lunes, 16 de junio de 2014

Bloomsday 2014. Recordando el Ulises de Joyce


Bloomsday


Fiesta lieraria


Viendo a esta singular gente pasándoselo tan bien, me han entrado ganas de participar en la fiesta, a ratos y desde mi alcoba, riñones de cordero y burdeles sadomaso en la memoria, con una armoniosa melodía que surge de un piano en algún momento, en algún capítulo, olas de mar y cojas enseñando pantorrilla.
Cierto estilo de vanguardia y catecismo, una manera de monologar interiormente una mujer, además de algún capítulo infumable escrito mal a propósito.
A propósito de Joyce, mi tío Vanguardias, que si no lo hubiera hecho él quizá nadie se hubiera atrevido a tamaña gamberrada antirromántica: hacer ruinas de lo sagrado para crearlo de nuevo. Recordemos que Romanticismo es hacer surgir de las ruinas lo añorado de una manera ideal, sacra. Lo que hace Joyce, sin embargo, es destrozar, forzar la ruina, para crear a su antojo. Modernismo frente a Romanticismo. La broma le salió tan bien que hasta le estudian en las universidades. Quizá, él y yo lo sabemos, tan sólo quería contar un chiste que sólo entendiera él mismo.

El Ulises como libro de autoayuda.


Me acaba de comunicar Hilvanes que la bohemia se acabó:
http://www.enriquevilamatas.com/eduardolago/AnnaLiviaPlurabelle12.html
Y yo digo que no, que no es posible, siendo el Ulises una obra del Sí.
A la mierda los libros de autoayuda, no se confundan, esas secciones en las librerías son lugares de culpa y mea culpa, ¿por qué no soy feliz si los he leído todos y he seguido las pautas para sanar mi vida y eliminar mis zonas erróneas?
Los verdaderos libros de autoayuda se encuentran en la sección de clásicos. El Maestro y Margarita, La Saga/Fuga de JB, El gran momento de Mary Tribune, Guillermo el Travieso, Alicia en el País de las Maravillas, David Copperfield, El Eclesiastés, Don Quijote, Travesía de Madrid, Ulises -de Joyce, claro, aunque la Odisea también, claro-.
Las pautas a seguir para ser más feliz que propone Joyce son estas, y no tiene que ser por este orden:
-Tómese un desayuno contundente como unos riñones a la plancha y lea el periódico sentado en el trono.
-Vaya al entierro de algún conocido acompañado de amigos que le ninguneen.
-Bébase unas cervezas negras.
-Agítese la sardinilla en la playa mirando a las muchachas, aunque sean cojas.
-Váyase de putas con algún amigo y practique el sadomaso con un fondo de muebles parlantes que cuenten sus intimidades.
-Filosofe sobre lo humano y lo divino con este amigo.
-Escuche el orgasmo de una mujer hermosa, ¡oh, sí, sí, síiiii!
El Ulises termina así, con Molly Bloom lanzando un sí. Pocas obras hay tan vitalistas como ésta.
Y si aún así sienten inclinación por la culpa, no pierdan el tiempo leyendo esos libros de la sección de autoayuda, mejor lean otros clásicos como Kafka y Dostoievsky, grandes conocedores de la complejidad humana.

Joyce y yo.


Hoy, sin embargo, no he encontrado mejor manera de celebrar mi Bloomsday que escribiendo sobre el Ulises. Otros años me he tomado unas guiness para brindar por Joyce.
Es que yo, a lo largo del año, ya celebro bastantes Bloomsdays. Este sábado anterior, por ejemplo, me tomé unas cuantas guiness. Eso es lo de menos. Lo demás es que tengo días en que, desde que me levanto hasta que me acuesto, darían para escribir varios clásicos de la Literatura.
Me hago acompañar por gente tan bohemia como Joyce, Baudelaire, García Hortelano, Umbral, el Gato de Cheshire -que viene a contarme que tú, mi Alicia, aún tienes alguna alcoba en tu corazón donde yo habito y no habita el olvido-, y Garcilaso de la Vega. Sobre todo, a diario en mil batallas, Garcilaso. Y por las noches de farra Baudelaire, y en mi soledad también. Y Joyce en muchas maneras de mirar el mundo, tan raro y de sintaxis tan difícil.
El tío Vanguardias y yo. James Joyce, Ay.
Por las mañanas, de camino al trabajo, más de una hora con libros y somnolencia. Leo a la Munro, leo a Kipling, leo a Borges y a Bioy, leo a Baudelaire. 
Leemos las obras y luego las olvidamos o las vivimos. Yo prefiero lo segundo. No sólo me empapo de la obra, sino del personajes que la creó. Me dejo acompañar por ellos, que pusieron tanto de sí en sus páginas. Voy con Umbral, voy con Joyce, voy con Baudelaire. Son mis amigos, me ayudan a vivir, me hacen feliz con sus gamberradas literarias. Se creían excelsos, pero nunca se tomaron demasiado en serio. En el fondo son gente muy campechana, como nuestro rey jubilado, Juan Carlos. Y ahora que se retiró de sus funciones y correrías, sólo me queda la esperanza monárquica de, en alguno de mis bloomsdays, encontrarme en un burdel con Felipe VI. Si Juan Carlos I fue leyenda urbana, también lo será su digno sucesor, Felipe VI.
Sí.

Un retal para Hilvanes


Una anécdota de James Joyce, a quien un día una periodista, tras mucho trabajo, logró entrevistar y le hizo la pregunta clásica de ¿Para quién escribe usted?, y Joyce le contestó: "Cuando yo escribo estoy sentado en la punta de una mesa; en la otra punta está un señor que se llama James Joyce. Bueno, pues yo le escribo cartas a ese señor". 


Coda


Quien pudo ser quiero que seas tu, 
dímelo dimelo una vez, fue una burla por favor, 
dímelo, confiesa, tal vez no existas, ante la duda un sueño, 
cariño, mi vida, criatura de rubí, 
que puedo hacer sin tu vigor


 aun que sea solo un gesto, 
un guiño solo un beso, inténtalo una vez, 
o antes de cada cita mi deseo es que digas 
siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. 

domingo, 11 de mayo de 2014

Que trata de los vicios y de lo infinito




Feria del libro antiguo y de ocasión


Como todas las primaveras, hombres y mujeres del hierro cultural indoblegable somos imantados al paseo de los Recoletos.
Mi problema es la falta de espacio, y aunque me tientan las obras completas de Guy de de Maupassant a precio de saldo y en vieja y entrañable encuadernación, termino adquiriendo la delgadez de Novalis y Leopardi, a los que siempre estoy a punto de tomar y nunca tomo, en tomos de tapa dura, pero torpe de mí, sin estudio preliminar, sin un buen prólogo. Así que me arrepiento, pero no demasiado.
La compra de verdad interesante es El spleen de París, de mi compadre Baudelaire, con el que tanto amamos. Editado por la delicada Espuela de Plata, me aseguran que está a mitad de precio.
El que conmigo va, como siempre, se compra lo mismo que yo multiplicado por diez. Ojalá tuviera yo su espacio. Y su dinero.

Gabo


A Gabriel García Márquez aquí en Manicomio le vivimos más que le leemos, pero también le leemos para saber que le vivimos. La tarde feliz y soleada en que terminamos Cien años de soledad, las noches de verano en que leímos El amor en los tiempos del cólera, la lectura en alta voz, en una piscina, de los relatos de Los funerales de la mamá grande, y cómo nos angustiamos con El coronel no tiene quien le escriba, y cómo celebramos Memoria de mis putas tristes.
La última puta que me dio su teléfono era triste también, y me recomendó Crónica de una muerte anunciada. De vez en cuando miro en su wassap por enterarme de su estado y ver su foto -a veces me sale ninfa de extrarradio y a veces voluptuosa de mercadillo, a veces publica lemas muy mal escritos pero devotos y llenos de sentimiento, gratitud, y autoestima-. Después de una semana atormentada no la llamé, pues siendo de la ciudad de Cali y teniendo maromo, ya me veía yo pidiéndole clemencia a la Virgen de los sicarios por mis ganas de romance y aventura, oh, desventurado.
(No sólo ando falto de espacio, sino de tiempo. Este apartado viene a destiempo, pero más vale un requiem tardío que temprano)

Ida


Una monjita de vida intonsa y de mirada intensa decide vivir -como le comentó su tía suicida- algo de pecado antes de tomar los hábitos, por no vestir los santos por inercia, como tantos hacen tontos. Fuma, bebe, se lía con las cortinas embriagada, se baja las bragas antes un guapo saxofonista. En el marco de una Polonia comunista llena de feligresía católica. Con aroma a jazz y humo de incienso y tabaco, con aroma en blanco y negro y fragancia a mirada intensa de rubia mona y mocita.
El rapto de Perséfone, por Bernini
Es de lo mejor que hay en cartelera, invito a mi amiga al cine, y ella invita a café en la librería Ocho y Medio, y luego también se empeña en invitarme a cerveza y chuminadas del Mcdonalds.
Durante la película pienso en ella y sé que le está gustando mucho, y me acuerdo de tí, te gustará mucho también, por esa manía que tienes todos los veranos de dejarme solo por meterte en un convento, mi intensa Perséfone de noviazgo intonso -de páginas cerradas-. Mi amiga Nieve y tú no sois muy distintas pues sois muy perséfones y guadianas: aparecéis y desaparecéis. Enclaustradas o liberadas, qué sé yo, es este complejo de Perséfone que tenéis todas a las que yo amo.




Un retal para Hilvanes


Nos ha dejado la decana de las letras españolas, Mercedes Salisachs. Así hace su necrológica el escritor catalán Ignacio Vidal-Folch.(link)
Yo le traigo a usted hoy este retal, un fragmento de la entrevista que le hicieron en la revista Mujer Hoy, donde se habla de nuestra gente: Jardiel, La Gaite ...


MH. Pero siempre habla muy mal de sus inicios. 
MS. ¡Uy! ¡Un desastre! Empecé mi carrera con un fracaso sonadísimo. Pero dos personas me apoyaron: Eugenio D’Ors, que dijo cosas muy bonitas de mis escritos y me animó, y Enrique Jardiel Poncela, que me escribió una carta preciosa. Yo fui a verle a un café en el que escribía y nos hicimos muy amigos. Murió poco después. Conservo algunas cartas suyas y creo que incluso escribió una poesía para mí. Pero “Primera mañana, última mañana” fue la única novela seria de esa época. Descubrí cómo tenía que escribir y ya no paré. 
MH. ¿Le resultó todo más difícil por ser mujer? 
MS. No mucho. Ya había muchas mujeres que escribían: Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Carmen Laforet... Martín Gaite era simpatiquísima, buenísima. Cuando la conocí estaba empezando a escribir. Su marido, Rafael Sánchez Ferlosio, ya era premio Nadal. Ana María Matute y yo también nos conocimos de jovencitas. Yo le tenía una gran admiración, la quiero mucho y creo que ella también me quiere. Lo pasó mal en su matrimonio. Su marido era muy buen escritor, pero un ser alocado y rarísimo. Ella merece ser académica. porque conoce el castellano de maravilla. 

L
eer entrevista completa (link)
De esta mujer creo que tengo por ahí una novela de hermoso título, El volumen de la ausencia. No digo que en un futuro no la leamos.

Coda

¡Ay los vicios humanos! Son ellos los que contienen la prueba de nuestro amor por el infinito. 
Charles Baudelaire 

Baudelaire, por Courbet


jueves, 9 de enero de 2014

Preparativos de boda, de Juan García Hortelano



Juan García Hortelano es uno de los grandes. Ni tan conocido como Cela o Delibes, ni tan reconocido como Ferlosio o Aldecoa, es, sin embargo, figura insustituible y talento raro de prosa genial.
El reencuentro me ha hecho sentir que hay esperanza, aunque sea en los caudales del pasado, que sacian la sed de la literatura cuando los haces presentes en cuanto te das a su lectura.
Sumergido en la primera lectura, recordé aquellos días de festividad literaria cuando yo leía El gran momento de Mary Tribune (link), recuerdo en especial una tarde de Domingo de Enero en que nevaba, noche ya cerrada, y yo le decía a quien conmigo vivía: voy a leeer para olvidarme de mí mismo, y así me sumergía otra vez en la fábula.
Cuánto necesito hoy también olvidarme de mí mismo, y sumergirme de nuevo en lo fabuloso.
Editado por la editorial Almarabu en la colección Textos tímidos en el año 1986, este librito cayó en mis manos una tarde de paseo por Recoletos, buscando oro en el río de los libros de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, de la que soy abonado.
Lo he usado en los meses anteriores para meter ahí los boletos de loterías, por si el rico estilo del autor hacía efecto, pero nada, mejor leerlo. Ahora guardo mis apuestas en el Pequeño tratado de los grandes vicios, de José Antonio Marina, como premonición del destino de mi fortuna como me toque una de quince.
Este librito frugal está compuesto por dos narraciones de muy distinto carácter, que pueden ser ejemplo de dos estilos que manejó con maestría el autor. No sé cual me ha gustado más.

Preparativos de boda

Mi pobreza era tan mísera que vendí la piel de oso. Mi pesadilla más agradable consistía en que la viuda del magistrado entraba desnuda y con bozal en mi dormitorio, ofreciéndome las fauces de sus pechos. Despertaba, sofocado, y sudoroso, y escuchaba, para distraer el insomnio, aullar al otro lado del tabique. ¿A la viuda, al perro, al espíritu del magistrado?
Es un relato de una originalidad sorprendente, en el que Lorenzo, apodado el Papaveras, narra los preparativos de una boda de dos parejas, es decir, de cuatro personas, entre todas ellas. Boda amañada por una pareja amiga y la que se supone que es su novia, Venusia, para que se centre y deje su vida disoluta de amancebamiento con Dorita, La Desmandada.
Narrado con irresistible gracia y mordaz ironía, parece como si se quisiera hacer una crítica a algo normal en la sociedad, siendo un suceso extraordinario.
Así vemos cómo Lorenzo, después de dejar a Dorita, va pasando lunas de miel prematuras con su novia Venusia y la fría Thais, pero a la hora de una etapa de prueba en convivencia con Ricardo, decide darse una despedida de soltero él solito, y todo cambia entonces.
El estilo es similar a aquel que deslumbró en El gran momento de Mary Tribune, un estilo característico de García Hortelano que hace adeptos, y quizá adictos.
Yo, si fuera personaje, posiblemente sería uno de este autor, es más un ser así que un querer serlo, pues cuando me veo envuelto en aventuras - aquella memorable noche en Argüelles en Mary Tribune, estas maneras de amañar y desengañar de Preparativos de boda, por ejemplo- veo que sólo podrían ser narradas por un cronista de Madrid tal como este.

Carne de Chocolate

Confundía la disposición de una casa y la otra. Confundía la lujuria y el hambre, cuyos jugos se mezclaban en mi saliva. Confundía el sueño y la vigilia, mi piel sarnosa con mi alma. Un deseo se transformaba en un recuerdo y me deslizaba, caía en una lúcida irrealidad, me desconocía. Resultó ser, efectivamente, el último verano de la guerra, pero de aquellas semanas conmigo mismo me quedó una cronología de características peculiares, irreductible. Y así, durante muchos años, instintivamente confundiría los tiempos y los rostros, establecería verdades contradictorias, trastocaría el orden de los acontecimientos.
Es el relato de unos recuerdos de guerra: bombardeos, miedo, hambre, soledad, mudanzas, sarna en las manos; pero también es un relato de iniciación a la vida, de la amistad con el Tano y del empeño por ver la desnuda carne de chocolate de Concha tomando el sol en la terraza; de las lecturas de Salgari, Rousseau y Elena Fortún -las novelas de Verne no se llevaron en el traslado por las tapas, según el padre-; con momentos de humor como aquel del chaval orinando y el tío Juan Gabriel mirándole desde la bañera, pues estudia para notarías y la bañera es el único lugar, según sus cálculos, donde las bombas no pueden caer.
Aunque aquí el estilo es realista, la confusión de los recuerdos queda bien reflejada para que las sensaciones hagan el efecto de extrañamiento que tan bien se le da a García Hortelano.
De nuevo volvía el tiempo de la confusión, de las certidumbres, de las emboscadas, de no saber que yo no sabía nada, el tiempo de la vida. 

Juan García Hortelano bailando
con Carmen Martín Gaite, en la que dicen que fue
la última juerga que se corrió el autor de
Mary Tribune.  1989

sábado, 4 de enero de 2014

Sombra de mi





Yo y mi sombra, ángulo recto.  
Yo y mi sobra, libro abierto.
Manuel Altolaguirre

Si te conoces demasiado a ti mismo, dejarás de saludarte 
Ramón Gómez de la Serna


Mi sombra roza la excelencia.
Estos días lluviosos y festivos uso un sombrero que encontré en casa una de las primeras tardes de lluvia. El chubasquero irlandés no me protege del frío y el paraguas es una molestia cuando sales y la atención mereces centrarse en otras cosas. Aquella primera tarde, ya noche, no me dí cuenta aún de lo que mi sombra hacía, o mejor dicho era.


Aquella primera tarde, noche prematura, algo avergonzado por llevar un gorro para la lluvia, me sorprendí por no llamar la atención: nadie se me quedaba mirando, a nadie extrañaba mi nuevo atuendo. Muchos hombres lo llevan, y a mí como a tantos me encaja en la cabeza sin excentricidad de moderno o de chalado.
Tormentas de viento y lluvia, sin truenos ni relámpagos, es lo que nos ha traído el nuevo año, y yo estoy feliz por ello, pues mi temple romántico queda reflejado en la noche y en la lluvia gracias a la ramoniana luz de las farolas. Así me he dado cuenta de lo que vale mi sombra.


Si me miro en el espejo y me observo con mi nueva y sempiterna cazadora negra y con el sombrero de lluvias, no veo más que a un hombre común, algo macarra y pelín bohemio; pero si andando voy, de noche, perdido por Madrid, y miro mi sombra, sonrío y me digo, le digo: eres mejor que yo, qué duda cabe.
La ramoniana luz de las farolas hace de mi sombra un reflejo de mí más puro y excelente, con ese sombrero que quedando mediocre en mi figura queda en mi sombra cinematográfico.
La sombra, en las películas, suele salirse de madre y es como un travieso personaje que en las comedias va a su aire y sin obligaciones, y en el cine de terror asusta o estimula paranoias.
Mi sombra, aún siendo distinta a mí -un yo ideal, una imagen a seguir más que guardiana-, aún no se me ha despegado, como un amigo más, siempre a mi lado y aún así desconocido.
Mi sombra es más atractiva que yo, si en vez de aparecer con el reflejo de la luz de las farolas se quedara en mi, esta combinación de mi sombra y yo, me haría hombre de una pieza, un ser completo.
Ya lo vimos en Peter Pan, que pierde su sombra y es la amiga y maternal Wendy la que se la cose. Así comienza el cuento y la aventura.
Mi cuento y mi aventura también comienza así, en ese momento en que veo mi sombra y digo: ese no soy yo, no forma parte de mí, y si me pertenece qué poco sé de mi.



Ahora mi sombra -que dicen los poetas y psicoanalistas es la zona oculta de nuestra personalidad- será mi maestra y mi modelo a seguir. O soy como mi sombra o nada seré.
Nada me apetece ser más que mi propia sombra, seré yo quien siga sus pasos y no ella a mí como manda la lógica. Mi sombra acaricia la excelencia, es perfecta y pura, un personaje de cine de una pieza, un tipo completo y sin complejos.


Coda

A la sombra de mi sombra 
me estoy haciendo un sombrero;
sombrero de largas pajas
que he recogido del suelo.
Lo haré con el ala ancha,
que casi llegue hasta el cielo
pa´muchas veces no ver
las cosas que ver no quiero.
Manolo Chinato



domingo, 29 de diciembre de 2013

¡Qué tristes parecen las burbujas de champán! (Un triste adiós para Germán Coppini)



Versión actualizada del año 98:  link


Por la casita encantada
no te has dejado caer,
los dulces se están perdiendo,
está volviendo a llover.

Regalos amontonados,
Hansel y Gretel están llorando,
las hadas buenas ya se han marchado.

La pequeña bailarina
por ti ha vuelto a preguntar.
Sentados los dos al fuego,
cuentan cosas de su capitán.

Te echamos todos de menos,
no han vuelto a dar cuerda a la caja musical,
¡qué tristes parecen las burbujas del champán!




Murió a las 9 de la noche, cuando todas las familias se preparaban para el discurso del Rey y la cena de Nochebuena; cuando yo corría por un extraño puente de Alcalá de Henares, bajo la lluvia, para no perder el último tren hacia Atocha.
Algún crítico ha dicho, acertadamente, que era el poeta del pop. Fue la mitad intelectual del que fue para algunos el mejor grupo de los 80, grupo de corta pero fecunda trayectoria: Golpes Bajos. 
En mi universo particular, en mi poética, conformados por intuiciones, emociones, ideas y búsquedas de rosas entre ruinas, su muerte me ha volcado la misma pena que sentí cuando se nos fueron Francisco Umbral, Gloria Fuertes, José Hierro, Carmen Martín Gaite y Gabriel Celaya. Su legado no pertenece a los libros, sino a la música, pero no por ello deja de ser literario, muy literario, increíblemente literario. Él mismo reconocía que no tenía idea de música, era su otra mitad en Golpes Bajos, Teo Carralda, quien se ocupaba de ello, poniendo el complemento ideal de una música de delicada belleza a esas letras morbosas, extrañas, que podrían haber sido creadas por un Poe, un Cortázar, un Busowsky en las canciones más extremas.
Con Umbral y con la Gaite me sentí huérfano, pues les leía contínuamente y sabía que no volverían a escribir, con lo que el pulso de su ausencia me hacía a mí un ser más incompleto para siempre. Con los otros es distinto, como si tuvieran una obra más acabada y la tristeza fuera más por el ser que se fue que por una obra que podía dar más de sí. Uno tiene la esperanza de levantarse un día y volver a ver una columna nueva en El mundo, o una nueva novela de aquella mujer elegante.
No era tan conocido como Santiago Auserón/Juan Perro, Antonio Vega, Sabino Méndez (Loquillo y los Trogloditas) o Joaquín Sabina, pero las letras de Coppini están a esa altura de calidad literaria, de historia contada como fábula o de poema necesario.
Su voz, como la de Bunbury, es característica y reconocible, no a todo el mundo gusta resultando cargante, pero es un estilo y como tal tiene sus adeptos incondicionales y acérrimos.

La bola de cristal


Cuando hace treinta años en la televisión trataban a los niños como proyectos de seres que un día madurarían y pensarían por sí mismos, y no como eternos corderitos sin capacidad de raciocinio que necesitan ser pastoreados, existía un programa infantil, La bola de cristal, asombrosamente libre y sin complejos.
El primer recuerdo que tengo de Golpes Bajos y de Germán Coppini fue un vídeo que con frecuencia emitían en este programa, como una pequeña película: Cena Recalentada.



Versión actualizada del año 98: link


Un beso en un portal, un abrazo, hasta mañana,
qué hombre me sentía cuando a ti te acompañaba.
Tú lo eras todo y yo era nada,
pisábamos los charcos, tan lejos estabas.

Es necesario ver el vídeo para disfrutar el relato poético, así podemos ver a Germán Coppini, todo un personaje. Podemos considerar a esta canción como precursora de esa obra de arte que es Allí donde solíamos gritar, de los Love of Lesbian. (link)

La cinta de mi hermano




No mires a los ojos de la gente
me dan miedo, siempre mienten
no salgas a la calle cuando hay gente
¿y si no vuelves? ¿y si te pierdes?

Vieja y gastada, la escuché mucho en los 90, con todos los éxitos que todos conocen, como la paranoica y desasosegante No mires a los ojos de la gente, la onírica y surrealista Fiesta de los maniquíes, y Malos tiempos para la lírica, que se convirtió en himno y nunca pasará de moda. Este último título está basado en otro título de un poema de Bertolt Brecht.



Seguro que algún día, cansado y aburrido,
encontrarás a alguien de buen parecer,
trabajo de banquero bien retribuido
y tu madre con anteojos volverá a tejer.
Malos tiempos para la lírica ...

Tengo la suerte de tener hermanos mayores, de los cuales heredé un gusto musical ecléctico. De mi hermana la canción protesta, de mi hermano mayor el rock urbano y la música de la Movida Madrileña. Este movimiento dicen que trajo un soplo de aire fresco, donde el talento sin más prevalecía sobre la profesionalidad. Muchos músicos no sabían tocar bien, muchos cantantes no tenían una gran voz. Dudo mucho que Coppini hubiera pasado una primera ronda de Operación Triunfo, tampoco tenía conocimientos musicales, pero como pasó con tantos grupos por aquel entonces, este talento no sólo les abrió camino, sino que crearon camino.
Antes de llegar a una segunda parte, he aquí una historia de amistad desengañada:



Versión actualizada del año 98: link

Pues mi deslumbramiento definitivo y mi admiración perpetua llegó poco antes del nuevo siglo, con un disco que vino a actualizar la obra ya realizada. Como si fuera Juan Ramón Jiménez, siempre trabajando sobre lo ya hecho y publicado, insatisfecho de su obra, pues una buena obra nunca se acaba, siempre se abre a la posibilidad de mejora.

Vivo




La pregunta es, ¿era necesario este repertorio con las canciones actualizadas? En algunas ocasiones, como en la bellísima Hansel Y Gretel, cambia la forma pero no el sentido, mientras en otras como Desconocido cambia el rumbo de la historia.
Creo que el disco no tuvo muy buenas críticas, quizá tengan razón en que no era necesario. Pero tampoco estaba de más, y para muchos que aún eran niños en el apogeo del grupo, como es mi caso, sirvió para que conociéramos su grandeza.
Uno escucha primero una canción original y luego su actualización y quizá prefiera en algunas, pese a la niebla original, a estas primeras, como si las actualizaciones perdieran algo de su encanto al ser más claras. Pero no pierden un ápice de su magia y misterio.
Viene a reunir además sus mejores canciones, aunque falte Fiesta de los maniquíes. 
A mí me sigue pareciendo un disco redondo, uno de esos discos que no nos cansamos de oír una y otra vez, y que no tiene desperdicio alguno.
Aún recuerdo aquella noche de fascinado deslumbramiento con los primeros compases de la primera canción, Necesito saber. Fui directamente al vídeo, metí una cinta y a grabar.
Se trataba de un concierto que era además una película, cada canción un corto cinematográfico o una simple pieza de canción pop, daba igual, a partir de entonces vi la película -dirigida por Juanma Bajo Ulloa- muy a menudo.
Algunas son canciones nuevas, junto con las antiguas son una serie de escenas cotidianas vistas a través del vino bueno de la literatura.
Es sobre todo una canción, mi preferida, Tendré que salir algún día. Es la última, el perfecto colofón de una gran obra. Forma parte de mí como si la hubiera escrito yo, pues me recuerda a ciertos estados de mi propia vida.
Cuelgo en este post la primera versión, y dejo para mi Jardín Inglés la versión actualizada, más clara y literaria aún: link

Un antes y un después


Es preciso mencionar que antes de ser el vocalista y letrista de Golpes Bajos, a primeros de los 80 también lo fue de Siniestro Total, donde puso su lado más gamberro, que no abandonó del todo luego en Golpes Bajos, como demuestra en canciones como Madame (la cuelgo en la mediateca del Marqués de la Pollalzada: link ) o Estoy enfermo. (link)


Después de Golpes Bajos su carrera fue fructífera, pero alguien que la conozca mejor que yo sabrá contarla con más interés y yo tendré placer en leerlo.
Sólo mencionar este pedazo de tema: Alien divino, de su disco El ladrón de Bagdad. Me recuerdo a mí mismo escuchándolo en la radio en el baño de mi casa, intentando un primer afeitado.


No perdemos la manía 

de tener esperanza. 
Que el dios de nuestra infancia 
nos venga a enseñar 
otro lugar más allá. 
No da para más, 
no da para más, 
que aparezca un alien divino 
y nos haga soñar.

Coda




Mi pequeña dama, dime, ¿cómo te encuentras,

acaso decepcionada de verme muerto en la escena?.
Yo quiero ser el guardián de esas noches sin estrellas,
no demores tu tardanza que te esperan, Cenicienta.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Blue Jasmine, de Woody Allen



Hay artistas que no deberían irse nunca, que pese al gran legado que dejen, por su insistencia y constancia en poblar las estaciones con su genio, su espacio inhabitado nos afectará más. Más cuanto más haya sido la frecuencia de su compañía.
Así como Joaquín Sabina (link) no debería morirse nunca, tampoco debió morirse Francisco Umbral (link). Prolíficos son, quizá con el pecado de la irregularidad pero con los dones que siempre consuelan por su magnificencia. Umbral con su columna diaria, sus colaboraciones continuas, su par de libros anuales, dejó con su ausencia un asidero menos con qué sostenernos.
Cuando Woody Allen nos falte habrá un blanco de luto en la cartelera. Que nos dure por lo menos diez años más, que las tiene las película mejores y reguleras -que diría el cómico manchego-, pero que siempre es el mismo con su humor, con una historia que contar, con su sabiduría incuestionable sobre el cómico arte de vivir, tan trágico.
Woody Allen, genio

Heredero de Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes, pasando por toda una tradición de buena literatura hasta llegar al cine recogiendo dos testigos: el de Fellini y el de Bergman, nadie mejor que él sabe hacernos reír y pensar con faz sombría.
Una vez al año nos invita a pensar tomando un café o una copa -según el tipo de película- durante una hora y media, con buena música de jazz de fondo. Casi siempre nos hará reír, pero siempre nos dejará con la grata sensación de que el tiempo ha sido bien invertido, y el amargo sabor de que todo podría haber sido mejor, que somos imperfectos por mucha voluntad de bien que tengamos.
A veces en sus películas, como Match Point o en Poderosa Afrodita, hay un coro que hace de juez, pero la mayoría de las veces los jueces somos nosotros el coro, el público, los que juzgamos por ejemplo a Jasmine en Blue Jasmine. ¿Pero nos planteamos qué haríamos en su lugar, es que nosotros somos más fuertes que ella, menos vulnerables a la derrota y a la locura?
En el caso de Match Point, ¿no nos vemos reflejados en el protagonista, un asesino?
¿Qué harías tú por salvar tu vida, qué cadáveres dejarías a tu paso?
En Melinda, Melinda -según parece una de sus películas menores, a mi modo de ver de las mejores- vemos esa dualidad entre la tragedia y la comedia, contínua en toda su filmografía, más concretada, en Blue Jasmine puesta en práctica.
Tiene películas como Scoop o Misterioso asesinato en Manhattan que son pura comedia, otras como Match Point que son pura tragedia.
La balanza en Blue Jasmine, igual que en Melinda o Melinda -según mi memoria-, se inclina a la tragedia.
Match Point; Melinda Melinda ... sí, Blue Jasmine pertenece a este tipo de películas del señor Allen.
Antes que ésta, la última que me gustó mucho de él fue Midnight en París.
Como siempre hago cuando escribo de cine o de libros, no diré mucho de la trama, para que tengas tú el trabajo de ver y de leer.



Trata de dos hermanas no biológicas. Una acostumbrada a una vida de lujos, la otra habituada a un medio humilde. Sus roles rozan la parodia, pero desde la ternura.
La primera fracasa y su mundo se derrumba, la humilde, acostumbrada al fracaso, también está acostumbrada a sobrevivir en su medio hostil. La hermana pobre acoge a la hermana rica para darle apoyo.
El contraste es cómico, pero real. La hermana rica no comprende el mundo modesto de la hermana, no deja de juzgar, de comparar, de poner pegas. Sin embargo la otra es feliz con esos placeres que da la pobreza, con el amor que su marido humilde le brindó y con el que su novio humilde ahora le brinda. Este tipo de felicidad la otra no lo ve bien, e intenta que su hermana menos favorecida por la fortuna -económica- cambie. Parece no aceptar que ha fracasado en su vida lujosa, y enfoca su amargura en el pequeño mundo de su hermana. Casi se lo lleva por delante, lo que no sabe es que los humildes, al no tener nada, nada tienen que perder. Ella lo pierde todo, hasta la cordura.
Si recordáis Hobre rico, hombre pobre, aquella vieja serie; y Príncipe y mendigo, de Mark Twain; aquí tenéis otra historia moral sobre estos dos mundos condenados a enfrentarse y pese a ello a contagiarse.
Y yo que me acordaba constantemente del polémico Salvador Sostres (link), abanderado del lujo ten tantos artículos, tanto que lo equipara a la divinidad, olvidando constantemente al dios de los pobres, aquel que nació en un pesebre y que se juntaba con amigos que trabajaban con las manos -esos trabajos mecánicos que Jasmine detesta-, con ladrones y con prostitutas.
Me gusta Salvador Sostres y le leo habitualmente, pues su voz ocupa un lugar importante: el neoliberal sin complejos, que cree en lo que dice, lo dice con gracia y escándalo, y allá tú si te rasgas las vestiduras. El problema está en el lector que se escandaliza, pues gusta de ello. Quien se pica ajos come.
Yo, que soy el anti Sostres, abanderado de los placeres de la pobreza, sin embargo no me escandalizo, y le leo con gusto: es su manera de ser en el mundo. No estoy de acuerdo con él -sólo cuando trata ciertos aspectos de la educación y de la Fé con él me hermano- pero le prefiero a él antes que a otros que abogando por la humildad dicen lo mismo.
Salvador Sostres, abanderado del lujo

Necesitamos gente particular, peculiar, original. Y pintoresca. Y si dicen barbaridades de vez en cuando, haremos bien en considerarlas como un reto, no como una ofensa.
Bastante nos maltratan los políticos como para que paguemos nuestras rabietas con los que escriben. Tengamos en cuenta que el escritor que enfurece, que divierte, que emociona, es un buen escritor, pues su misión es la de mantenernos despiertos, o quizá tan sólo entretenernos, que ya es bastante.
Pues bien, me acordaba yo de Salvador Sostres porque Jasmine, la protagonista, la hermana lujo, pertenece a ese mundo del que este escritor habla en sus artículos. Me acordaba y me reía para mis adentros, pues yo ya sé que cuando el lujo, cuando falla, más que pobreza provoca insana locura.
Pero cuando falla la pobreza lo que surge es un comienzo lleno de posibilidades, entre ellas la inmensa felicidad de los placeres pequeños.

Coda

Los placeres de la pobreza han vencido
a mi burlada revolución
(Héroes del Silencio)

Ayer por la tarde celebramos el cumpleaños de una amiga.
Antes del cine -que yo pagué con tarjetas de descuento- nos tomamos unos cafés y unos bollitos. En un sitio muy barato, no pagó mucho más de cinco euros.
Su cara de felicidad fue contagiosa, por los regalos: dos libros de la nobelada Alice Munro, uno de Truman Capote -Desayuno en Tiffany´s-, un disco de Bruce Springsteen ... De mi parte un libro de la Munro y el de Capote.
Luego la peli de Allen.
Luego cervezas y unos montaditos, en un sitio también muy barato, donde no pagó más de 20 euros. Encima va y me regala un paquete de Chesterfield, por las veces que dice que me gorronea, y eso no es cierto.
Luego, camino de Aluche, paramos en un bar a tomar una de oreja y más cervezas.
Quedamos con otro amigo en el Mago, tomando café y crema de orujo, el camarero nos cuenta chistes y nos hace trucos de magia. No, no son trucos, le digo, eso es magia.
Antes de las doce nos dejamos caer en un lugar de Aluche, cerca de mi casa, que de madrugada se vuelve clandestino. Cierra ventanas y puerta y sólo aceptan a los amigos. Llamamos con los puños a la puerta, se abre una cotinilla, desde dentro nos observan. Abren la puerta y V, el propietario y único camarero, nos abre la puerte y nos da la mano.
Ahí caen dos whiskys con hielo, de importación pero baratos. Los demás toman un licor de hierbas austriaco muy fuerte, tan fuerte dicen como la absenta que tomaban los poetas malditos. Otros toman cerveza, botellín tras botellín. Los otros parroquianos se van detrás de un biombo y montan la timba de cartas. Ahí podemos fumar, pues ya no está abierto al público.
Hablamos, entre otras cosas, de Jazz.
De vez en cuando le lío un cigarro a mi amiga, y como este tabaco es así, una pavesa aún fogosa que vuela le cae en la media y le hace una pequeña carrera.
Yo, delante de su novio, que es a la vez uno de mis mejores amigos, juego con la pequeña carrera, metiendo el dedo.



jueves, 14 de noviembre de 2013

Azorín Zombi contra el lector gafapasta de novela erótica basura



Leer hace unas semanas 50 Sombras de Grey me ha supuesto una experiencia tan indigesta como en su momento la lectura de La Voluntad de Azorín (link). Y es que los extremos se tocan.

Una espesa y cobriza niebla como felpudo vintage cubre el Camposanto. Se abre la tierra como parrús de parturienta, y como si de un feto encorbatado y pulcro pero polvoriento de cenizas se tratase, resurge de su piltra José Martínez Ruíz, Azorín, ni muerto ni vivo -como algunas de sus más célebres páginas-, si no zombi. La ofensa ha roto su descanso, el ofendido atraviesa el bello púbico de la noche, que el ofensor tiemble.
Azorín retratado por Zuloaga.
Cara de Zombi, sin duda.

Azorín es un señor que escribe demasiado bien. La señorita James escribe demasiado mal.
La señorita James hace un relato entretenidísimo y de fácil lectura. Azorín hace un relato plomo, la suya es una pelma lectura.
Azorín usa de una riqueza léxica apabullante, palabros de índole diversa vivos y muertos, algunos ni lo uno ni lo otro, palabras zombies que te atacan y muerden las entendederas. La señorita James ...
-Señora, por favor -se pone roja de ira-.
-Disculpe -me pongo colorado como un tomate.
La señora James no es ni sencilla ni siquiera simple. Es pobre.
Imagino un fructífero y simbiótico matrimono entre este par de dos.

Zombi Azorín, rojo de ira como un tomate, atraviesa el cuerpo desnudo de doncella que es la estepa castellana después de abandonar la niebla pubis dirigiéndose al pozo del ombligo de Anastasia Steele. Pisa bien, sádico caminar. La tierra se estremece de dolor y de placer y se pone colorada.

Hoy, a día 14 de Noviembre del año 2013, sigue la huelga de limpieza en Madrid, las calles llenas de inmundicia y podredumbre. Los establecimientos, antes de la huelga, ya ofrecían comida basura que devorábamos. Las librerías, ya antes de la huelga, ofrecían igualmente con vistosas portadas sus novelas basura.
Por internet nos descargábamos, piratamente, alta literatura y literatura basura, antes de la huelga. Es decir: la huelga de limpieza ha existido siempre. La gente devora y devora litros de tinta basura y kilos de papel basura.
Nos solidarizamos con los obreros de la limpieza que hacen huelga. Nos sentimos hermanos, también, con los que se niegan al donoso escrutinio en las librerías. Todo es según como se lea, basura que tú me dieras, basura que me metía. El lector gafapasta -Montura Carolina Herrera, por cierto- atraviesa los kilos y kilos de desechos y mira goloso los tomitos gordezuelos expuestos en los escaparates. Lo mismo se zampa un Azorín que una señora James, un arroz con bogavante que una burguer ahorraking de un euro.

El ombligo de Anastasia siempre está limpito. Retrógrado, Zombi Azorín, rojo como un tomate censura la núbil desnudez que pisa y la cubre con viejas palabras que hacen pupa. Purito bondage del bueno, oiga. Hasta llegar al tetamen y reescribir los pezones con su afilada pluma de celebérrimo autor ibérico. Anastasia se pone colorada y se estremece de placer. ¡Madre mía!

Tanto daño hace la escasa imaginación léxica como la escasez creadora. Azorín no gustaba de las metáforas, que son la cima de la creatividad literaria. Mucha palabra floral, demasiada aridez. James propone a cambio a su consorte Azorín un desierto léxico pero mucho sexo. El bendito rubor de Anastasia, lo mejor de la novela de la señora James. Pero no tiene más palabras para describirlo que roja como un tomate, que colorada. Y como Anastasia se nos sonroja a cada mirada de Christian Grey, a cada palabra suya, a cada sádico actuar, a cada paso de zombi atormentado, echamos de menos un Azorín Grey que la estimule y la haga pupa con tanto placer. ¡Madre mía! La de veces que se prodigan estas palabras, ¡madre mía!. Me pongo colorada, roja como un tomate.

Termina la lectura el lector gafapasta contoneándose Fuencarral arriba Fuencarral abajo, provocando a los apocalípticos que solo leen mierda y basura bendecida por la élite. Se viste de monaguillo porque así se peca mejor y da más gusto el dolor y el perdón tras el arrepentimiento. Purito bondage literario. Yo me confieso: leí 50 sombras de Grey. El cura dogmático le impone la penitencia de leer el Ulises de Joyce. No, ya lo leí, padre, que dice el lector arrepentido. El cura se rasga las vestiduras y se le ven las vergüenzas. Entra en escena Zombi Azorín con su Anastasia vestida de riqueza léxica. Dispuestos a casarse. ¡El cura está desnudo! Y la tiene muy pequeña. Zombi Azorín le muerde el mínimo cimbel y el culto y elitista sacerdote de la vanguardia literaria se queda sin genitales, sin poder creador, sin ideas, es lo que tiene ser tan tan.
-Que nos case el monaguillo entonces.
Amenazante Zombi Azorín Grey se dirige al gafapasta monaguillo, que acepta sumiso.
Que me den bondage.

Conclusión.

Lo que le falta a una novela tan excitante y original como 50 sombras es un toque de Azorín.
Tiene de por sí, la novelita, psicologismo y buena creación de personaje principal: Anastasia. Grey no es más que un estereotipo de galán de novela romántica pasado por el tamiz de la perversión de la novela erótica.
Y no tengo nada más que decir, sólo que habrá que leer Tess, la de los D'Urberville, de Thomas Hardy, en la que se basa la novela de E.L. James.
Y cuando la adapten al cine, por favor, que me respeten el rubor de Anastasia, tan excitante.
Y sus ojos en blanco zombi, y cuando se muerde el labio, zombi.



jueves, 7 de noviembre de 2013

El escritor y la pose (II). 100 años de Albert Camus

La leyenda de Camus es sobria y grave. Exige fieles que sepan leer: hoy, una estricta rareza. Su desafío del tiempo no conoce más templo que la biblioteca: lugar, en los tiempos que corren, muy poco frecuentado.
Gabriel Albiac


Quizá fue, son su sólo sé que no sé nada, Sócrates el primer existencialista. Y ahí, partiendo de esta nada, comenzamos a pensar.
Sócrates rodeado de sofistas, que todo lo sabían sin necesidad de pensarlo. Al igual que hay una prosa sonajero (Marsé dixit) también hay un pensamiento sonajero. Ya que la prosa es la materialización del pensamiento.
Luego vinieron los kierkegaard, los schopenhauer, los nietzsche, los heidegger, los sartre, los camus ...
Salvados de la nada en su amor a la sabiduría, asidos a ella para no caer en los abismos nihilistas. Esta angustia ante el vacío les hizo buscar un sentido, y este camino fue su legado a la humanidad. Como diría Sartre: El existencialismo es un humanismo.
También en literatura hay un existencialismo, no hay más que leer El árbol de la ciencia, de don Pío Baroja. Mi existencialista preferido es, como no, Francisco Umbral: su poética en prosa viene cargada de una mística surgida de un desolado nihilismo -Mortal y Rosa-.


Albert Camus, fotogénico

Que quede claro: la pose de Camus no es sólo estética, que también. Lo es ética, por eso sigue siendo considerado uno de los referentes morales de occidente. Es una posición ante esta nada, ante este mundo, por hacerlo habitable.

Más literato que su contemporáneo Sartre, menos ortodoxo y más disidente, más guapo e icónico. Sartre era más filósofo, quizá más ligón también, la suerte del feo que dicen. Los dos recibieron el Nóbel (Camus por el «el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy».), pero Sartre lo rechazó, quizá por ser más existencialista, esta ortodoxia que digo. No se es mejor o peor por aceptar o rechazar tal premio, ya que son poses que quedan más o menos curiosas. 
Los dos eran la mar de franceses, la mar de humo de fumadores que eran..Y yo, que no he leído La Náusea, sí he leído El Extranjero. Prefiero a Camus -Albert Camín su nombre sonoro en castellano-. 
Me parezco más a Camus. Hubiera preferido quizá parecerme a Sartre, con todas esas estudiantes revoloteando a su alrededor, cortejando un nilismo muy feo pero con mucha labia.
A Albert Camus le traducíamos en la universidad, pasajes de El Extranjero, y alguien nos decía que su traducción más fiel sería El Extraño: por ese extrañamiento del nihilista ante el mundo, que se siente extranjero en el mundo. Luego leí en castellano la novela, después de cuatro o cinco años de estudiar francés no me quedé con nada de esta lengua hermana, pero sí aprendí a mejorar mi pose de literato fumador, por si algún efecto de musa me hacía. No soy bueno con los idiomas, pero sí lo soy como monito de imitación.

Todo el pensamiento de Camus irá siempre unido a su pose elegante de actor de raza. Es esa su raza, la de los actores que no necesitan histrionismos para ser buenos, les basta como una mirada o dar un paso para decir lo que tienen que decir, para transmitir algo: Henry Fonda, Humphrey Bogart, John Wayne ... Así también su pensamiento. Un pensador histriónico, de la mejor tradición de jacknicholsoniana, sería Nietzsche interpretando a Zaratustra.
Camus lleva muchas décadas siendo un icono. Queda muy bien en facebook con alguna de sus citas estampada, para que cualquiera que no sepa quien es diga qué guay y te ponga un me gusta. Yo acabo de hacerlo hace una hora.
La cita es la fotografía de un pensamiento inspirado. Ten cuidado con la cara que pones cuando te fotografíen, pues ese gesto quedará inmortalizado. Así también con lo que dices, pues en seguida te pueden sacar la foto cita, y ser tú ya para siempre quien eso dijo.
El pensamiento de Albert Camus ( harás el favor de leerlo así, que mejor queda: Albert Camí) es también muy fotogénico, pon en google camus citas y la lluvia de fotografías de sabios instantes te lloverán.
Harás bien en leerlas, sí, pero harás mejor si lees El Extranjero, obra completa e imprescindible.
Aquí unas pocas. 

"Bendito el corazón que se puede doblar porque nunca se romperá"

"Califico de estúpido a quien teme gozar."

"Está la belleza y están los humillados. Por difícil que sea la empresa quisiera no ser nunca infiel ni a los segundos ni a la primera."

"En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible."

"No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo"





Su pensamiento claro está que fue influyente, pero también lo fue su imagen. Son iconos hermanos como Bogart, Brando, Dean (al igual que Camus, James Dean murió en accidente de coche) 




No me queda claro quién imitan a quién, pero todos posan con el cigarrillo del pensador que quema la nada con el fuego de su pensamiento, convirtiéndola en humo.



Hasta yo mismo me he hecho fotografiar así hoy para celebrar su centenario -en Aluche, cómo no-, con camiseta de los grunge Nirvana, y no estará de más decir que el movimiento grunge es existencialista, el mismo Kurt Corbain era un abanderado del nihilismo, un buen ejemplo del sísifo de Camus, suicidio incorporado y todo. Ya dije alguna vez por aquí que yo en los 90 fui grunge, al menos en la manera de vestir.