lunes, 25 de abril de 2011

Un impostor llamado superyo

Puerta Bonita, en Carabanchel



La del alba sería, en estos días.
Por la radio las noticias: costaleros llorosos, lluviosa amanecida: no hay madrugá.
La del alba sería cuando yo, impulsado por el resorte de los despertadores asesinos del sueño, sueñicidas, recorría veloz con pierna agil mi calle, para ir luego a Ntra. Sra. de la Luz, y luego el metro, y luego enfilando la calle del Gral. Ricardos, pasando por Puerta Bonita.
Por esta zona de Los Carabancheles hay románticos rincones que son ruinas del explendor de otros tiempos. Alrededor de donde yo trabajo, dentro ya de la finca, hay una estatua desnuda sin cabeza y sin brazos, y hay también una iglesia en ruinas. Hay gatos alimentados por ancianas y por trabajadores. Hay palomas y mirlos, hay cotorras.
A todo esto, acabo de inventar el término sueñicida, no me lo pises ni me lo robes, no está registrado.
Los despertadores son muy hijos de puta, abofetean con la frialdad de un sicario que mata a diario. Esta frialdad es mecánica y sin conciencia del crimen, al menos un sicario humano se podrá encomendar a una virgen, creo que hay una película que se llama La Virgen de los Sicarios, pero mis despertadores son mecánicos servidores de lo que Freud llamaría el superyo. Aunque para mí, mi superhéroe preferido, es mi ello, mis pulsiones inconscientes que buscan el placer, los hados del sueño secuestrados, amordazados, torturados, luego asesinados, por este gran pontífice y sicario, un impostor llamado superyo.
En este jardín interior somos, como mi mono Amedio y yo, mi ello o mi id y yo los que corremos mil aventuras, pero luego llega el superego repartiendo yoyas y aquí se acabó el cuento. Este superego es el que parte el bacalao, que desalamos para guisar este Viernes Santo el potaje de vigilia.
Sin embargo hay un lugar donde este superyoyas tiene vetado el paso, y es este santuario sanatorio con estatua desnuda pero carnal y con atributos, y con ruinas de iglesias en perpétuo estado de edificación.
Es decir, que cuando escribimos, lo hacemos ello y yo, id y ego. El superyoyas, eso sí, tiene luego la labor de censor, siempre pensando en lo que pueda pensar la gente. Pero nada que ver tiene en la labor creativa.
A lo que íbamos, esta santa semana no ha habido sevillas ni cristos al que sacaran.
Pertenezco a un gremio que se mantiene activo mientras los otros duermen y festejan con ego e id festivos, se dan a los placeres y si son muy religiosos mortifican sus carnes flagelándose, pulsión que también alegra al id, que es el que maneja el cotarro en los días de fiesta.
Normalmente las cosas son así, el id propone, el ego es el intermediario, el superego lo jode todo.
Si paseas un día de fiesta te encuentras que hay gremios que permanecen activos: cocineros, camareros, policías, enfermeros, bomberos, barrenderos, taxistas, prostitutas, gitanas que leen las manos y te dan una ramita de romero, mimos, carterisas, sicarios ...
Luego están esos gremios como el de los periodistas y el de los escritores, atención a estos últimos, los escritores, que hacen guardia aunque sean las tres de la madrugada en Viernes Santo.
La del escritor, sobre todo la del escritor literato -hay escritores que no son literatos pero no hay literatos que no sean escritores-, es una profesión donde gobierna el id más que el superyoyas. Es esto poner un sueño por escrito.
El pasado Viernes, mientras me liaba yo mis cigarritos, veía  un documental sobre Josep Pla, grafómano y fumador empedernido. Terminada la guerra civil se volvió amargo y se recluyó al folio en blanco. En la tele sale como un oriental sonriente. Todo el día escribía, y leía a filósofos y novelistas españoles y franceses, luego se iba a cenar con los amigos y frecuentaba burdeles. Cuando llegó la democracia dijo que no, que no podía ser posible que el pueblo gobernara.
Paco Umbral y yo, que somos de izquierdas, admiramos mucho a este señor de derechas.
Misteriosamente, el id se desarrolla mejor cuando el superyoyas -en este caso Franco- impera en todo su explendor de gerifalte. El ego, el intermediario, en este caso el padre de la democracia y escritor de constituciones, como que le corta el rollo al tirano y al artista, que son los mejores artífices de Literatura.
Ahora nos tenemos que inventar a los tiranos: Zapatero, Aznar, qué más da. Siempre se escribe contra alguien, aunque este alguien no sea objeto u objetivo literario, si no simple excusa para la escritura, un reglamento que hay que saltarse para ser felices el ego y el id. Yo, por ejemplo, escribo contra los ejércitos de la desolación, usurpadores de mi reino, sicarios del superyo y sueñicidas.
Por esta razón uno no cree mucho en los talleres de escritura, donde es muy posible que haya un superyoyas oculto dando ideas. Siempre digo que el mejor maestro para la escritura es un Kafka o un Dostoyevski, alguien que te ha mostrado la realización de un id pese al superego. La historia de las letras, desde La Odisea y La Biblia, es un fresco de instintos maravillosos bien narrados, donde el id campea como un superhéroe derrotando al superego. Luego el ego lo lee y pese a que es un mediador pelota y pusilánime acepta que como mejor se vive la vida es con el id de la mano.
Todos y todo, ya sea persona o conjunto de personas -club, país, institución, afición futbolística ...- tiene una suerte de ello, de yo, de superyo colectivo. Unos quieren y desean, otros imponen las reglas. Luego están los egos que se reunen, hacen ruedas de prensa y conceden entrevistas. Son abucheados o aclamados por el ello, que es el pueblo, y van con el rabo entre las piernas atemorizados por el caos que puede producirse ante la cólera del superyoyas, que es ese poder moral ante el que todos nos inclinamos. El superyo, más que nada, es una costumbre de la que es difícil sustraerse. Josep Pla, supongo, tenía miedo al id colectivo, y eso que él se estaba de contínuo dándole a la escritura, que es sacar en el papel las motivaciones, deseos y pulsiones de nuestro id chiquito.
El yo pocas veces pinta nada, el yo no es más que lo que ve el vecino, el id y el superyo en estado cívico. Lo que pasa en el interior de las personas es lucha constante, y eso pocos lo ven, el ello y el superyo enzarzados y el yo ocultándolos con la sonrisa matinal y buenos días.
El superego tiene concesiones con el id, para que no se revolucione, pan y circo en todas sus variantes. El id tiene ansias de alcohol, sexo y rock & roll, y aunque resulte raro decirlo, de trascendencia y conocimiento, de comprensión de la realidad con todo lo que esta lleva dentro. Sin embargo el superyo, conservador, teme que el id se salga con la suya, por eso le otorga concesiones: por ejemplo locales donde ir los Sábados a perder el sentido, el id queda satisfecho por unas horas y no molesta, aunque luego del malestar de la resaca dominical, que debe ser algo así como el malestar de la cultura, no nos cura nadie.
El superyo, sin embargo, podría ser un ello que se rebeló un día y al ser el más fuerte -el que sabe meter más miedo- impuso su ley. O bien podría ser que reinara la anarquía y que los impulsos se fueran relevando para gobernar momentos. Esto en la vida diaria no puede ser bueno, pues no da tiempo a que un impulso beneficioso se convierta en norma, y puede suceder que un impulso negativo sí lo haga.
En la escritura, sin embargo, cuanto más confusión de impulsos, normas y mediadores haya, mejor sale la terapia. Yo quería escribir un post relatando mi semana laboral de cualquier manera y resulta que me he dejado llevar, y me ha salido aquí una especulación psicoanalista. Yo soy ego, y me maravillo de los resultados de estas batallas entre mis pulsiones y mis reglas.
Actualmente leo La Conciencia de Zeno, de Italo Svevo, trata de un tipo muy singular que relata su vida a su psicoanalista. Y yo me acuerdo de Roth y de El lamento de Portnoy, y de Woody Allen. He encontrado en youtube una de las mejores escenas, colgada está en mi jardín.


Coda

El Viernes, al salir del trabajo, fui a comer con los akabaos. En un puestol Callao vendían libros, y me compré El escriba sentado, de Vázquez Montalbán, por un euro. En la contraportada indica que el precio original eran 1900 pts. Es un libro de pequeños ensayos de crítica literaria, dedica uno a Pla: El Universo Caldeo de Pla.
Después de llenar la panza sachopancescamente, nos dejamos llevar por el ello y bebimos vino sin medida, y amamos la Literatura, cortejándola a través de las experiencias lectoras e imponiendo como superegos nuestros criterios. La cosa se puso caliente al tratar el tema de si Javier Marías y Vila-Matas eran buenos. Dos de nosotros defendimos estos nombres, mientras que los otros dos decían no tenerles en cuenta porque según ellos no escribían con las vísceras. Nos impusimos lecturas para los próximos meses:
-Submundo, de Don DeLillo, fue la propuesta de Azarías, que odia los blogs y ama la literatura. Me une a él una admiración sin medida por Umbral. Cuando comenté lo del programa de Pla, fue el único que se interesó.
-Volando Solo, de Roald Dahl. CiudadanoQuien, dijo que necesitaba un análisis psicológico de cada uno de nosotros para poder recomendar algo, que si no, no jugaba. Se impuso el superego cuando sacamos nuestros ids amenazantes.
-Tito Andrónico, de Shakespeare. Sumo Sacerdote sólo recomienda lecturas magníficas, como El Ulises, La Montaña Mágica, El Hombre sin Atributos. Su misión en esta tierra es pastorear nuestros ellos para ser unos superyoyas literarios.
-Miguel Strogoff, de Jules Verne. Para compensar yo quería recomendarles Misery de Stephen King, o El extraño caso de Charles Dexter Ward, de H. P. Lovecraft, pero me miraron con cara de pocos amigos: ese tipo de libros nos aburre. Si les aburre Miguel Strogoff es que están perdidos.

Abre bien los ojos, mira.
(Julio Verne. Miguel Strogoff)

5 comentarios:

Visce Rral dijo...

arroyocagón
(escrito con las vísceras)

Manicomio dijo...

Gracias por la suerte

Hilvanes y Retales dijo...

(PUES NO ME HE ENTERADO DE LOS COMENTARIOS PREVIOS... EN FIN ...)
Yo de mayor, quiero ser Pla: "Todo el día escribía, y leía a filósofos y novelistas
españoles y franceses, luego se iba a cenar con los amigos y
frecuentaba burdeles. Cuando llegó la democracia dijo que no,
que no podía ser posible que el pueblo gobernara", esto último, ha está siendo cierto... un desastre...

Hilvanes y Retales dijo...

"Por esta razón uno no cree mucho en los talleres de escritura,
donde es muy posible que haya un superyoyas oculto dando
ideas": AQUÍ HASTA SE PUEDE CERTIFICAR Y DAR FE PÚBLICA QUE LOS CURSOS NO VALEN NINGUNO PARA NADA ...

Príncipe de ArroyoLuche dijo...

¡Buena madrugada!
Que ya son casi las tres, y ayer y hoy he asistido como único alumno a un taller de Literatura impartido por dos maestros:
-Mariano José de Larra
-Francisco Umbral
El único taller de literatura que puedo aceptar es el de la experiencia en tres asignaturas:
-La vida misma como base
-La lectura como teoría literaria
-La escritura como práctica
Su comentario, Hilvanes, me da pie a iniciar mañana el post: Larra. Anatomía de un dandy, por Francisco Umbral. Comenzaré hablando del taller literario que hemos tenido ayer por la tarde -por la noche hubo partido RM-Barsa- hoy por la tarde, hoy por la noche.
¡Buen Viernes!
Sobre Pla: leí crónicas suyas de viajes, y fragmentos del Cuaderno Gris. Es un maestro, no lo dude, y aunque como persona fue singular, quizá misántropo, algunos aspectos de su vida fueron envidiables.