
Las letras que un día cayeron azarosamente formando tu nombre serán ordenadas según el criterio de la ley, del código pactado, de la regla amañada, y verás que tampoco hacía falta ponerse así por tu caótica vida, y que ya estabas tú para jugar a ordenar según tu ley, tu código y tu regla, con toda la libertad para hacer de tu nombre una aventura constante.