martes, 24 de noviembre de 2009

Deseo de ser punk, de Belén Gopegui



En vez de estudiar, me he puesto a escribirte. No eres un puto personaje inventado ni eres mi puto amor platónico. Te he encontrado y tú sí tienes música.

Así finaliza el primer capítulo de esta novela íntegra y honesta, que trata de la búsqueda de la autenticidad y la actitud, temas que ya sabes tú que me son no sólo interesantes, sino imprescindibles.
Y la música no es un puto pretexto, pues para Martina, muchacha de dieciséis años, la música es esa actitud auténtica que se busca. Desde las primeras páginas me he sentido identificado con la voz de Martina, admirando, eso sí, ciertos poéticos aciertos del estilo de Belén Gopeui.

... imagina que se te rompe algo, el vaso, por ejemplo, ese que tiras sin querer, y la gente se limita a traer una bayeta para el agua y una escoba para los cristales. Pero imagina que tú no quieres la bayeta. Querías ese vaso. Te importaba ese vaso. No entiendes que esté roto. Y entonces te pones a recoger los cristales uno a uno. Y tratas de pegarlos. Aunque, claro, intentas hacer eso, se te ha olvidado secar el agua con la bayeta. Y también se te ha olvidado la hora que es. Y, encima, hay veces que las cosas se rompen en siete trozos y vale, las puedes pegar. Pero a veces se rompen en cien o más.

Monólogo interior de una adolescente, purificado por el filtro literario de esta escritora de extraño atractivo y fiero pensamiento, quien haya leído algo suyo o alguna entrevista conocerá su actitud moral ante este sociedad herida, repleta de vasos rotos que se van quedando por el camino.


Es un libro cargado de sentencias, como un revólver no mortífero de balas, si no agresivo de salsa picante, quien haya leído el libro sabrá de qué hablo.
Así encabeza la Gopegui esta novela, con los versos del loco mayor del reino:

Sitting Bull (Toro Sentado) ha muerto: no hay tambores que anuncien su llegada a las Grandes Praderas. Deseo de ser Piel Roja.
Leopoldo María Panero.

Cita que como puedes ver, da pie al título de la obra.
Ha tenido excelentes críticas, pero yo no se la aconsejaría a todo el mundo. A no ser que se acojan a la técnica en la lectura del distanciamiento, tan errónea. Tú puedes leer con distanciamiento una novela de terror del virtuoso Stephen King, o El Señor de los Anillos. Un mundo aparte como vía de escape por unas horas. Pero este libro es real, Martina lo dice en cualquier página en su búsqueda de la autenticidad, que no quiere elfos ni duendes, busca personas. Si te implicas como lector activo, identificándote, no te gustará, a no ser que sientas como el personaje, y yo he tenido la suerte de encontrar en Martina a alguien muy parecido a mí, en constante reflexión y baremo.
En su manera de entender la música por ejemplo, yo encontré mi música hace ya años, y quizá no sea la de Martina, pero ella en su búsqueda aspira a ese código que yo he encontrado, y aunque a veces llegue a él y lo encuentre roto, día a día intento reconstruírlo, porque quizá sea lo único que me mantiene en pié, o lo único que comprendo o simplemente intuyo como certeza.
No tiene más de doscientas páginas, pero vale una larguísima reflexión, esta novela.
Si la lees, y si puedes, escucha para profundizar en el alma de Martina toda la música sobre la que medita y que escucha, en pasajes memorables, como cuando con su amiga Vera cantan este tema de los Foo Fighters en el Jardín Botánico.




O Martina escuchando en la biblioteca pública el Total eclipse of the heart de Bonnie Tyler que encabeza este post.
O en el mismo lugar peru otro día, la oración de Johnny Cash.



Muchas de las canciones que se mencionan son canciones que oían sus padres, Lucas, todos los adultos, canciones que a ella le parecen algo blandas, pero que sí le parece que tienen un código. Como esta de los Crosby, Still and Nash:



Luego están las que ella y sus amigos escuchan, Fe de Ratas:


Reincidentes:


AC/DC:


Guns and Roses:


Pero es esta canción de Iggy Pop la estancia donde Martina se encuentra y donde quiere estar, el grito, que no el lamento, que quiere lanzar al mundo. Hay dos versiones, una corta y triste, y otra larga, “emoción en estado puro”, que es la que da sentido a la locura genial de esta Martina:




gimme danger, little stranger
and I'll give you a piece
gimme danger, little stranger
and I'll feel your disease

there's nothing in my dreams
Just some ugly memories
kiss me like the ocean breeze

(hey!)

Now if you will be my lover
i will shiver insane
but if you can be my master
i will do anything

there's nothing left to life
but a pair glassy eyes
raze my feelings one more time

(yeah!)

find a little strip and find a little stranger
yeah you're gonna feel my hand

said:
I got a little angel, want a little danger
honey you're gonna feel my hand
swear you're gonna feel my hand
swear you're gonna feel my hand

gimme danger
little stranger
gimme danger
little stranger
gimme danger
little stranger

gimme danger
little stranger

gimme danger
little stranger

can you feel me?
you gotta feel me!
you gotta feel this

little stranger...


Belén Copegui y "Deseo de ser punk". (Un idioma sin fronteras)

sábado, 7 de noviembre de 2009

Manicomio musical. Pop para el siglo XXI

Bienvenidos al siglo XXI
Están cerradas por stock
las puertas.
Yo mismo

Comenzaré este post como comienza sus monólogos ese gran humorista llamado César Vidal, que junto a Jiménez Losantos forma parte de una nueva generación de cómicos adeptos al esperpento y el absurdo más hilarantes.
Corría el año milnovecientosnoveintaitrés cuando este muchacho llamado David asistía por las tardes a las clases de Hostelería -rama de Cocina- de la Casa de Campo, dedicando las mañanas a leer libros de métrica y a practicar todas las composiciones poéticas propuestas por don Fernando Lázaro Carreter en aquel libro... Cómo se comenta un texto literario, o quízá otro, qué sé yo, qué sabe nadie.
No se me escapaba nada: sonetos, redondillas, coplas, liras, tetrástrofos monorrimos, serventesios y villancicos.
No recuerdo ahora mismo la composición del villancico, pero sí recuerdo los primeros versos que elaboré como ejercicio: Bienvenidos al siglo XXI/ están cerradas por stock/ las puertas... y ahí se quedó la profecía. Seguro que se hallará el poemilla al completo en cualquier hoja de cuaderno en cualquier carpeta entre poemas fotocopiados de Blas de Otero y Neruda, dibujos obscenos, letras de canciones de los Héroes del Silencio y de Antonio Vega, chicas de la revista Interviú y cánticos rojiblancos.
Pues bien, he ahí, en mí, un ejemplo de esquizofrenia posmoderna profética y precursora de lo que hay hoy, aquí, ya entraditos en el siglo XXI.
Por entonces mis amigos y yo escuchábamos eso: Antonio Vega, El último de la fia, Héroes del silencio, Celtas Cortos, Loquillo... mientras que las revistas de música señalaban a otros grupos como exponentes de la música generacional.
Tanto la crítica como el consumidor mayoritario han hablado distintos idiomas siempre, pero ahora mismo dudo que sea, en música, por una cuestión de elitismo, sino que es una cuestión de edades. Y es que los críticos musicales siempre tendrán más años y gustos distantes a los de los adolescentes y veinteañeros.
Leo en las revistas Rockdelux y Mondosonoro a quienes consideran hoy como los mejores de esta década que finaliza, que supongo será precursora en tantas cosas. Todos los nombres me suenan, y soy oyente de algunos de ellos, todos me gustan.
Hoy, digo, la crítica y yo estamos de acuerdo, por lo menos en ésto. Mira, oye y disfruta conmigo.
Hay demasiadas músicas, demasiados libros, demasiada baratija y demasiado de todo. Reina un caótico berenjenal por doquier. Están cerradas por stock las puertas del entendimiento. Lo diré siempre: es necesaria la crítica como son necesarias las señales, las guías, sobre todo en estos días de efímeras imposturas y postines.











martes, 3 de noviembre de 2009

Réquiem por tres grandes hombres longevos



Francisco Ayala, (Granada, 16 de Marzo de 1906- Madrid, 3 de Noviembre de 2009)



Perduración del libro y la lectura.

Pinchad en la imagen para leer el artículo:




Jose Luis López Vázquez (Madrid, 11 de Marzo de 1922- Madrid, 2 de Noviembre de 2009)






Claude Lévi-Strauss (Bruselas, 28 de Noviembre de 1908- París, 31 de Octubre de 2009)



Raza e historia (fragmento)
" Hablar de la contribución de las razas humanas a la civilización mundial podría causar sorpresa en una serie de capítulos destinados a luchar contra el prejuicio racista. Sería vano haber consagrado tanto talento y tantos esfuerzos en demostrar que nada, en el estado actual de la ciencia, permite afirmar la superioridad o inferioridad intelectual de una raza con respecto a otra, si solamente fuera para devolver subrepticiamente consistencia a la noción de raza, queriendo demostrar así que los grandes grupos étnicos que componen la humanidad han aportado, en tanto que tales, contribuciones específicas al patrimonio común. Pero nada más lejos de nuestro propósito que una empresa tal, que únicamente llevaría a formular la doctrina racista a la inversa. Cuando se intenta caracterizar las razas biológicas por propiedades psicológicas particulares, uno se aleja tanto de la verdad científica definiéndolas de manera positiva como negativa. No hay que olvidar que Gobineau, a quien la historia ha hecho el padre de las teorías racistas, no concebía sin embargo, la «desigualdad de las razas humanas» de manera cuantitativa, sino cualitativa: para él las grandes razas primitivas que formaban la humanidad en sus comienzos —blanca, amarilla y negra— no eran tan desiguales en valor absoluto como diversas en sus aptitudes particulares. La tara de la degeneración se vinculaba para él al fenómeno del mestizaje, antes que a la posición de cada raza en una escala de valores común a todas ellas. Esta tara estaba destinada pues a castigar a la humanidad entera, condenada sin distinción de raza, a un mestizaje cada vez más estimulado. Pero el pecado original de la antropología consiste en la confusión entre la noción puramente biológica de raza (suponiendo además, que incluso en este terreno limitado, esta noción pueda aspirar a la objetividad, lo que la genética moderna pone en duda) y las producciones sociológicas y psicológicas de las culturas humanas. Ha bastado a Gobineau haberlo cometido, para encontrarse encerrado en el círculo infernal que conduce de un error intelectual, sin excluir la buena fe, a la legitimación involuntaria de todas las tentativas de discriminación y de explotación. "

domingo, 1 de noviembre de 2009

Los Hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson

... y puso la cafetera.



Ay Mama Inés
Ay Mama Inés
Todos los suecos
tomamos café


Cambien la palabra negros por la palabra suecos, y servirá de banda sonora original para la primera parte de la primera parte de la saga Millennium, también conocida por la trilogía de culto -no sé por qué- y por trilogía Salander.
Una de las cosas que más me ha gustado de la novela es que sus personajes están todo el día tomando café, normalmente solo, sin leche y sin azúcar, y a menudo, aunque menos, café latte, es decir, con leche, sin azúcar.
Un sueco visita a otro sueco y antes de saludarse ya están poniendo la cafetera y colocando las tazas. Si un sueco se despierta a media noche y no logra conciliar el sueño, se pone la cafetera y se bebe un café mientras reflexiona alguna trama económica, periodística, judicial o criminal. Un sueco, solo en casa, al levantarse, a media mañana, a media tarde, y después de la cena, pone la cafetera y se toma un café.
Además comen rebanadas de pan con queso, mucho pescado ahumado, albóndigas, guisos de carne de alce y de otros pintorescos cérvidos nórdicos.
Y beben un orujo de allí, cuyo nombre ahora no recuerdo, no me acuerdo ni de los nombres de los personajes ni de los nombres de las ciudades de la novela.
En Suecia, en verano hace calor y en invierno mucho frío, la diferencia con España es que allí en Invierno hace un frío de unos 30 grados bajo cero. Imagínate que un español sale de casa con esa temperatura. Un sueco, con esa costumbre del frío, hace vida normal, entre estanterías de Ikea y cafeteras y albóndigas de Bambi y que seguramente aderecerá con salsas de arándanos u otras frutas del bosque. Un español quedará momificado nada más poner un pie en la calle, ostia, Manolo, mira cómo patino...
Está de moda Estocolmo, y en la tele echan programas tipo españoles por el mundo en los que salen paisanos que viven por allá arriba -según los mapas-. Yo no me pierdo ni uno, uno aprende mucho con los programas de la tele, como qué quiere decir la expresión hacerse el sueco. Y es que resulta que a los suecos no les gusta entrar en conflictos, si alguien tiene ganas de entrar en polémica, el sueco hará un gesto gentil y escurrirá el bulto. Yo soy muy gentil y muy sueco, llegado el caso.
Uno de los mayores aciertos, según Vargas-Llosa y yo mismo, es el personaje femenino de la outsider Salander. Es el gran acierto de esta novela.
Hay una trama judicial, una trama económica, una trama periodística, y una trama criminal, que es la principal. A diferencia de tanto best-seller -cuidado, que esta novela reúne todos los tópicos de lo que se entiende por best-seller-, hay un toque original, y es que la trama principal, la solución del enigma, se resuelva cien páginas antes de finalizar la obra.
Uno vuela por las páginas leyendo a velocidad vertiginosa, hasta llegar a la quinientos ochenta o así, entonces para, sosegadamente, se pone la cafetera, y lee la solución de otras tramas menores, entrelazadas todas entre sí.
También hay sexo y violencia, cómo no, y después de cada polvo y de cada agresión se toman un café.
Yo lo que busco en este tipo de obras es algo que encontraba de niño en las novelas de Enid Blyton, enumeración más o menos narrada de rutinas y manías. Yo leía las novelas de Los Cinco, más que por la trama de misterio, por ver lo que comían, y es que esos muchachos estaban todo el día devorando sándwiches, salchichas, pasteles, huevos con tocino; todo regado con té y cerveza de jengibre.
Los personajes dramáticos de Wilde toman mucho té y sándwiches de pepino.
Pepe Carvalho, el detective más grande, se pasa el día comiendo mucho y bueno, que es lo que hay que hacer, según piensa éste, cuando uno come solo, para olvidar que está solo. En las novelas de Vázquez Montalbán siempre hay una trama gastronómica donde siempre gana el buen comer, allí los malos siempre comen mal y poco.
Las novelas más geniales, como El Quijote de Cervantes y el Gargantúa de Rebelais, enumeran manjares con evocadoras descripciones. Memorables las bodas de Camacho …
Claro es que también busco el suspense, que el escritor de turno me meta en su intriga. Pero esto es lo de menos, tampoco soy un buen lector de novelas de intriga, en cuanto los personajes se dedican a la resolución del caso, sin comer, ni amar, ni reflexionar sobre cualquier cosa ajena a la trama, pues me suelo aburrir mazo.
Un par de horas después de dar por finalizada la novela me he puesto la peli en el dvd. Ni punto de comparación. Si después de leerte un tochazo de 700 páginas te ves su representación en un par de horas, es como si visualizaras un resumen bastante raquítico, mutilado. Así que de la peli mejor que no opino -eso sí, la reconstrucción de los hechos a través de los negativos de las fotografías escaneadas logran adaptar para la pantalla todo ese misterio de la novela-. Si hubiera dejado pasar un par de meses, seguro que algo habría sacado en claro.

martes, 27 de octubre de 2009

Sonata



Mentre estic escoltant-la, cau la pluja.
Penso en el gos que, solitari, anava
rere el taüt de Mozart: puc seguir-lo
alhora en els compassos del piano
i en els camins que fa l’aigua en els vidres.
Misteriosament feliç, segueixo un gos
fet alhora de música i de pluja

La escucho y cae la lluvia,
y pienso en aquel perro solitario
que iba detrás del ataúd de Mozart.
Lo sigo en los compases de este piano
y en los caminos que dibuja el agua
al irse deslizando en los cristales.
Voy, misteriosamente feliz, siguiendo a un perro
hecho a la vez de música y de lluvia.

Joan Margarit (1938)
Misteriosamente feliz



Desde hace más de diez años, ya sea en metro, ya en tren, y siempre que me halle sin un libro o una revista, me levanto una estación antes para leer algún fragmento escogido por la Asociación de Editores de Madrid, con la colaboración del Gremio de Libreros de Madrid. Decoran estos carteles no sólo los vagones, sino también nuestras mentes, además de incitar a la sana costumbre de la lectura y de servir de herramienta para la construcción -en el caso de niños y adolescentes- y reconstrucción -en el caso de adultos abandonados a los desiertos televisivos- de la inteligencia y el buen gusto.
Ayer, después del trabajo, de regreso a casa, tocó este cartel, entre las estaciones de Carabanchel y Eugenia de Montijo.
Pareciéndome hermoso el poema, decidí compartirlo contigo en mi bitácora.

domingo, 18 de octubre de 2009

jueves, 15 de octubre de 2009

Cuentos, de Chejov -desmañado y audaz-

Consejos para escritores
Por Anton Chejov

-Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.
-Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. En cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.
-Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.
-No pulir, no limar demasiado. Hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento.
-Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto.
-Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad: nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.
-Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento.
-Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera.
-Guarde el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero. Después acórtela medio año y después publíquela. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.
-Te aconsejo: 1) ninguna monserga de carácter político, social, económico; 2) objetividad absoluta; 3) veracidad en la pintura de los personajes y de las cosas; 4) máxima concisión; 5) audacia y originalidad: rechaza todo lo convencional; 6) espontaneidad.
-Es difícil unir las ganas de vivir con las de escribir. No dejes correr tu pluma cuando tu cabeza está cansada.
-Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política, en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios, pero en el arte no se puede mentir.
-Nada es más fácil que describir autoridades antipáticas. Al lector le gusta, pero sólo al más insoportable, al más mediocre de los lectores. Dios te guarde de los lugares comunes. Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes. Hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones. No publiques hasta estar seguro de que tus personajes están vivos y de que no pecas contra la realidad.
-Escribir para los críticos tiene tanto sentido como darle a oler flores a una persona resfriada.
-No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo.
-No es la escritura en sí misma lo que me da náusea, sino el entorno literario, del que no es posible escapar y que te acompaña a todas partes, como a la tierra su atmósfera. No creo en nuestra intelligentsia, que es hipócrita, falsa, histérica, maleducada, ociosa; no le creo ni siquiera cuando sufre y se lamenta, ya que sus perseguidores proceden de sus propias entrañas. Creo en los individuos, en unas pocas personas esparcidas por todos los rincones -sean intelectuales o campesinos-; en ellos está la fuerza, aunque sean pocos.



Un viaje de novios
Los hombres que están de más
La muerte de un funcionario público
La víspera de la Cuaresma
El camaleón






Me gustan los cuentos, y me gusta que los libros de cuentos me acompañen durante semanas, o meses.
Pocas veces me veras leyendo dos cuentos seguidos, al menos hay que dejar reposar, entre cuento y cuento, unos minutos.
Me gusta llevarlos en los transportes públicos, y hago así:
En el andén o la parada de autobús leo uno.
Ya sentado, o de pie, con el traqueteo, leo otro.
Hago pausas, miro alrededor, si da tiempo leo otro, que suelo terminar subiendo por las escaleras mecánicas. Las escaleras mecánicas tienen la facultad de acelerar la velocidad de lectura, cuando el suelo se come el ultimo peldaño los ojos se tragan el último párrafo. Si no es así, voy caminando con el libro abierto en mis manos.
Yo soy de esos que si no ha terminado aunque sea una pagina, va leyendo por la calle.
A veces veo gente que lee mientras camina, suelen ser adolescentes, yo les comprendo porque era igual.
Recuerdo, hace ya años, a una chica que siempre iba vestida de uniforme de colegio de monjas, y siempre iba leyendo un libro, me la encontraba a menudo, en la misma postura y con la misma voracidad. Un día me la encontré caminando e iba centrada en la lectura. Tenía el pelo muy negro, los ojos muy azules, y la tez muy pálida. Y los labios carnosos. Otro día, en el autobús, me fije en su lectura, era uno de los trópicos de Henry Miller.
Recuerdo –no, no estoy emulando a Perec, me ha salido así, je, je.. – a una vecina que era muy hippie que siempre iba leyendo cuando me la encontraba, era la hermana del heavy del vecindario. Un día estaba sentada en el portal de mi casa y, como tengo por costumbre, saludé. No me hizo ni puñetero caso.
Me acuerdo también de los tiempos en los que íbamos todas las tardes a estudiar a la biblioteca, y había una chica de aspecto inglés, rubia pajiza de ojos azules –se teñiría el pelo de negro más adelante-, que iba también con sus amigas a estudiar, pero ella nunca estudiaba, solo leía, y si ellas le proponían un descanso para fumar un cigarro o tomar un café, siempre decía: esperad a que termine este capitulo. Alguna vez me la encontré en la parada del autobús, y siempre iba leyendo.
Creo que ya lo dije en otro post, yo de Chejov me leí sus obras breves de teatro de una tacada en el autobús, de camino de la universidad a casa. Luego le regalé el libro a un compañero de clase que era actor de teatro, formaba parte de los siete akabaos. Muchas veces vestía un elegante abrigo con un chándal debajo.
De Chejov me queda por leer sus obras de teatro mayores –menos El jardín de los cerezos-, y sus relatos largos, que tengo en otro libro. Acabo de leer la etiqueta y figura que me costó 295 pesetas.
Junto a esos cuentos largos, compré además, y lo sé porque son de la misma colección de Espasa:
-El corsario, de Byron.
-Los pequeños burgueses, de Balzac
-El jugador, de Dostoyevsky.
Fue una mañana en el Vips de Serrano, a la vuelta de firmar un contrato para trabajar como cocinero en el restaurante de un gimnasio para gente de pelas. Hoy en día, para la única gente de pelas que cocino es para algún que otro amigo acaudalado.
Sin embargo, el libro que acabo de leer, lo adquirí gratuitamente de expurgo en la biblioteca, que tiene esa generosidad. Cuando renueva sus fondos, pega un punto rojo en la solapa de los libros viejos y lo ofrece a los paseantes que por allí nos acercamos.
Así adquirí yo, entre otros:
-Dos educaciones, de Carlos Fuentes.
-Todos muertos, de Chester Himes.
-Contrapunto, de Don DeLillo.
-El paraíso de la reina Sibila, de Antoine de La Sale -¡en Siruela, fíjate tú!
-Una noche en sus brazos, de Penny Jordan, de la colección Bianca, de la editorial Harlequín.
Recuerdo que esto mismo se lo comenté a los akabaos hace más de un año, en un e-mail, y uno de ellos dijo: yo ya no visito las bibliotecas porque hay un cabrón que arrasa con todos los libros.
Ese cabrón era yo.
Posiblemente el próximo libro de relatos que comience serán los Cuentos Completos, de Flannery O’Connor, libro que me regaló el amigo Gargantúa junto a su señora por mi anterior cumpleaños. Ellos fueron también los que me regalaron los cuentos de Saki.
Así que si vienes por Madrid, y te encuentras a uno que va por el metro o el bus, leyendo un tochazo de esa mujer, Flannery, seguro que soy yo.
Y si me sacas una foto de soslayo con el móvil avísame antes, que yo, coqueto como Luis Cernuda, tengo un perfil bonito y otro no tanto.
Que te gusten los cuentos de Chejov que he seleccionado para ti.

martes, 13 de octubre de 2009

La vida, instrucciones de uso, de Georges Perec



Abre bien los ojos, mira.
(Julio Verne. Miguel Strogoff)

Con esta cita se abre el mundo que nos regala, tan rizado y generoso, Georges Perec.
Para que lo mires, tal como es.
El mundo es un edificio parisino al que se le ha quitado la fachada para que puedas mirar, tú que eres tan curiosa, o tan curioso, lo que hay ahí dentro.
Todo, sin una aparente selección de estampas de epinar y bibelots que son descritos.
Dime, cuando tu lees, ¿te gustan las descripciones minuciosas, artesanales, que interrumpen el curso de la narración? Yo conocí a una chica que se saltaba las descripciones, pero si te saltas las de este libro, te quedas sin novela.
¿No te gustan las descripciones? toma mil dosis.

Pero cada chuchería, pintura, cómoda, figurilla, tiene su historia, entonces va Perec y nos retrata el alma de las cosas. La historia, intrahistoria, razón y sinrazón de cada cosa.
Decía don Pío Baroja que en la novela cabía todo, y tanto…
Todo tipo de intrigas y romances.
Primero te haces una idea de la estampa con una detallada descripción de lo que la habita. Luego te cuenta la historia no ya de la persona que allí viva, si no también de los que antes vivieron.
Y, como en un puzzle, porque esta novela es un puzzle, al igual que Rayuela se basaba en el juego que le da el nombre, esta obra se va construyendo al igual que un puzzle, que deberás unir tú, sin olvidar nunca que cada pieza ha de ser unida a otra.
Como buen francés, Perec es influido por el pensamiento estructuralista, tan en boga cuando él comenzó a escribir. Un elemento no vale nada por si mismo, se define sincrónica y diacrónicamente junto o frente a otros elementos. (La definición es mía, que me paso todo pensamiento filosófico por el tamiz de mi propia tontería).
Antes, durante, y a buen seguro que después, me he estado informando sobre esta magnitud publicada en la colección Compactos de Anagrama.


En alguna parte lei que recuerda a las películas de Jean-Pierre Jeunet, el director de películas tan deliciosas y extrañas como Amelie, La Ciudad de los Niños Perdidos, y Delicatessen. Es cierto, porque esa detallada descripción de la realidad es personalísima, original, misteriosa, entrañable…
Te coge con delicadeza del cogote para que te vuelvas y mires atrás, a toda aquella curiosidad que tenias de niño, que en todo te fijabas y todo te asombraba.
Ahora voy por la calle y miro a las personas y las cosas como lo haría Perec, como si fuesen una novedad, un misterio, una lección.
¿Es una de las grandes obras de la literatura universal? Lo es.
Te costara leerla, no es fácil, pese a su claridad es complejísima.
Si cada tarde lees un puñadito de sus casi cien capítulos te aseguro que llegado al final ya empezarás a sentir cierta nostalgia.

La tarde en que compre este libro, casi sorprendiéndome a mi mismo, me puse todo contento. Luego, las primeras tardes, que eran las últimas del verano, me iba a leer este libro a la gran terraza de la casa materna, rodeado de plantas, flores, edificios, gorriones y mirlos, bajo el cielo abierto, frente a las acacias, chopos, y plátanos de sombra.
En esas primeras tardes sentí algo muy especial: la felicidad del lector sin prisas, que se cree eterno para poder leer el mundo. Una sensación de mágico equilibrio con las cosas y con todo lo que me rodeaba, me ha salvado este mes de Septiembre de caer en una de esas negros estados de ánimo que me suelen atizar todos los principios de Otoño.

Un artista del trapecio -como se sabe, este arte que se practica en lo alto de las cúpulas de los grandes circos es uno de los más difíciles entre todos los asequibles al hombre- había organizado su vida de tal manera -primero por afán profesional de perfección, después por costumbre que se había hecho tiránica- que, mientras trabajaba en la misma empresa, permanecía día y noche en el trapecio. Todas sus necesidades -por otra parte muy pequeñas- eran satisfechas por criados que se relevaban a intervalos y vigilaban debajo. Todo lo que arriba se necesitaba lo subían y bajaban en cestillos construidos para el caso.
(Franz Kafka. Un artista del trapecio.


Uno lamenta no haber leído lo suficiente para reconocer todos los guiños- historias que Perec nos lanza. En su amor por la literatura, entre sus personajes los hay que son robados de otros libros de autores como Kafka, sí, me he vuelto a reencontrar con el artista del trapecio que leí de adolescente. También, otro de los personajes –con otro nombre-, es Bartleby el escribiente, aquel tipo inolvidable creado por Melville.
Un centenar de personajes principales, especie de novela coral, pero uno tan solo es el más absurdo de todos ellos, quizá el más serio, Bartlebooth, multimillonario inglés con un excéntrico plan que emprende desde casi adolescente para ocupar las horas de su vida.

domingo, 11 de octubre de 2009

Sobre el flechazo



I am just a dreamer,
but you are just a dream,
You could have been anyone to me.
Before that moment you touched my lips
That perfect feeling when time just slips
Away between us on our foggy trip.

You are like a hurricane
Theres calm in your eye.
And Im gettin blown away
To somewhere safer where the feeling stays.
I want to love you but Im getting blown away.


Si en el anterior post hablábamos sobre La Belleza, hoy quisiera que otro por mí lo hiciera sobre el flechazo, y nadie mejor que Neil Young.
Hace unas semanas volví a escuchar esta bellísima canción que yacía escondida en algún lugar de la memoria, esperando el momento en que se abrieran los resortes del reencuentro.
Quizá en el año correspondiente la pinchaban por la radio, o alguno de mis hermanos mayores la tuviera en alguna cinta.
Es tal como se cuenta, así sucede con todo aquello a lo que profesamos nuestro amor, ya sea Dios, mujer, hombre, casa, perro, árbol, flor, libro, idea, melodía, sentimiento, y a todos aquellos etcéteras que a nosotros se acogen, o siendo justos, a los que nosotros nos acogemos.

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Hoy cumplo dos años de bloguero empedernido y solitario -¡antaño tan expansivo!-.
Cien Locos en el Manicomio de los hombres necesitados, miren y asómbrense como la desnuda Emperatriz corta la cabeza del infausto Pasolosdías.

Tú nunca te cansas, tú nunca te aburres, eres el tonto que acabada la linde sigue caminando.
Si te llamo Autoengaño asentirás con toda tu gentileza. Responde.
Venus es el planeta que me representa, así­ que te doy las gracias, gracias por este baile, y por tus ojos maravillados.
Se acaban las navidades, otro año más desnuda entre la nieve, no tengo frí­o, mientras yo esté no tendrás frí­o.
Es ley de vida, y es muy humano de tu parte, no te juzgo por ello, si nos reprodujéramos de otra manera serí­as un enfermo, pero el cuerpo es así­, ya ves cí³mo tu visií³n estructuralista de la vida te salva: cada elemento se define junto o en contra a otros elementos.
Recuerdo un comentario que me dedicaste en una de tus páginas, en la que decí­as que yo no era provocativa porque no buscaba una respuesta sexual en tí­, sino que era una provocadora: esperaba una respuesta intelectual.
Ya ves como me aferro a tu ser, ya lo sientes. Desde niño el ansia de unií³n, y yo no dejo de pasearme por todas tus prolongaciones. Responde.
Yo no te ayudo, no soy de tí­, pero estoy ahí­, como esa cancií³n tan bonica de Amancio Prada, libre me quieres, pero no de tí­, ni de mí­ misma siquiera. Tan bonica la cancií³n como bonico eres tú, qué malo te pones ante esos afectos de palabra, como si fuesen desprecios.
Sí³lo cabe esperar otro ataque de locura, y ya, ya tenemos Vida por unos meses.
Ahora te dedico yo a tí­ un haiku de esos que están tan de moda:

"Sigue escribiendo:
cada verso es un beso
que no has dado".

Venus sugiendo caliente del océano polar catártico.

(Comentario publicado por Emperatriz el 5-1-08 en la bitácora de Salix Babilónica)




Have you noticed i've never been impressed
by your friends from new york and london
i'll level accusations like the press
until you realise that you've dressed yourself in tatters

because the man's needs
man's needs
are full of greed
full of greed
a man's needs
man's needs
are lost on me

a man's needs
man's needs
are full of greed
full of greed
a man's needs

i'm not bothered
what you say or how you dress
i'm a mess so you've always seemed inviting
but really
this all seems quite meaningless and i remember
that you never seem to see

the fact that man's needs

man's needs
are full of greed
full of greed
a man's needs
man's needs
are lost on me

a girl's needs
girl's needs
just don't agree
don't agree
with man's needs

have you noticed
i've never been
impressed by your friends
from new york and london?
but really this all seems
quite meaningless
and i remember
that you never seem to see

the excuse that man's needs
man's needs
are full of greed
full of greed
a man's needs
man's needs
are lost on me

you say your man's needs
man's needs
have lots on me
i don't agree
a man's needs
oh oh oh oh

(The Cribs)