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lunes, 8 de diciembre de 2008
jueves, 4 de diciembre de 2008
Jueves de Otoño con aguacero. César Vallejo.
En estos días en Madrid ha llovido y el sol ha salido más bien poco. Cielo de plomo frío, a juego con tanto viejo edificio.
Hoy, además, ha sido Jueves y Otoño, pese a tanto Invierno.
No he podido evitar acordarme de aquel poema de César Vallejo.
Y este otro poema, con el que me siento tan identificado últimamente, mi escritura como en el cuento de Andersen, palabras sirenas que por enamoradas se vuelven de espuma.
Los últimos versos recuerdan ligéramente al Poe más tétrico, al igual que este poema, como si fuese un pariente peruano del Annabel Lee, poema musicado acertadamente por Santiago Auserón .
Pero será mejor acompañar el pema de Vallejo con la adaptación de uno de los hombres que mejor entendió a los poetas clásicos -sigo en mis trece con mi tesis: la poesía ha de ser cantada-.
Es uno de los poetas más grandes, una cima. A mí me gusta compararle, en España, con Miguel Hernández, poetas del pueblo y para el pueblo. Sólo sus voces poéticas, y no su pose, fueron síntoma de su grandeza. Ambos con una facilidad envidiable en conquistar a la musa. Y un dolor existencial -en verso y en vida- nada envidiable.
Son esas casualidades trágicas, este poema suyo, quizá el más célebre, fue profético.
César Vallejo, nacido un 16 de Marzo en Perú, murió en París, no en Otoño, si no en Primavera, pero según dice la leyenda sí llovía.
Hoy, además, ha sido Jueves y Otoño, pese a tanto Invierno.
No he podido evitar acordarme de aquel poema de César Vallejo.
Y este otro poema, con el que me siento tan identificado últimamente, mi escritura como en el cuento de Andersen, palabras sirenas que por enamoradas se vuelven de espuma.
INTENSIDAD Y ALTURA
Quiero escribir, pero me sale espuma,
Quiero decir muchísimo y me atollo;
No hay cifra hablada que no sea suma,
No hay pirámide escrita, sin cogollo.
Quiero escribir, pero me siento puma;
Quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay toz hablada, que no llegue a bruma,
No hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.
Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
Carne de llanto, fruta de gemido,
Nuestra alma melancólica en conserva.
Vámonos! Vámonos! Estoy herido;
Vámonos a beber lo ya bebido,
Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.
Los últimos versos recuerdan ligéramente al Poe más tétrico, al igual que este poema, como si fuese un pariente peruano del Annabel Lee, poema musicado acertadamente por Santiago Auserón .
Pero será mejor acompañar el pema de Vallejo con la adaptación de uno de los hombres que mejor entendió a los poetas clásicos -sigo en mis trece con mi tesis: la poesía ha de ser cantada-.
EL POETA A SU AMADA
Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.
En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.
Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.
Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.
Es uno de los poetas más grandes, una cima. A mí me gusta compararle, en España, con Miguel Hernández, poetas del pueblo y para el pueblo. Sólo sus voces poéticas, y no su pose, fueron síntoma de su grandeza. Ambos con una facilidad envidiable en conquistar a la musa. Y un dolor existencial -en verso y en vida- nada envidiable.
Son esas casualidades trágicas, este poema suyo, quizá el más célebre, fue profético.
César Vallejo, nacido un 16 de Marzo en Perú, murió en París, no en Otoño, si no en Primavera, pero según dice la leyenda sí llovía.
PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA
Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...
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jueves, 27 de noviembre de 2008
Camino en el país de las pesadillas
La inquietud del rosal
El rosal en su inquieto modo de florecer
va quemando la savia que alimenta su ser.
¡Fijaos en las rosas que caen del rosal:
Tantas son que la planta morirá de este mal!
El rosal no es adulto y su vida impaciente
se consume al dar flores precipitadamente.
Alfonsina Storni
Algo tiene que ver este poema con la película que voy a comentar hoy. En lo personal, casualidades, antes de ir al Doré me paso por La Casa del Libro, la pequeña, que está en la Plaza de las Descalzas. Fue el cumpleaños de una amiga y el Sábado estoy invitado, y voy con la intención de comprar una antología de Silvia Plath, salida hace poco. Leí la reseña hace un par de semanas y me pareció bien, pero, no está, hay otras, pero no esa. Estoy decidido a comprar una que está en Hiperión, cuando mis ojos tropiezan con una antología de la Storni, y sin pensarlo dos veces, me la quedo.
De vuelta a casa, en el autobús, hojeo el libro y leo poemas al azar, y este primero me parece bien para introducir este post. Idóneo para Camino, la niña de la película, que es retrato de un personaje real, al igual que las chicas de la peli de ayer.
Hoy el Doré está más atiborrado que ayer, y yo llego un pelín más tarde, así que no puedo coger asiento, pero tengo suerte y tengo butaca al lado del pasillo. Hoy, cosa pocas veces vista, los asientos reservados a la gente de la academia, se ocupan todos. Entre ellos está, con ella me cruzo cuando me pican la entrada, una joven actriz, que hace de novia marxista y de familia bien en una serie española que retrata -no fideligna, peso sí simpáticamente- los años de la transición de este lugar. Me sorprende, no es igual que en la tele, donde parece más alta, más grande y material. En vivo, es más chiquita y delgada, más clara y risueña, más etérea y quizá frágil. Y es mucho más atractiva que en la realidad. De ella no se podría decir: "Pues la ví y te digo que no vale nada"
La razón por la que titulo así el artículo es por las similitudes que Camino tiene con el libro de Lewis Carroll, lo que allí es conejo, aquí es un ratón, que la madre de Camino suele atrapar mediante trampa y que ella libera. En los sueños que tiene en su enfermedad, ese ratón le lleva a un mundo de maravillas, donde se encuentra con ese sabio que tambien recuerda a un personaje de Carroll, que en la película es el hombre que todo lo sabe pero que tiene un problema, metáfora quizá del Dios en el que cree Camino. Allí todo es hermoso y mágico, atención a la fotografía, si es que la véis. Allí se encuentra con la gente que le hace feliz: su padre, al que adora, y Jesús, el chico del que está enamorada -muy atinada la gracia por la confusión del nombre-, su hermana tal como fue en su época no numeraria... , hasta que aparece su madre, que destroza todos sus sueños, y entonces todo se convierte en una pesadilla de soledad y abandono, en la que un ángel de furia se ceba en su fragilidad.
Es una crítica sin condescendencias a las miserias del Opus Dei, rama calvinista del catolicismo. Cada cual según su Fe que vea la película y llegue a conclusiones. Quien haya leído testimonios de gente que ha salido de este grupo, o la haya conocido directamente, refrescará en su memoria el papel de las numerarias, el sentido de culpa, la esclavitud más a una norma que a un Dios...
Lo que es yo, nunca comprenderé cómo una Fe para los pobres se ha podido convertir en una religión de ricos, una Fe de perdón se ha podido convertir en una religión de culpa, una Fe de Amor y Libertad, en una religión de miedo y asfixia.
Cada cual que elija libremente sus cadenas, pero que nunca fuerce a nadie a elegir las suyas.
Me atañe, indirectamente: alguien que trajo sufrimiento a mi casa, pertenecía a aquellos que dicen creer en el trabajo, arrebatándolo.
Quizá tenga que agradecerles tambien esta locura mía, que no es novia de la muerte. Siempre en batalla perpétua con los ejércitos de la desolación, a la reconquista del reino que me fue arrebatado.
En el autobús leo a la Storni, suicida que tanta vida otorga con sus versos:
Lo inacabable
No tienes tú la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
Vendrá la primavera y habrá flores…
El tronco seco dará nuevas hojas.
Las lágrimas vertidas se harán perlas
de un collar nuevo; romperá la sombra
un sol precioso que dará a las venas
la savia fresca, loca y bullidora.
Tú seguirás tu ruta; yo la mía
y ambos, libertos, como mariposas
perderemos el polen de las alas
y hallaremos más polen en la flora.
Las palabras se secan como ríos
y los besos se secan como rosas,
pero por cada muerte siete vidas
buscan los labios demandando aurora.
Mas… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!
¡Y toda primavera que se esboza
es un cadáver más que adquiere vida
y es un capullo más que se deshoja!
domingo, 23 de noviembre de 2008
Haikus satírico-elegíacos con licenciosa rima
La melodía es Elegía, de Gabriel Fauré (1845-1924)
No me quedan más,
ya sólo me quedan tres:
Vida, Amor y Fe.
No me quedan más,
ya sólo me quedan dos:
¡Ay! Vida y Amor
No me quedan más,
ya sólo me queda una:
vida perruna
La pintura es Elegía, de William Adolphe Bouguereau (1899)
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jueves, 13 de noviembre de 2008
Les vendanges de l'amour
Se dice, se comenta, se rumorea, que las francesas hablan como si estuvieran desnudas, y quizá canten como si en el acto del amor se hallaran, pero yo a Marie Laforet, la verdad, no me la imagino ni de tal guisa ni en tal acción, tal es la elegancia de su rostro y la majestad de sus ojos.
Recuerdo la primera noche que escuché esta canción, en su versión española, hará de esto más de cinco años.
Estaba yo comenzando a trabajar en un lugar que me cambiaría la vida, a mejor, aunque para ello tuve que morirme primero, dar una patada a todo aquello que me hacía infeliz. Estaba trabajando en las mismísimas cocinas de Pedro Botero, famoso por ser el más malo del mundo mundial, en cuyo caldero se cocinaban sobre todo niños. Pero yo aun no sabía donde me había metido. Si la madurez es esto, me dije cuando lo supe, prefiero vomitarla antes de que haga en mí algún efecto trastornador. Pero esta es otra historia que quizá cuente en otros lugares y a otras gentes, quien sabe.
Aquella noche habían robado en casa de un colega, y a otro y a mí nos dejó el coche para que lleváramos a su novia a casa. A la vuelta nos perdimos felizmente, porque nos metimos por barrios del norte bastante cucos, cerca de Ciudad Universitaria, y sin esperarlo nos vimos dentro de la Casa de Campo, donde las lumis tenían repartidas sus zonas según raza, origen, sexo y otras taxonomías. Ejercimos de curiosos sin pararnos, ya sabíamos la leyenda de que el que allí paraba podía ser víctima del ataque de las chicas cocodrilo, eso sí, pagando.
Ya en casa, me acosté, quizá me abrí una birra antes, no recuerdo, pero sí me acuerdo que por aquella época programaba la microcadena para que se apagara solita, y así hice. Escuchaba por entonces, para dormirme, una cadena donde emitían canciones de amor perdidas en las listas de éxitos de décadas anteriores, de esas que podían sonarte de algo, pero que nadie incluía en los recopilatorios para nostálgicos. Sí, estaba Kiss Fm, pero es que me cansaba tanto entonces como ahora.
Es una sensación extraña, despertarte en el primer duermevela sobrecogido por una canción que parece haber sido creada por un ángel para dormirte a tí.
Todo aquel al que le guste la música sabrá de qué hablo, la mente en ese momento no está ensuciada por los problemas del día, pero aun así el corazón necesita consuelo (porque el maldito corazón no puede ovlidar nunca ni el dolor ni la desdicha, aunque la cabeza lo haga), de pronto llega como un beso esa voz y esa melodía, un abrazo universal para tí, el universo entero se ha unido para ofrecerte ese instante de pura felicidad. Quien acaba de despertar está indefenso y desorientado, la música entonces hace de las suyas, sembrando algo en tí que no morirá jamás.
Me había pasado ya, desde niño. Pero ya de mayor recuerdo el So Long Marianne de Leonard Cohen:
Era como si recobrara algo muy hermoso por lo que merecía la pena vivir, no sabía qué, pero ese tesoro ahí queda, aún hoy.
Y recuerdo también el Romperás de Extremoduro, por una cinta que había puesto uno de mis hermanos, con el que compartía habitación:
¿Qué grupo era éste? ¿Cómo una guitarra tan simple podía embelesarme tanto? Y esa poesía desgarrada como la voz de Robe, con versos bien claros y muy, muy hermosos.
¡Pero ay, el día en que escuché el Y volvamos al amor, de aquella francesita!
Como si siempre hubiera estado ahí, y aun así volviera para quedarse siempre a pedir mi mano y no soltarla nunca. Un beso de algodón de azúcar, como si ya, desde niño, el mal de amores se hubiera abortado, y en la vida el amor fuese una continuidad natural como el pan nuestro de cada día.
Sí, ese pan por el que hay que trabajar con el sudor del inclemente sol del mediodía, pero que nadie duda que estará hoy en la mesa.
El Amor, como una sonrisa de muchacha de voz desnuda, que sorprende con su llegada aunque nunca se fue. Y que permanecerá por siempre.
Como el latir del corazón, que sólo se va con la vida, y a nadie le falta.
Que a nadie le falte.
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sábado, 25 de octubre de 2008
Ceniza son mis labios, de Manuel Caballero Bonald
En su oscuro principio, desde
su alucinante estirpe, cifra inicial de Dios,
alguien, el hombre, espera.
Turbador sueño yergue
su noticia opresora ante la nada
original de la que el ser es hecho, ante
su herencia de combate, dando vida
a secretos cegados,
a recónditos signos que aún callaban
y pugnan ya desde un recuerdo hondísimo
para emerger hacia canciones,
puro dolor atónito de un labio, el elegido
que en cenizas transforma
la interior llama viva del humano.
Quizá solo para luchar acecha,
permanece dormido o silencioso
llorando, besando el terso párpado rosa,
el pecho triste de la muchacha amada;
quizá solo aguarda combatir
contra esa mansa lágrima que es letra del amor,
contra
aquella luz aniquiladora
que dentro de él ya duele con su nombre: belleza...
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domingo, 12 de octubre de 2008
La Biblia de Jerusalén (II)
Bellísima canción, la de los Byrds, la letra está basada en uno de los libros más sabios y hermosos -¿inspirado por Dios?-, El Eclesiastés, uno de los únicos libros de autoayuda posibles, quizá junto al Tao Te King y algún otro de algún filósofo precristiano, y es que antes del año cero ya todo fue escrito, lo demás es rodar y rodar sobre los mismos caminos, nada nuevo bajo el sol, vanidad de vanidades querer innovar estrellas que no sean flor de un día.
Etcétera, hijitos. Ya dedicaré un día un post a estas páginas, para vuestro deleite y edificación intelectual, con provecho de vuestra maleada conciencia.
En La Biblia hay mucho de todo, mucha literatura, épica y lírica, epístolas y discursos, cuentos y novelas...
Y si hay que escoger una biblia, la de Jerusalén es cómoda y bien enriquecida con introducciones y notas a pie de página, aclaratorias e informativas.
Según dicen por ahí, es la biblia que leen los ateos, muchos literatos lo son, -ateos-, y es que es la que escogen estos por la contextualización constante de las páginas, señales por doquier para no perderse, aquí un paso de cebra, aquí una disección a cada florecica y verso.
Si yo fuera ateo me la compraría, y siendo crédulo y creyente ya me la compré, un día de San Jorge, 23 de Abril el año... ¿2003?
Llegué yo tan contento e interesante a la Casa del Libro de Gran Vía, con mis veinte euricos, la cola era larga y la cajera estaba rodeada de flores que regalaba a cada comprador.
Busqué, encontré, y amé. La edición más barata y pobre, pero edición de Jerusalén, que conste, azul de anochecida, Biblia de bolsillo pequeñuela y manejable, descuanjaringada que la tengo ya por Los Evangelios, entre Los Macabeos y Los Hechos.
La cajerea no me dio la flor -se debió pensar que era un casto curilla, ¡qué tonta!, al no comprar novela ni poesía, sin saber que El Cantar de los Cantares es cima poética, y que el proceso a Jesús de Nazaret no lo supera lo último en género judicial-, y le dije, oye, ¿y mi rosa -o era clavel-?, y me la dio, la única vez que una me regala algo así.
Esta noche comenzaré el libro del profeta Ezequiel, famoso porque es citado en la peli Pulp Fiction por un asesino que busca la redención en las Escrituras.
Los Profetas, esa sección blíblica deja pequeños a la muchos poetas, por su riqueza de imágenes.
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viernes, 10 de octubre de 2008
Un año en el profundo sueño de Libro de Arena
Un año, en este instante, once de Octubre, hace un año.
Mi primer blog, y yo como un niño, subiéndome a la noria, haciendo de loco, o de mí mismo, alternando máscaras como en una Venecia siempre a mano y siempre en carnavales.
Me construí un manicomio sin premeditación, con un pelín de alevosía, mucha nocturnidad y nada, pero que nada de nada, de veneno.
Pasaba los días volviéndome loco, era como si tomara por vez primera la cafeína, y como si aquello me gustara y no pudiera parar.
No imaginé cómo pudo haberme cambiado tanto, que me apartara del camino, que me abofeteara para llevarme al centro de mí mismo.
Mi hiperactividad sedentaria supo amoldarse a los diversos roles, cuando algo me aburría, cambiaba, necesidad de expansión, aire fresco, con espíritu travieso me recreaba en otro blog, en otro personaje.
Me travestí de mujer hermosa y cruel y dio resultado, Marte y Venus aliados, un disparo de rosa letal sobre mi pecho.
Con esa comodidad que da el anonimato, no dejé atrás la honestidad ni olvidé que todo era un juego. Nadie me conocía, pero nunca tiré la piedra y escondí la mano. Tiré mi voz, y el eco a mi blog central os remitía.
Hice buenas amistades y me ví metido en lances, llegaba cupido más ciego que nunca y yo jugaba a desnudarle los ojos. Nunca, nunca olvidé que me movía en un mundo virtual. Otros sí lo olvidaron, y sufrieron por ello. La realidad es plana y es estepa, terreno idóneo para soñar edificios, montañas, curvas de mujer y todo aquello que sobresale de la llanura. Crear, recrear, acaso también creer.
Yo nunca me enamoré de una quimera encarnada en mujer para luego desilusionarme al conocer lo humano. Me enamoré de lo humano, por eso nunca quedé defraudado.
Yo sí defraudé, sin haber prometido nada. La escritura también es un arte que intenta superar lo humano, nada que ver el creador con lo creado, en la literatura, por mucho que lo proclamara, Flaubert y Emma Bovary no eran ni remotamente parecidos. Yo nunca metería la mano por debajo de las faldas de Flaubert, y con mucho gusto lo haría por debajo de las de Emma. Ni un jardinero se parecerá nunca a la flor que mimó y regó y protegió con su locura.
No es mi intención volver a Libro de Arena, acaso sí de visita a mis amigas. Lo dudé mucho, y mucha pena me da cada vez que vuelvo a esa comunidad literaria donde la cercanía fue posible. No sería lo mismo, aunque yo tampoco quiero lo mismo ya. Libro de Arena es un exquisito café con doble ración de cafeína.
[......]
(Antonio Vega)
Mi primer blog, y yo como un niño, subiéndome a la noria, haciendo de loco, o de mí mismo, alternando máscaras como en una Venecia siempre a mano y siempre en carnavales.
Me construí un manicomio sin premeditación, con un pelín de alevosía, mucha nocturnidad y nada, pero que nada de nada, de veneno.
Pasaba los días volviéndome loco, era como si tomara por vez primera la cafeína, y como si aquello me gustara y no pudiera parar.
No imaginé cómo pudo haberme cambiado tanto, que me apartara del camino, que me abofeteara para llevarme al centro de mí mismo.
Mi hiperactividad sedentaria supo amoldarse a los diversos roles, cuando algo me aburría, cambiaba, necesidad de expansión, aire fresco, con espíritu travieso me recreaba en otro blog, en otro personaje.
Me travestí de mujer hermosa y cruel y dio resultado, Marte y Venus aliados, un disparo de rosa letal sobre mi pecho.
Con esa comodidad que da el anonimato, no dejé atrás la honestidad ni olvidé que todo era un juego. Nadie me conocía, pero nunca tiré la piedra y escondí la mano. Tiré mi voz, y el eco a mi blog central os remitía.
Hice buenas amistades y me ví metido en lances, llegaba cupido más ciego que nunca y yo jugaba a desnudarle los ojos. Nunca, nunca olvidé que me movía en un mundo virtual. Otros sí lo olvidaron, y sufrieron por ello. La realidad es plana y es estepa, terreno idóneo para soñar edificios, montañas, curvas de mujer y todo aquello que sobresale de la llanura. Crear, recrear, acaso también creer.
Yo nunca me enamoré de una quimera encarnada en mujer para luego desilusionarme al conocer lo humano. Me enamoré de lo humano, por eso nunca quedé defraudado.
Yo sí defraudé, sin haber prometido nada. La escritura también es un arte que intenta superar lo humano, nada que ver el creador con lo creado, en la literatura, por mucho que lo proclamara, Flaubert y Emma Bovary no eran ni remotamente parecidos. Yo nunca metería la mano por debajo de las faldas de Flaubert, y con mucho gusto lo haría por debajo de las de Emma. Ni un jardinero se parecerá nunca a la flor que mimó y regó y protegió con su locura.
No es mi intención volver a Libro de Arena, acaso sí de visita a mis amigas. Lo dudé mucho, y mucha pena me da cada vez que vuelvo a esa comunidad literaria donde la cercanía fue posible. No sería lo mismo, aunque yo tampoco quiero lo mismo ya. Libro de Arena es un exquisito café con doble ración de cafeína.
Voy a revelar una historia que es a veces mentira y otras no es verdad
me quedé sentado esperando la llegada de la suerte no podia tardar.
Y pasó, tanto tiempo que llegué a ver sombras en color
y pasó, tanta gente por delante que nadie me vió.
Esperaría de pie que el anochecer se fundiera con la tarde y el amanecer
suave vendaval a mi paso se alborotan los trozos de un quemado papel.
Y creció, a mi lado camo un árbol toda una ilusión
y crecio, a su lado monstruosa toda una obsesión.
[......]
No perderia de pie la oportunidad de buscar en los cajones un recuerdo que amé,
esa sensación de encontrarme sin las pasos por segunda vez.
(Antonio Vega)
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miércoles, 8 de octubre de 2008
El amor, que le dicen
Tengo una tesis:
La Poesía nació para ser cantada. Luego, rescatada por un príncipe bastante... eh... bastante elitista, fue arrincoanada en un palacio de tinta y papel, donde podía ser mirada, y hasta recitada. Pero, si volvía a sus orígenes de música y voz, entonces... , ¿entonces qué? Que perdía su carácter serio, sublime, qué sé yo...
He aquí una prueba de cómo un hermoso poema pudo ser nacido para el canto, y no para el papel. Aunque cenicienta se desvista de sus principales trapos y tropos, y se descalce de sus incómodos zapatos, queda así, no deja de ser sublime.
La Poesía nació para ser cantada. Luego, rescatada por un príncipe bastante... eh... bastante elitista, fue arrincoanada en un palacio de tinta y papel, donde podía ser mirada, y hasta recitada. Pero, si volvía a sus orígenes de música y voz, entonces... , ¿entonces qué? Que perdía su carácter serio, sublime, qué sé yo...
He aquí una prueba de cómo un hermoso poema pudo ser nacido para el canto, y no para el papel. Aunque cenicienta se desvista de sus principales trapos y tropos, y se descalce de sus incómodos zapatos, queda así, no deja de ser sublime.
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