sábado, 14 de julio de 2012

Ellas, de Malgorzata Szumowska, con Juliette Binoche



Fui al cine para ver si ellas me enseñaban algo, y ellas me lo enseñaron todo.

Juliette Binoche


Esta muchacha ...
Eran aquellos los tiempos de greñas y ropa de segunda mano, cuando los gorros cousteau y el eterno Otoño de Seattle en Madrid. Camisas de cuadros y camisetas de Pearl Jeam. Yo: los Héroes del Silencio. Yo: chico grunge de Aluche. He aquí yo, en un Otoño de Seattle en Aluche, cuando Aluche era Seattle y se hablaba de la Generación X y de morirse rodeado de cajas de pizza vacías y de gatos.

Este era yo, justo antes de dejarme las greñas grunge,
en un descampado que había frente a mi casa.
 La Mesetilla, lo llamaba yo.


La chupa negra fue comprada en el rastro y me
duró casi una década. Me había aficionado yo
a sacar fotos en blanco y negro, con una vieja
cámara que tenía mi padre
Fue por aquellos años cuando nos enamoramos de las chicas Krzysztof Kieślowski, yo no sabía cual me gustaba más: si Juliette Binoche, si Julie Delpy, si Irene Jacob. Krzysztof Kieślowski, cineasta polaco, afrancesado y de profundas miras, te hacía un cine molongo de hablar con los freakies de entonces, que llevaban sus greñas y su gorro cousteau y su camisa de cuadros. Yo estudiaba en la escuela de hostelería, rama de cocina, y las peyas me las hacía en los cines de Plaza de España, en vez de tirarle piedras a los patos de lago de la Casa de Campo o de jugar el mus en A´casiña, que era lo que hacían mis compañeros. Yo tardaría aún en dejarme el pelo largo -nos lo prohibían los profes-, pero sí me compraba mi ropa de segunda mano en el rastro y me veía todo ese cine político y social que nos venía de las islas: Jim Sheridan, Neil Jordan, Stephen Frears y Ken Loach. Y veía también todo Krzysztof Kieślowski. Y me enamoraba de sus chicas. Quizá Binoche no fuera la más guapa (Julie Delpy) ni la más atractiva (Irene Jacob), pero sí era guapa y atractiva, siendo además la más actriz, la más literaria; con una cierta fragilidad, complejidad y cercanía tan reales que parecía vivir muy cerca de aquí. Todo un talentazo. Juliette Binoche interpretó antes la adaptación al cine de La insoportable levedad del ser, motivadora novela de Milan Kundera, novela que se ama por excelsa y musa o se detesta por insoportable. Yo fui de los primeros, desde entonces siempre intento darle mi toque Kundera a mis escritos narrativos. Yo a veces creo que Binoche nació para ser chica Kundera, más que chica Kieślowski. ¡Oh, sí! Ella es la chica ideal para interpretar esas chicas kundera que lo enseñan todo. En la película que tratamos hoy, Ellas, la Binoche hace el papel protagonista, una madre todo terreno que además de su trabajo como periodista de investigación tiene que lidiar con su hijo adolescente porrero chevegarista que pasa de todo menos de vivir cómodamente, y su hijo preadolescente que vive para los videojuegos. Además, tiene que preparar una cena de negocios para su maridito. Ella descubrirá que ahí todos guardan -menos el peque de la consola- porno en el disco duro de sus ordenadores y ella no. Como si despertara, descubrirá una alternativa sexual, pero no gracias a los hombres de su casa, si no gracias a ellas.

Julie Delpy

Irene Jacob

 

Juliette Binoche

 

Ellas, de Malgorzata Szumowska


Joanna Kulig, que da vida a Alicja
Al igual que Kieślowski, Malgorzata Szumowska es una directora polaca afrancesada. También Binoche nació para esta película, al igual que para ser chica Kieślowski y chica Kundera. Lo del afrancesamiento queda muy chic y culto, todos aman La Francia, aunque la verdad sea dicha yo prefiero lo british, no hay más que verme con las gafitas Lennon en las fotos de arriba. Sin embargo los franceses lo hacen todo muy bien, desde la literatura a las películas, cuarenta veces verá uno Jules et Jim y leerá a Baudelaire como si no hubiera más. Pero yo es que soy muy inglés, qué le vamos a hacer, yo soy el que cambia de sitio el volante de los coches no por ser mejor, sino porque nadie me chista. Por ser distinto, y de mirada distante. Y bien. No este Lunes, sino el anterior, fui al cine a ver Ellas por ver si ellas me enseñaban algo, y sí, ellas me lo enseñaron todo. Me enseñaron que es posible vivir en los vertederos de la moral sin hacer mal a nadie, y siendo enjuiciadas; me eneñaron que es posible juzgar la sociedad cambiando de perspectiva. No, ni ellas ni ellos eran malos, tan sólo buscaban una salida, una mejoría, un escalón más arriba a la mediocridad de sus vidas, o a la inevitable indigencia. El mundo sin embargo se dedica a condenar, cuando hay tanto de condenable en verdugos reales con víctimas reales. Cara y cruz de una prostitución que se busca porque sí, ni obligada ni por inmediata necesiad. Ellas, ellas dos, son dos chicas de dieciocho, quizá de diecinueve, estudiantes que por diversos motivos ofrecen sus servicios por internet. Ella, la Binoche, trabaja para la revista Elle en un reportaje sobre estudiantes que se prostituyen. La historia narra un día en la vida de Anne (la Binoche), que mientras lidia con sus hijos tiene que tener la cena praparada para una visita de negocios, negocios de su maridito. Mientras, ella va preparando su artículo, su trabajo de investigación, y va descubriendo que tanto su marido como su hijo mayor ven porno on line. Se sorprende y se enfada. Y va recordando mientras hace la compra y cocina. En su memoria y en su reportaje, Alicja y Charlotte, dos muchachas de distinto carácter y con distintos motivos, tienen algo en común: se prostituyen.
Annais Demoustier, que da
vida a Charlotte
Vemos la historia de Alicja, estudiante polaca que se encuentra de pronto sin techo y sin medio alguno  -le han robado la maleta-. Un compañero se ofrece a darle cobijo, pero no es gratis, y suponemos que se lo montan juntos. Entonces descubre que es fácil estudiar en La Francia sin preocupaciones materiales. La película se centra en su experiencia con un hombre mayor con él, durante un día: juntos cocinan y cantan despelotados, juntos se lo montan y se les ve que disfrutan bastante. El papel de Alicja está interpretado por Joanna Kuli, y nos muestra el lado glaumoroso del oficio. Vemos la entrevista que le hace Anne en un cuarto de hotel, juntas se emborrachan con vodka y cantan juntas.
Es distinto el caso de Charlotte, interpretado por Annaïs Demoustier -a la que declaro mi platónico amor, ella ha venido para tomar el relevo de tantas actrices de todos los tiempos, ¡oh, Annaïs, Annaïs! La frescura de tu risa y la inocencia de tus gestos!-. La entrevista aquí se celebra en un parque, y Anne presencia cómo ella recibe llamadas de clientes y concierta citas con ellos, como quien queda con un amigo, risueña y feliz. Charlotte es una estudiante que vive con sus padres, en una familia de clase media, sin muchos lujos. Ella mantiene esas citas con esos hombres porque está harta de esos trabajos en pizzerías y hamburgueserías tan mal pagados. Ella reconoce que quiere más dinero, y lo quiere fácil. Aquí vemos que la historia no se centra en una sóla experiencia con un hombre, si no con varios hombres. Está muy bien narrados sus escarceos, jugando al desconcierto: nos hace dudar si está con su novio o con un cliente. A los clientes les trata ni más ni menos con un cariño de novia cachonda, mientras que con su novio siente algo, quizá un cierto remordimiento. Sobre todo en Charlotte vemos la cruz de este negocio, no sólo por este remordimiento por su historia oculta, sino por un mal trago con un cliente que se comporta violentamente con ella. Dolorosas las imágenes en esta escena. Sin embargo sigue prostituyéndose, le cuenta a Anne que sucede como con el tabaco, una vez que se empieza es difícil dejarlo: ya no podría vivir con menos dinero, con menos lujo. Y a pesar de todo sigue contactando con clientes con un temple risueño, como quien se cita con el novio.
Hay una escena extraña, lírica, que llena al espectador de pesadumbre. Charlotte visita a un oficinista. Le muestra tan sólo su vientre, y el hombre hunde su cabeza en él y solloza con una pena de llantos atrasados, de deseos insatisfechos y sueños rotos.
Anne, después de estas entrevistas, se siente convulsa, no puede comprender cómo estas muchachas puedan denigrarse así, y sin embargo no puede evitar admirarlas. Y hasta envidiarlas.
Llega la cena y asistimos a la mejor escena de la cinta. Mientras su marido y los demás hablan de negocios, de sus cosas, ella ensimismada sueña. Sueña despierta que está rodeada por los clientes de las chicas que ha entrevistado, y cantan, cantan la misma canción que Alicja y su cliente cantaran desnudos.
Entonces abandona a todos los de la cena y sale a la noche.
Película que me ha gustado mucho, que más que una moraleja ofrece una pregunta ¿por qué no va a disponer alguien de su propio cuerpo como quiera?

 

Una reflexión


¿No vendo yo acaso mis manos por mil euros al mes como cocinero? ¿No ofrecí hace años mi cuerpo molido y vejado trabajando doce horas diarias por cinco mil pesetas de mierda? En este oficio hay que poner los cojones, me dijo alguien. Yo puse los cojones y me tomaron el culo y me hicieron mucho, mucho daño. Tanto daño que hay noches en que me revuelvo en la cama lleno de resentimiento y desconsuelo, pues casi pierdo la vida.
¿No vendemos todos, en nuestro oficio, nuestro cuerpo y nuestra propia vida? ¿No deseamos ser más, vivir más cómodamente y sin preocupaciones?
Cuando yo trabajaba en aquellos hangares, veía a chicas vestidas de azul, así eran sus batas, sus uniformes. Tenían dieciséis, diecisiete años, no habían tenido quizá oportunidad de continuar sus estudios. Ganaban, trabajando más de ocho horas, menos de seiscientos euros al mes. Es una manera de explotación muy decente y muy aceptada, muy legal, que no se enjuicia.
Un minero que se juega la vida, un albañil en el andamio, tantos oficios de riesgo, tanta miseria en la nómina.
Un actor vende su cuerpo, y su talento. Eso está bien.
Una modelo vende su cuerpo y sus pasitos en la pasarela. Eso está bien.
Todos nos prostituímos, dejasmos nuestro arte y nuestro cuerpo en el trabajo, cuando quisiéramos estar en otra parte.
Yo me prostituyo
tú te prostituyes
ella/él se prostituye
nosotros nos prostituímos
vosotros os prostituís
ellas/ellos se prostituyen.
El oficio de prostituta es más digno aún si cabe que el de gobernador de un lugar, pues quien gobierna beneficia a unos contribuyentes y maleficia a otros, mientras que quien vende placer y desahogo y amor lo da a todo aquel que pague.
El problema de la prostitución es no la puta ni el cliente, sino el proxeneta que se queda con la plusvalía del trabajador.
Y nosotros tenemos muchos chuloputas, proxenetas legales y elegidos libremente. Daoíz y Velarde, esos simpáticos leones de piedra que guardan simbólicamente la legalidad del poder democrático, son como los seguratas del más grande burdel que hay en España. Ellos, los diputados, son nuestros proxenetas. Nosotros, contribuyentes, sus putitas
Y luego me vendrás a mí, cabeza de alcornoque, pidiéndome el voto para fulano y para mengano, para zutano o para perengano. A mis chulos los elijo yo, tonto del culo, que te crees tú que perengano te va a sacar de pobre, chapero de mierda.

Coda


Esta reseña debió ser publicada la semana anterior, que fue cuando fui a ver Ellas, en los cines Golem.
Tras de mí, unos adorables abuelos, matrimonio seguro, comentaban la película.
Normalmente me disgusta que la gente hable en la sala, pero esta vez fue reconfortante, y hasta familiar, escuchar la conversación de estos dos seres:
-Anda, que como se enteren que nos hemos venido al cine a ver esta película, verás tú, verás -reía él.
-Calla, calla, sobre todo tu hermana, ay, como se entere tu hermana -reía ella.
Cominezan los títulos de la cabecera, y el hombre los va leyendo en voz alta.
En las abundantes y tórridas escenas de sexo, ella dice:
-Oye, pues la chica es guapa.
-Que sí, que sí.
Esta semana fui a ver Carmina o Revienta. No hago aquí la reseña pues ya la hice, para la revista Culturamas, de la que mi colega el poeta Rubén Romero es redactor jefe.
Estaba yo en el curro, en el turno de tarde, haciendo masa de croquetas de bonito, cuando recibo un sms. Miro, leo: "Ya que has visto la película de Paco León, ¿podrías tener la reseña para antes de la una de esta noche?" Le llamo: "coleguilla, salgo a las diez, lo intentaré, tenía algo pensado para mi blog pero te la hago a tí e intentaré ser más serio" Y él: "no, no seas más serio, meido folio en word" Le digo: "antes de las 12.30 te la mando, si te parece extensa la recortas tú"
Llego a casa, me tomo un zumo de manzana, me ´saco a la terraza mi tabaco de liar, y a fumar y a escribir. Folio y medio que me salió, y así tal cual, se la mandé. Habían dado las doce.
Terminé agotado, ya que a la mañana, antes de ir a trabajar, había pasado casi tres horas escribiendo la reseña para Aura, de Carlos fuentes, el post anterior.
Soy una putita muy eficaz, y lo hago gratis, lo hago por vicio. Aunque si me pagaran ya sería la relamida releche.
Que os guste:

http://www.culturamas.es/blog/2012/07/12/carmina-o-revienta-2012-de-paco-leon/

miércoles, 11 de julio de 2012

Aura, de Carlos Fuentes


Carlos Fuentes, creador de Aura

La joven inclinará la cabeza y la anciana , al mismo tiempo que ella, remedará el gesto
-Es el señor Montero. Va a vivir con nosotras.
Te moverás unos pasos para que la luz de las veladoras no te ciegue La muchacha mantiene los ojos cerrados, las manos cruzadas sobre un muslo: no te mira. Abre los ojos poco a poco, como si temiera los fulgores de la recámara. Al fin, podrás ver esos ojos de mar que fluyen, se hacen espuma, vuelven a la calma verde, vuelven a inflamarse como una ola: tú los ves y te repites que no es cierto, que son unos hermosos ojos verdes idénticos a todos los hermosos ojos verdes que has conocido o podrás conocer. Sin embargo, no te engañas: esos ojos fluyen, se transforman, como si te ofrecieran un paisaje que sólo tú puedes adivinar y desear.
-Sí. Voy a vivir con ustedes.
 Aura. Carlos Fuentes.
Punto y aparte.
En tu página de lector hay un nuevo punto y aparte.
Ahora puedes hacerlo como tantas veces cuando una obra te fascina, homenajeando el texto con algo de su estilo o algo de su esencia. O una parodia. Puedes hacerlo así, sí, o hacerlo en condiciones -¡pero qué condiciones!-, ya que te encuentras ante una novela de una magnitud mayor, siendo pequeña. Ha excedido tus suposiciones, excede ahora también tu capacidad de sorpresa.
Puedes continuar así, usando la segunda persona, el "tú" que utiliza Fuentes en Aura. O no intentar emular estas páginas mayores, esta creación perfecta, esta obra redonda. Y fascinante. Punto y aparte.
Hace semanas, cuando falleció el autor mejicano Carlos Fuentes, hice lo que hago siempre cuando se va un autor: leer necrológicas, artículos, consideraciones finales a su obra y su persona, homenajes varios que recapitulan una vida dedicada a la Literatura.
Carlos Fuentes era para mí, sin haberlo leído, un autor mayor menor, es decir, que siendo grande e importante, no le llegaba a la altura artística de un García Márquez o un Cortázar o un Borges o un Vargas Llosa. Era grande porque lo estudiábamos en los manuales. No era tan grande porque no se le leía, no se le ensalzaba ni resaltaba, no había tanta opinión, y ni mucho menos buena opinión.
(Carlos Fuentes es al Boom lo que es hoy Gerardo Diego a la Generación del 27, un Mayor sin buena fama ni lectores. Consideraciones políticas aparte, por favor)
Según parece su talento fue decayendo con el paso de los años. Con el peso, la carga, esa traba que es tener que crear sin desmerecer lo ya creado.
Sólo sentía prejuicios.

Además, era un hijo de Faulkner, cosa que echa para atrás. Aunque todos los del Boom eran hijos de Faulkner, según parece, Fuentes era el hijo de papá.
Yo conocía a Faulkner por La muerte de Artemio Cruz y por La región más trasparente. Sin haberlo leído. El prelector siempre se guía por opiniones ajenas. Menos mal que el prelector si tiene intuición a veces le da uso, herramienta de lectura que pocas veces falla. Y la intuición no tiene por qué coincidir con la opinión.
La lectura no es una democracia en la que gobierna la mayoría lectora. La lectura es la anarquía o tiranía del lector, según los casos. Un acto que debería ser independiente y abierto, independiente porque la decisión la tiene el lector, abierto porque pese a esa independencia es necesario no perderse y escuchar y mirar las guías.
No me acerqué más a Fuentes por ese reparo ante las obras de la vanguardia y la experimentación. Otros Ulises por ahora no, por favor, más quebraderos de cabeza literarios por un tiempo no, yo me decía, tú te decías.
Tú te decías que la dieta ha de contener un banquete de tal magnitud una vez al año, o cada dos.
Ya has tenido tu Saga y Fuga de JB este año.
Pero alguien te dijo que El ruido y la furia era difícil y no fue así.
El prelector se sorprende en el camino de la lectura, todo lo que dicen los otros no siempre se adapta al lector nuevo. Cada camino, por muy transitado que haya sido, siempre es nuevo para el que se echa andar por vez primera.
El camino Carlos Fuentes, que se te presenta, te lo presentan, lleno de abrojos y trampas. Me lo presentan.
Aura entonces se me presentó como un fruto exótico. Cuando Fuentes murió, y leí los periódicos, algunos críticos alababan esta novela corta como una de sus mejores obras. Y esas alabanzas parecían ser sinceras. Me informé un poco sobre Aura, no pude llegar a conclusiones: su atractivo mayor quizá fuera en su corta longitud. Qué confundido estaba.
Más vanguardia por ahora no, me decía, más experimentos no, por ahora.
Sin embargo el Lunes me fui de bibliotecas como quien se va de señoras, para hacerme la ilusión de propiedad mientras dura el préstamo.
Lector, te tienes que dar cuenta, oh, alegría, que cuando vas a una biblioteca, todos esos libros, hijo mío, son tuyos. Con caducidad, sí, pero tú dime qué es perenne hoy, aquí.
Como en los burdeles, los cuerpos han sido manoseados por muchas manos, sus páginas han sido penetradas, gozadas, queridas y anheladas. Y a veces con asco y a veces con remordimiento.
Alguna vez, aquí, ya hice esta comparación.
Desde que perdí mi e-book voy más a la casa pública.
Y me llevé a T. S. Eliot (link), y me llevé a Fuentes, y alguno más. Ya os contaré.
Aura no lo encontré, pero sí el volumen I de El mal del tiempo, título con el que Fuentes ordena toda su obra Aquí sí estaba Aura.
De camino a casa me senté un rato en el parque, ribera del Arroyo Luche, y hojeé los libros. Leí también un folleto informativo sobre el año Dickens. Tengo aún a Dickens abierto de páginas esperándome en la cama. Es de mi propiedad, como una esposa -y yo soy suyo-, y sin embargo me voy a la casa pública.
Soy un lector sinvergüenza.
Hojeando el primer tomo de El mal del tiempo (Aura, Cumpleaños, Una familia lejana), en Alfaguara, me doy cuenta de que tiene unas páginas críticas de Juan Goytisolo. Casi me santíguo.
Juan Goytisolo, sabrá el lector, es azote. Es uno de los azotes mayores de nuestras letras, a mí me gusta leer sus entrevistas porque suele fustigar con una gracia bastante atractiva. Es junto a Julián Ríos, según las habladurías, uno de nuestros literatos más difíciles. Yo no me atrevo. Y uno de nuestros críticos más senabres.
De Goytisolo (Juan) comencé yo Señas de Identidad. Pero es peor que yo cambiando de registro. Tantas páginas en francés, y yo sin diccionario.
Pensé: si la comenta Goytisolo es que es más difícil de lo que yo pensaba.
Oh, mis prejuicios y yo.
Veo que no son muchas páginas, que Aura es novela cortísima. Haré un esfuerzo.
Comienzo la lectura sobre las seis, media hora.
Doy un paseo, me tomo un granizado de café en la ribera del Arroyo Luche. Tabaco de liar, le robo un malboro a mi cuñada, hace semanas que no me fumo un cigarro que no sea de liar.
Vuelvo a casa, leo una hora más en la terraza, hasta que anochece.

Trucha con jamón y ensalada de tomate.
Leo otra hora. Miro a mi alrededor, estoy rodeado de flores, los edificios de la calle Los Yébenes son altísimos. La noche es fresca, la vida opaca, pero a veces tiene una trasparencia mágica.
Aura me ha cambiado.
Punto y aparte.
La aventura de leer es a veces fácil, hermosa, te reconcilia son el summum literario.
Una obra redonda, mágica, perfecta, muy bien escrita, mejor contada.
Pertenece a este género personal que tanto me gusta: novela corta.
Me sentí como con La invención de Morel. Como con Bartleby el escribiente. Medel el de los libros. El gran Meaultnes. Como con tantas otras obras mayores y breves.
Hace tres años ya hice un elogio de lo breve (link)
Esta obra reúne todas las bondades de una buena novela.
Parece que estás leyendo Otra vuelta de tuerca, de James. A veces parece que estás con Felisberto Hernández. O Cortázar, Bioy Casares, el mismo Borges. Cómo algo tan pequeño puede dar tanto de sí.
Vida y muerte en sus páginas escasas, y el tiempo como protagonista. El tiempo o su destrucción.
Sazonado con algunas de las páginas más turbias que he leído.
Retrato de una locura que podría haber salido de la mente de Lovecraft.
Sí, tiene esa extrañeza que emanan las páginas de La invención de Morel, esa opresión claustrofóbica de Bartleby el escribiente. Tiene esa manera nueva de contar de Cortázar y Felisberto. También está el conejo de la Alicia de Lewis Carrol, que parece un guía por esa casona en penumbra, lugar de maravillas donde el tiempo pierde su textura de reloj cansino.
Es de lo mejor que he leído en mi vida, ya Fuentes con esta obra pertenece a mi santuario.
Y lo turbio, sí, dije lo turbio. Pocas obras que no sean impuras hay buenas. Es uno de los relatos más sórdidos y turbios que he leído. Erotismo de gozo y dolor.
Novela gótica.
Novela de realismo mágico.
Novela que te atrapa y no te suelta, hacía meses que no leía tan rápido. Suspense y lírica.
Como tengo por costumbre no te haré una sinopsis, pues ya hay reseñas en la red que puedes leer, google te lo pone fácil. Ya sabéis que uno de los lemas de Manicomio es: háztelo tú mismo.
Dice Goytisolo en las páginas que comentan esta obra que Cumpleaños ha de ser leída para comprender mejor Aura, ya que Aura a su vez explica Cumpleaños. Así lo haremos, Fuentes se lo merece, eso y el ocupar su sitio Mayor, pero siendo leído.
Obra mayor, obra maestra. Gracias, Fuentes.
Leed Aura.
Leerás Aura, y probarás lo que es bueno. Y sentirás el tiempo consensuado derrumbarse para dejar paso a la eternidad donde las buenas obras permanecen.

 Coda

Aura. Carlos fuentes.
No volverás a mirar tu reloj, ese objeto inservible que mide falsamente un tiempo acordado a la vanidad humana, esas manecillas que marcan tediosamente las largas horas inventadas para engañar el verdadero tiempo, el tiempo que corre con la velocidad insultante, mortal, que ningún reloj puede medir. Una vida, un siglo, cincuenta años ya no te será posible imaginar esas medidas mentirosas, ya no te será posible tomar entre las manos ese polvo sin cuerpo.

jueves, 21 de junio de 2012

Mi gran novela sobre la Vaguada, de Fernando San Basilio



Dejé a un lado mis lecturas comenzadas (Viajes con Herodoto, Trilogía de Nueva York ... ) todas ellas muy interesantes y edificantes, y me puse con Mi gran novela sobre La Vaguada, no menos interesante, no menos edificante. En unas cuantas horas se pasean ágiles los ojos, un par de horas el Lunes, otro par el Martes, tres el Miércoles. Luego me fui con un colega a ver Blancanieves. Hubiera preferido decir que nos fuimos de meretrices, o a beber cervezas hasta navegar la espuma, pero la honestidad es virtud en el bloguero de moda. Y yo, cuando miento, no es más que por verte reír. (link)
Sin embargo, ni la Kristen Stewart ni la  Charlize Theron nos enseñan nada. Dinero perdido. Hacía años que no iba al kinépolis. Hacía años que el kinépolis no venía a mí.

La Vaguada

Cuando era niño había publicidad de La Vaguada por doquier. Primeros de los 80: Naranjito, Tejerazo, ET, La Vaguada, Chanquete, Jomeini (sospechoso parecido entre estos dos), Pajares y Esteso (que no se parecían en nada pese a un mismo roll que lo que es a mí me dejó hasta el día de hoy sumergido en oleadas de un calor erótico irrefrenable). Etcétera.
Luego hice algunas pellas, ya por los 90, para ir a la sesión de la mañana. A ver Hook, el Capitán Garfio, por ejemplo.
También tenía un amigo en Cadalso que era de La Vaguada, muy heavy él, con el que pasaba largas horas contando chistes y bebiendo litronas y comiendo regaliz. También fuimos al cine de La Vaguada a ver películas basadas en novelas de Stephen King.
Luego aquí, los de Aluche, intimamos con unas chicas del Barrio del Pilar, que es como decir La Vaguada. Nos invitaron a las fiestas y vimos a Ella Baila Sola.
Luego ya superado el siglo XX, estuve trabajando un año y medio en mi oficio de cocinaca en una residencia junto a la calle Ginzo de Limia.
Mis últimas incursiones en el barrio han sido a partir de que uno de mis mejores amigos, después de casarse y tener hijos y subir en esta carrera de la vida como la espuma de la cerveza , se comprara un piso en La Ciudad de los Periolistos. No le visito mucho, pero cada tres o cuatro meses me dejo caer, o mejor dicho subir, y nos vamos por los pafetos de la zona a beber cerveza.
En la novela de Fernando San Basilio se bebe mucha cerveza. Proceso de identificación: afirmativo.

Fernando San Basilio, como su personaje,
cerveza en mano

Blancanitos y los Siete Enanieves

Pasaré a comentar de manera somera la peli disfrutada ayer.(link)
Terminada la película y encendido mi nuevo móvil android, me doy cuenta de que habrá una segunda parte: la Blanqui no sabe si casarse con el cazador o con el hijo del Duque. Así que lo de fueron felices y comieron perdices no se ve.
El relato de Blancanieves es interesante, simbólico, mágico, oscuro, da que pensar. De niño la bruja de la madrastra me atemorizaba en mis peores pesadillas. Hoy, interpretada por la Theron, se convierte en un sueño de lo más delicado.
Una mujer envejece y se mira al espejo: no se encuentra tan bella como antaño. Mira a su alrededor y ve a su hijastra adolescente y la odia por ello. Esto es Blancanieves.
Lo de los siete enanitos no sé a qué viene a cuento, la verdad, tendré que retirarme a meditar su significado simbólico.

La cerveza

El personaje de la novela que intentamos comentar hoy -si los siete enanitos que me acosan para que vaya a besar y resucitar a la virginal Blancanieves me dejan- bebe mucha cerveza, más que yo y Mario Vaquerizo juntos.
Mario Vaquerizo siempre sale, en la serie que comparte con Alaska, bebiendo cervezas. Él y sus amigos. Yo bebo mucha cerveza. Pero yo no puedo estar ebrio de cerveza a diario, yo necesito estar sobrio al menos un cuarto del día.
Duermo unas 6 o 7 horas. Total que me quedan unas 17. De estas, contando en que no trabaje -libro mucho porque los extras me los pagan en tiempo y no en dinero, y como cuando trabajo hago muchos extras, pues acumulo tiempo, es decir que, como me decía hoy vía e-mail un hermano mío, trabajas menos que el ángel de la guarda de los Kennedy- necesito estar atento y concentrado al menos doce, o hasta catorce. Leer ebrio no está bien. Escribir ebrio ... Hemingway esperaba a terminar sus taitantas palabras para darse al alpiste, y hay que tomar ejemplo de Hemingway, con el que me comparan a veces por mi cara de conmigotonteríaslasjustas. Un día estuve en Pamplona y me fotografié con Hemingway petrificado.
Estuve en Pamplona y me acordé de tí.
Alcoholizarse está bien, pero a ratitos.
Tampoco es que veamos a nuestro personaje en la novela que intentamos comentar bebiendo cerveza contínuamente. Busca trabajo y busca piso. Encuentra unas novias que se le quieren llevar al huerto y antes de saltar el muro le dejan fuera de. El huerto aquí es un no lugar. La Vaguada es un no lugar, territorio mítico. Eso ya se me había ocurrido a mí, pero con Aluche.
El personaje y yo. Mario Vaquerizo y yo. El personaje y Mario Vaquerizo. Tan distintos los tres.
Con la pasión común de la cerveza.

Mi gran novela sobre Aluche

Aluche, territorio mítico, microcosmos literaturizable.
Lo que yo escribo sucede un Aluche.
Una vez dejé una de mis novelas a unos amigos y uno de ellos dijo, y sigue diciendo cuando sale el tema:
-Sí, yo la leí, es como La casa de los espíritus, pero en Aluche. Tiene una escena porno que no sé cómo se le habrá ocurrido al David, ni en qué película la habrá visto. Todos montando a caballo girando alrededor de la marquesa y del miliciano mientras copulan junto a un arroyo.
Así de qué manera va a publicar algo uno algún día.
En algo no se confunde, y es en ese seudorealismo mágico, en Aluche. Territorio mítico.
Aluche nació conmigo, o casi. Yo me vine a vivir aquí en el 73, recién nacido. Era casi todo un páramo, o una llanura encharcada, o un desierto donde llovieron ideas como edificios.
Mario Vaquerizo, también
cerveza en mano.
Al igual que tantas cosas del cuerpo humano, se hace grande conforme te haces grande. Aluche se hacía grande al igual que ciertas partes de mi cuerpo.
La Vaguada y el personaje crecían igualmente, míticos. Proceso de identificación: afirmativo.

Bloomsday

Y diréis, pertinaces lectoras. Y lectores.
Os preguntaréis con la duda por sombrero.
¿De qué manera llegó la novela a sus manos?
Este Sábado celebramos el Bloomsday a nuestra manera.
Comimos opíparamente y nos sacamos fotos para la posteridad. Para la prosperidad del mundo y que tomen ejemplo las nuevas generaciones.
Dimos un buen repaso a la literatura desde sus cimientos. Literatura, territorio mítico, un no lugar.
Desde el Antíguo Testamento hasta nuestros días, es decir, Fernando San Basilio.
Dando un salto desde Faulkner y sus secuaces, que son legión.
Pensamos, dijimos: no hay ahora una generación de talentos, como aquella de las últimas que hubo, que hubo a mediados de siglo con los Aldecoa y los Martín-Santos. Gacría Hotelano, ¡oh, García Hortelano!
Pensé, les dije: hay que leer novela de hoy, no todo va a ser hallar sobre lo hollado. O viceversa: hollar sobre lo hallado.
Los pioneros se adentran en la espesura de lo desconocido. Como Blancanieves, que se encontró con siete enanitos.
Yo algo he leído de hoy. Los que asistimos a este Bloomsday de Chamberí, algunos, en los 90 leíamos, -tiempos de universidad-, algunos novísimos: Loriga, Mañas, Maestre.
Yo hoy leo algo, algunos novísimos. Algunos los he comentado aquí, otros me los callo. Otros me los como con patatas, me los trago con cerveza rubia espuma rubia espuma rubia rubia.
Uno se encoge de hombros, como que casi no le interesa lo que se publique hoy.
Otro me saca un San Basilio, Fernando, ya me lo mencionó hace meses, y se ha hecho adicto a él, al igual que yo, a partir de ayer que terminé Mi gran novela sobre La Vaguada, soy ya un adicto.
Este amigo mío conoce la obra de San Basilio no por casualidad: los dos son libreros, y si aquí se habla de la profesión de corrector, mi amigo también es corrector.
El otro amigo, el que más sabe de literatura pero pasa de los novísimos del hoy, ya está empezando a ser reconocido merecidamente. Es un Poeta. No diré nombres. Ya hablaremos de nombres, de la misión edénica del nombrar.
Yo te nombro a tí con tu nombre tan parecido a tí, que eres tú misma.
-¿Y de Joyce, qué dijeron?
-Pues lo de siempre, Joyce, Joyce ... Joyce y el Ulises. Pero sobre todo hablamos de Faulkner e Hijos S.L.
Faulkner, tan Antíguo Testamento, tan Boom latinoamericano, tan medio siglo XX hispano. Tan territorio mítico Yoknapatawpha, tan no lugar, tan La Vaguada y tan Aluche. Faulkner. Faulkner and me. Vaya par de S.L. Vaya par.
Y así es como leí a Fernando San Basilio.

Mi gran novela sobre La Vaguada

¿Y el comentario?

http://www.culturamas.es/blog/2010/06/25/mi-gran-novela-sobre-la-vaguada/

http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/2011/06/mi-gran-novela-sobre-la-vaguada-de.html

http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es/2010/07/mi-gran-novela-sobre-la-vaguada.html

http://www.diarioabierto.es/7051/mi-gran-novela-sobre-la-vaguada

Si queréis un comentario a gusto del consumidor, pedídmelo y os lo hago a vuestra medida.
Otra opción es pagarme un psicoanalista.
Cuando trabajaba cerca de La Vaguada, por aquel entonces yo, leía un libro de un autor nuevo, Rodrigo Muñoz Avia: Psiquiatras, psicólogos, y otros enfermos. Muy divertido. Luego se lo regalé a una amiga.
Por aquel entonces yo, cuando en La Vaguada yo ...




jueves, 14 de junio de 2012

Distopía

 A la memoria de Ray Bradbury

Ray Bradbury, en umbraliana foto
 Bradbury, donde los libros están prohibidos

La semana pasada fallecía Ray Bradbury, autor de novela de ciencia ficción, que siempre ha ido, desde sus comienzos, estrechamente vinculada a la posibilidad de otras sociedades donde nuestra sociedad pueda reflejarse. Las colecciones de este tipo de literatura -por no decir subgénero, término peyorativo las más de las veces- están llenas de utopías y de distopías.
Sin embargo, aquí Ray Bradbury es sólo una excusa para tratar de las distopías probables, distopías de este mundo nuestro que han existido de alguna manera, o que existen, o que existirán.
Su novela más conocida -en dura competencia hacia la fama con Crónicas Marcianas-, Fahrenheit 451, es un buen ejemplo de ello. Luego el gran Truffaut haría una buena adaptación para el cine. (link)
En esta sociedad creada por este amante de las bibliotecas, los libros están muy mal vistos, tan perniciosa se suponía su presencia que el cuerpo de bomberos se ocupaba de quemarlos. A 451º F arden los libros. Para salvaguardar esta dañina semilla, un grupo de disidentes, antes de ver sus libros desintegrados por el fuego, deciden aprenderse al menos uno. Así se forman los hombres y mujeres libro.
Una sociedad donde no ya todos,  sino aunque sólo sean ciertos libros los prohibidos, ya es una distopía. Esto ha sucedido a lo largo de la historia, con inquisiciones varias. En la novela de Juan Marsé que comentábamos en el post anterior, Caligrafía de los sueños, leemos como en la posguerra española quemaban los libros.
En la literatura distópica tenemos como ingrediente principal la manipulación del ser humano en su conjunto, mental y hasta espiritual, en cuerpo y alma. Con la quema de libros se consigue sesgar una parte de la realidad que no se quiere sabida.
Otro ingrediente es la vigilancia extrema, sabida o no, y por lo tanto el miedo que viene añadido a este control.

Orwell y la obra maestra de la literatura distópica

Estos dos componentes son fundamentales en la que quizá sea la obra maestra de todas las distopías, 1984, de George Orwell. Él mejor que nadie supo recrear una sociedad sumergida en la manipulación, la vigilancia extrema y el miedo.
Y sin embargo su pesadilla no era soñada, era bien real, ya que dentro del mundo en el que él vivía y escribía, otras sociedades había como modelo para su obra: tanto el nazismo como el estalinismo, los regímenes totalitarios en general.

George Orwell
 Lo que hace Orwell es imaginar un futuro donde este tipo de regímenes sería llevado a su máxima potencialidad.
El personaje principal, por ejemplo, es un funcionario cuya misión es hacer desaparecer todo tipo de información que el poder establecido quiere que sea olvidado. Con lo cual se manipula la hitoria, y más aún los recuerdos. Son graciosos, entre comillas, los episodios en los que se cambian a gusto del poder los enemigos del pueblo. Los que ayer eran amigos hoy son enemigos, y el pueblo no hace más que vibrar de amor y odio con los hermanos y adversarios de cada momento.
El control, pues, es total, hasta en las casas hay pantallas con el afable gran hermano que vigilan todos los movimientos de los ciudadanos.
Las similitudes con el tiempo presente son claras. Que vivimos manipulados, es cierto. Pero gracias a que podemos entender que tenemos como dos poderes simultáneos, ya que se supone vivimos en una democracia, podemos contrastar y hasta elegir. Aunuqe la diferencia entre las dos opciones sea más estética que ética, más superficial que de carácter.
Lo mismo sucede con el control y la vigilancia. Yo, ahora dispongo de un móvil android, en el que tengo vinculadas todas mis cuentas y redes sociales. Ahora todos mis movimientos son guardados. Para un paranoico como yo esto está bien: siempre he tenido razón, y ahora que sé que soy vigilado haga lo que haga, no tengo porqué esconderme. Ahora por ejemplo estoy escribiendo haciendo uso de una herramienta más de este leviatán de nuestros días.
En 1984 vemos la distopía perfecta, con curiosas similitudes con el mundo de hoy, tan inteligente es la novela. Vemos por ejemplo de qué manera hacen creer al pueblo que fuman y comen lo que hay, un tabaco, cafés y chocolates infames, mientras que los altos funcionarios toman lo que de verdad es un buen tabaco, un auténtico café, un excelente chocolate. Hacen creer a la gente que lo que toman es lo que pueden tomar, que es lo mejor, guardándose para sí lo auténtico. Así también con las canciones que el pueblo escucha y tararea, canciones elaboradas por una máquina. Canciones de radio fórmula todas iguales, cortadas por el mismo patrón, que sirven para calmar el sentimentalismo del pueblo, pero no pueden acceder a más. Al igual que la ilusión de la lotería, que nunca toca si no son pequeños premios.
Es una sociedad que juega con la ilusión del pueblo, que se cree feliz o infeliz según convenga.

La utópica distopía de Huxley


Aldous Huxley
 Muy distinta pero con grandes similitudes es la obra de Aldous Huxley Un mundo feliz. Aquí la gente sí que parece realmente feliz, en una sociedad perfectamente organizada, con sus castas y sus élites y sus familias humanas. Es muy distinta a 1984 porque aquí al pueblo sí se le da lo que quiere: calmar sus necesidades más primarias, de maneras más o menos sotisficadas. Lo que le une a 1984 son los ingredientes fundamentales: manipulación -aquí llevada al extremo de la manipulación genética-, vigilancia, y miedo. Aunque aquí el miedo se da como la angustia ante lo desconocido, horror a perder el bienestar en pos de la verdad, del conocimiento. En Un mundo feliz mejor es no saber, ser inocentes: es éste un mundo edénico, donde el pecado es saber y conocer.
Quizá nuestro mundo actual, esta sociedad de bienestar, otra vez entre comillas, en que vivimos, sea más parecida a Un mundo feliz. La manipulación usa aquí un arma infalible: las drogas, que crean dentro de los personajes una satisfacción que les hace mansos, disciplinados, y lo que es mejor para ser manipulados: dependientes. Y felices.
Yo a veces pienso, y siento, que nuestros gobernantes deberían manipularnos de esta manera tan jovial y positiva. Todos drogados, haciendo el amor todo el día y por doquier, sin otra preocupación que la de que ningún pelma nos venga con que hay otros mundos de libertad y conocimiento.
Hasta las castas más bajas, los parias de Un mundo feliz, los trabajadores manuales, tienen su derecho a sus pastillitas para no rechistar ni sentirse infelices.
Si es que hay distopías y distopías.

La inocencia distópica de William Golding

Con esto volvemos atrás, unas decenas de miles de años.
La primera distopía viene tras el cierre de la primera utopía, el Jardín del Edén. El paraíso terrenal. Allí los primeros humanos sólo tenían el deber de ser felices, teniéndolo fácil. Además, tenían la labor intelectual de poner nombre a los animales y a las cosas. Sin embargo, no debían tomar la fruta del conocimiento, porque si no se verían desnudos.
Y así andamos todo el día desnudos, frágiles, y lo somos porque sabemos. Somos frágiles porque sabemos.
Sabemos por ejemplo que todo es mejorable, que se puede progresar y evolucionar a un mundo mejor, que vivimos en una sociedad de carencias y escasez. Es imposible ser inocentes, no ser culpables, cuando sabemos. Cuando sabemos que todo a nuestro alrededor sangra, que el mundo está roto, que nos han roto el mundo.
-Mi juguete se ha rompido -llora un niño.
Una felicidad plena es inconsciente, despreocupada, ignorante e inocente. Un hombre, una mujer felices, son seres sin culpa. No saben que están desnudos, que son frágiles. Todo está bien como está.
Un mundo feliz, la novela de Huxley, es un edén actualizado.
Y con esto tocamos la última distopía a comentar, la genial El señor de las moscas, de William Golding.
 
William Golding
 En esta parábola acertada de nuestra sociedad, un grupo de niños son abandonados a su suerte en una isla desierta.
Seres inocentes, sin culpa, ingénuos e ignorantes. Un nuevo comienzo, la restauración del paraíso.
Pues no. Se van estableciendo en sociedad y van cometiendo todos los errores e injusticias que cometió el hombre desde el albur de los tiempos.
Podríamos alargar el post unas cuantas parrafadas más, ya que la literatura distópica es abundante. Un ejemplo de hoy está en Saramago y su Ensayo sobre la ceguera, otra parábola de nuestra sociedad, donde ni siquiera estando ciegos e impedidos somos capaces de evitar la culpa.

Una consideración final

Para concluír, quisiera dar mi opinión. Toda utopía es el germen de una distopía. Otro día podríamos hablar de utopías. La de Sto Tomás Moro, por ejemplo. La República de Platón. El mismo Edén del Antíguo Testamento. En teoría, toda utopía se nos antoja atractiva e ideal. En la práctica, se una distopía, ya que estamos acostumbrados, dada nuestra torpeza y curiosidad y afán contínuo, de romperlo todo.
Y sobre todo el poder. No es posible una sociedad sin que haya un leviatán con el que poder pactar una dosis de felicidad a cambio de su poder. El poder que nos da un mundo tan frágil, tan precario. Difícil no será romperlo con nuestra torpeza y curiosidad.
Leí cada una de las obras comentadas hace más de quince años, pero guardo en mi memoria su lección. Alta literatura, qué duda cabe.

Coda

http://emperatrixmundi.blogspot.com.es/2012/03/eden.html




Y un anexo:

jueves, 31 de mayo de 2012

Caligrafía de los sueños, de Juan Marsé



Juan Marsé, calígrafo de sueños,
dice que esta es su obra más autobiográfica.
Lean y asombrense comparando sus perfiles
biográficos con el personaje de Ringo.

Cultiva secretamente una nostalgia de futuro y una creciente hostilidad hacia el entorno, suma tiempo y libertad para vivir intensamente cada palabra de los libros que lee, va y viene de casa a la taberna o al parque Güell con la novela en el sobaco y el brazo en cabestrillo, con mirada desapasionada pero sombría y con ojeras románticas, arrebatadamente despeinado y vistiendo con cierto desaliño, pero siempre con una tiesa y perseverante cortesía interior, una fervorosa gentileza que no tarda en convertirse en la expresión de un sentimiento de desarraigo y soledad.
Juan Marsé. Caligrafía de los sueños.






Barcelona, año 1948. Los fines de semana, la gente joven suele salir a divertirse, a bailar, a escuchar música. No hay mucha diferencia con el día de hoy, con las noches de sábado de hace diez años, o hace 20. Cambian, eso sí, las músicas y las maneras de vestir. Cambian las modas, no cambia el impulso. El cortejo sigue igual, de distinta manera. Ringo, nuestro joven amigo, no frecuenta mucho estas salas de fiesta, pero sí hay un paisaje importante en el que asiste. Tiene algo así como una deuda con Violeta y con su madre, Victoria Mir. Mientras la madre se emborracha en la barra para el triste final de su odisea, Ringo por fin bailará otra vez con Violeta, pelirroja y feucha Violeta, con esa excitación que provocan las feas sensuales, cuando el atractivo consiste en el aire que mueven las caderas.
Ringo quiere convencerse que va allí como quien hace un favor, no quiere reconocer su atracción natural hacia Violeta, algo mayor que él, más desengañada y despectiva, pero no menos atraída por Ringo que Ringo por ella. El rollito es inevitable, se veía venir.
Violeta es una muchacha, que siendo feucha, gusta mucho a los hombres, por su cuerpo venusino, cual Venus Calipigia. Violeta tiene además la carga de su madre, soñadora y alcohólica, estrafalaria y ridícula, una buena mujer que vive su sueño como si fuera cierto, un sueño en contradicción con el de los personajes de su propio sueño.
Violeta tiene además un terrible secreto, que es el tema oculto de la novela, que es lo que desencadenarán los hechos y creará la intriga. Hay una confusión terrible, y remordimiento por parte de Ringo, pero hay veces que de nada sirve el remordimiento cuando los malos son los otros.
Digo que Violeta gusta mucho a los hombres, como mujer en el mundo recreado en la novela, como personaje para el lector.
Violeta desnuda mirándose al espejo. De pronto tropieza y cae. Se abre el misterio, comienza la primera página, Victoria Mir intenta suicidarse minutos después en una inservible vía de tranvía.
Luego aparecerá Ringo, personaje inolvidable, amor por el cine y por los libros. Ringo es tan humano que especula y no acierta, Ringo es observador, pero se confunde tanto como cualquiera. Ringo es un poco antihéroe y un poco como tú y como yo. Ringo no resuelve el misterio, pero ya se ocupará el tiempo de resolverlo. Entonces comprenderemos a Violeta y nos apiadaremos de Victoria Mir, y sabremos que no fuimos atinados observadores, y que fuimos malos jueces por ignorancia más que por maldad.
Difícil caligrafía de los sueños, difícil armonizar la melodía de la vida.
Violeta con bata de andar por casa.
Y yo me pregunto si
cambiará mucho la interpretación
de una novela según la portada de la
edición que se lea.
Ringo va para músico y va y se corta un dedo en el trabajo. Sin embargo no pierde la esperanza. Hay determinismo en la novela, uno no puede sustraerse a su naturaleza, sin embargo alguna escapatoria hay, el escapismo a veces no es malo, nos hace bien, montar la película de nuestra vida.
Una de las razones por las que leer a Marsé es por su creación de personajes. Un ejemplo sería aquel Pijoaparte de Últimas tardes con Teresa, su mejor novela según algunos. Pijoaparte es un personaje emblemático, tipo, que reune en sí ciertas características que luego le harán reconocible no ya en la literatura, sino en el mundo de afuera. Se dice: es un quijote, es una celestina, es un romeo, es un pijoaparte. El Pijoaparte es uno de los persojajes más importantes de nuestra literatura, quien lo leyó lo sabe.
En Caligrafía de los sueños, desde Ringo hasta el Matarratas, pasando por Victoria Mir y por Abel Alonso, tenemos una buena colección de excelentes retratos, personajes vivos, creíbles, con sus miserias y sus excentricidades. Sobre todo con sus ambigüedades, lo que les proteje con un aura de misterio.
Otra razón por la que leer a Marsé es por los ambientes que recrea. Los años de la dictadura, desde la posguerra hasta el tardofranquismo. Estampas en sepia y en blanco y negro. Carteles de cine y de espectáculos de variedades. Cartillas de racionamiento. Cada capítulo presenta una estampa de un tiempo ya pasado, donde nuestros mayores se verán reflejados. Las calles y parques de Barcelona, las tabernas y cines de Barcelona, las salas de fiesta y los burdeles del Barrio Chino de Barcelona, las casas burguesas, proletarias, de Barcelona.
Las farolas al anochecer con su luz imperfecta, las tardes de lluvia vistas a través de los ventanales de la taberna donde Ringo, personaje principal de Caligrafía de los sueños, suele pasar las horas leyendo, estudiando, soñando y escuchando historias.
Cada personaje tiene su historia, sus historias. Miserias, excentricidades, misterios, ambigëdades. Estas características de los personajes hacen historias peculiares.
Tenemos la historia clandestina del Matarratas, el personaje más misterioso de esta obra.
Tenemos la historia del origen de Ringo, también misteriosa hasta para el mismo, un misterio que le acompañará siempre. Dado a la ensoñación y a la especulación novelera, Ringo hace de cada historia un asunto literario o cinematográfico. Empapado de cine y literatura, gracias a él gozamos con él de perspectivas fabulosas de las historias de esta novela.
Luego hay misterios e intrigas que cuando se resuelven no eran sino miseria, como en el caso de Abel Alonso.
No es una trama folletinesca la de esta historia , uno no empieza a intrigarse hasta bien avanzada la novela. Sin embargo sí hay personajes folletinescos, como Victoria Mir, que se cree personaje de una historia de amor de las de entonces.
Piedad por la señora Mir, víctima de su quimera, de su propo autoengaño.


(...) de modo que todo acaba nuevamente diluido en el limo invernal por el que resbalan los días, en la grisura uniforme que el barrio y la ciudad soportan como un estigma, y uno vuelve a pensar que las cosas que de verdad importan en la vida han de ser otras y pasan lejos de aquí, lejos de nosotros.
(...) observa el declive de la tarde sobre la calle que, al igual que todos los domingos a esta hora, parece repentinamente inóspita y abandonada.
Juan Marsé. Caligrafía de los sueños.

 
Meat, de Max Sauco, nos recuerda a la morbosa
sensualidad de Violeta

miércoles, 23 de mayo de 2012

José Bastida ha muerto no sin antes dejarle una carta de amor a Julia. (A Robin Gibb, in memoriam)



Si La saga/fuga de J.B. fuera llevada al cine, empresa improbable y casi imposible -casi, pues hasta La Celestina, tan compleja, pudo ser representada en teatro-, Robin Gibb le pondría la canción a la película, y muy bien podría ser el vídeo de la canción algo así como un trailer.


Robin Gibb, es decir, José Bastida
 Recordamos a José Bastida como un tipo entrañable, admirable, culto y feo. Recordaremos siempre a José Bastida, por fin, en los brazos de Julia, los dos en fuga. Este vídeo me recuerda a ciertos pasajes de la novela, a ese hervidero histórico en la batalla. Vemos en el vídeo a José Bastida como lo que es, un prototipo romántico, escribiendo, rodeado de libros. Uno puede fantasear con tramas que siguen después de la fuga, y no queda mal la trama del vídeo para una fantasía más, pues aunque huyen en un avanzado siglo XX, don Gonzalo Torrente Ballester nos permite hacer de su literatura una máquina del tiempo. Julia y José Bastida regresan a un siglo anterior y se vuelven a ver metidos en otras guerras y otras románticas aventuras. Para más licencia nos acompaña el tiempo húmedo y la niebla, podemos suponer que el vídeo ha sido rodado en Galicia, ¿por qué no?
Si un ilusionista como Torrente Ballester nos invita a soñar, soñemos derribando muros, superando límites, como dice en esta canción José/Robin Bastida/Gibb que Julia hace con él.
No es casualidad que la canción se titule Juliet, y que se pronuncie Julia.
Robin Gibb ha muerto, y de los Bee Gees era el más feo y el más interesante. Los Bee Gees son parte de mi educación sentimental, más la primera época que la segunda; aunque la segunda, discotequera y espectacular, no estuvo mal. Prefiero la primera época por canciones como Holiday, I Started a Joke, New York Mining Desaster 1941 ...
Joyas de la Literatura, abrigadas y protegidas por la luminosa niebla del recuerdo.

Y sí, fue Robin Gibb es Robin Gibb el que canta en I Started a Joke, es el feo y guasón José Bastida el que empezó la broma:







¡Ay, qué maravilla volver a escuchar a los Bee Gees, Holiday, su canción más apreciada por mí, con ese sabor al eterno día del eterno verano!

miércoles, 16 de mayo de 2012

Simbolismo (XIV). Espejismos.



Pero es que, como dice esta canción, nada puede llevarse esta tristeza, nada es comparable a tí.
El carro del buhonero se lleva algo que arrojé algún día, sin saber yo que pronto, enseguida, iba a necesitarlo.
-Alguien silba en un anuncio publicitario, y quien conmigo vive pregunta si quien silba soy yo, yo, que nunca quise venderle nada a nadie, yo, que tan sólo compré, compré capitales de ilusión, por ver si me completaba-.
Algún día te mostraré, sin tú saber que soy yo quien te lo muestra, qué es una página completa: o vacía, completa de vacuidad, vacía de plenitud.
Pasaba esta tarde por un territorio de posguerra y me preguntaba si no será necesaria otra guerra para volver a estimar en su justo valor lo que se tiene, lo que se anhela, lo que se piensa, la propia creencia con un endecasílabo que redecore la vida, como el Ikea.
Esta tarde hemos leído algo y bien, que es mejor que leer mucho y mal. Hemos leído que los libros arden para proteger la sabiduría del hombre, y hemos aprendido que lo actual, en los últimos siglos, necesita de narratiblilidad. Y lo que no es así será pureza, será vanguardia, será para la élite y para cuatro acabaos que lo comprendan.
Es necesaria la trama, y yo busco en los periódicos el culebrón de todos los días, tan ajeno como si fuese de telenovela.
El Sábado a la noche, muy de noche, poco antes del amanecer, me pasé por donde la revolución española, esa válvula de escape de nuestra juventud deseosa de escarmientos y batallas, tan proscrita de madurez; tan clamor, fragor, candor, sudor de hembra adolescente.
No había nadie.
Casi lloré.
Todo saldrá en televisión: todo es mediático.
Menos tu odio hacia mí, menos ese cariño tuyo, tan estacional, casi metódico.
Ha muerto Carlos Fuentes, y el Boom continuará, como hasta ahora, en los manuales de literatura y no más.
Por mucho que quieran los críticos buscar lo excelso la gente leerá otra cosa. Y la historia dictará otra.
En dos siglos, los de ahora, no sabemos quien pasará el donoso escrutinio, qué modas sacarán el nombre de hoy que es flor de un día.
A mí me gusta que me quieras, tu cariño flor de un día, rodeado de algo de desprecio y resentimiento y hasta de odio. De higos a brevas, de pascuas a ramos, los meses con r no me quieres, y los sin r me amas hasta la flor del hueso, aquella de la primavera del tuétano, aquella tan interior, tan de tu alma sabia, que es la que me quiere a mí, porque sólo una mujer sabia puede enamorarse de la imbeciblilidad de un hombre tan quieto que no para, como si hiciera algo, sin hacer nada, como si fuera bueno, siendo mediocre, como si fuese estrella siendo tan sólo un meteorito iluminado por otras voces y otros ámbitos.
La curiosidad lleva también al amor, pero cuando se ve una región que es un páramo de angustia, llega las frustración y el resentimiento. Yo lo comprendo.
Hay desiertos tan llenos de espejismos que parecen vergeles.
Pero no llueve.
Gobierne quien gobierne, es que no llueve.
Se me llevan no ya todos los demonios que tentaron al de Nazaret en el desierto, si no los espejismos de las tentaciones.
Se nos llevan todos los espejismos, que son un simulacro de realidad.
A los jóvenes de hoy, tan Quince de Mayo y tan braga brasileña y tan android, se nos llevan.
Palabras somos que se lleva el viento, espejismos de un mar y de una tormenta que nos arrebatara y nos permitiera destrozar el mundo, para recrearlo esta vez sí, esta vez puro y edénico, esta vez con el reinicio del sistema, esta vez con la inocente vocación de un niño abanderado en su juego flor de un día.
Un espejismo es un instante.
Luego se acaba.
Luego se apaga la luz, y a dormir, que mañana es día laborable. O a morir, cuando lo laborable es otro espejismo más.
No, yo para tí no fui un espejismo, lo sé. Yo para tí fui lo que soy, pero me visitaste en Domingo con el traje de fiesta. A diario soy uno más que juega y pierde cada día, con la ilusión de que mañana será día de suerte.
Y siempre que me quieras y te atrevas a volver a verme tendré las galas de Domingo, pero no me pidas que sea excelso día a día, no tengo medios para llenarte el corazón de espejismos para luego defraudarte.
Soy un mediocre.
Menos en Domingo, cuando tú me das un sí que es un vergel y una tormenta.
¿No es La invención de Morel, de Bioy Casares, una metáfora del hoy, donde se proyecta una película donde no la hay, donde sólo hay ambiente? Genialidad de la novela del espejismo, que ha sabido ver nuestro cariño, repitiéndonos una y otra vez ese Domingo que es la tarde de cualquier día de besos y caricias y promesas.
Sí, no me condenes por no ser siempre yo una tarde de besos de caricias, un Domingo, o un vergel. Yo soy, normalmente, un desierto más que a veces regala un espejismo.
Hace dos días o tres soñaba contigo, tú eras una gata de mandíbula furiosa que indignada por no sé yo qué motivos me reñía. Me mostrabas unos dientes afilados.
Si tienes sed no me culpes, si quieres lo verde, no me culpes, si quieres un mar, la lluvia, la vendimia, no soy yo quien lo traerá. Tan sólo esperaré contigo las galas del Domingo. Más no puedo.
Una fábula es un espejismo literario. Correcto.
Una ficción es un espejismo literario. Correcto.
Un ideal es un espejismo en cualquier ámbito. Correcto.
Yo soy de carne y hueso e incorrecto.
No soy un ideal, aunque lo busque y añore.
El caminante no es el camino: los son sus pasos, y por tanto los pasos que no da, no son camino. Acaso una ilusión, un espejismo.
Y hay niebla alrededor, y a veces ni hay camino.
Que la luna nos haga su claro, no es más que un espejismo del sol que a ella alumbra.
Porque es de noche. Aunque es de noche.
Claro de luna, por Debussy/Disney






El caminante sobre el mar de niebla
de Caspar David Friedrich

viernes, 27 de abril de 2012

Operación Fausto (II): de Goethe y de Sokurov

Johann Wolfgang von Goethe, retratado
 por Johann Heinrich Wilhelm Tischbein

¿Qué simboliza la pintura que vemos más arriba? El paso del Clasicismo -la toga blanca- al romanticismo -la vestimenta y el sombrero-.
Podemos considerar que Goethe es un escritor entre dos épocas, uno de esos seres necesarios para una evolución, que supera un movimiento desfasado y ayuda a que la frescura de uno nuevo llene la estancia viciada.
Goethe es sobre todo conocido por aquella enfermedad llamada Romanticismo, que como la gastroenteritis vírica que me acosó a mí la semana pasada, duró sólo tres días. Sí, el Romanticismo, al igual que la Primavera y el Amor, es más enfermedad que otra cosa. Pero todo es estacional, tres estornudos y ya pasó todo. Luego vendría el Realismo a curar al enfermo.
Nosotros, felizmente, languidecemos. No hemos superado aún esta manía de ir suicidándonos como werthers contemporáneos. Por lo tanto, somos románticos. Romanticones más bien.
Toda esta moda vampírica y conspiranoica es una secuela romántica.
El enfermo no curó del todo, vino para quedarse porque la humanidad quiso llenarse de pulsiones varias, porque el Romanticismo entretiene, teniendo como tiene, paradójicamente, el vicio de la pereza, la pena de la princesita triste y desencantada, la mirada desengañada y altiva del lobo estepario.
Estamos viviendo un siglo posmoderno, donde el Romanticismo juega su rol con las máscaras de twitteros indignados y adolescentes que quisieran ser mordidas par algún drácula buenorro. La esquizofrenia posmoderna es así, quiere esa pasión romántica de romper límites, y quiere la estabilidad de una sociedad ilustrada y equilibrada.
¿No gritábamos los indignados del año anterior por una continuidad y salvación del bienestar conseguido? A diferencia de la del 68, que perseguía un cambio radical.
Hacen de nosotros lo que quieren porque tampoco nosotros sabemos lo que queremos. Siempre recordaré aquella mañana de Sábado en Sol, cuando los acampados. Uno de los que manejaba el cotarro pedía por un altavoz que necesitaban comida, y un poco de chocolate paladín, y leche, que quería hacerse un chocolate. Como en un chiste de Gila.

El Fausto de Goethe

Fausto. - (...) ¿Quién eres?
Mefistóteles. - Una pequeña porción de ese elemento que, andando de continuo en busca del mal, sólo sabe hacer el bien.
La tradición de Goethe es continental e idealista.
La tradición de Marlowe, al que dedicamos la primera parte de esta Operación Fausto, es británica. Ingleses y alemanes siempre han tenido sus más y sus menos, yo no sé con quien quedarme, las dos culturas me gustan, a las dos admiro. Aunque dicen que yo parezco más inglés que alemán, -por mi espíritu enamorado de pastor anglicano caminando bajo la lluvia por la campiña inglesa para ir a tomar el té donde mi enamorada, que me toca el piano y me canta cantatas-, lo alemán, con su filosofía y su música, me crea gran fascinación. Literariamente prefiero a los ingleses, musical y filosóficamente, a los alemanes.
El personaje de Fausto en Goethe es muy distinto.
Podemos considerar más canalla y vital al de Marlowe. El de Goethe es el prototipo de la psique romántica pura, un tipo que se aburre porque se cree que todo lo sabe, y vende el alma al diablo por motivarse y encontrar un sentido a su abulia.
Es, lo es, un sabio. Y ha descubierto que todo es una mentira, su oficio sagrado, el de médico, sobre todo. Busca en la naturaleza la alegría de vivir, se desespera entre la gente queriendo contagiarse de su alegría. Mefistóteles aquí es más tacaño, y se hace de rogar más. En Marlowe este diablo le complacía a Fausto en todo: Fausto quería probarlo todo. Fausto en Goethe quiere que algo de lo que pruebe le llene.
Es más creible el diablo de Marlowe, lleno de tentaciones. El de Goethe, como el de Sokurov, es mezquino y charlatán también, pero se hace de rogar demasiado.

Sin embargo la obra de Goethe es más hermosa y profunda, más humana también, más redentora y de estampas más sugerentes.
Ahora, para descansar brevemente, vamos a guasearnos un rato de la obra:
El Fausto de Goethe puede tener, sacada de contexto y a los ojos de hoy, una lectura peculiar: un señor de mediana edad se enamora de una quinceañera y se la beneficia.
Pederastia.
Es una obrita de amor muy bonita.
Algo así leímos hace no mucho de la pluma de Gabriel García Márquez. Esta también era una novelita de amor muy bonita.
Últimamente sólo leo cosas que me escandalizan sobremaneramente. Valga el adverbio.
(Dicen que los adverbios son un vicio a evitar para la buena literatura.)
Margarita, la niña, es un personaje que no sale en Marlowe, ya que este primer Fausto es más sátiro y vividor que enamorado. Margarita aparece para encandilar a un Fausto sin alicientes, por lo que Fausto se dedica a ella por completo, a ella y a los milagros de la naturaleza. Después de hacerle el amor a Margarita, se va al bosque a encandilarse con los misterios de la madre tierra.
Así que vemos a un Fausto muy poco pecador, un Fausto bueno, un Fausto bonancible y digno del perdón.
Le sale a Goethe una obra hermosa, pero no es muy creíble. Sí lo es su profundidad psicológica, lo son sus sentencias -subrayadito que lo tengo-, sus ocurrencias, hasta su fantasía de brujas despelotadas danzando en la noche de Walpurgis -que por cierto es pasado mañana-. Pero toda falta es perdonable si el acabado es bueno.


Fausto. - Ya lo he dicho; no trato de buscar la felicidad. ¡Quiero el vértigo que ciega, los placeres que dañan, el amor que participa del odio, el pesar que deleita! Mi corazón, curado de la fiebre del saber, debe saborear toda clase de dolores; quiero sentir todo cuanto los demás hombres han sentido; quiero experimentar, como ellos, lo que tiene de sublime el gozo y el dolor; acumular en mi seno el bien y el mal; y, por último, acabar mi existencia del mismo modo que ellos la acaban.

El Fausto de Sokurov

Hacía tiempo que no veía una obra maestra tan redonda. Más de dos horas de película sin resuello, maravillado. Entre lo grotesco y lo sublime, entre lo feista y lo bello. El Fausto de Sokurov es una joya que pasó casi desapercibida en cartel, y algunos de los espectadores que estaban a mi alrededor le daban más al móvil que a la pantalla. La gente paga un dinero precioso por aburrirse. Yo no, si de mí depende.



Es una película que quisiera revisionar algún día, por su riqueza de matices, por la magia de tantas  de sus secuencias, por las magistrales interpretaciones. Una mirada de Mefistóteles aquí lo dice todo. Un gesto de Margarita, también. No sólo en primer plano, cuando dos personajes conversan, alrededor también pasan cosas dignas de verse. Este Sokurov desborda imaginación al igual que Goethe en esta obra desborda fantasía y sabiduría.
Una ambientación del siglo soberbia, sugerente, un buen estudio de los usos y costumbres de entonces.
Dicen que es adaptación del Fausto de Goethe, pero no se nota.
Algo hay en su esencia y su sentido, sí. Es muy libre Sokurov en su versión, lo cuenta de otra manera.
Aquí lo que mueve a no es sólo Fausto no es el hastío y la nausea de Goethe, buen precedente del existencialismo. Aquí le mueve también el hambre. Hay mucho hambre en esta versión cinematográfica.
Mefistóteles es el gran logro, un diablo con todos los signos de serlo. No es atractivo como en Marlowe/Gothe. Es repelente, más mezquino aún, y aún más se hace de rogar que en Goethe.
Aquí la economía de los deseos sufre más aún de escasez. Sólo se pide una noche con Margarita.
Hay que advertir que el Fausto de Goethe no es casto. Su amor es carnal, quiere poseer a Margarita por completo. No se parece al sátiro retratado por Marlowe, pero es claramente sexual, lo mismo que su deseo.
Casi podemos decir que el Fausto de Sokurov sí es más casto, pues casi se limita a la contemplación de la amada. Del sexo de la amada. Hay una escena memorable, cuando él contempla a su amada dormida, y los diablos grotescos van en su busca: la manera que tienen de mirar a Margarita ellos. Como si nunca en su vida hubieran visto algo bello y de pronto se encontraran frente a ella, La Belleza. Algo como una nostalgia del bien, o como una pena por su inaccesiblilidad.
Luego está la lucha de Mefistóteles y Fausto en un páramo, en un desierto, o en un mar tan extraño como lo es la película.
Y su final abierto, un logro que despierta preguntas, que inicia una segunda parte en la mente del espectador.
Últimamente he visto películas cojonudas, Shame, por ejemplo, o Alp. Pero este Fausto se lleva mi aplauso principal, me quito el sombrero del romanticismo -el mismo que lleva Goethe en su retrato- por unos instantes y me inclino y saludo.

Coda

Hay un Fausto que ví hace años, impactante, una película de la Fura dels Baus, Fausto 5.0. También de calidad suprema y tampoco apta para todos los paladares.
Sin embargo, en la tercera parte de esta Operación Fauto que me traigo entre manos, será El Maestro y Margarita, de Bulgakov, el libro que estuidaremos y gozaremos.
Entonces veremos a Margarita cabalgar desnuda por los aires.



Por cierto, esta mismita canción de los Rolling Stones está basada en este Fausto de Bulgakov:




sábado, 21 de abril de 2012

Microrrelatos para el día del libro (II)




Figura solitaria en el Café Gijón. McCartney
 Cuando cerraba la tienda, el viejo librero solía pasarse a tomar un vino al café donde yo escribía por las tardes. Sabía contar con gracia los centenares de anécdotas de sus clientes. Pero un día, triste, me contó lo de la muchacha que entró alterada a la penumbra de la librería. Anochecía, y mi amigo aún no había encendido las luces. Llorosa y y con hipo, pidió al librero algo para curar el libro enfermo que acunaba entre sus brazos: "Sus palabras me queman las manos por la fiebre, cada capítulo es un lamento de dolor, se me muere, señor, usted me lo vendió y me lo vendió enfermo, se ha hecho mi mejor amigo y no quiero que me lo cambie por otro, no quiero que se muera aquí solo y abandonado. Cada vez que lo leo me llega su angustia, su soledad y su miedo."  El viejo cogió el libro y lo abrió, pasando las páginas desconcertado. Sólo se le ocurrió decir: " Ya está escrito, no hay vuelta de hoja". La niña salió llorando. La librería ya estaba a obscuras. "¿Qué libro era?"  -Pregunté sobrecogido. Me contestó con desprecio: "Aquel que escribiste tú, maldito genio".