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miércoles, 3 de diciembre de 2008

El ángel exterminador

(Minutos después de la elaboración de este post, me entero por las noticias de la tarde del asesinato del empresario vasco Ignacio Uría. Vaya en su memoria)



...porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más ...
SANCHO. (Quijote, 11, cap. 74.)
Me llamarán, nos llamarán a todos.
Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,
en tornos de cristal, ante la muerte.
Y te expondrán, nos expondremos todos
a ser trizados ¡zas! por una bala.
Bien lo sabéis. Vendrán
por ti, por ti, por mí, por todos
Y también
por ti.
(Aquí no se salva ni dios. Lo asesinaron.)
Escrito está. Tu nombre está ya listo,
temblando en un papel. Aquel que dice:
abel, abel, abel ... o yo, tú, él ...
Pero tú, Sancho Pueblo,
pronuncias anchas sílabas,
permanentes palabras que no lleva el viento...
(Blas de Otero)


Al poeta social -e histriónico-existencialista- Blas de Otero le consideraron loco en la China de Mao, creo recordar que hasta le quisieron meter en un psiquiátrico, al declararse cristiano. Esto nos lo contó el poeta Jorge Urrutia cuando nos impartía clases de semiótica en los años finiseculares.
A mí, Blas de Otero y Gabriel Celaya fueron los primeros poetas que me llamaron la atención. El mismo día en que falleció Celaya, en la borrachera del Viernes, se me ocurrió declamar versos suyos con los colegas, suceso que pasó a los anales de Aluche-City, la ciudad sin ley. Ambos pertenecen a la rama histriónico-sobria del existencialismo poético, con versos idóneos para ser cantados por un tipo de negro como Paco Ibáñez.
Este poema viene a cuento de la película que ví ayer por la tarde por casualidad. Mi intención era ver El Ängel Exterminador de Luís Buñuel, a las 17.30, pero quiso el azar que el autobús, por el Paseo de Extremadura, se demorara por el tráfico -suele suceder-, y yo iba tan embebido en la lectura que ni cuenta me dí, ni siquiera me importó que una mujer hiciera sonar con su móvil, para deleite de su hija de unos cinco años, el último éxito de Paulina Rubio repetidas veces. Civismo, señora, civismo, habría que decirle. Ya no hay escándalo público.
Al bajar del autobús miré la hora, no había tiempo, y dudé en volver a sumergirme en la lectura en la línea de vuelta. Pero largas son las tardes aunque el tiempo sea de Invierno, y ya puesto en zona centro no iba a regresar, sabía que a las 6 echaban una del ciclo de los premios Goya, con el tema del terrorismo, no me hacía mucho, había empezado a verla en casa y me dormí a la mitad, pero me llevé la sorpresa al llegar al Doré, la película no era la misma que yo empecé a ver en la página películas-yonquis, era otra, Tiro en la Cabeza, de Jaime Rosales:

Así que como tenía tiempo me acodé en la barra de la cafetería del Doré, junto a una señorita que bebía una copa de vino tinto, y pedí un cortado -ya me había bebido yo, aprovechando el día libre, media botella de cariñena para acompañar el riquísimo pollo encebollado que me había cocinado para el papeo-.
La sala 2 de la filmoteca no tiene la majestad azul y señorial de la sala uno, más bien parece una cómoda salita de cine de la calle Princesa, pequeña y reconfortante. Dos micrófonos ante la pantalla eran signo de que habría presentación, miré el programa y cierto, se contaba con la presencia del director.
¡Pero no pudo ser! Un tipo con aspecto de ser ratón de filmoteca se acercó al micrófono y se excusó, no había venido Jaime Rosales para el pequeño debate. Según parece la academia había solicitado a la filmoteca un quinto pase, tal era la polémica, y así el director nos explicaría los planos y contraplanos y demás efectos artesanos de la película.
Singular y angustiosa, pasada la primera hora. Innovadora y... ¿quizá de narración caprichosa? Durante toda la película sólo hay ruido de fondo, de la calle, como si el espectador espiara de contínuo al terrorista situado a cinco o diez metros.
Así vemos su día a día, cómo come y charla, cómo ama y se pasea. Quizá una variante del género Dogma, no sé, pero al menos en mí el efecto de angustia que quizá busca sí lo consigue. En ese restaurant de la Francia vasca, donde las miradas gritan su odio silencioso, y luego los siguientes minutos, en los que por fin oímos la voz del personaje al que hemos acompañado en los paisajes de su humanidad, voz que grita: "¡txakurra, txakurra!"
Es una película de un realismo atroz, lo estás viviendo, como si estuvieras en ese garage y no pudieras hacer nada.
La crítica publicada por la revista Metrópoli lo explicará mejor que yo.
Y este poema de Rafael Alberti, mejor que yo podrá hacerte sentir aquella angustia:

LOS ÁNGELES MUDOS

Inmóviles, clavadas, mudas mujeres de los zaguanes
y hombres sin voz, lentos, de las bodegas,
quieren, quisieran, querrían preguntarme.
-¿Cómo tú por aquí y en otra parte?
Querrían hombres y mujeres, mudos, tocarme,
saber si mi sombra, si mi cuerpo andan sin alma
por otras calles.
Quisieran decirme:
-Si eres tú, párate.
Hombres, mujeres, mudos, querrían ver claro,
asomarse a mi alma,
acercarle una cerilla
por ver si es la misma.
Quieren, quisieran...
-Habla.
Y van a morirse, mudos,
sin saber nada.


Angel Exterminador - Ilegales
Ángel del terror o ángel de la guerra, da igual, ángel exterminador de todos modos.
También es hermosa y cruel esta canción de los Ilegales, un año de hace ya un par de décadas le nombraron el grupo de rock con mejor directo.

martes, 18 de noviembre de 2008

Belle de Jour, de Luis Buñuel




Si tengo que elegir un cine, me quedo con el Doré, es decir, la filmoteca. Quizá se esté más a gusto en cualquiera de las soledades de las pequeñas salas de los Renoir, pero el Doré, sin dejar de ser un cine de gente que va a ver Cine, aun guarda ese ambiente señorial de los viejos cines, que ya no quedan, y si quedan, puede ocurrir que te toque al lado el espontáneo de turno, como ya conté en otro post
De todas estas cosas ya hablé hace tiempo, en aquel blog donde era célebre y visitado, como señorona que tiene el té preparado para la tertulia con toda aquella querida gente con quien tanto amé.
Lo bueno del Doré es que llegas y lo primero que te encuentras es un café con mogollón de gente de diversa calaña, desde estudiantes con vocación cinéfila hasta abuelitas del vecindario que saben gastar su tiempo. Unos a otros se miran con curiosidad y complaciencia, un zoo bohemio de raras especies.
Lo peor que te puede pasar allí es que te quedes el último de la cola y tengas que subirte al gallinero a sentarte frente a una columna. Y, lo que me pasa a mí a veces, que te toque delante un cabezón de cuello hiperactivo, ¡con lo a gusto que se está con la cabecita apoyada en el cabezal, como hago yo! Es que el Doré no es como el Kinépolis, que va cuesta abajo, el doré es plano, como los cines de barrio y pipas.
Y la gente allí calla, si acaso ríe, o tose, o carraspea, ¡pero no habla! Y ay de quien ose musitar algo, enseguida un sssssssssssshhhhh colectivo le hará enrojecer de vergüenza.
Buñuel
De este aragonés genial ya había visto yo en el Doré, bien acompañado, Los Olvidados, de su época mejicana. Se trataba de un ciclo sobre la infancia, y vimos un par de películas. Los Olvidados tiene una curiosidad en el final, y es que hay dos finales, como si el de Teruel dijera, acaba mal, pero pudo acabar con esta justicia. O al contrario.
A cosas así es muy dado este señor, por algo es surrealista, se codeó con Dalí, y con Lorca, gente que fue famosa sin patear un balón y sin divorciarse de Mengana Zutánez, cosa rara en estos días sin ídolos originales.
De Buñuel recuerdo Ese Oscuro Objeto del deseo, con ese juego de utilizar dos actrices para un mismo personaje, y nunca me olvidaré de ella mirando por la ventana y mirando a un elegante Fernando Rey cargando un saco de patatas, sin ton ni son, o bueno, el son psicoanalítico que quiera darle el autor.
Ya nos lo explicó Jenaro Talens en Pragmática del texto, cuando nos puso Un Perro Andaluz en clase, la de miga que tienen cuatro imágenes, aunque no sé yo si será para tanto, el surrealismo más que hacerte pensar ha de deformarte por unos minutos esa visión cuadriculada que tienes de la realidad, que será cualquier cosa, pero nunca plana.
Belle de Jour
Así pasó esta tarde al terminar la película, un viejecillo le dice a su compañero: últimamente veo unas películas en las que no entiendo nada, no entiendo este final.
Un final que solo un genio, un poeta, ha podido conseguir, por cierto. Y por cierto que yo tampoco lo entendí, pero esa última secuencia, queda ahí, lírica y otoñal. Se sabe qué ocurre, pero no es preciso definirlo.
Los silenciosos espectadores aplaudieron al finalizar la peli. Como si fuera el preestreno y Buñuel estuviese ahí.
La trama no te la voy a contar, quizá la wikipedia te lo explique mejor, o quizá debas verla, mejor esto último.
Es morbosa, pervertida, erótica, más que cinco años de destape, sin ser explícita.
Ella parece que no sabe lo que quiere con el marido, pero lo sabe tan bien, que no se atreve. Lo mejor de la película son sus sueños confrontados con la realidad, lo que ella desea, y luego su frialdad con él. Bueno, más cosas buenas hay, además de eso, ¿Catherin Denueve vestida de tul negro? Sí, por ejemplo.