lunes, 18 de enero de 2010

Avatar versus La Cinta Blanca



Comienza una nueva era, mientras que los de siempre seguirán ofreciéndonos por el traste el amargo pepino de su sexo que para colmo es asexuado.
Con Avatar comienza una nueva era para el cine, digo, alegato contra colonizadores, que haberlos los hay, sobre todo de conciencias.
Desafortunadísimas las declaraciones de cierto obispo en lo que toca a la catástrofe en Haití. Eso no admite chistes, y si sus palabras no son un chiste, y son lección de cristiano, o el que no sabe leer los evangelios es él, o soy yo.
Cierto que vivimos una crisis espiritual, este materialismo nuestro nos hace infelices, pero... ¿cuándo no lo hubo?
Siempre ha habido crisis espiritual, más antes que ahora, esto merecería un debate largo que en un post sobre cine está de más. Materialistas fueron siempre los que tuvieron el poder, con el confort que eso conlleva, Isabel la Católica seguro que desayunaba todas las mañanas, al igual que don Francisco Franco Bahamontes se tomaba sus tostadas mientras que en la posguerra las gachas de pan duro y aguachirri para el españolito de a pie.
Espirituales cuando, ¿en los 60, 70, 80?
Ahora hay más información, más acceso a la palabra espiritual en variados medios de comunicación, lo que ocurre es que cada vecino es libre de asistir o no a lo que se propone. Antes más valía no desviarse de los mandatos. Y eso no es espiritualidad, es esclavitud.
La crisis de valores es un mal, pero no es de hoy, es inherente a la estupidez mundana. Lo mismo se refería a él mismo, que está en crisis. Lo mismo a ciertos compañeros que buscan lo espiritual a través de las carnes de un niño, un inocente.
Me considero católico, pero no imbécil. Asisto a misa, y duele ver que la edad mediana de los asistentes supera los cincuenta años. ¿Dónde el carisma?
Otro día hablaremos del carisma. Y de espiritualidad, cadenas, ritos, oficios, profecías, aguafiestas, consumistas, moralistas, inmorales, amorales, reencarnados de San Pedro y Sanjuanes amadísimos.
El dolor de Haití es más importante ahora que cualquier comentario sobre materialismo. Quizá porque en Haití no hubo posibilidad alguna de opulencia, siendo fértil esa tierra, ¡cómo el poder sesga cualquier amago de superación! Qué malos políticos, qué errados gurús espirituales, por todas partes! No os cabía otra que morir flacos y pobres, no os cabía otra que ser espirituales. Claro que fue a vuestra manera, y eso no se perdona.
Pero hablemos de cine.
Avatar es un cuento maravilloso, con la princesa -los nativos de Pandora-, el ogro -el humano colonizador- y el príncipe salvador -el humano que abomina de su raza y quiere ser un nativo más. Una tierra rica, un invasor como un cáncer, como todo aquel que invade.
Según dicen, inaugura una época en el cine, con la cosa esta de las gafitas y el 3D, los efectos especiales y demás.
Es la magia del cine, etcétera.
Sin embargo me ha gustado más La Cinta Blanca, es soberbia.
Avatar no pasa de ser una bonita historia con fuegos de artificios por doquier, un gasto millonario que será rellenado con otra multimillonaria recaudación.
La gente a mi alrededor comía palomitas y yo hacía el ganso con las gafas, miraba primero por una lente, luego por otra, daba la vuelta a los lupos, me los ponía, me los quitaba, los subtítulos venían hacia mí, luego se quedaban quietecitos en pantalla...
Fue la última peli que ví en cine en el pasado año, en plena época navideña, celebrando el consumo, el manjar y los licores. Que otra cosa no se celebra en esas fechas. Se impondrán las navidades laicas, y volverá la juventud a las iglesias. Es el amor por lo prohibido lo que hace carismático un rito.
He vuelto hoy a los cines Ideal, plaza Jacinto Benavente, a ver La Cinta Blanca. Más de dos horas de película y no ha pasado el tiempo, que cuando el cine es bueno, uno se olvida del reloj y del tabaco. Hasta del precio, seis euros cuesta ya en el día del espectador. La primera peli del año en sala de cine, y mejor elección no pude haber tomado.
Cuatro gatos que no comen palomitas, a las 15.40, pero yo sí me tomé una barrita de regaliz. En le próximo post os hablaré del regaliz.
Haneke, así se llama el artífice de esta obra mayor, en blanco y negro, cine formalmente tradicional, pero que cuenta una historia, porque uno va al cine a eso, a que le cuenten una historia. Cine artesanal con las manos de un tipo que debe ser un genio. Sin necesidad de fuegos de artificio. Cada plano un acto de amor, y odio, a los ojos del que mira.
Una historia de horror y miedo, sin necesidad de sustos ni de sangre.
Toda aquella parrafada anterior en torno a las declaraciones del obispo tienen en este post un sentido, porque vemos en la película cuanto mal puede hacer en la vida de una comunidad cierta idea equivocada de la espiritualidad.
Fui al cine con una ligera noción de la trama, había oído algo sobre el germen del nazismo en un pueblo austriaco. Y sin embargo no se habla de nazismo, pero sí de todo ese horror que ha habido siempre, antes y después y durante las dos guerras mundiales. De qué manera la moral protestante actuaba en las tiernas semillas de las conciencias de unos niños atemorizados, llenos de culpa.
Es altamente recomendable, esta película. Tanto Avatar como La Cinta Blanca merecen un sobresaliente, Avatar por toda la revolución formal que propone, La Cinta Blanca por la historia que cuenta de manera magistral.



Sé que no soy muy leído, y también que algún posible lector que pase por aquí azarosamente puede sentirse dolido por mis comentarios, pero... ¿por qué donde algunos leen culpa yo leo perdón?

1 comentario:

Gabs dijo...

Principe del regaliz (rojo o negro?), a ver si en breve voy a ver La Cinta Blanca, tengo muchas ganas, y edp de leer su crítica favorable, más aún, así ya haremos un cineforum decente ;D
Avatar la ví, tb en plena euforia consumista de turrones, cotillones y cavas, y he de decir q me gustó, ¿no te parece un megamix de Pocahontas, Bailando con Lobos y Matrix??
Ahí le dejo una reflexión para esta tarde... ;)
A sus pies, bla bla...