Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas
lunes, 26 de enero de 2009
La Clase (Entre les murs) . Yo tampoco entiendo nada
¿Rebelión en las aulas?, ¿Mentes peligrosas? No están mal, el género de aulas con alumnos conflictivos y profesores salvadores están muy bien y son muy bonitas y muy divertidas. Pero la realidad no es así, o si lo es pasa tan desapercivido el meollo peliculero como tu vida anónima y la mía.
Sin embargo esta es distinta, me atrevo a decir que es un reflejo fiel en cuanto me ví a mí mismo de adolescente en algún comportamiento de esos alumnos franceses.
Tengo varios amigos que se dedican a la docencia, ellos sabrían mejor que yo llegar a conclusiones después de ver esta película que se merece, del 0 al 10, un once. Es decir, una matrícula de honor.
Es una película larga y que sucede, como el título del original dice, entre los muros, o como dice la versión española, en una clase. No se ven los conflictos familiares en las casas de los alumnos, no se les ve en la calle. La cámara no sale del instituto. Y sin embargo atrapa la atención desde el primer instante, y no te acuerdas del reloj, ni te preguntas qué hora será.
No es, sin embargo, una película alentadora. Más bien es pesimista, el futuro con alumnos así es más bien negro. Y no son malos.
Pero hay un momento en el final que lo dice todo, cuando los chavales cuentan lo que les ha gustado de otras asignaturas, y explican algo que les haya interesado. Cuando salen del aula, se queda una chica y le dice al profesor que no ha entendido nada, ¿sobre qué? De todo, de todo en general, para qué sirve todo esto, de qué nos sirve aprender todo esto.
Pero es que un aula es un microcosmos de lo que hay no sólo en este momento, si no en un futuro no muy lejano.
En este momento.
En este momento yo tampoco entiendo nada, me siento identificado con ella, la chica afro-francesa, y me pregunto a mí mismo a falta de guías de qué va todo esto, que es que yo tampoco entiendo nada.
jueves, 18 de diciembre de 2008
Manón
En más de una novela he leído de qué manera los personajes, cuando no tienen nada que hacer, se meten en algún cine a ver cualquier película. La que le echen.
Yo nunca haría eso, un mínimo nivel de exigencia, vamos a ver, la vida ya es la caja de bombones de Forrest Gump, nunca sabes qué te vas a encontrar, si el bombón amargo o el que sabe a hiel.
Lo que sí he hecho alguna vez es ir con un par de pelis en la mollera y no decidirme hasta estar en la taquilla.
Ayer, sin embargo, me ví en la filmoteca frente a una película que no tenía yo entre mis elecciones, ¿dónde sale aquí Buster Keaton? Me pregunté en los primeros minutos.
Después de comer opíparamente en casa de una tía mía que está enferma, y de escuchar historias familiares de la postguerra con interés y sorpresa, cogí el metro hacia el centro. Iba con tiempo, y no había tomado yo de mi droga, así que me pasé por el Starbucks Café de Arenal y pedí uno de los míos. Hubiera preferido sentarme allí un ratillo mientras seguía leyendo artículos literarios -a la mañana descubrí a un poeta, un tal Juan Eduardo Cirlot, al que a buen seguro buscaré en las polvorientas librerías y en las deshabitadas bibliotecas, al que encotraré, y al que amaré, ya que sus versos me parecieron maravillosos:
Este sonido triste que solloza
es mi espada románica que piensa.
Mi corazón oscuro la acompaña.
...
Yo soy un ser humano a pesar mío.
El espacio plateado de mi espíritu
penetra en el espacio gris del mundo.
¿Hasta cuándo?
Ven a verme llorar,
no lloro con los ojos ni con el pensamiento;
lloro con las entrañas, con los dedos quemados,
con la frente rajada por cuchillos
y con la llaga en llamas que yo todo soy.
Desciende del palacio, ven
a verme llorar.
Triste, mi corazón, como los ángeles
que sólo son cenizas estelares,
polvo de las galaxias más oscuras,
consunciones de cánticos ausentes.
Mis manos me acompañan hasta el bosque
donde un instante estuvo tu fulgor
de pronto recobrado por los ávidos
poderes de la nada y de lo nunca.
Me caigo en torno mío y me deshago
en un montón de letras en que apenas
tu nombre de amatistas y de muérdago,
Bronwyn, no se desgasta con el tiempo.
El mar entre las manos de las nubes.
El mar entre las nubes de las hierbas.
El mar entre las hierbas de tu cuerpo.
Lo que decía, que café en vaso de papel en mano decido marchar, eso está lleno de familias de ingleses con niños gritones.
Sorbito a sorbito, me pongo tibio, me mancho de café primero la manga del abrigo y luego los pantalones. Como aquellas obras completas de Lorca en Aguilar que descansa -hasta que llego yo y lo abro, menos a menudo de lo que debiera- en casa de mis padres, sus páginas tintas de un café con leche antíguo, que quizá tomaba mi madre y que yo, infante aún, vertí sobre sus páginas.
(Desde entonces cae sobre mí la maldición de la mancha del café sobre la literatura, no puedeo escribir sin cafeína, no puedo tomarlo sin sentirme página, ¡ay!)
Mi intención era ver un corto y un largo de Buster Keaton, del que están dando un ciclo en la filmoteca. Casualidades, antes de saberlo yo ya le había dedicado un post a este hombre que nunca sonreía.
Lo primero es que se les chafa la cinta, o se les quema, o qué sé yo, que al medio minuto se corta la emisión y encienden las luces.
Sin título y sin nada que me diga que es lo que voy a ver, dan cuenta en pantalla del listado de intérpretes, y no encuentro a Buster en palabra alguna.
Luego meten a una veintena de judíos en un barco, que cantan una hermosa oración una vez asentados.
Luego encuentran a una parejita de polizontes bien guapa, ella es Manon Lescaut, él es su novio y salvador.
¿Dónde estás, Keaton? Seguro que se confundieron de cinta.
Pero nones, el que se confundió fui yo, que lo del hombre esfinge fue ayer, joder, que lo de hoy es una peli francesa del 48, una adaptación de la novela del Abate Prevost Manon Lescaut.
Una trágica historia de amor, que me rocordó el polvo serán, mas polvo enamorado Quevediano.
Como trágica es la paralela historia de aquellos que llegados a su tierra prometida, antes de pisarla, son masacrados.
El paraíso queda muy lejos de aquí, le dice él a ella antes de que ella le ofrezca su último suspiro, y él arrastrará su cuerpo, enloquecido por todas las palbras que escuchó, le habla su amada muerta y le hablan los cactus, el sol, el polvo del desierto.
Entré al cine para reír y me quedé para llorar, es una célebre historia que tiene óperas de Puccini y de Massenet:
Etiquetas:
buster keaton,
cine,
cirlot,
literatura,
manon,
manón,
puccini massenet
lunes, 15 de diciembre de 2008
Un nuevo género: cine de ninfas
Y menos mal que aquí a Holliwood no se le ocurre meter mano, que viva el cine francés -lo digo con la voz muy bajita, no sea que se lo crean-.
Desconfío mucho de Holliwood cuando toca un clásico, me pasó con Troya, que hizo de la Iliada lo que le dió la gana, cambiando hasta el temperamento de los personajes, adaptándolo a su manera de entender el mundo, que no digo yo que sea mala, pero las cosas no fueron narradas así.
Hoy he ido a ver Su majestad Minor, de Jean Jacques Annaud, que lo mismo te dirige un En busca del fuego que un El nombre de la Rosa, o aquella versión de El Amante, de la Duras. Es decir, que no es poca cosa.
Es una película desconcertante: zafia, fresca, divertida -aunque decae algo en la segunda mitad-, mágica, burda, bella, irreverente,erótica, poética, y un tanto cochina. Como que el personaje principal es Minor, el hombre-cerdo, unido sentimentalmente a una marrana, aunque luego se enamora de la hija del patriarca. Es, ante todo, sorprendente, aunque tiene en su contra a que recuerda algo al cine casposo tipo Jaimito contra todos. Pero siempre se parecerá más a las Metamorfosis de Ovidio una película así que cualquier tratamiento filtrado por la mentalidad imperante.
Cuando uno lee los clásicos se sorprende más que cuando ve una adaptación sobre el texto, la falta de tapujos y reservas de la época nunca será políticamente correcta para estos días. ¡Pero la vieja y decadente Europa siempre tendrá viejos lobos que salven la mitología, la literatura, el maravilloso mundo de la fábula, donde todo es posible!
Ya hace unos meses que fui a ver El romance de Astrea y Celadón, de Eric Rohmer, que adaptaba una novela del siglo XVII, La Astrea.
El genio de Rohmer hace que te traslades no a la época pre-cristiana en que suceden los hechos, si no que ves a través de los mismitos ojos con que miraban esa época en el siglo XVII. ¿Habéis visto esos cuadros de Velázquez que tratan los personajes mitológicos como personajes contemporáneos? Pues igual. O esas figurillas del Belén napolitanas, que visten como hace dos, o tres siglos.
Al menos no te llevan a engaño, te dicen: mira, esta película está basada en una novela pastoril del XVII que retrata la era mitológica, en la que ninfas y humanos convivían, y lo vas a ver con la visión del XVII. No así Holliwood, que te saca unos vestidos muy acordes pero que las mentes son muy de hoy en día, es que si no aburre.
Así pasó con la peli de hoy, que siendo día del espectador éramos cuatro gatos. Igual que cuando fui a ver la de Rohmer.
Sucedió una cosa curiosa la semana pasada, que fui a ver Gomorra a los Kinépolis. Gomorra es un film sin concesiones, que retrata las cosas tal como son, sin romanticismo alguno -he de confesar que me gustaron más las romántica saga de El Padrino, o pelis similares, no tengo nada en contra, prefiero el tratamiento romántico en el cine al realista-. Pues la gente se aburrió mazo, a partir de la primera media hora la gente se fue yendo, quizá por la crudeza de la película, quizá porque les parecía un tostón. Los cinco macarrillas que se nos sentaron atrás se marcharon en el minuto 31, y menos mal, había uno que comentaba cada escena en voz alta. Luego a mi izquierda una de esas parejitas que a falta de besitos se daba a la cháchara con una fluidez propia de tertulianos de mesa camilla. Y el colega con el que fui, mandando mensajitos con el móvil -pero por lo menos tenía el decoro de hacerlo en silencio, es de mi opinión, al cine se va a ver la película-. A mí me ha mirado un tuerto con esto del cine, siempre me tocan los mismos, cualquier día día les interpreto el papel de la niña del exorcista, a ver si así se divierten, que para algo han pagado entrada, los pobres.
Y ya, por último, lanzo mi deseo, más películas mitológicas -¿vió alguien las maravillosas Furia de Titanes (1981) -con el shakesperiano Laurence Olivier haciendo de Zeus- o Jason y los Argonautas (1963)? Más cine mitológico con respeto e imaginación, que no son incompatibles. Más cine de ninfas y sátiros irreverentes, como la peli de Annaud. Y menor chorradas al gusto efímero de las mentes estúpidas que manejan Jodiwood.
Desconfío mucho de Holliwood cuando toca un clásico, me pasó con Troya, que hizo de la Iliada lo que le dió la gana, cambiando hasta el temperamento de los personajes, adaptándolo a su manera de entender el mundo, que no digo yo que sea mala, pero las cosas no fueron narradas así.
Hoy he ido a ver Su majestad Minor, de Jean Jacques Annaud, que lo mismo te dirige un En busca del fuego que un El nombre de la Rosa, o aquella versión de El Amante, de la Duras. Es decir, que no es poca cosa.
Es una película desconcertante: zafia, fresca, divertida -aunque decae algo en la segunda mitad-, mágica, burda, bella, irreverente,erótica, poética, y un tanto cochina. Como que el personaje principal es Minor, el hombre-cerdo, unido sentimentalmente a una marrana, aunque luego se enamora de la hija del patriarca. Es, ante todo, sorprendente, aunque tiene en su contra a que recuerda algo al cine casposo tipo Jaimito contra todos. Pero siempre se parecerá más a las Metamorfosis de Ovidio una película así que cualquier tratamiento filtrado por la mentalidad imperante.
Cuando uno lee los clásicos se sorprende más que cuando ve una adaptación sobre el texto, la falta de tapujos y reservas de la época nunca será políticamente correcta para estos días. ¡Pero la vieja y decadente Europa siempre tendrá viejos lobos que salven la mitología, la literatura, el maravilloso mundo de la fábula, donde todo es posible!
Ya hace unos meses que fui a ver El romance de Astrea y Celadón, de Eric Rohmer, que adaptaba una novela del siglo XVII, La Astrea.
El genio de Rohmer hace que te traslades no a la época pre-cristiana en que suceden los hechos, si no que ves a través de los mismitos ojos con que miraban esa época en el siglo XVII. ¿Habéis visto esos cuadros de Velázquez que tratan los personajes mitológicos como personajes contemporáneos? Pues igual. O esas figurillas del Belén napolitanas, que visten como hace dos, o tres siglos.
Al menos no te llevan a engaño, te dicen: mira, esta película está basada en una novela pastoril del XVII que retrata la era mitológica, en la que ninfas y humanos convivían, y lo vas a ver con la visión del XVII. No así Holliwood, que te saca unos vestidos muy acordes pero que las mentes son muy de hoy en día, es que si no aburre.
Así pasó con la peli de hoy, que siendo día del espectador éramos cuatro gatos. Igual que cuando fui a ver la de Rohmer.
Sucedió una cosa curiosa la semana pasada, que fui a ver Gomorra a los Kinépolis. Gomorra es un film sin concesiones, que retrata las cosas tal como son, sin romanticismo alguno -he de confesar que me gustaron más las romántica saga de El Padrino, o pelis similares, no tengo nada en contra, prefiero el tratamiento romántico en el cine al realista-. Pues la gente se aburrió mazo, a partir de la primera media hora la gente se fue yendo, quizá por la crudeza de la película, quizá porque les parecía un tostón. Los cinco macarrillas que se nos sentaron atrás se marcharon en el minuto 31, y menos mal, había uno que comentaba cada escena en voz alta. Luego a mi izquierda una de esas parejitas que a falta de besitos se daba a la cháchara con una fluidez propia de tertulianos de mesa camilla. Y el colega con el que fui, mandando mensajitos con el móvil -pero por lo menos tenía el decoro de hacerlo en silencio, es de mi opinión, al cine se va a ver la película-. A mí me ha mirado un tuerto con esto del cine, siempre me tocan los mismos, cualquier día día les interpreto el papel de la niña del exorcista, a ver si así se divierten, que para algo han pagado entrada, los pobres.
Y ya, por último, lanzo mi deseo, más películas mitológicas -¿vió alguien las maravillosas Furia de Titanes (1981) -con el shakesperiano Laurence Olivier haciendo de Zeus- o Jason y los Argonautas (1963)? Más cine mitológico con respeto e imaginación, que no son incompatibles. Más cine de ninfas y sátiros irreverentes, como la peli de Annaud. Y menor chorradas al gusto efímero de las mentes estúpidas que manejan Jodiwood.
martes, 9 de diciembre de 2008
Leopoldo hijo, loco oficial del reino de las musas...
... donde nada es oficial, si no te duele o no lo gozas.
Lo que es yo, siempre sentí gran curiosidad por las familias literarias, sobre todo las mal avenidas, esas que pasan años sin hablarse con odios ancestrales que anteceden el origen conocido.
Qué pena no haber tenido yo un baile frenético así ante mis ojos como pan de cada día, y eso que en la madrugada del Domingo al Martes, a eso de las 4 A.M., un colega me atizó con la Divina Comedia del Divino Dante en la cabeza, pero se siente, eso no vale, la discusión era astrológico-sentimental, y no litararia.
Yo, cainita, matando el ego de un hermano, y luego sufrir el tormento del remordimiento, protegido de los hombres por el dios del alcohol.
Me tragué El Desencanto y Despues de Tantos Años, de Jaime Chávarri y Ricardo Franco respectivamente, dos veces cada una, en cine o en DVD. Y yo lo miraba todo como un adicto de hoy puediera ver un capítulo más de su culebrón preferido.
El Desencanto fue lo último que ví, la anterior primavera, en hora de almuerzo, con un plato de pasta y una pepsi en bandeja sobre mis rodillas.
Un padre y dos hijos laureados -el otro, el pequeño, Michi, era el más majete, creo que nunca se creyó nada, y por eso era carismático-. Y esa madre tan litararia, edípica.
Luego están los Goytisolo, pero en ellos como que el talento está más repartido. Juan, bien considerado -pese a que siempre se está quejando, siempre leo buenas críticas sobre él-, Luís, muy celebrado por los entendidos. Y Jose Agustín... sus canciones están en la memoria colectiva de muchos que nacimos antes que la constitución, gracias a aquel que le musicó.
¿Y los matrimonios, cómo se lo montan? No he leído a Josefina Aldecoa, pero sí a su marido, Ignacio Aldecoa. Carmen Martín Gaite y Rafael Sánchez Ferlosio, los dos leídos, sobre todo la primera, ¿se tirarían voluminosos Proust a la quijotera o les bastaría con el clásico tiro al plato, como a todos los matrimonios?
Y en el extanjero son legión las parejas de poetas, novelistas y artistas de similar ralea. Muchos se alcoholizan, otros enloquecen, algunos se suicidan, los menos envejecen plácidamente en hamacas donde recriminarse los tiempos dorados donde fueron jóvenes, talentudos y atractivos.
¡Y padres e hijos! Además de los Panero, por ahí campearon los Amis -no confundir con la secta americana, los pobres, tienen prohibido pelearse-.
Y que no me olvide yo de los Durrell, hermanos que no se parecían a Caín y Abel, porque uno era un genio de la literatura y el otro de la zoología -rama de la literatura, ¿o era de la biología?-. Sí, sólo un genio pudo crear algo como Mi Familia y Otros Animales, donde el pequeño Gerald observa a su hermano mayor Lawrence, como quien estudia una polilla o una salamanquesa.
Pero ya se me fue la chaveta fuera del asunto, así que como colofón, he aquí Leopoldo María Panero:
Lo que es yo, siempre sentí gran curiosidad por las familias literarias, sobre todo las mal avenidas, esas que pasan años sin hablarse con odios ancestrales que anteceden el origen conocido.
Qué pena no haber tenido yo un baile frenético así ante mis ojos como pan de cada día, y eso que en la madrugada del Domingo al Martes, a eso de las 4 A.M., un colega me atizó con la Divina Comedia del Divino Dante en la cabeza, pero se siente, eso no vale, la discusión era astrológico-sentimental, y no litararia.
Yo, cainita, matando el ego de un hermano, y luego sufrir el tormento del remordimiento, protegido de los hombres por el dios del alcohol.
Me tragué El Desencanto y Despues de Tantos Años, de Jaime Chávarri y Ricardo Franco respectivamente, dos veces cada una, en cine o en DVD. Y yo lo miraba todo como un adicto de hoy puediera ver un capítulo más de su culebrón preferido.
El Desencanto fue lo último que ví, la anterior primavera, en hora de almuerzo, con un plato de pasta y una pepsi en bandeja sobre mis rodillas.
Un padre y dos hijos laureados -el otro, el pequeño, Michi, era el más majete, creo que nunca se creyó nada, y por eso era carismático-. Y esa madre tan litararia, edípica.
INFIERNO Y PARAÍSO
«allá estará también la castañera
de ocho pares,
y el humo de los céntimos, y el vaho en los bolsillos»
Leopoldo Panero "Escrito a cada instante"
Pero no sólo los mendigos, padre, van al paraíso
van también aquellos que aun más asco dan
también estos mendigos del ser que acezan
a la puerta del manicomio
esas caricaturas humanas, tal como esta
que Alicia se piensa en el
jardín no
humano de las flores
y quisiera destruir el universo
porque si hay algún monstruo, éste es la desgracia
y la única injusticia que existe es la injusticia evidente
y si hay alguna moral, ésta es la moral del desastre.
Leopoldo María Panero, "Guarida de un animal"
Luego están los Goytisolo, pero en ellos como que el talento está más repartido. Juan, bien considerado -pese a que siempre se está quejando, siempre leo buenas críticas sobre él-, Luís, muy celebrado por los entendidos. Y Jose Agustín... sus canciones están en la memoria colectiva de muchos que nacimos antes que la constitución, gracias a aquel que le musicó.
¿Y los matrimonios, cómo se lo montan? No he leído a Josefina Aldecoa, pero sí a su marido, Ignacio Aldecoa. Carmen Martín Gaite y Rafael Sánchez Ferlosio, los dos leídos, sobre todo la primera, ¿se tirarían voluminosos Proust a la quijotera o les bastaría con el clásico tiro al plato, como a todos los matrimonios?
Y en el extanjero son legión las parejas de poetas, novelistas y artistas de similar ralea. Muchos se alcoholizan, otros enloquecen, algunos se suicidan, los menos envejecen plácidamente en hamacas donde recriminarse los tiempos dorados donde fueron jóvenes, talentudos y atractivos.
¡Y padres e hijos! Además de los Panero, por ahí campearon los Amis -no confundir con la secta americana, los pobres, tienen prohibido pelearse-.
Y que no me olvide yo de los Durrell, hermanos que no se parecían a Caín y Abel, porque uno era un genio de la literatura y el otro de la zoología -rama de la literatura, ¿o era de la biología?-. Sí, sólo un genio pudo crear algo como Mi Familia y Otros Animales, donde el pequeño Gerald observa a su hermano mayor Lawrence, como quien estudia una polilla o una salamanquesa.
Pero ya se me fue la chaveta fuera del asunto, así que como colofón, he aquí Leopoldo María Panero:
Etiquetas:
cine,
cor(r)o de ninfas,
creación,
extravagancia,
leopoldo maría panero,
libros,
literatura,
locura,
los amis,
los durrell,
los goytisolo,
los panero,
música,
paco ibáñez,
poesía
miércoles, 3 de diciembre de 2008
El ángel exterminador
(Minutos después de la elaboración de este post, me entero por las noticias de la tarde del asesinato del empresario vasco Ignacio Uría. Vaya en su memoria)
Al poeta social -e histriónico-existencialista- Blas de Otero le consideraron loco en la China de Mao, creo recordar que hasta le quisieron meter en un psiquiátrico, al declararse cristiano. Esto nos lo contó el poeta Jorge Urrutia cuando nos impartía clases de semiótica en los años finiseculares.
A mí, Blas de Otero y Gabriel Celaya fueron los primeros poetas que me llamaron la atención. El mismo día en que falleció Celaya, en la borrachera del Viernes, se me ocurrió declamar versos suyos con los colegas, suceso que pasó a los anales de Aluche-City, la ciudad sin ley. Ambos pertenecen a la rama histriónico-sobria del existencialismo poético, con versos idóneos para ser cantados por un tipo de negro como Paco Ibáñez.
Este poema viene a cuento de la película que ví ayer por la tarde por casualidad. Mi intención era ver El Ängel Exterminador de Luís Buñuel, a las 17.30, pero quiso el azar que el autobús, por el Paseo de Extremadura, se demorara por el tráfico -suele suceder-, y yo iba tan embebido en la lectura que ni cuenta me dí, ni siquiera me importó que una mujer hiciera sonar con su móvil, para deleite de su hija de unos cinco años, el último éxito de Paulina Rubio repetidas veces. Civismo, señora, civismo, habría que decirle. Ya no hay escándalo público.
Al bajar del autobús miré la hora, no había tiempo, y dudé en volver a sumergirme en la lectura en la línea de vuelta. Pero largas son las tardes aunque el tiempo sea de Invierno, y ya puesto en zona centro no iba a regresar, sabía que a las 6 echaban una del ciclo de los premios Goya, con el tema del terrorismo, no me hacía mucho, había empezado a verla en casa y me dormí a la mitad, pero me llevé la sorpresa al llegar al Doré, la película no era la misma que yo empecé a ver en la página películas-yonquis, era otra, Tiro en la Cabeza, de Jaime Rosales:
Así que como tenía tiempo me acodé en la barra de la cafetería del Doré, junto a una señorita que bebía una copa de vino tinto, y pedí un cortado -ya me había bebido yo, aprovechando el día libre, media botella de cariñena para acompañar el riquísimo pollo encebollado que me había cocinado para el papeo-.
La sala 2 de la filmoteca no tiene la majestad azul y señorial de la sala uno, más bien parece una cómoda salita de cine de la calle Princesa, pequeña y reconfortante. Dos micrófonos ante la pantalla eran signo de que habría presentación, miré el programa y cierto, se contaba con la presencia del director.
¡Pero no pudo ser! Un tipo con aspecto de ser ratón de filmoteca se acercó al micrófono y se excusó, no había venido Jaime Rosales para el pequeño debate. Según parece la academia había solicitado a la filmoteca un quinto pase, tal era la polémica, y así el director nos explicaría los planos y contraplanos y demás efectos artesanos de la película.
Singular y angustiosa, pasada la primera hora. Innovadora y... ¿quizá de narración caprichosa? Durante toda la película sólo hay ruido de fondo, de la calle, como si el espectador espiara de contínuo al terrorista situado a cinco o diez metros.
Así vemos su día a día, cómo come y charla, cómo ama y se pasea. Quizá una variante del género Dogma, no sé, pero al menos en mí el efecto de angustia que quizá busca sí lo consigue. En ese restaurant de la Francia vasca, donde las miradas gritan su odio silencioso, y luego los siguientes minutos, en los que por fin oímos la voz del personaje al que hemos acompañado en los paisajes de su humanidad, voz que grita: "¡txakurra, txakurra!"
Es una película de un realismo atroz, lo estás viviendo, como si estuvieras en ese garage y no pudieras hacer nada.
La crítica publicada por la revista Metrópoli lo explicará mejor que yo.
Y este poema de Rafael Alberti, mejor que yo podrá hacerte sentir aquella angustia:
Ángel del terror o ángel de la guerra, da igual, ángel exterminador de todos modos.
También es hermosa y cruel esta canción de los Ilegales, un año de hace ya un par de décadas le nombraron el grupo de rock con mejor directo.
...porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más ...
SANCHO. (Quijote, 11, cap. 74.)
Me llamarán, nos llamarán a todos.
Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,
en tornos de cristal, ante la muerte.
Y te expondrán, nos expondremos todos
a ser trizados ¡zas! por una bala.
Bien lo sabéis. Vendrán
por ti, por ti, por mí, por todos
Y también
por ti.
(Aquí no se salva ni dios. Lo asesinaron.)
Escrito está. Tu nombre está ya listo,
temblando en un papel. Aquel que dice:
abel, abel, abel ... o yo, tú, él ...
Pero tú, Sancho Pueblo,
pronuncias anchas sílabas,
permanentes palabras que no lleva el viento...
(Blas de Otero)
Al poeta social -e histriónico-existencialista- Blas de Otero le consideraron loco en la China de Mao, creo recordar que hasta le quisieron meter en un psiquiátrico, al declararse cristiano. Esto nos lo contó el poeta Jorge Urrutia cuando nos impartía clases de semiótica en los años finiseculares.
A mí, Blas de Otero y Gabriel Celaya fueron los primeros poetas que me llamaron la atención. El mismo día en que falleció Celaya, en la borrachera del Viernes, se me ocurrió declamar versos suyos con los colegas, suceso que pasó a los anales de Aluche-City, la ciudad sin ley. Ambos pertenecen a la rama histriónico-sobria del existencialismo poético, con versos idóneos para ser cantados por un tipo de negro como Paco Ibáñez.
Este poema viene a cuento de la película que ví ayer por la tarde por casualidad. Mi intención era ver El Ängel Exterminador de Luís Buñuel, a las 17.30, pero quiso el azar que el autobús, por el Paseo de Extremadura, se demorara por el tráfico -suele suceder-, y yo iba tan embebido en la lectura que ni cuenta me dí, ni siquiera me importó que una mujer hiciera sonar con su móvil, para deleite de su hija de unos cinco años, el último éxito de Paulina Rubio repetidas veces. Civismo, señora, civismo, habría que decirle. Ya no hay escándalo público.
Al bajar del autobús miré la hora, no había tiempo, y dudé en volver a sumergirme en la lectura en la línea de vuelta. Pero largas son las tardes aunque el tiempo sea de Invierno, y ya puesto en zona centro no iba a regresar, sabía que a las 6 echaban una del ciclo de los premios Goya, con el tema del terrorismo, no me hacía mucho, había empezado a verla en casa y me dormí a la mitad, pero me llevé la sorpresa al llegar al Doré, la película no era la misma que yo empecé a ver en la página películas-yonquis, era otra, Tiro en la Cabeza, de Jaime Rosales:
Así que como tenía tiempo me acodé en la barra de la cafetería del Doré, junto a una señorita que bebía una copa de vino tinto, y pedí un cortado -ya me había bebido yo, aprovechando el día libre, media botella de cariñena para acompañar el riquísimo pollo encebollado que me había cocinado para el papeo-.
La sala 2 de la filmoteca no tiene la majestad azul y señorial de la sala uno, más bien parece una cómoda salita de cine de la calle Princesa, pequeña y reconfortante. Dos micrófonos ante la pantalla eran signo de que habría presentación, miré el programa y cierto, se contaba con la presencia del director.
¡Pero no pudo ser! Un tipo con aspecto de ser ratón de filmoteca se acercó al micrófono y se excusó, no había venido Jaime Rosales para el pequeño debate. Según parece la academia había solicitado a la filmoteca un quinto pase, tal era la polémica, y así el director nos explicaría los planos y contraplanos y demás efectos artesanos de la película.
Singular y angustiosa, pasada la primera hora. Innovadora y... ¿quizá de narración caprichosa? Durante toda la película sólo hay ruido de fondo, de la calle, como si el espectador espiara de contínuo al terrorista situado a cinco o diez metros.
Así vemos su día a día, cómo come y charla, cómo ama y se pasea. Quizá una variante del género Dogma, no sé, pero al menos en mí el efecto de angustia que quizá busca sí lo consigue. En ese restaurant de la Francia vasca, donde las miradas gritan su odio silencioso, y luego los siguientes minutos, en los que por fin oímos la voz del personaje al que hemos acompañado en los paisajes de su humanidad, voz que grita: "¡txakurra, txakurra!"
Es una película de un realismo atroz, lo estás viviendo, como si estuvieras en ese garage y no pudieras hacer nada.
La crítica publicada por la revista Metrópoli lo explicará mejor que yo.
Y este poema de Rafael Alberti, mejor que yo podrá hacerte sentir aquella angustia:
LOS ÁNGELES MUDOS
Inmóviles, clavadas, mudas mujeres de los zaguanes
y hombres sin voz, lentos, de las bodegas,
quieren, quisieran, querrían preguntarme.
-¿Cómo tú por aquí y en otra parte?
Querrían hombres y mujeres, mudos, tocarme,
saber si mi sombra, si mi cuerpo andan sin alma
por otras calles.
Quisieran decirme:
-Si eres tú, párate.
Hombres, mujeres, mudos, querrían ver claro,
asomarse a mi alma,
acercarle una cerilla
por ver si es la misma.
Quieren, quisieran...
-Habla.
Y van a morirse, mudos,
sin saber nada.
Ángel del terror o ángel de la guerra, da igual, ángel exterminador de todos modos.
También es hermosa y cruel esta canción de los Ilegales, un año de hace ya un par de décadas le nombraron el grupo de rock con mejor directo.
Etiquetas:
ángel exterminador,
blas de otero,
Buñuel,
cine,
gabriel celaya,
ilegales,
jaime rosales,
música,
paco ibáñez,
poesía,
rafael alberti,
tiro en la cabeza
jueves, 27 de noviembre de 2008
Camino en el país de las pesadillas
La inquietud del rosal
El rosal en su inquieto modo de florecer
va quemando la savia que alimenta su ser.
¡Fijaos en las rosas que caen del rosal:
Tantas son que la planta morirá de este mal!
El rosal no es adulto y su vida impaciente
se consume al dar flores precipitadamente.
Alfonsina Storni
Algo tiene que ver este poema con la película que voy a comentar hoy. En lo personal, casualidades, antes de ir al Doré me paso por La Casa del Libro, la pequeña, que está en la Plaza de las Descalzas. Fue el cumpleaños de una amiga y el Sábado estoy invitado, y voy con la intención de comprar una antología de Silvia Plath, salida hace poco. Leí la reseña hace un par de semanas y me pareció bien, pero, no está, hay otras, pero no esa. Estoy decidido a comprar una que está en Hiperión, cuando mis ojos tropiezan con una antología de la Storni, y sin pensarlo dos veces, me la quedo.
De vuelta a casa, en el autobús, hojeo el libro y leo poemas al azar, y este primero me parece bien para introducir este post. Idóneo para Camino, la niña de la película, que es retrato de un personaje real, al igual que las chicas de la peli de ayer.
Hoy el Doré está más atiborrado que ayer, y yo llego un pelín más tarde, así que no puedo coger asiento, pero tengo suerte y tengo butaca al lado del pasillo. Hoy, cosa pocas veces vista, los asientos reservados a la gente de la academia, se ocupan todos. Entre ellos está, con ella me cruzo cuando me pican la entrada, una joven actriz, que hace de novia marxista y de familia bien en una serie española que retrata -no fideligna, peso sí simpáticamente- los años de la transición de este lugar. Me sorprende, no es igual que en la tele, donde parece más alta, más grande y material. En vivo, es más chiquita y delgada, más clara y risueña, más etérea y quizá frágil. Y es mucho más atractiva que en la realidad. De ella no se podría decir: "Pues la ví y te digo que no vale nada"
La razón por la que titulo así el artículo es por las similitudes que Camino tiene con el libro de Lewis Carroll, lo que allí es conejo, aquí es un ratón, que la madre de Camino suele atrapar mediante trampa y que ella libera. En los sueños que tiene en su enfermedad, ese ratón le lleva a un mundo de maravillas, donde se encuentra con ese sabio que tambien recuerda a un personaje de Carroll, que en la película es el hombre que todo lo sabe pero que tiene un problema, metáfora quizá del Dios en el que cree Camino. Allí todo es hermoso y mágico, atención a la fotografía, si es que la véis. Allí se encuentra con la gente que le hace feliz: su padre, al que adora, y Jesús, el chico del que está enamorada -muy atinada la gracia por la confusión del nombre-, su hermana tal como fue en su época no numeraria... , hasta que aparece su madre, que destroza todos sus sueños, y entonces todo se convierte en una pesadilla de soledad y abandono, en la que un ángel de furia se ceba en su fragilidad.
Es una crítica sin condescendencias a las miserias del Opus Dei, rama calvinista del catolicismo. Cada cual según su Fe que vea la película y llegue a conclusiones. Quien haya leído testimonios de gente que ha salido de este grupo, o la haya conocido directamente, refrescará en su memoria el papel de las numerarias, el sentido de culpa, la esclavitud más a una norma que a un Dios...
Lo que es yo, nunca comprenderé cómo una Fe para los pobres se ha podido convertir en una religión de ricos, una Fe de perdón se ha podido convertir en una religión de culpa, una Fe de Amor y Libertad, en una religión de miedo y asfixia.
Cada cual que elija libremente sus cadenas, pero que nunca fuerce a nadie a elegir las suyas.
Me atañe, indirectamente: alguien que trajo sufrimiento a mi casa, pertenecía a aquellos que dicen creer en el trabajo, arrebatándolo.
Quizá tenga que agradecerles tambien esta locura mía, que no es novia de la muerte. Siempre en batalla perpétua con los ejércitos de la desolación, a la reconquista del reino que me fue arrebatado.
En el autobús leo a la Storni, suicida que tanta vida otorga con sus versos:
Lo inacabable
No tienes tú la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
Vendrá la primavera y habrá flores…
El tronco seco dará nuevas hojas.
Las lágrimas vertidas se harán perlas
de un collar nuevo; romperá la sombra
un sol precioso que dará a las venas
la savia fresca, loca y bullidora.
Tú seguirás tu ruta; yo la mía
y ambos, libertos, como mariposas
perderemos el polen de las alas
y hallaremos más polen en la flora.
Las palabras se secan como ríos
y los besos se secan como rosas,
pero por cada muerte siete vidas
buscan los labios demandando aurora.
Mas… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!
¡Y toda primavera que se esboza
es un cadáver más que adquiere vida
y es un capullo más que se deshoja!
miércoles, 26 de noviembre de 2008
El cielo azul de la filmoteca
Sería el cuento de nunca acabar. Yo sé que los ojos los tendré siempre jóvenes, y sé que la espalda se me irá curvando cada día. Después de todo, lo que me ha pasado le ha pasado a mil mujeres. Pero ¿por qué estoy yo hablando todo esto?(...) ¡Vamos! No me agrada que me miréis así. Me molestan esas miradas de perros fieles. Esas miradas de lástima que me perturban y me indignan.
(Federico García Lorca, Doña Rosita la Soltera o el Lenguaje de las Flores
Así comienza Los Años Desnudos, de Félix Sabroso y Dunia Ayaso, con Candela Peña recitando estas palabras de Lorca en un casting, y uno al principio no sabe si recita o se dirige a los que la miran.
Es una película muy buena, por muchas razones, pero sobre todo por el personaje que interpreta Candela Peña, y su propia interpretación. Tampoco le van a la zaga las otras dos, Mar Flores -que sueña con formar una familia- y Goya Toledo -víctima de aquellos años-.
Candela Peña quiere ser actriz, y de las tres es la única que gana su partida al destino, pese a la soledad e incomprensión, sólo apoyada por un transformista.
Sí, vale que el personaje de Mar Flores se casa, pero fíjate con quien, con un cabrón y un déspota.
Es que quizá sólo puedan realizarse los sueños para los que no se necesita a nadie. Puedes soñar que eres actriz, escritora, pintora o maestra, y a base de tesón y trabajo y de pisar muchas mierdas puedas tener esa suerte. Pero los sueños en que compartes, en que necesitas a otros, en que te ves con otros... esos se pueden volver contra tí.
Trabajar y ceder, con más alegría que pena, así hace el personaje que interpreta Candela, caer y levantarse, ilusión de niña y desengaños drásticos, hasta la familia le cierra las puertas, pero ella sigue.
Quizá sólo debamos soñar los frutos de la soledad, y no con otras personas...
Por lo demás todo bien, nos trasladamos a finales de la década de los setenta, con sus músicas y sus vestidos, lo que digo, que es una muy buena película.
Es que finaliza, en la filmoteca, el ciclo sobre los premios Goya, y aprovecho mis tardes libres para ver las que pueda.
Son películas de estreno que salen baratas en el Doré, sobre todo a mí, que no sé por qué misteriosa razón la Carlos III me sigue enviando el carnet de universitario.
Y vale más el Doré que cualquier otro cine, porque ahí se respeta el cine, y ayer escuché muchos ssssssssshhh!, como debe ser, ¡este no es el salón de casa! Escuché a uno. Los asientos de atrás están reservados a los académicos, yo suelo sentarme, cuando llego pronto y no es sesión numerada, en la fila 5, no más atrás.
Es una tarde fría pero simpática, esta de Martes en que voy a ver Los Años Desnudos, saco antes del cajero algo de dinero, por si me apetece tomarme un café, voy con poco más de lo que cuesta la entrada.
En la cola, delante de mí una muchacha bailotea y canta al son de su I-pod, como si nadie la viera. Para y calla, se da la vuelta y me dice si tengo por ahí algún programa para ver las películas de los días siguientes, le indico que en la entrada hay.
La entrada es la cafetería, y yo pido un cortado. En los Alphaville -hoy Golem-,también había cafetería, señorial en un sótano. La han quitado y no sé por qué. Si llegaba pronto, solía tomarme un café con hielo, y el camarero siempre me daba conversación.
Escojo la fila cinco, que de las primeras tiene asientos libres en el pasillo. Dudo si leer otro capítulo más de Los Detectives Salvajes. quieren sentarse en mi fila dos muchachitas gafipastas, muy lindas ellas. Las dejo pasar, caballerosamente. Luego vuelven a levantarse, y se corren un asiento, hacia mí.
Miro el cielo raso del cine, que es azul. De frente hay un telón, porque además de cine es teatro, y a veces se sientan ahí gentes importantes a hablar de cine, ante los espectadores.
A cada lado del telón hay pinturas, también azules, a la izquierda Nueva York, a la derecha Egipto.
Miro a la gente pasar y sentarse, miro el cielo azul, escucho las risas y palabras sueltas de las dos chicas, ¿quieres un chicle? le ofrece una a la otra.
Así, hasta que empieza la película, y es raro verla en estos fríos días de finales de Noviembre, en Madrid por lo menos es cortante, hiriente, y el cielo azul de este teatro nos da una tregua.
Etiquetas:
candela peña,
cine,
lorca,
los años desnudos
martes, 18 de noviembre de 2008
Belle de Jour, de Luis Buñuel
Si tengo que elegir un cine, me quedo con el Doré, es decir, la filmoteca. Quizá se esté más a gusto en cualquiera de las soledades de las pequeñas salas de los Renoir, pero el Doré, sin dejar de ser un cine de gente que va a ver Cine, aun guarda ese ambiente señorial de los viejos cines, que ya no quedan, y si quedan, puede ocurrir que te toque al lado el espontáneo de turno, como ya conté en otro post
De todas estas cosas ya hablé hace tiempo, en aquel blog donde era célebre y visitado, como señorona que tiene el té preparado para la tertulia con toda aquella querida gente con quien tanto amé.
Lo bueno del Doré es que llegas y lo primero que te encuentras es un café con mogollón de gente de diversa calaña, desde estudiantes con vocación cinéfila hasta abuelitas del vecindario que saben gastar su tiempo. Unos a otros se miran con curiosidad y complaciencia, un zoo bohemio de raras especies.
Lo peor que te puede pasar allí es que te quedes el último de la cola y tengas que subirte al gallinero a sentarte frente a una columna. Y, lo que me pasa a mí a veces, que te toque delante un cabezón de cuello hiperactivo, ¡con lo a gusto que se está con la cabecita apoyada en el cabezal, como hago yo! Es que el Doré no es como el Kinépolis, que va cuesta abajo, el doré es plano, como los cines de barrio y pipas.
Y la gente allí calla, si acaso ríe, o tose, o carraspea, ¡pero no habla! Y ay de quien ose musitar algo, enseguida un sssssssssssshhhhh colectivo le hará enrojecer de vergüenza.
Buñuel
De este aragonés genial ya había visto yo en el Doré, bien acompañado, Los Olvidados, de su época mejicana. Se trataba de un ciclo sobre la infancia, y vimos un par de películas. Los Olvidados tiene una curiosidad en el final, y es que hay dos finales, como si el de Teruel dijera, acaba mal, pero pudo acabar con esta justicia. O al contrario.
A cosas así es muy dado este señor, por algo es surrealista, se codeó con Dalí, y con Lorca, gente que fue famosa sin patear un balón y sin divorciarse de Mengana Zutánez, cosa rara en estos días sin ídolos originales.
De Buñuel recuerdo Ese Oscuro Objeto del deseo, con ese juego de utilizar dos actrices para un mismo personaje, y nunca me olvidaré de ella mirando por la ventana y mirando a un elegante Fernando Rey cargando un saco de patatas, sin ton ni son, o bueno, el son psicoanalítico que quiera darle el autor.
Ya nos lo explicó Jenaro Talens en Pragmática del texto, cuando nos puso Un Perro Andaluz en clase, la de miga que tienen cuatro imágenes, aunque no sé yo si será para tanto, el surrealismo más que hacerte pensar ha de deformarte por unos minutos esa visión cuadriculada que tienes de la realidad, que será cualquier cosa, pero nunca plana.
Belle de Jour
Así pasó esta tarde al terminar la película, un viejecillo le dice a su compañero: últimamente veo unas películas en las que no entiendo nada, no entiendo este final.
Un final que solo un genio, un poeta, ha podido conseguir, por cierto. Y por cierto que yo tampoco lo entendí, pero esa última secuencia, queda ahí, lírica y otoñal. Se sabe qué ocurre, pero no es preciso definirlo.
Los silenciosos espectadores aplaudieron al finalizar la peli. Como si fuera el preestreno y Buñuel estuviese ahí.
La trama no te la voy a contar, quizá la wikipedia te lo explique mejor, o quizá debas verla, mejor esto último.
Es morbosa, pervertida, erótica, más que cinco años de destape, sin ser explícita.
Ella parece que no sabe lo que quiere con el marido, pero lo sabe tan bien, que no se atreve. Lo mejor de la película son sus sueños confrontados con la realidad, lo que ella desea, y luego su frialdad con él. Bueno, más cosas buenas hay, además de eso, ¿Catherin Denueve vestida de tul negro? Sí, por ejemplo.
Etiquetas:
Belle de Jour,
blog,
Buñuel,
Catherine Denueve,
cine,
extravagancia,
poesía
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Sólo quiero caminar. Primer mandamiento del cinéfilo
Decepción, hastío, ideas negras sobre la vacuidad de la existencia que creí derrotadas, y todo por olvidar el primer mandamiento de la ley del degustador de cine.
Todo eso lo he ido sintiendo a lo largo de la última película de Agustín Díaz Yanes, a la vez que la tentación de abandonar la sala pegando alaridos de demente.
Fui contento a ver la peli, al Palacio de la Prensa, en la Plaza del Callao, sesión de las 7 y día del espectador.
Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, uno de los mejores filmes de nuestra tierra en el fin de siglo, aun me late el amor por Pilar Bardem, peliculón, con esa Victoria Abril, mito erótico en mi pre-adolescencia, cuando se salía del televisor en mis sueños para hacer cosas que no se dicen en público. Y el gran Federico Luppi en un pequeño y memorable papel, como todos sus papeles, (memorables, que no todos son pequeños)
¿Segunda parte, Sólo quiero caminar? Habrá que verla, hoy tengo el día libre y a la hora de la siesta no me hace, que en donde curro ahora no sé cuando libraré otra vez y la siesta, cosa sacra es.
El motivo de que no haya disfrutado la película estaba en los protagonistas.
No en Pilar López de Ayala -cómo me gusta ella-, ni en Ariadna Gil - qué atractivísima siempre-, ni Elena Anaya - ¡Ayshh! Que la quiero para mí-. Ni tampoco en Victoria Abril, que se vuelve a poner el chándal para meterse en túneles, reales y metafóricos.
Tampoco los actores mejicanos, el Diego Luna y el otro, no sé cómo se llama y no lo voy a buscar en google, que esto no es una crítica seria para el Metrópoli o el Fotogramas. Muy buenos actores los dos, sí que sí.
Y la película es trepidante, con una buena conjunción música y acción como un pareado bien rimado.
Muy buena la película, qué pena que no la haya podido disfrutar, y todo por dos de los protagonistas que durante toda la película estuvieron presentes. No volveré a hacerlo, que se joda mi siesta, no volveré a romper el primer mandamiento, porque luego pasa lo que pasa, que los típicos de siempre me joden la función.
NO IRÁS A LA SESIÓN NUMERADA, y menos en día del espectador y a media tarde, capullo.
La parejita que me sentaron al lado, todo el cine medio vacío y van y me sientan con una parejita que ni siquiera eran novios, porque para cosas del amor uno lo comprende, y ni rencor ni nada, y el cine es buen lugar recogido y oscuro para tortolitos.
La jodida parejita que me sentaron al lado parecía más bien un matrimonio que el Sábado se alquila un dvd y comenta tranquilamente cada secuencia. ¡Y justo me tiene que tocar a mí!
No es la primera vez, por eso me lo prometí cuando fui a ver Tesis, evitarás la sesión numerada en el día del espectador, con la estúpida del walkman haciendo ruiditos, y dando grititos.
Muy bien que pongan anuncios de que apaguen el móvil -claro, que el menda no se coscó, a medio metraje le llaman-, pero bozales en la puerta o una tirita ultra adhesiva podrían darnos, encantado de sellarme los labios si la tortura es común.
Aquí el trailer. Os deseo mejor suerte, y nunca olvidéis el primer mandamiento.
Todo eso lo he ido sintiendo a lo largo de la última película de Agustín Díaz Yanes, a la vez que la tentación de abandonar la sala pegando alaridos de demente.
Fui contento a ver la peli, al Palacio de la Prensa, en la Plaza del Callao, sesión de las 7 y día del espectador.
Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, uno de los mejores filmes de nuestra tierra en el fin de siglo, aun me late el amor por Pilar Bardem, peliculón, con esa Victoria Abril, mito erótico en mi pre-adolescencia, cuando se salía del televisor en mis sueños para hacer cosas que no se dicen en público. Y el gran Federico Luppi en un pequeño y memorable papel, como todos sus papeles, (memorables, que no todos son pequeños)
¿Segunda parte, Sólo quiero caminar? Habrá que verla, hoy tengo el día libre y a la hora de la siesta no me hace, que en donde curro ahora no sé cuando libraré otra vez y la siesta, cosa sacra es.
El motivo de que no haya disfrutado la película estaba en los protagonistas.
No en Pilar López de Ayala -cómo me gusta ella-, ni en Ariadna Gil - qué atractivísima siempre-, ni Elena Anaya - ¡Ayshh! Que la quiero para mí-. Ni tampoco en Victoria Abril, que se vuelve a poner el chándal para meterse en túneles, reales y metafóricos.
Tampoco los actores mejicanos, el Diego Luna y el otro, no sé cómo se llama y no lo voy a buscar en google, que esto no es una crítica seria para el Metrópoli o el Fotogramas. Muy buenos actores los dos, sí que sí.
Y la película es trepidante, con una buena conjunción música y acción como un pareado bien rimado.
Muy buena la película, qué pena que no la haya podido disfrutar, y todo por dos de los protagonistas que durante toda la película estuvieron presentes. No volveré a hacerlo, que se joda mi siesta, no volveré a romper el primer mandamiento, porque luego pasa lo que pasa, que los típicos de siempre me joden la función.
NO IRÁS A LA SESIÓN NUMERADA, y menos en día del espectador y a media tarde, capullo.
La parejita que me sentaron al lado, todo el cine medio vacío y van y me sientan con una parejita que ni siquiera eran novios, porque para cosas del amor uno lo comprende, y ni rencor ni nada, y el cine es buen lugar recogido y oscuro para tortolitos.
La jodida parejita que me sentaron al lado parecía más bien un matrimonio que el Sábado se alquila un dvd y comenta tranquilamente cada secuencia. ¡Y justo me tiene que tocar a mí!
No es la primera vez, por eso me lo prometí cuando fui a ver Tesis, evitarás la sesión numerada en el día del espectador, con la estúpida del walkman haciendo ruiditos, y dando grititos.
Muy bien que pongan anuncios de que apaguen el móvil -claro, que el menda no se coscó, a medio metraje le llaman-, pero bozales en la puerta o una tirita ultra adhesiva podrían darnos, encantado de sellarme los labios si la tortura es común.
Aquí el trailer. Os deseo mejor suerte, y nunca olvidéis el primer mandamiento.
miércoles, 8 de octubre de 2008
Sangre de Mayo
Un evocador comienzo; un lento desarrollo, con algunos chispazos que nos mantienen despiertos, alertas, entretenidos; un final ya conocido pero no por eso menos deslumbrante y estremecedor.
El maestro Garci escoge dos de los episodios nacionales de Don Benito Pérez Galdós para refrescarnos la historia de estos madriles que de manera tan chulesca pisamos algunos, y nos ofrece un par de horitas de buen cine, como ya hiciera en otras adaptaciones, como El Abuelo, Ninette, y Luz de Domingo.
Como sucede año a año -con alguna tregua-, será elegida para los óscar por la academia de cine española, será rechazada por "jodiwood", y la misma academia que le promociona para que se pasée por Los Ángeles, no le dará ni un Goya. Bueno, quizá sí al buen hacer del también oscarizado Gil Parrondo, que se ocupa del diseño de producción, culpable quizá de que yo me haya trasladado por el tiempo del pase a esa época.
Da igual, Garci, junto con Médem, Almodóvar, y Amenábar, es el mejor cineasta del lugar, pese a quien pese -y pese a que sus pelis son un pelín pesadas, a veces, todo hay que decirlo-.
El maestro Garci escoge dos de los episodios nacionales de Don Benito Pérez Galdós para refrescarnos la historia de estos madriles que de manera tan chulesca pisamos algunos, y nos ofrece un par de horitas de buen cine, como ya hiciera en otras adaptaciones, como El Abuelo, Ninette, y Luz de Domingo.
Como sucede año a año -con alguna tregua-, será elegida para los óscar por la academia de cine española, será rechazada por "jodiwood", y la misma academia que le promociona para que se pasée por Los Ángeles, no le dará ni un Goya. Bueno, quizá sí al buen hacer del también oscarizado Gil Parrondo, que se ocupa del diseño de producción, culpable quizá de que yo me haya trasladado por el tiempo del pase a esa época.
Da igual, Garci, junto con Médem, Almodóvar, y Amenábar, es el mejor cineasta del lugar, pese a quien pese -y pese a que sus pelis son un pelín pesadas, a veces, todo hay que decirlo-.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)