa o con su verso. Larra también fue mártir: le martirizaron lectores, amantes. Malherido en su misión salvífica de salvar una España ignorante, fue sin embargo ante todo mártir de sí mismo. Se quería tanto que no se soportaba.
Larra era un dandy, con una elegancia moral comprensiva y distante. Había sido educado con envidiable cultura, Ramón Gómez de la Serna decía que era el único madrileño decente su época. Larra decía que escribir en Madrid era llorar. Pero no porque no le leyeran: era el más leído. Sino porque era admirado pero no comprendido. No le hacían caso, Larra escribió para el futuro. Larra no ha pasado aún de moda.
Le levanta Umbral -sería pecado decir le sienta- en la línea crítica que va de Quevedo a Valle-Inclán, que es una corriente de literatos solitarios, que miran desde una altura moral y desarraigada. En otra corriente crítica irían Cervantes, Galdós y Machado, y estos se confunden con el pueblo, sacan su sabiduría del pueblo. Los primeros analizan al pueblo y sus gobernantes desde fuera, los otros desde dentro.
Dice Umbral, y estamos con él, que Velázquez es de la línea cervantina y galdosiana, y que Goya es de la corriente de Quevedo y Valle. Los unos son populares, los otros son raros.
Murió sin llegar a la treintena, vivió deprisa, hizo un bonito cadáver.
Umbral le señala, sin ser poeta, como nuestro poeta maldito. No he dicho bien, pues Larra no es poeta. Mejor dicho como nuestro maldito. Dice que España no es buen campo de cultivo para poetas malditos, por el carácter poco independiente de nuestros jóvenes que tan tarde se han emancipado siempre, y por la mesocracia que nos ha gobernado.
Larra hizo sus poemas, sus dramas y sus novelas, donde fracasa siempre. Umbral habla mucho de las frustraciones de Larra, gracias a las cuales todo su talento pudo condensarse en los artículos. Sus frustraciones vitales, que no supieron expresarse en verso y en ficción, fueron semillas de fecundidad en su obra periodística. Y dice Umbral que sus retratos de costumbres habrían sido idóneos para la gran novela del siglo XIX, por su originalidad y poder evocador.
Carácter aventurero y viajero, fue junto con Espronceda la encarnación del espíritu romántico, pero Larra en esta época romántica  no escribió con los excesos de un romántico, si no como un adelantado, un precursor, un innovador del idioma, con el sustantivo adecuado y el adjetivo correspondiente, no el ya amañado arbitrariamente por la costumbre.
Fue romántico por su idealismo, por la querencia de una utopía por la que luchó en sus artículos, que fue la educación del pueblo.
Individualista, libre, independiente. Se casó y no supo ser ni padre ni marido, un día vio a su hija y preguntando su nombre se admiró de que llevara su apellido.
Hay un capítulo que lleva hasta la risa que trata sobre los calaveras, una especie de gamberros de antaño, y Larra siendo uno de ellos escribió sobre ellos. Hay mucho de biografía en sus propios artículos, según parece, así que la crítica va también hacia sí mismo.
Larra es el hombre que no sabe confesarse directamente -poesía, novela-, sino que transparenta su alma cuando está hablando de otra cosa, que bien puede ser, incluso, un problema municipal y espeso. Y esta incapacidad, esta frustración, constituye, paradójicamente, su grandeza, pues le permite dar indirecta trascendencia metafísica a este problema municipal, desahogando así por un registro lo que no hubiera sabido desahogar por otro. Si el periodismo de Larra tiene gran dimensión es porque Larra no ha sabido darle dimensión a otros géneros literarios. Larra es un frustrado en mil cosas que acierta en una.
Y esa frustración múltiple que él lleva dentro se le hace visible también en la prosa magistral. En ella están el poeta que no es, el dramaturgo que apenas sí es, el novelista: todos. Y está, más al fondo, ese sentimiento claudicante del que ha fracasado en algo, que quita toda posible petulancia, que es el secreto de todas las elegancias.
Contra el hombre plurivalente del Renacimiento, el Romanticismo levanta un tipo humano que apenas sí sirve para una sola cosa. Un hombre con dirección única, de vitalidad lineal y, si es posible, quebrada, frustrada. Porque el Renacimiento proclama la pluralidad de la vida en todas sus posibilidades vitales a través de cada uno de los individuos, que multiplica por toda la Creación, como multiplica Giocondas hasta hacernos dudar de cuál es la verdadera. Pero el Romanticismo no viene a entronizar a la vida, ni siquiera a la especie, sino estrictamente al hombre, al individuo, a la personalidad intransferible. El Romanticismo poda las ramas del hombre polifacético. Busca, sencillamente al hombre. No hace falta que tenga muchos oficios. Casi es mejor que no tenga ninguno. También en esto es Larra un romántico tipo.
Aún podríamos agregar al capítulo de las frustraciones de Larra su frustración política. Con ello queda bastante completa la reveladora zona de sombra de una vida que se ha tomado tópicamente -éxito juvenil sin precedentes- como triunfal. Siempre es más interesante la otra cara de la Luna. Fígaro vive en todo lo que Larra muere.
(Francisco Umbral)
Coda

Lo diré siempre, particularmente, Umbral es lectura para la Primavera.
¿No es hermoso el tema que encabeza el post?
Un desconocido para nosotros, Christian Sinding, pero yo tengo muchas cosas que no sabes que mostrarte.
Fragor de Primavera:

lunes, 25 de abril de 2011

Un impostor llamado superyo

Puerta Bonita, en Carabanchel



La del alba sería, en estos días.
Por la radio las noticias: costaleros llorosos, lluviosa amanecida: no hay madrugá.
La del alba sería cuando yo, impulsado por el resorte de los despertadores asesinos del sueño, sueñicidas, recorría veloz con pierna agil mi calle, para ir luego a Ntra. Sra. de la Luz, y luego el metro, y luego enfilando la calle del Gral. Ricardos, pasando por Puerta Bonita.
Por esta zona de Los Carabancheles hay románticos rincones que son ruinas del explendor de otros tiempos. Alrededor de donde yo trabajo, dentro ya de la finca, hay una estatua desnuda sin cabeza y sin brazos, y hay también una iglesia en ruinas. Hay gatos alimentados por ancianas y por trabajadores. Hay palomas y mirlos, hay cotorras.
A todo esto, acabo de inventar el término sueñicida, no me lo pises ni me lo robes, no está registrado.
Los despertadores son muy hijos de puta, abofetean con la frialdad de un sicario que mata a diario. Esta frialdad es mecánica y sin conciencia del crimen, al menos un sicario humano se podrá encomendar a una virgen, creo que hay una película que se llama La Virgen de los Sicarios, pero mis despertadores son mecánicos servidores de lo que Freud llamaría el superyo. Aunque para mí, mi superhéroe preferido, es mi ello, mis pulsiones inconscientes que buscan el placer, los hados del sueño secuestrados, amordazados, torturados, luego asesinados, por este gran pontífice y sicario, un impostor llamado superyo.
En este jardín interior somos, como mi mono Amedio y yo, mi ello o mi id y yo los que corremos mil aventuras, pero luego llega el superego repartiendo yoyas y aquí se acabó el cuento. Este superego es el que parte el bacalao, que desalamos para guisar este Viernes Santo el potaje de vigilia.
Sin embargo hay un lugar donde este superyoyas tiene vetado el paso, y es este santuario sanatorio con estatua desnuda pero carnal y con atributos, y con ruinas de iglesias en perpétuo estado de edificación.
Es decir, que cuando escribimos, lo hacemos ello y yo, id y ego. El superyoyas, eso sí, tiene luego la labor de censor, siempre pensando en lo que pueda pensar la gente. Pero nada que ver tiene en la labor creativa.
A lo que íbamos, esta santa semana no ha habido sevillas ni cristos al que sacaran.
Pertenezco a un gremio que se mantiene activo mientras los otros duermen y festejan con ego e id festivos, se dan a los placeres y si son muy religiosos mortifican sus carnes flagelándose, pulsión que también alegra al id, que es el que maneja el cotarro en los días de fiesta.
Normalmente las cosas son así, el id propone, el ego es el intermediario, el superego lo jode todo.
Si paseas un día de fiesta te encuentras que hay gremios que permanecen activos: cocineros, camareros, policías, enfermeros, bomberos, barrenderos, taxistas, prostitutas, gitanas que leen las manos y te dan una ramita de romero, mimos, carterisas, sicarios ...
Luego están esos gremios como el de los periodistas y el de los escritores, atención a estos últimos, los escritores, que hacen guardia aunque sean las tres de la madrugada en Viernes Santo.
La del escritor, sobre todo la del escritor literato -hay escritores que no son literatos pero no hay literatos que no sean escritores-, es una profesión donde gobierna el id más que el superyoyas. Es esto poner un sueño por escrito.
El pasado Viernes, mientras me liaba yo mis cigarritos, veía  un documental sobre Josep Pla, grafómano y fumador empedernido. Terminada la guerra civil se volvió amargo y se recluyó al folio en blanco. En la tele sale como un oriental sonriente. Todo el día escribía, y leía a filósofos y novelistas españoles y franceses, luego se iba a cenar con los amigos y frecuentaba burdeles. Cuando llegó la democracia dijo que no, que no podía ser posible que el pueblo gobernara.
Paco Umbral y yo, que somos de izquierdas, admiramos mucho a este señor de derechas.
Misteriosamente, el id se desarrolla mejor cuando el superyoyas -en este caso Franco- impera en todo su explendor de gerifalte. El ego, el intermediario, en este caso el padre de la democracia y escritor de constituciones, como que le corta el rollo al tirano y al artista, que son los mejores artífices de Literatura.
Ahora nos tenemos que inventar a los tiranos: Zapatero, Aznar, qué más da. Siempre se escribe contra alguien, aunque este alguien no sea objeto u objetivo literario, si no simple excusa para la escritura, un reglamento que hay que saltarse para ser felices el ego y el id. Yo, por ejemplo, escribo contra los ejércitos de la desolación, usurpadores de mi reino, sicarios del superyo y sueñicidas.
Por esta razón uno no cree mucho en los talleres de escritura, donde es muy posible que haya un superyoyas oculto dando ideas. Siempre digo que el mejor maestro para la escritura es un Kafka o un Dostoyevski, alguien que te ha mostrado la realización de un id pese al superego. La historia de las letras, desde La Odisea y La Biblia, es un fresco de instintos maravillosos bien narrados, donde el id campea como un superhéroe derrotando al superego. Luego el ego lo lee y pese a que es un mediador pelota y pusilánime acepta que como mejor se vive la vida es con el id de la mano.
Todos y todo, ya sea persona o conjunto de personas -club, país, institución, afición futbolística ...- tiene una suerte de ello, de yo, de superyo colectivo. Unos quieren y desean, otros imponen las reglas. Luego están los egos que se reunen, hacen ruedas de prensa y conceden entrevistas. Son abucheados o aclamados por el ello, que es el pueblo, y van con el rabo entre las piernas atemorizados por el caos que puede producirse ante la cólera del superyoyas, que es ese poder moral ante el que todos nos inclinamos. El superyo, más que nada, es una costumbre de la que es difícil sustraerse. Josep Pla, supongo, tenía miedo al id colectivo, y eso que él se estaba de contínuo dándole a la escritura, que es sacar en el papel las motivaciones, deseos y pulsiones de nuestro id chiquito.
El yo pocas veces pinta nada, el yo no es más que lo que ve el vecino, el id y el superyo en estado cívico. Lo que pasa en el interior de las personas es lucha constante, y eso pocos lo ven, el ello y el superyo enzarzados y el yo ocultándolos con la sonrisa matinal y buenos días.
El superego tiene concesiones con el id, para que no se revolucione, pan y circo en todas sus variantes. El id tiene ansias de alcohol, sexo y rock & roll, y aunque resulte raro decirlo, de trascendencia y conocimiento, de comprensión de la realidad con todo lo que esta lleva dentro. Sin embargo el superyo, conservador, teme que el id se salga con la suya, por eso le otorga concesiones: por ejemplo locales donde ir los Sábados a perder el sentido, el id queda satisfecho por unas horas y no molesta, aunque luego del malestar de la resaca dominical, que debe ser algo así como el malestar de la cultura, no nos cura nadie.
El superyo, sin embargo, podría ser un ello que se rebeló un día y al ser el más fuerte -el que sabe meter más miedo- impuso su ley. O bien podría ser que reinara la anarquía y que los impulsos se fueran relevando para gobernar momentos. Esto en la vida diaria no puede ser bueno, pues no da tiempo a que un impulso beneficioso se convierta en norma, y puede suceder que un impulso negativo sí lo haga.
En la escritura, sin embargo, cuanto más confusión de impulsos, normas y mediadores haya, mejor sale la terapia. Yo quería escribir un post relatando mi semana laboral de cualquier manera y resulta que me he dejado llevar, y me ha salido aquí una especulación psicoanalista. Yo soy ego, y me maravillo de los resultados de estas batallas entre mis pulsiones y mis reglas.
Actualmente leo La Conciencia de Zeno, de Italo Svevo, trata de un tipo muy singular que relata su vida a su psicoanalista. Y yo me acuerdo de Roth y de El lamento de Portnoy, y de Woody Allen. He encontrado en youtube una de las mejores escenas, colgada está en mi jardín.


Coda

El Viernes, al salir del trabajo, fui a comer con los akabaos. En un puestol Callao vendían libros, y me compré El escriba sentado, de Vázquez Montalbán, por un euro. En la contraportada indica que el precio original eran 1900 pts. Es un libro de pequeños ensayos de crítica literaria, dedica uno a Pla: El Universo Caldeo de Pla.
Después de llenar la panza sachopancescamente, nos dejamos llevar por el ello y bebimos vino sin medida, y amamos la Literatura, cortejándola a través de las experiencias lectoras e imponiendo como superegos nuestros criterios. La cosa se puso caliente al tratar el tema de si Javier Marías y Vila-Matas eran buenos. Dos de nosotros defendimos estos nombres, mientras que los otros dos decían no tenerles en cuenta porque según ellos no escribían con las vísceras. Nos impusimos lecturas para los próximos meses:
-Submundo, de Don DeLillo, fue la propuesta de Azarías, que odia los blogs y ama la literatura. Me une a él una admiración sin medida por Umbral. Cuando comenté lo del programa de Pla, fue el único que se interesó.
-Volando Solo, de Roald Dahl. CiudadanoQuien, dijo que necesitaba un análisis psicológico de cada uno de nosotros para poder recomendar algo, que si no, no jugaba. Se impuso el superego cuando sacamos nuestros ids amenazantes.
-Tito Andrónico, de Shakespeare. Sumo Sacerdote sólo recomienda lecturas magníficas, como El Ulises, La Montaña Mágica, El Hombre sin Atributos. Su misión en esta tierra es pastorear nuestros ellos para ser unos superyoyas literarios.
-Miguel Strogoff, de Jules Verne. Para compensar yo quería recomendarles Misery de Stephen King, o El extraño caso de Charles Dexter Ward, de H. P. Lovecraft, pero me miraron con cara de pocos amigos: ese tipo de libros nos aburre. Si les aburre Miguel Strogoff es que están perdidos.

Abre bien los ojos, mira.
(Julio Verne. Miguel Strogoff)

viernes, 22 de abril de 2011

Un microrrelato para el Día del Libro


Antes soñábamos con habitar casas repletas de libros, hoy tan sólo soñamos con libros que puedan ser habitados.


viernes, 15 de abril de 2011

Un sol negro y ansioso


Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.
(Pablo Neruda. 20 poemas de amor y una canción desesperada. Poema XIX)

Apolo persiguiendo a Dafne

Tras vos, un alquimista va corriendo, Dafne, que llaman Sol, ¿y vos tan cruda?, son los versos que Quevedo dedicó al mito, y Nos queremos dedicarle al mito una bitácora con lo que su Erecta Majestad el Marqués de la Pollalzada considere menester, ya que él es el jefe de economato de Manicomio, bibliotecario y corruptor, rijoso cinéfago y garante del tesoro de nuestra eterna juventud: es un viejo verde, sin más.
Conocí a este filólogo filóloco a la tierna edad de tres añitos, cuando él ya tenía la rancia edad de 87, aunque el muy bribón se quita años y dice que tiene 84. Su Erecta Majestad siempre tiene la misma edad, ¿desde cuando? Desde que lo dioses convivían con los hombres, quizá, cuando los seres del submundo se dejaban ver: ninfas, sátiros y duendes.
Desde entonces, interpretando mis sueños, pues es Apolo con su oráculo, va siempre conmigo. Es la sabiduría del plagio, la usurpación y la intertextualidad, pues por su mediateca él cita a otros para traerme a mi ninfa. Sabiduría al fin y al cabo, como un venero caudaloso, generador incombustible, llama incandescente.
Sátiro
Una mediateca

Vive exiliado en este manicomio interior, purgando sus pecados a base de explorar y explotar a través de viejos documentos y de las nuevas tecnologías todo lo que pueda hacer de este vampiro un ser de corazón siempre joven.
Lleva el peso de toda una pinacoteca, una biblioteca, una filmoteca; es decir: una mediateca alimentada desde el comienzo de los tiempos con todo tipo de documentos que tratan del amor erótico. Poemas de Samaniego, Aretino y Safo;  novelas del Marqués de Sade y de Marguerite Duras; cine de Tinto Brass o de Mariano Ozores; pinturas de Gèrôme o de Botero. Qué sé yo, ya lo irás viendo.
Es el apóstol de la lujuria al que Ilegales dedicaron un disco y es Baudelaire haciendo inventario de flores del mal.



Nuestro anciano decano es un marrano, es Alfonso XIII mirando cine porno. Fue Casanova también, aunque él habla de Giacomo como si fuese otro, su compadre. Es el que desnudó a las hijas del Cid y el que surtía de doncellas a Heliogábalo. Es el Marqués de Bradomín seduciendo señoras en la iglesia, y es cualquier padre de familia en los 80 boquiabierto en Nochevieja cuando a Sabrina se le escapaba un seno. Es, como no, Ramón Gómez de la Serna escribiendo Senos, o Juan Manuel de Prada en Coños.
Es Víctor Hugo pervirtiendo a las sirvientas.

La Ninfa

Ninfa rechazando a sátiro. Tívoli. Siglo. II

Pocos son los libros en que no habita este sol negro y ansioso, y quizá es porque el laurel del triunfo  -siempre cínico en el mito y en la realidad pues se trata de una impostura-, es lo que más tienta al creador artístico.
Apolo es, ya nos lo mostró Calasso en La locura que viene de las ninfas, un usurpador. Usurpador es una acusación que se da mucho en el Ulises de Joyce, donde nuestra Erecta Majestad se vanguardiza para volvernos más locos de deseo que nunca, con una Molly Bloom monologando y deseando como nadie en el mundo.
Todos los libros conoce nuestro decano en Manicomio, y sabe mirar el calentón más sibilino, como el cerdo que es metiendo su hocico en tierra para buscar la trufa exquisita.
Es Apolo persiguiendo a Dafne desde siempre, un sátiro sorprendiendo a la Ninfa.
Es, ante todo y sobre todo, un lector conquistando el pálpito en el texto, o un literato creando todo aquello que despierte el amor, sección deseo.
Mi vocación eres tú ruborizada, ese podría ser su lema.
Nuestro Marqués ya tuvo su blog en aquella comunidad literaria, Libro de Arena
Se vino aquí con nosotros, a convivir en este sanatorio, a colaborar en el equipo de Literaturitis Crónica, porque sabía que aquí La Ninfa, nuestra Emperatriz, dejándose atrapar a duras penas, permanecía siempre desnuda, y al no morirnos como manda el mito, multiplicamos aún más nuestra locura.
La cosa está en permanecer siempre erectos, es decir, siempre inspirados. Sin erección no hay procreación, sin inspiración no hay creación.
El erotómano marqués quiere vuestra colaboración, así que si alguien va por el paraíso y se le cae la manzana del pecado en la cabeza, la traiga aquí para mostrarla al mundo y diga con el filósofo fenomenológico Husserl: esto es una manzana porque la percibo como tal, pero, ¿existe de manera independiente?
regresoalacasamusa@live.com




Ponga olas de mar que acaricien la arena,
suave brisa que calme el dolor.
De esta noche, esta puta noche.
Huela el sudor de tu cuerpo
en las noche de magia,
al aroma del sol tatuado en tu vientre,
y me olvide de esta puta noche.





lunes, 11 de abril de 2011

Ir al teatro una tarde de verano del año 2011




¿No lo llaman Festival de Otoño, siendo Primavera? Ya puestos a cambiar las estaciones al antojo del programa y de los títulos, yo tengo un capricho, y hasta lo meteorológico me apoya.
Yo voy a vivir una noche de invierno en el estío, y en el Otoño viviré el empeño lozano de la flor de Mayo y la melancolía joven sin mácula de la lluvia de Abril enamorada.
Yo tengo un capricho, capricho de príncipe y señor de mi tiempo: vivir la juventud del beso apasionado y el pensamiento feraz del sabio maduro que mucho ha vivido y mucho ha leído y mucho ha viajado. Pasarse la edad biológica por el forro, cuando la cultura, la civilización que dirían los franceses, no es más que una invención pactada, ¿por quién, hacia dónde? Yo pacto conmigo mismo la edad y la estación que se me antojen. Y a quien no le guste, o le parezca descabellado, que no mire y se haga esclavo de imperativos ajenos.
Me llamo David, tengo diecinueve años, puedo sentir en los huesos, en un día, todas las estaciones. Es un antojo que tengo, un capricho, mi debilidad.


... tú lo sabes muy bien, estás muy enterada ...

(En las próximas horas haremos el post, a ver qué sale, si niño, niña, o sirimiri)

12-Abril-2011

Mientras preparo mi declaración de la renta escucho en Spotify lo último de Sr. Chinarro, me gusta bastante, tanto el resultado de la renta como el disco. Me gusta, sin embargo, más el disco, puesto que los euros que devuelve hacienda se gastarán, mientras que la música no pasará. Y, los euros, no son demasiados. Y, la música, es demasié.
Te pondré alguna canción para que la disfrutes.
Esta le gustará a mis lectoras:




Esta me gusta a mí.



El madrugón de esta mañana me ha sentado muy mal. Pero luego en el trabajo, en un descanso de unos minutos bajo el sol del mediodía, me he reconciliado con los alrededores. He aceptado el cambio de tiempo radical: no me he puesto camiseta interior bajo el uniforme de cocinero.
Después de la siesta he comenzado el post, luego he hecho compra.
Delante de mí, un señor mayor, bajito y elegante, llevaba un pin con una bandera: la bandera republicana. Ha pagado su nestea y su ketchup, y llevaba un pollo asado y oloroso en una bolsa, comprado fuera del híper. Seguro que para la cena. Seguro que este señor republicano hoy cena pollo, con ketchup y regado con té frío.
Ahora voy a cenar yo. Luego sigo.

11-Abril-2011
Fiona Butler, sueño de Juan Manuel de Prada

Leo el artículo dominical que Juan Manuel de Prada hace sobre la fotografía que le sacó un novio a Fiona Butler a la núbil edad de dieciocho añitos. Busco la fotografía en internet, la imprimo a todo color en tamaño folio y se la regalo a un ser querido. Como dice Alfredo Bryce Echenique en una de sus mejores novelas (no recuerdo si era La Vida Exagerada de Martín Romaña o su continuación en El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz):

Imprima, no deprima.
En un rato termino el post.

10-Abril-2011



Como en esta canción de Bunbury, el raro Abril no sabe si salir o entrar, hoy lo hablaba con una compañera, que me decía que en Madrid siempre ha sido así, no ha habido una temperatura templada: o verano o invierno, calor o frío.
El Sábado, al igual que hoy y ayer, fue verano en Madrid. Verano de tórrida sementera para el verano mayor, que se avecina. Y en Mayo, veremos sacar los abrigos y las mantas.
Un verano prematuro e indignante. Gozamos de las terrazas, como si fuera a ser siempre así, sin darnos cuenta de que al torcer la esquina una amenaza de escarcha nos helará los pasos.
Pero todo es tránsito, ¿hacia dónde? Vendrá el estío y tendrá tu sexo, caliente y generoso, franco y sin hipocresías primaverales.
Lo que no quita para que éste de estos días sea un tiempo desquiciado y loco, un tiempo bipolar y sin medida, como desquiciada fue la obra que vimos este Sábado a la tarde,  La omisión de la familia Coleman, del argentino Claudio Tolcachir.
Un texto difícil con un humor negro que congelaba las sonrisas, aunque alguno se riera como si fuese la familia de Bill Cosby o de Los Serrano y no la familia Coleman. Un humor parecido a la marea que sube y te atrapa y no puedes salir.

Lo mejor, para quitarse el sombrero, las interpretaciones de cada uno de los actores del grupo de teatro Timbre 4, con mención especial al que da vida a Marito, sin duda el personaje más complejo, un insoportable loco o profeta, tan simpático.
Todos ahí son argentinos.
Yo de mayor quiero ser argentino.
Fuimos a verla al matadero, mira por donde. Vas a ver una matanza y te encuentras con salas de teatro cómodas y con azafatas que te cortan la entrada y hasta te sonríen. Los teatros del Matadero ..., aún se escucha el lamento de otros siglos, de marranos y terneras y carneros, o es que quizá se nos estaba muriendo el Verano así, tan de repente, en Primavera.
Igual, iremos al pueblo de matanza y veremos teatro.
Todo está confundido, la meteorología y la cultura.
Morcillas literarias y ternascos estivales, filetes de babilla como libros, actrices relindas que recitan con voz secreta del amor oscuro, ay balido sin lanas, ay, herida.


Ay voz secreta del amor oscuro

¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!
(Federico García Lorca)
Y por hoy basta.

lunes, 4 de abril de 2011

Secretos y versiones de Víctor Hugo


Seal ft Heidi Klum - Secret por Warner-Music

Ayer no es que tuviera demasiada resaca, pero fui al trabajo bien contentillo, como si los alcoholes ingeridos el Sábado por la noche hubieran decidido no irse. Me tocó guardia, casi los domingos se trabaja mejor, sin proveedores, con menos prisas, hay menos residentes. En la radio, a partir de las doce, decidí poner música y pusieron buena música. Pusieron, por ejemplo, esta canción de Seal que a tí y a mí nos gusta tanto, Secret, creo que en ese preciso momento estaba yo cubriendo de alioli unas patatas. Pensaba, además, en el libro de Mario Vargas Llosa sobre Los Miserables, y en esa irrealidad de la medio resaca y la medio borrachera y el arroz de la paella ya marcado y las ensaladas hechas y la cocina sin recoger -porque hay que decir que la luz artificial de una cocina da un ambiente irreal como de hospital o descansillo-, decidí llamar al post de hoy Secretos de Víctor Hugo.
Yo también, como Víctor Hugo, tengo mis secretos. Y, como Seal, soy un secreto  para tí, pero te lo digo así, bajito, para que nadie se entere.
Tratándose de un blog de literatura, será mentira, pero ya sabemsos  -y si no don Mario Vargas Llosa se enfada-, que la Literatura es la verdad de las mentiras.
Los Miserables, por ejemplo, él nos dice que es una menira, pero que trata de una verdad que ha sabido crear Hugo, al que llama el divino estenógrafo.
En breve el Marqués de la Pollalzada abrirá su blog, nuevo blog en Manicomio: Mediateca del Marqués de la Pollalzada, ¿qué te parece? Y lo inauguraremos con algún fragmento de La Tentación de lo Imposible, que trata de un secreto de Víctor Hugo. ¿Sabíais que Víctor Hugo escribía en español sus secretos, para que nadie se enterara?
Esta lectura, La tentación de lo Imposilble, ha sido esclarecedora. Como un maestro a posteriori,  un guía, un gurú, ha ido iluminando cuestiones pendientes de la lectura de Los Miserables. Ha venido a confirmar algunas impresiones mías y a rectificar algunos prejuicios.
Ante todo tenía yo mucha curiosidad por saber la opinión de nuestro nobel sobre esta obra.
A venido a confirmar, por ejemplo, que Mario es un imbécil. Y ha venido a explicarme por qué.
Porque Mario soy yo, Mario eres tú y es él, nos cae tan mal. Porque es el único personaje de la novela que es algo real, con rasgos humanos que los demás personajes no tienen, ya que son personajes de ficción.
Mientras los otros, como Juan Valjean, Javert, Gavroche y Enjolras actúan, Mario se queda a verlas venir con cara de dame una torta a ver si me despierto.
Según parece Mario es Víctor Hugo, un ser humano que por no ser de ficción nos parece tan raro.
Aunque el personaje principal de la novela, según Vargas Llosa, es el mismo Víctor Hugo, he ahí su genio, astuto literato, ególatra y deicida. Aunque él dice, Víctor Hugo, que el personaje principal de la novela es el infinito, o sea, Dios.
Víctor Hugo nos vende la realidad como espejo de su obra, pero Víctor Hugo es el creador de esa realidad, y no la historia.
Tampoco voy a ponerme a resumir las ideas de Vargas-Llosa, pues siendo generadas tras la lectura de la obra de Hugo, no importarían a quien esto lee si no ha leído antes Los Miserables.
Según iba leyendo me hacía la ilusión de que conversábamos. ¿Os acordáis que en el post sobre la obra, hace una semana, decía yo que el obispo Bienvenido sería actualmente uno de aquellos curas comunistas? Pues viene a decirme don Mario algo así como que no, que quien piense eso está confundido, aunque a buen seguro alguien podría haber llegado a esa conclusión.
Así que ha sido una singular y socrática lectura, que tiene sus milagros.
Esta tarde, después de una consulta con el endodoncista, bajaba por Conde-Duque y decidí tomarme un café, así que yendo por la calle Los Reyes surgí en Plaza de España y frente a mí un starbucks con terraza y fumadores me decía: párate aquí. Y allí me paré, pero entré dentro, así evitaba el vicio del tabaco un ratito.

Café americano, y a la parte de arriba, donde no había mucha gente, por lo que pude sentarme en un sofá, frente al ventanal abierto por el que llegaba hasta mí la brisa primaveral y la visión de la extensa Plaza de España. Frente a mí, también, un grupo de estudiantes franceses trabajaba con sus portátiles, en una gran mesa. Dos cosettes me llamaron la atención, qué cositas lindas estas cosettes, parloteaban en francés alborotadas, y alborozadas reían universalmente. Me quité la americana, saqué las gafapastas de gafapasta y seguí leyendo hasta el final. Milagros de la lectura, con la portada del libro hacia ellas, La Libertad  Guiando al Pueblo, de Delacroix, alegórica pintura gracias a la cual sabemos que la Libertad lleva las tetas al aire, abanderada ella, y que el pueblo la sigue por eso de que más tiran dos tetas que dos carretas. Podrían haber sido alemanas, inglesas, argentinas o españolas, pero el grupo era francés y frente a mí hicieron de BSO de mi lectura las risas de dos Cosettes, a veces me miraban y a veces comían algo, bizcocho o pasta, algún dulce cualquiera de los que venden en estas cafeterías. Yo me habría comido una cosette, cosita rica cosette. Posiblemente se habían fijado en el libro, y en la portada de Delacroix. Ahí hay un señor que está leyendo un libro sobre la Francia, se dirían.
El café estaba caliente y yo daba pequeños sorbos al principio. No había música hoy en el starbucks, antes ponían jazz. Como música: Cosette riendo. Rubias, lindas, candorosas cosettes, cositas lindas.
Cuando, finalizada la lectura, guardé las gafas y jugué unos segundos con el vaso de papel, y me puse la americana, una de las cosettes me observaba seriamente.


Alegoría de la Primavera, de Ricard Canals
 En la calle, bajando por la Plaza de España, sentía constantemente pasos detrás de mí. Era la Primavera, la brisa con pies de pluma y manos besuconas. La alegoría de la primavera, como vemos en esta pintura de Ricard Canals, es doncella frutal, floral y desnuda, pero como no tiene una forma física ha de ser representada alegóricamente, por sus atributos.
Yo no tengo atributos, soy un posmoderno.
La Primavera, ay, sí que los tiene.
No hay manera de demostrar que Los Miserables haya hecho avanzar a la humanidad ni siquiera unos milímetros hacia ese reino de justicia, la libertad y la paz al que, según la visión utópica de Víctor Hugo, se encamina la humanidad. Pero no hay la menor duda, tampoco, de que Los Miserables es una de esas obras que en la historia de la literatura han hecho desear a más hombres y mujeres de todas las lenguas y culturas un mundo más justo, más racional y más bello que aquel en el que vivían. La mínima conclusión que de ello se puede extraer es que si la historia humana avanza, y la palabra progreso tiene sentido, y la civilización no es un mero simulacro retórico sino una realidad que va haciendo retroceder la barbarie, algo del ímpetu que hizo aquello posible debió de venir -sigue viniendo todavía- de la nostalgia y el entusiasmo que contagian a los lectores las gestas de Jean Valjean y monseñor Bienvenu, de Fantine y Cosette, de Marius y Javert y de quienes los secundan en su viaje en pos de lo imposible.
(La tentación de lo imposible. Mario Vargas Llosa)

No olvidaré nunca el invierno en el que leí Los Miserables, al igual que no olvida Mario Vargas Llosa el invierno de 1950 en el internado, invierno húmedo y ceniza, la rutina atontadora y la vida algo infeliz, ... en esas horas de lectura robadas a las clases y a la instrucción, que me trasladaban a un universo de flamígeros extremos en la desdicha, en el amor, en el coraje, en la alegría, en la vileza. La revolución, la santidad, el sacrificio, la cárcel, el crimen, hombres superhombres, vírgenes o putas, santas o perversas, una humanidad atenta al gesto, a la eufonía, a la metáfora. Era un gran refugio huir allí: la vida espléndida de la ficción daba fuerzas para soportar la vida verdadera. Pero la riqueza de la literatura hacía también que la realidad real se empobreciera.
Cada lector, pues, da su versión, una versión enriquece a otra, el escritor consagrado da su lección al bloguero encadenado a las mismas lecturas.
Luego están las versiones que he visto últimamente, la serie interpretada  por Gerard Depardieu como Valjean y John Malkovich es mala, sin más, no es posible que una novela que tiene tan buena trama pueda ser adaptada tan pésimamente. No tiene pies ni cabeza, el niño Gavroche, por ejemplo, tiene la misma edad todo el tiempo de la ficción. Primero sale algo mayor que Cosette, y cuando esta crece, se desarrolla y ya es toda una mujercita, Gavroche sigue siendo el pillo de diez años. Se supone que es una superproducción, menudo elenco de actores... Cosette está muy bien aquí, pero no es Cosette, no es la inocente y pura Cosette, ¡ay, que me la han cambiado! Cosette, en esta película, es una seductora. Y se sacan, para colmo de mis dolencias, un enamoramiento erótico de Jean Valjean por Cosette, cuando en la novela se deja bien claro que Jean Valjean lo es todo para ella, padre, madre, hermano, amigo, pero nunca enamorado, más que nada porque Valjean es casto, más que casto asexual. Mario, si cabe, es más tonto aún que en la misma novela. Lo único memorable es John Malkovich como Javert, siempre elegante, hasta en el suicidio.
Igual de infiel al espíritu de la novela pero de mejor calidad, más digna, es la película de Bille August para el cine. En dos horas no se pueden meter milquinientas páginas. Si yo en el post que escribí sobre Los Miserables decía que a Mario podría Hugo habérselo ahorrado y repartir su papel entre otros personajes, Bille August hace lo contrario, y vemos a Mario haciendo de sí mismo y de Enjolrás, varios personajes en uno sólo, el tortolo enamorado y el líder e idealista revolucionario. Y eso que en la novela, palabrita de Hugo, Enjolras es tan asexual como Valjean, y sólo se le conoce una amante: La Patria.
A mí, más que La Patria, me pone La Libertad, que va con su primaveral y alegórico torso desnudo.
Claire Danes como Cosette
En esta película Cosette sí es mi cosita, mi Cosette, aunque quizá demasiado llorona, ¿qué te ha hecho Bille August, Cosette, que lloras tanto? La Cosette de aquí es fiel al espíritu del personaje de Hugo, Claire Danes, que también diera vida a Julieta en aquel videoclip llamado película junto a un romeo Leonardo di Caprio. 

miércoles, 30 de marzo de 2011

Carey Mulligan siempre está leyendo un libro en Nunca me abandones

Y yo me preguntaba, ¿pero por qué no huyen?
Dice una de las profesoras, la atractiva morenita de mirada extraña: "-Nunca seréis actores en América, ni ninguna otra cosa, no llegaréis a adultos, tendréis unos años de juventud, y ya "
Al día siguienta esta melancólica educadora desaparecería misteriosamente.


Príncipe Logan y Literatura
en minifalda
huyendo al Santuario
 Yo me acordaba de La Fuga de Logan, aquella serie, o aquella película, en la que los habitantes de aquella utópica distopía morían a los veintisiete años, con la promesa de una reencarnación. Hasta entonces estos jóvenes vivían en un paraíso de ocio y placeres. Pero se oye hablar de un santuario, y algunos huyen, se fugan, Logan se fuga con una muchacha con una volandera falda, muy corta.
Príncipe mirando
lo que oculta la Literatura
bajo su falda volandera

Así yo, desde niño, gracias a estas series estivales, alimentaría este sueño de la busca, de la búsqueda de un santuario para huir de esta asesina sociedad de juventudes. Para ello me hago acompañar de Literatura, gentil muchacha de falda volandera,  marilyn tentadora.
La semana pasada me fui solito al cine, para recuperar esa costumbre de primera sesión en la Plaza de los Cubos, o en Martín de los Heros.
Estuve viendo Nunca me abandones, y al igual que el año anterior por estas fechas cuando ví Una educación, volví a enamorarme de Carey Mulligan, inglesita de campiña inglesa.

  


Poco se puede decir de la trama de la película que no le robe su singuralidad de misterio, no voy a desentrañarte los sucesos, la temática, la congoja y todo ese espanto.
Los personajes, como resignados, aceptan su destino, no buscan santuario alguno.
El fuete de la película está en su ambientación y en el trabajo de los actores. Claro que también en el guión, pero de eso hemos dicho que no podemos hablar.
Tampoco conozco la novela en que está basada, y eso que las jubiladas que hacían cola conmigo -pues era martes, día de un euro para jubilados- ya la habián leído y aún dudaban si ver esta u otra peli, puesto que el libro les dejó con el espanto y la congoja.
Yo te digo: si te gusta el buen cine aunque salgas con mal sabor de boca y ánimo desazonado, vete a verla.
Es preciso ir al cine como un niño, sin saber de qué va la cosa, casi es como vivir, pues te imaginas que la acción irá recorriendo los previstos caminos de lo convencional y lo amable, y más que sorpresas de ficción te enfrentas a desengaños. Y luego más desengaños.
Cualquiera diría, al comenzar la película, que es película para niños: sus juegos, sus travesuras, sus conflictos, la alegría ante los regalos y ante todo la amestad como semilla de amor.
Algún programador cretino la pondrá cualquier Sábado o Domingo a las cuatro de la tarde y nuestros pequeños la verán con la curiosidad y el interés por la identificación con los personajes. Cuando se quieran dar cuenta se verán metidos en una de las peores pesadillas que soñarse pueda, tan real que tratándose de una película de ciencia ficción no usa trucos de cinecia ficción.
Es un terror psicológico, alimentador de paranoias. El niño que llevamos dentro, ante esta película, se angustia y madura demasiado pronto.
Es un tipo de cine muy maduro, y trata de lo dicho más arriba, quizá sea una alegoría de la sociedad asesina de juventudes.
Yo pensaba que, como en La Fuga de Logan, estos jóvenes dirían: no. Y luego recorrerían el mundo en busca de su santuario.
El No a esta sociedad psicopática es ya un buen paso para comenzar el camino machadiano en pos de algo, La Poesía, El Santuario, La Vida Verdadera.
Es un buen cine porque es cine que alimenta la paranoia, y en esta sociedad asesina, quien no es paranoico acepta, y quien acepta se hace cómplice de la barbarie.
No huyen, no, todos sabríamos después que en ese mundo no había escapatoria. Un microcosmos, un pequeño universo cerrado, una representación fatal del gran mundo.
Kathy es la dulce y generosa protagonista, tan solitaria con su gran amor arrebatado por la envidiosa amiga, Kathy es interpretada por una de las mejores actrices de nuestro tiempo, Carey Mulligan, y Kathy, ay, siempre está leyendo un libro.
Kathy es mi amor, con libros victorianos en sus manos. Kathy se toma un té y fuera llueve. Tras la ventana, su amor, con su mejor amiga. Ella está sola, mi Kathy, por no saber ser seductora, por saber ser sólo dulce y generosa.
Kathy lee también revistas pornográficas, y pasa las páginas con vertiginosa rapidez, luego se sabrá que se estaba buscando a sí misma.
Yo tengo frente a mí, en una estantería, libros así como los de Kathy, ricamente encuadernados, tapa dura, solapas victorianas.
Mi amor por la ambientación inglesa me hace a mí soñar con ser un caminante de campiña inglesa. Desde Jane Austen hasta Downton Abbey, desde Oscar Wilde - el irlandés que fue inglés por reventar las convenciones- hasta el Earl Grey, el té de mis lecturas de poemas.
El poeta Keats, el poeta Wordsworth, el poeta Coleridge. Y Byron que abandonó la campiña para morir en Grecia. Y este muchacho que a falta de campiñas tiene un jardín inglés, por crear la ilusión de lluvias y tardes soleadas. O la ilusión de las penumbras, rincones muchos, rincones de sol, de sombra, hierba o fango.
Carey Mulligan, Kathy, va a cuidar a sus enfermos y lleva siempre un libro, se sienta y abre el libro.
Uno tiene la ilusión de que Kathy va a salvarse al menos, pero, ay, ni ella se salva.
Carey Mulligen, además de ser atractiva, es buena actriz. Ella se transforma en el papel, y le van los papeles de chica inteligente, madura para su edad. Como en Una educación.
Le van más los papeles de chica enamorada, más de chica que se deja amar, y eso es importantísimo.
Luego está Keira Knightley, la guapa que le roba el novio.
Carey Mulligan, carita de duende
A Keira Knightley le van más los papeles de una sóla faz, no muy complejos, como en Orgullo y Prejuicio. Papeles amables, o chica descarada novia de un pirata bueno. Aquí tiene un papel trágico, y no es creible.
De Carey Mulligan, carita de duende, sin embargo  nos lo creemos todo.

Anexo

Escena de campiña inglesa, paseo con su amado.



Escena con un libro en las manos, el libro de dibujos de su amado.

domingo, 27 de marzo de 2011

Los Miserables, de Víctor Hugo



Mario, o Marius, es un imbécil.
Ante una obra inconmensurable como esta, uno no sabe qué reseña escribir, o qué reseñas.
Hubiera podido hacer como con el Ulises de Joyce y reírme por entregas, como quien se está doctorando en literatura contemporánea. Pero pongámonos victorhugianos: ante esta magnitud sólo nos queda el respeto.
Y miren que es una obra picada de imperfecciones, trampas, coincidencias pueriles. Pero el cuadro general es magnífico. Supongo que volveré a leer algo así, al igual que antes leí La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín. Son novelas de una vastedad tal que deja pequeño al lector. El Ulises lo puede hacer cualquiera, Los Miserables no.
Visitante: mozo, cuidado con lo que dice ...
El aludido: descuide, que sólo quiero polemizar con algún enterao jamesjoyciano, todos mis respetos para my dear uncle James, con el que tanto reí, amé, sufrí ...
Claro que monsieur Hugo también me ha hecho de sufrir, y de amar, y de estremecer.
Marius es un palurdo.
Podría hacer el post más largo de este blog, hablando sobre estas milquinientaspáginasdená, pero sólo trataré algunos aspectos interesantes. Los personajes, por ejemplo.
Mario es un empanao.
Personajes inolvidables, de todo tipo, de toda psicología, de toda función. Hay personajes arquetípicos, como Enjolras el héroe  revolucionario, simbólicos como Javert, representante de la ley, funcionales como Mario -que se cayó de un guindo-, alegóricos como Cosette -qué cosita candorosa, primaveral, es Cosette-, complejos como Eponina, perfectos como Juan Valjean, maravillosos como el niño Gavroche, villanos como Thénardier, históricos como Napoleón ... aunque el personaje principal, como dice Hugo, es el infinito. A veces parece que el libro no se va a acabar nunca, y son desesperantes ciertos capítulos, y libros enteros, que retardan la trama. Pero así es la vida misma, uno podría saltarse centenares de páginas, pero es que en el espíritu de la obra hay algo del mismo hálito vital, todo va en el paquete, y si te pierdes eso es que te has perdido algo importante. Esas páginas no son aptas para la mentalidad contemporánea acostumbrada al abrefácil y al fast food.
Se puede ser mejor o peor lector, pero lo que tengo claro es que ha de haber cierta autenticidad a la hora de enfrentarse a una obra así, comprender su contexto, al igual sucede con obras como el Ulises de Joyce. Sabes a lo que vas, novelón decimonónico o novela vanguardista, luego podrás aullar y sacar cantares, tú, que has leído, puedes juzgar la obra y su autor. Es como quien vive, y es súbdito, o ciudadano. Es el derecho a la queja y a la burla.
Y aquí somos bufones que nos ponemos muy serios cuando reímos, y siendo risueños, gatitos de Cheshire, guardamos cierta sobriedad en la sonrisa. Hay que saber mirar, leer, vivir, enfrentados a lo bello y lo grotesco.
Mario, lo vuelvo a repetir, se cayó de un guindo.
Lo que menos me ha gustado, ya lo he dicho alguna vez, son todas esas parrafadas que engordan el libro y embotan la mente. Quizá para el lector decimonónico de folletines serían edificantes esas páginas, que en ocasiones, como en el tratado que hace sobre el caló en uno de los libros, se basa en impresiones e intuiciones más que en hechos. Sin embargo el libro que es como un tratado sobre la alcantarilla me parece ameno.
Mario es rematadamente tonto.
Es novelón perteneciente al movimiento romántico, y se ve en el estilo exaltado, en su idealismo, en su afán por resucitar lo divino en lo humano.
Hugo trata sobre todo, el personaje principal es lo infinito, sobre lo humano y lo divino, y no se corta, escribe como quien respira, y según le viene en gana. A veces la trama está cosida de manera basta, con trampas, pero quien hiciera lo que Hugo hizo ... más importante que la propia trama y que todos esos rollos macabeos es el fresco general, el retrato social, la riqueza manantial de personajes y costumbres.
Es un mundo muy distinto al nuestro, el de la huguiana Francia del XIX.
Había, por ejemplo, gente que moría por un ideal colectivo, sin estima alguna por su propia vida. Toda la parte de la barricada es ajena al hoy.
Yo sin embargo me quedo con los personajes.
Marius es un tipo raro de narices.
Vayamos uno a uno, de los más importantes, espero no dejarme a ninguno en el teclado.
Juan Valjean, tamibién conocido como el señor Magdalena, como el señor Blanco, como señor Fauchelevent ... es un santo, un martir, una víctima a la vez que un salvador. Un ser atormentado por la culpa, siendo tan noble y generoso. Tipos así no existen, totalmente ficticio, tan humano que parece real. Es para mí lo mejor de la obra, junto con el niño Gavroche es el personaje más carismático.
Creo que ya dije en algún post anterior que la novela es maniqueista, de buenos y malos. Sin embargo los personajes no son planos, eso, literariamente hablando, no es bueno. Complejidad es riqueza.
Quizá Cosette sea el personajes más plano de la obra, siempre candorosa, inocente ... a mí Cosette me pone mazo. Cosette es una cosita deliciosa. Gente como Cosette, sin embargo, sí que puede haber en este mundo desquiciado. Yo por ejemplo tengo fama de inocente. Quizá yo sea como Cosette, cosita guapa, pero aléjenme de Mario si algún día me da por travestirme.
Marius sin embargo es un gil. Y puerta.
El inspector Javert también es un personaje memorable, único. Un tipo fiel a la ley, sin fisuras de ningún tipo. No hay concesiones para Javert, el orden para él es el ideal, y no se cuestiona que una ley pueda ser injusta. Para él ley es justicia. No se nos hace odioso, como Thénardier, pues algo de complejidad hay en la actitud de Javert, es capaz de conmoverse, pero ay si se conmueve, un cataclismo irreversible sufrirá su alma recta.
El thenardier y la thenardiera. Abusones y viles. También muy humanos ellos. Sin embargo son siempre malos, muy malos, malísimos. Su prole sin embargo es, literariamente, más interesante. El relato de la adopción de Cosette por los Thenardier es como el cuento de La Cenicienta.
Eponina, por ejemplo, a mí Eponina, al igual que Cosette -qué cosita Cosette-, también me pone berraco. Es, al contrario que Cosette, un ser impuro, nada inocente, nada plano tampoco. Capaz del bien y del mal, capaz de morir de amor, y de ser egoista, y generoso. Su defecto principal es enamorarse del cretino de Mario. Cosette es una princesita, una cenicienta que encontró su hada madrina -Valjean- y su príncipe -Mario que tiene una hostia tan bonita, no sé qué tiene Mario que no tenga yo, vamos a ver ...- , Eponina es la hermana de la Cenicienta con harapos, y un atractivo literario muy importante.
Mario, como dije, tiene una hostia muy bonita.
Gavroche. Junto con Juan Valjean el gran acierto de la obra, un pillo de alma aristocrática. Sin embargo surge del género picaresco. Es como el lazarillo de Tormes. Marius sería como el hidalgo de El  Lazarillo de Tormes.
Gillenormand, el abuelo del Marius ese, un personaje también bastante simpático. Representa la tradición monárquica y frívola prerrevolucionaria. Todo un carácter. Yo esperaba que terminara por estrangular a su nieto de una vez puñetera, por favor, de dónde ha salido el tal Marius, yo creo que Hugo debió sentirse joyceano para crear un ser así. En un momento de la obra llega Mario, niño bonito él, a pedirle al abuelo permiso para casarse con Cosette -cosita linda, Cosette-, y el abuelo todo contento le dice: sois muy jóvenes, tíratela, conoce luego a otras mujeres. La que monta el Marius.
Bueno, puede parecer normal esta actitud de Marius, teniendo en cuenta la época.
Pero hay un suceso.
Una anécdota desquiciante.
Uno de esos días en que Mario se pasea por el parque de Luxemburgo para ver a su amada del brazo de Jean Valjean, hay una ráfaga de viento. El viento golosón levanta un poco la falda a Cosette, por lo que Marios le ve el tobillo.
Pues resulta que el nene se nos cabrea, que se pasa varios días odiando a su amada porque le ha enseñado involuntariamente el tobillo.
Hoy en día, con la moda del pantalón bajo, cualquiera se agacha y enseña medio culo. Tengan cuidado, cosettes de hoy, cositas lindas, no sea que el psicópata de Mario os agreda con la ira de todo su idealismo amoroso.
Hay un pasaje en el Ulises de Joyce en el que Leopoldo Bloom se menea la sardinilla porque una chica le enseña la pantorrilla voluntariamente.
En el pasaje de Los Miserables que cuento, Mario se coge una rabieta de 48 horas porque su amada le muestra involuntariamente un tobillo.
Entre el Tío Vanguardias y el Tío Retaguardias hay una diferencia clara.
Luego uno va y les lee, y seguro que sus lectoras -y algún lector despistao- quieren que haga una reseña al uso. Que lean a Ricardo Senabre. Yo leo a Ricardo Senabre, y le temo. Algún día reseñará mis novelas y yo seré Cosette, cosita linda, ante la furia inclemente de un ideal literario. Pero yo leo a Ricardo Senabre con gusto todas las semanas. Sin embargo cada vez que leía pasajes donde Mario aparece, me sentía mal, muy mal, Mamá llama al loquero que me encierren ya, no merece la pena vivir en un mundo donde existen tarados como Marius. No quiero socializar, quiero ser un idiota, un ser apartado de la polis.
Es la diferencia:
Mario es imbécil.
Yo soy idiota.
No nos olvidemos de hablar de Fantina, la madre de Cosette, el ser más desdichado de la obra. Fantina, la prostituta Fantina, capaz de dar su pelo, sus dientes y su vida por su hija.
Monseñor Bienvenido, el personaje importante que primero aparece en la novela, sería hoy uno de esos curas comunistas. Representa al verdadero cristiano, nada posee, todo lo da a los pobres. Su encuentro con Valjean es providencial para éste y el epíritu de la novela en general. Es como el pepito grillo de Valjean. Pero no es un plasta, predica con el ejemplo.
Marius sin embargo es un perturbado mental, yo no sé cómo no hay un complejo de Marius Pontmercy al igual que hay un complejo de Edipo, o de Electra.
Creo que voy a parar ya, son más de la una y mañana he de madrugar para levantar el país, ya que nuestros mentores -los politicastros- no lo hacen.
Terminemos con Mario, y esta vez en serio. Cuando dije que Mario era un personaje funcional, quise decir que sus acciones se adaptan a las necesidades de la trama. Por eso parece que Mario se queda como estupefacto. Hugo podría haber eliminado a Mario y repartir su papel entre los otros personajes. Que Cosette -cosita más linda ella- y Eponina -cómo me pone Eponina- se hagan un rollo bollo, por ejemplo.
Es como si a falta de uno de los actores principales el director cogiera a cualquiera de la calle sin nociones de interpretación y le dijera: no tienes que hacer nada, sólo lo que te diga cuando yo te diga. La gente se muere y él estupefacto. Suceden cosas, y él, cabeza de chorlito. Tiene algo de autómata este Mario. Sólo se vuelve humano cuando pilla esas pataletas de enajenado mental. Y poco más. No vale para nada más. Sólo para el berrinche. Y para tirarse a mi chica, mi Cosette, mi cosa linda. Eso sí, después del matrimonio.
Y por hoy ya basta. Amenazo con otro post sobre Los Miserables, que creo que me he quedado corto. Pero esta vez sobre algunas adaptaciones. Y sobre La Tentación de lo Imposible, de Vargas Llosa.

domingo, 20 de marzo de 2011

Hoy ha empezado la guerra

Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar.
Franz Kafka. Diarios. Agosto, 1914.




Hoy ha empezado la guerra. Por la mañana hice masa de croquetas de merluza.

La Francia, la lideresa, que por algo me estoy leyendo la chovinista Los Miserables. Inglaterra, sin dudarlo. Estados Unidos, deja el mando del juguete a estas dos. Alemania e Italia, democráticamente, lo que diga la mayoría. España, hipercontenta, superalegre, sonriente presidente. Al volver del trabajo, por la calle Los Yébenes -mi calle-, la gente salía de las cañas para entrar en su dominical papeo, una pareja paraba el tráfico y corría tras de su caniche: ¡por favor! Gritaba ella, ¡que se nos ha escapado el perro! Y él corría tras él. Al alcanzarlo, él, lo coge en brazos. Ella le da dos cachetes en el morro. Como si fuera un niño.

112 misiles de crucero Tomahawk, 20 blancos alcanzados. Una siesta de hora y media, reparadora.

El tirano, el líder de la revolución, el sátrapa, dice que el Mediterráneo será un campo de batalla. Luego me he tomado dos cafés, y he leído el libro de Los Miserables que trata sobre la red de alcantarillados de París. Víctor Hugo hace historia y comenta. De todas esas encendidas páginas como soliloquios con que Hugo interrumpe la trama, son las más entretenidas. Hace un elogio de la mierda bastante interesante: en vez de tirarla al mar y a los ríos, pues contamina, dice que habría que llevarla a los campos para fermentarlos y así disminuír el hambre en la población y así enriquecer La Francia.

Nuevo ataque de las fuerzas aliadas en Trípoli. Fui a la iglesia, para verte comulgar, pero ya habían cerrado. Así como el Marqués de Bradomín, feo, católico, y sentimental, hacía el muy pervrerso sus conquistas en capilla, así yo me enamoro, pues soy un loco -no es lo mismo ser que estar- paranoico, católico y sentimental-, cual caballero de Olmedo.

Los F-18 españoles están ya operativos y tienen autorización para abrir fuego. A la noche me he reído como nunca viendo Aida, hasta la tos y el dolor en las mandíbulas. Mientras, cenaba caballa al natural, hecha por maternales manos, con una pepsicola. Luego me he liado unos cigarrillos con mi máquina de liar cigarrillos.

Muamar el Gadafi reparte un millón de armas a la población, que no le quiere. Muamar el Gadafi reparte un millón de armas a la población, que le quiere. Le quieren, no le quieren. Gadafi es la flor, el capullo, los pétalos las hojas de la prensa divergente.
Y tú, mi amor de crocanti, tú eres mi flor ajena a libias y fuerzas aliadas, mi flor por la que lidio cada día, con fuerzas y aleteos de gorrioncillo que aún tiene ganas de volar, por cuyo honor de novia española defenderé la patria, con un fusil que me dará mi rey Borbón, tú mi bombón, tú: mi crocanti.

Cuando misiles Tomahawk salpimenten las aceras de mi barrio como cagaditas de paloma, y las bombas estallen como los brotes de hoy, primaverales, y mi camisa del rojo emblema del valor de mi corazón sude mi sangre, yo pediré como última voluntad tu amor de crocanti, ¡oh, sí! Ese amor de crocanti, porque tu amor se me rompía en los labios, dulce y crujiente en cada beso, tu amor se me deshacía en los labios, y yo nunca supe recomponerlo, tu amor, congelarlo, tu amor, como un instante perpetuado por una fotografía.

Coda


Ellos nos lo advirtieron:

Ángel exterminador
te espera la guerra
aún no se ha declarado ya lo sé
pero habrá guerra



Y estos otros también:

Otra vez jugaremos
a guerra en la selva
gritando como niños
aullando en la fría niebla.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Haikus para Japón en los idus de marzo.

 




Isla progreso
Fortísimo imperio
Sol imbatible


El mar vomita
Enfermo enloquecido
Mala resaca


Cúbreme el alma
Del luto de los mirlos
Dejad que llore.



Mis niños rotos
Son flores anegadas
de un cementerio.


Surcando el mar
Japón era una barca
Conquistadora


Coloso bueno
Ejemplo del trabajo
Y la alegría. 


Quién pudiera
a un gigante en llanto
dar el consuelo


Mi amada tiene
Jardinera celeste
Un bonsai muerto 


Allí el sol nace
Al alba desolado
Hoy es la noche


Idus de Marzo
Del letal invierno son
Canto de cisne.