miércoles, 25 de enero de 2012

La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa (II)

Perspectivas

No trataremos la trama aquí. La historia de unos cadetes en el colegio militar Leoncio Prado gustará a los que además de amar la lectura gustan de películas como Oficial y Caballero, El sargento de Hierro o La chaqueta metálica. Es deudora de aquella peripecia narrada por Robert Musil en Las tribulaciones del estudiante Törless, que ya reseñamos aquí en su día (link)
El relato es narrado desde cinco perspectivas, según con qué voz y personaje el lector se pasea de manos más o menos difíciles, a veces sin saber por por donde le llevan.
El único personaje narrador íntegro es el Boa, que no es más que un personaje secundario, cuya historia de amor con la perrilla Malpapeada es una de las más tiernas que uno haya podido leer. Casi nos hace llorar el Boa que maltrata y ama a la perra leal cuando narra sus peripecias que son sólo un ejemplo de esta historia de violencia y crueldad que es La ciudad y los perros-
Se trata de un personaje secundario, sin un papel determinante en la historia, pero sí es simbólico, representativo de todos los cadetes. Utiliza el autor aquí de un monólogo interior que usa de la jerga de ese microcosmos que es el colegio Leoncio Prado donde se crucan muchachos de diversos lugares del Perú.
Esta colectiva a la vez que personal voz del Boa es intercalada con otras voces narrativas con diversos grados de omnisciencia.
Desde la perspectiva de Alberto, quizá la más importante. La narración aquí mezcla la narración omisciente según la perspectiva de Alberto el poeta con su flujo de conciencia.
Otro personaje en el que se centra la narración es el Teniente Gamboa, donde el narrador omnisciente es plenamente realista, se limita a describir.
Luego está el caso de Ricardo, el Esclavo: aquí la narración centrada en él se limita a su vida anterior al Colegio Militar Leoncio Prado, como si quisiera subrayar su fragilidad, tratando bajo las otras voces lo que es su triste peripecia en el colegio.
Este juego de perspetivas hace que miremos a los personajes con sentimientos contradicciones, cuánto más cuando existe una quinta perspectiva, la de un personaje misterioso y sin nombre, cuya identidad se sabrá al final, aunque según vayamos pasando las páginas iremos intuyéndola con sorpresa.
Parte de la intriga se basa en esta misterioso personaje, que en un principio confundimos con Ricardo Arana el Esclavo o con el protagonista: Alberto el Poeta. Este muchacho sin nombre es un enamorado de un personaje imprescindible, pues se trata de un cruce de destinos: Teresa.
Teresa, de esta muchacha huachafa y fea se enamoran también, cada cual a su manera, Alberto y Ricardo. El propio Mario Vargas Llosa nos explica aquí qué es huachafa (link)
Como uno siempre espera, al escribir estas reseñas, que el lector se estimule a la lectura, no comentaré más personajes: el Jaguar, típico abusón, un tipo insensible. Por ejemplo.
El autor juega al despiste con este juego de voces, de perspectivas, de personajes anónimos que nos irán descubriendo su identidad.
Como en Conversación en la Catedral, tenemos un puzzle, más sencillo éste de La ciudad y los perros, donde desde esta genialidad se apunta esa genialidad aún mayor. En el epílogo podemos leer con el gozo que sentimos en la lectura de Conversación en la Catedral esa eliminación del espacio tiempo cuando en un mismo párrafo participamos de dos narraciones distintas que quedan así entrelazadas.

Corrupción de las leyes.

¿Es la realidad la que se ha de acomodar a la ley o es la ley la que ha de acomodarse a la realidad?
Este es el dilema moral que plantea el autor en la novela.
Se hace una crítica social tomando como ejemplo el microcosmos del Leoncio Prado, donde predomina un ambiente de corrupción, donde es preferible hacer la vista gorda antes de arrancar el sistema podrido de raíz. Lo que es tapar la mierda para que no huela fuera y envenene a los que viven en ella.
Los únicos persnajes no corruptos son El esclavo y el Teniente Gamboa, y no hay recompensa por ello, al contrario, de una manera u otra serán castigados.
Recordaba yo al personaje Cayo Mierda, de Conversación en la Catedral, personaje que simboliza la corrupción. Así que el tema aquí es el mismo: el sistema corrupto.
El teniente Gamboa aquí discute con su superior, cree con idealismo que la realidad se ha de acomodar a la ley, mientras que su superior dice que por salvar el colegio -el sistema-, deberá ser al revés, y tendrá que ser la ley la que habrá de acomodarse a la realidad.
Quien haya estudiado algo de Historia y Teoría del Derecho, sabrá que es el eterno dilema desde su existencia. Una ley nace de una necesidad de equilibrio para que una realidad establecida mejore o no desaparezca. Cada ley tiene su contexto, no es aplicable a otra cultura, a otro sistema. La ley ha de evolucionar según evoluciona la realidad.
¿Qué sucede cuando el sistema se siente amenazado por la propia ley que engendró? Es lo que sucede en el Colegio Militar Leoncio Prado, es necesario, según el superior corrupto, que no se aplique la ley para que no mate el sistema que la creó. Si la ley se aplicara la corrupción saría a la luz, y el colegio desaparecería por el escándalo. Así sucede con el sistema.
Así sucede con nuestro sistema.
Por eso vemos hoy de qué manera políticos y demás gentuza con presunta vocación de servicio se pasan por donde los torquemadas se pasan a su vez la piedad cristiana, las leyes que se crearon para vivir con un poco de dignidad.
Ejemplos en estos días hay bastantes: no hace falta decirlos.
Escondamos la mierda y envenenémonos con ella, aunque a la luz están en los medios de comunicación todos estos casos.
Contradicciones del sistema.
Así, nosotros nos volvemos más escépticos.
La ciudad y los perros es una novela de corte existencialista, con sus ingredientes de escepticismo y nihilismo. La vida, sin embargo, continúa, y el olvido ayuda. Así vemos como el protagonista, Alberto el Poeta, que se jugó la vida por denunciar, denunciándose a sí mismo -yo soy como los demás cadetes, no me libro, soy tan culpable como ellos-, sigue viviendo porque olvida reencontrándose con su vida anterior al Leoncio Prado.
Así que no diré que es una lectura imprescindible: ¿cuál lo es? Pero sí necesaria para comprender un poco el mundo que vivimos.
Sin concesiones.

martes, 24 de enero de 2012

La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa (I)

Mario Vargas Llosa, joven escritor de obras cumbre


Tengo pena por la perra Malpapeada que anoche estuvo llora y llora. Yo la envolvía bien con la frazada y después con la almohada pero ni por ésas dejaban de oirse los aullidos tan largos. A cada rato parecía que se ahogaba y atoraba y era terrible, los aullidos despertaban toda la cuadra. En otra época, pase. Pero como todos andan nerviosos, comenzaban a insultar y a carajear y a decir "sácala o llueve" y tenía que estar guapeando a uno y a otro desde mi cama, hasta que a eso de la medianoche ya no había forma. Yo mismo tenía sueño y la Malpapeada lloraba cada vez más fuerte. Varios se levantaron y vinieron a mi cama con los botines en la mano. No era cosa de machucarse con toda la sección ,ahora que estamos tan deprimidos ...

Quiere el destino que no se dedique a otra cosa que a escribir y a comentar. Hace unos días quisieron ofrecerle robarle algo de su tiempo, tan preciado para seguir en lo que es lo suyo. Quiso gobernar un país hace un par de décadas, pero su gobierno es el de la palabra. Si hibiera ganado aquellas elecciones, qué nobel le iban a dar a un gerifalte, aunque teniendo el caso de Churchill nada sería de extrañar. Si hubiera aceptado manejar el meollo Cervantes, mejor para el meollo, peor para él. A esas edades nadie debería manejar más que su hacienda y la herencia que dejará a la humanidad.
Cuenta una anécdota que dejó de beber alcohol y de fumar sólo porque quería centrarse en la literatura, sin la ansiedad que provoca la falta de nicotina y la dispersión a la que empuja el alcohol. Aunque otros necesitamos ponernos un traje de vicios para escribir, esta sana costumbre puede resultarnos ejemplar, hay que tomar nota de ello para lograr algún día la absoluta ebriedad de la literatura y el humo sensual de sus ensueños.
Nos gusta Mario Vargas Llosa porque, al igual que los personajes bien construídos, no es plano, no ha permanecido estancado, ha cambiado, es complejo. Se nota en sus novelas, la crítica social de esta que comentamos hoy o de Conversación en la Catedral, la autocomplacencia burguesa de otras como Los cuadernos de Don Rigoberto. La calidad, sin embargo, no merma por ello.
Aunque por su culpa estoy siempre tentado de hacerme liberal, la parte negativa de esta corriente política y económica sigue doliendo más que su parte positiva, ahí nadie me ha convencido.
La socialdemocracia, si se inclina a la  izquierda, mejor, pero tiene tan malos y frívolos gestores que dan ganas de inclinarla a la derecha.

Mario Vargas Llosa, arquitecto.

Para saber qué es una novela perfectamente construída hay que leer al primer Vargas Llosa: tanto La ciudad y los perros como Conversación en la catedral son edificaciones sólidas, complejas, con sus balcones al aire fresco y liberador de las palabras y sus pasadizos a las celdas y las letrinas donde la voluntad se anula y lo más corrupto de la sociedad y lo humano se descompone.
Nuestro autor no llega a los 30 años y te escribe una obra maestra como La ciudad y los perros, con una estructura sólida y una riqueza de lenguaje y variedad de registros envidiables. Ya por eso merece su entada en los manuales de literatura. Luego lo del nobel es otra cosa, en dura competencia con otros escritores del boom, sucede como con la Geeración del 27, uno se pregunta si es un premio a una carrera o a una generación. La comparación puede parecer peregrina, pero rasgos que unen a un autor con su grupo, escuela, movimiento o generación. Siendo cada cual único en lo suyo, volando libre con el paso de los años.

Junto a otros del Boom, y señoras.

La ciudad y los perros goza de unas virtudes estructurales que serán un precedente o un ensayo de la gran maravilla que es Conversación en la catedral. Leyendo el libro de Marchamalo Donde se guardan los libros, en la entrevista dedicada a Vargas Llosa, don Mario dice que es, de las suyas, su preferida, siendo la que más le costó construír. Conversación en la catedral debería ser leída después de La ciudad y los perros, la lectura de esta novela me ha sido sencilla, pues ya tenía en el recuerdo la otra.
Como si se trataran de puzzles, estas dos novelas son retos. Sin que el ritmo o la intriga decaigan, es fácil perderse entre las voces narrativas. No sólo eso. Lo que le hace grande, a mi manera de ver, es la liberación del espacio tiempo en la narración, donde personajes y acciones en distintas situaciones son juntados en las mismas líneas sin que el lector sea avisado, lo que lleva al desconcierto y a una singular alegría cuando descubrimos lo que está sucediendo, quien está hablando, e intuimos por qué razón se narra así.
Conversación en la catedral es la catedral de la literatura. Un tornasolado juego de luces y sombras donde es fácil perderse, pero hay que continuar caminando para llegar al centro de la novela, donde todo se aclara y el puzzle está terminado y el orgullo de ser lector despierto se te queda como una medalla tatuada que ya no te quitarás.
Estamos hablando de la edificación, el contenido es perfecto en las dos novelas.
La ciudad y los perros, siendo como es una novela sólida, será un boceto que hallará terminación en Conversación en la catedral. Qué gran deslumbramiento supuso para mí Conversación en la catedral, cómo me influyó, de qué manera esa liberación estructural me enseñó que era fácil ser amado por la musa, una de las obras mayores de todos los tiempos de la que el lector se encuentra como constructor y amante, porque es el lector el que alerta a de construír lo que ya es perfecto.
Como quien inventa el amor en cada encuentro, así el lector inventa la literatura en ciertas lecturas.

Un hijo de Faulkner

Como lo eran muchos por entonces, sin Faulkner no se podría entender la literatura contemporánea. Joyce, Kafka, Faulkner ...
Ya dediqué un post a este tema, cuando comenté, recién nacido este blog, El ruido y la furia (link)

(Otros aspectos como el juego de voces narrativas y el dilema moral que plantea la novela los trataremos mañana. He tenido un problema: la segunda parte del post me ha desaparecido, tendrá que ser reescrito)

jueves, 12 de enero de 2012

Joan Margarit y la lluvia

Joan Margarit


Quiero hacerte partícipe de esta aventura, con su tesoro encontrado en esta aventura de la isla del tesoro.
Tengo en mis manos la antología Arquitecturas de la memoria, del poeta Joan Margarit, en una excelente edición bilingüe de José Luis Morante, en Cátedra -completa sobriedad-.
Claro que aquí ya conocíamos a Joan Margarit, si hasta tuvo su mozartiano post sobre un perro hecho de música y de lluvia al que seguíamos (link).
La lluvia, recurrente en la memoria, en esta arquitectura de la memoria, con una sencillez e intensidad pocas veces leída y sentida en los libros de Poesía.



Mientras tú duermes


A Joana


En la plaza humillada por la lluvia
miro la alta ventana iluminada
que no quiero perder: no he de rendirme
a la condena de la vida.
Este no es ni un lugar de la ciudad:
nadie en los bancos y, sobre la arena,
los charcos que reflejan
la luz del rótulo del hospital.
El cristal de las puertas automáticas,
que la luz del vestíbulo ilumina,
de vez en cuando se abre y deja paso
a una oscura figura rutinaria.
Unas muletas cruzan,
invisibles, la calle y se aproximan
a uno de los coches aparcados,
el nuestro, en el que iremos en silencio
bajo la lluvia hacia el dolor futuro.
Tu calidez ha sido tan efímera.
Triste felicidad la de esta calma
mientras recuerdo
cuando tú y yo teníamos mañanas
que nos guardaban las miradas.
Tenía tanto miedo
a tener que dejarte sola un día.
Por débil y pequeña que la luz
sea en la oscuridad, es mi consuelo:
no habrá más desamparo ya que el mío.

(Joan Margarit. Joana)




Flores blancas en la niebla.


Sábanas grises de la escarcha
cubrían el bancal de los almendros;
pero llegaron lluvias como máscaras
y la hierba borró los espejos del frío.
En la invernal mirada un aire cálido
comenzaba a mentir
a aquellas alas grises
de pájaros erráticos en árboles desnudos.
En una sola noche de tibieza
con reflejos de sombra en el espejo,
los almendros se abrieron en sus flores.
Tú llegaste también
en un tiempo de frío y soledad:
El amor fue la brisa
sobre la escarcha gris. Las flores olvidadas
extendían olor a primavera
en el ámbito helado, nieve cálida
de breves flores blancas. Con tristeza
las recuerdo durante aquel invierno
que en una sola noche las heló.

Joan Margarit. Estación de Francia




No tires las cartas de amor


Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.

(Joan Margarit. Aguafuertes.)



 Y del libro, Luz de Lluvia, sin desentonar con el post anterior:
Ulises en aguas de Ítaca (link)


De los leídos hasta ahora, el que me ha parecido más hermoso, del libro Joana, libro dedicado a su hija:
La Espera (link)

martes, 10 de enero de 2012

Simbolismo (XIII): La Rosa de los Vientos






La Belleza es mi rosa de los vientos, la brújula que me guía al antojo de los 8 vientos, que no del mío.
Creías que estaba dormido, pero no, tan sólo soñaba.
Creías que quizá había naufragado, pero no, tan sólo estaba atendiendo a las sirenas.
Mi nombre es Ulises, regreso a Ítaca, desde hace tanto, tanto tiempo ...
Engaño cíclopes, mi nombre para el enemigo es Nadie. No tengo enemigos, tampoco compito: tengo cosas más importantes que hacer que lo que se supone que debo hacer.
Porque sé que Penélope me estará esperando, pero no me estará esperando siempre, y si me retraso, me retraso.



Poemas de Kavafis, Charlie Parker y otros hombres de jazz buscando una Ítaca melódica, la Belleza es Verdad, y la Verdad Belleza, quien busca la Verdad busca Belleza, que diría Keats.(link)
En el juego de la rayuela se busca a la Maga, ¿enocntraría a La Maga? Y aquí, ¿encontraremos a La Ninfa?
La Ninfa también es mi Ítaca, mi Verdad, La Belleza.
Bajemos por esta bitácora y veremos que, como en las cartas de navegación, hay una Rosa de los Vientos, mi emblema con su leyenda: La Belleza es mi Rosa de los Vientos, la brújula, etcétera.



Así como en mi primera bitácora, hace más de cuatro años.
Esto, ya lo sabéis, es un manicomio, pero esconde como una excusa una razón: la búsqueda. Esto, digo, además es un barco, con su tripulación permanentemente amotinada: anarquía. Sin embargo, todos los marineros locos tenemos algo en común: un mismo emblema, la Rosa de los Vientos. La misma brújula.
El Norte, la Flor de Lis.
Como la estrella para los caminantes.
Nos perdemos contínuamente: es una necesidad para encontrarse. Los reencuentros felices, ay, cuándo tú y yo ...
Fracasábamos. Tampoco importaba demasiado. Sabíamos que había un lugar donde nos esperában, pero no iban a esperarnos siempre. Y si nos retrasamos, pues nos retrasamos.
Sabemos que hay que hacerlo, y que podemos hacerlo. Pero somos tan frágiles, peleamos sin escudo, no sabemos ver, o bien hay niebla, o bien el sol quema los ojos.



Todo es ilusión. Todo es vanidad. Cuando leemos el Eclesiastés lo aprendemos. También lo dicen en sus mantras los budistas.
Nosotros, mientras ellos todos se vuelven locos, navegamos.
Y... ¿por qué navegas? Te veo desde la roca confundiéndote.
¿Sabíais que siempre, frente a mí, tuve una rosa de los vientos? Era un dibujo fascinante. Sobre todo en Verano, cuando salía a leer a la terraza, desde niño, Robur el Conquistador, por ejemplo, veía una terraza frente a la mía, con una rosa de los vientos en el techo.
Luego todo siempre fue viento, pero yo tuve como asidero una rosa.
Vientos muchas veces enfrentados, pero La Rosa siempre se mantuvo fragante y lozana.
Era como cuando se abría la caja de Pandora. Fiebre y naufragio. Pero Pandora eres tú, Pandora soy yo, y nadie está libre de la tormenta.
Nadie está libre de ser verso en un bello poema, o capítulo en una novela de cualquier estilo.
Como sabéis todos los que me leéis, esta bitácora es un blog de autoficción. Aunque, ay, aunque no tanto.



Norte, Sur, Este, Oeste.
Islas donde repostar, donde perderse. Mujeres como islas.
Los vientos me llevan donde Calipso, donde Nausica, donde Circe.
Isla Eugenia o Isla TuNombre. Isla Tatiana o isla Lucía.
Oh, si un día fui bello y fui bueno ...(link)
Sin embargo era Tatiana la que más se parecía a mis sueños, con su pelo rubio y sus cejas oscuras, y unos ojos aún más oscuros y una sonrisa permanente, aristocrática y altiva. Era una muchacha elegante. Era fría como amante, su cuerpo desnudo parecía el de una diosa griega. Sin embargo todo lo compensó con un abrazo intenso que me regaló esa noche, cuando le dije: no importa, no te preocupes, no te pido más, tan sólo estar así ...
Era además una gran lectora, y yo pensé que era un milagro el encontrarme amando en la realidad a una chica tan parecida a un personaje que creé para esas novelas que imaginé en la adolescencia y que nunca escribí. Era como Patricia, la diótima, la heroína culta y seria de mis sueños.
Poco después llegué a Lucía, que también era rubia y de piel muy blanca. De cara graciosa, era más cálida, y se le escapaba el deseo de las manos. Sus besos de novia eran casi castos, pero luego navegaba sobre mí como si yo fuera oceánico, como si no le importara el naufragio. Ella quería que yo me quedara. No hace mucho la ví, y no quise decirle nada. Circe es un episodio, no es Ítaca. Lucía me hechizó con el licor de su deseo, y convirtió en cerdos a todos mis amigos. Yo, el astuto Ulises, sin embargo, sé de qué manera esta circe me ayudó en mi camino a Ítaca. Y uno no puede descartar volver a sus orillas.



Y luego estás tú, tan parecida en tu verdad -La Belleza es Verdad, y la Verdad Belleza- a Penélope. Tú, que esquivas pretendientes y deshaces cada noche la prenda que tejes durante el día.
Tú: mi dolor, tú: mi brújula.
Cuando te conocí no pude resistirme a tu magnetismo de brújula. Tus ojos tristes, extraños, entre el gris y el verde como un jardín lluvioso.
Tú siempre me indicas mi Norte.
Nos miramos, y no fueron unos pocos segundos, mantuvimos la mirada, nos juntamos de esa manera ya para siempre. Aunque estemos siempre tan separados, desde ese momento somos los imanes del hierro que nos hace fuertes.
Sólo tú me hiciste feliz de una manera duradera.
Yo llego a tí, haciéndome pasar por mendigo, para tensar el arco que yo sólo sé tensar. Yo, príncipe de Ítaca.
A la reconquista del reino que me fue arrebatado.
Ya sea en barco, con el emblema de la Rosa de los Vientos, o sobre yegua gallarda, con el emblema del lobo de la estepa.




Coda

Este post podría tratarse de una excusa para presentaros la más bella canción, ya lo anuncié hace semanas, y hace meses. No hace mucho descubrí que ya se podía encontrar en youtube, pero quise demorar mi alegría.
En el primer post (link) que aquí escribí dije lo que pensaba: la poesía es para ser cantada.
Se trata del poema Amor Onírico, del poeta sevillano Al Mutamid, cantado por Enrique Morente, (link) tan celebrados los dos siempre aquí en mis cuadernos de bitácora.
... parecía que te besé los labios, los ojos, las mejillas y las manos, y que logré mi propósito.
Por amor tuyo, si no mi visitaba tu imagen nocturna, jamás podría conocer el sabor del sueño ...
Y por hoy ya sólo queda por decir que aquí compartimos las palabras de Amos Oz en lo que respecta a Ítaca como símbolo de la llegada y el encuentro y cualquier consecución y realización. (link)
Sin prisa, pero sin perder el norte.

jueves, 29 de diciembre de 2011

De apocalipsis, hipocondrias, reyes tocayos y enanos lectores y puteros.



Nunca olvides qué eres porque desde luego el mundo no lo va a olvidar. Conviértelo en tu mejor arma, así nunca será tu punto débil.
(Tyrion Lannister)
Apocalíptico estáis: es que me aburro.
Según el calendario azteca -o mejor dicho sus intérpretes-, dentro de un año ya habrá sucedido todo. Es lo que Fernando Arrabal, para regocijo de televidentes o videntes a secas, llamaba el "mineralismo", versión beoda del milenarismo.
Desde que tengo uso de razón, el mundo ya se ha acabado unas cuantas veces, recordemos el miedo que nos metieron con los ángeles de Paiporta en los noventa.
El otro día me liaba yo unos cigarrillos mientras veía el capítulo segundo de la serie Juego de Tronos, cuando puse cualquier canal y me econtré a Iker Jiménez -del que dicen que tengo un cierto aire, y eso sí que es personalmente apocalíptico- hablando de unos extraterrestres que allá por los sesenta vinieron a sembrar el terror cerca de Aluche, con un símbolo similar al de los Héroes del Silencio como estandarte. El histerismo hizo que algunos llegaran al suicidio, tirándose a las vías del tren.
Años después, nacería yo, con mi pañuelo de Héroes agitándose por los garitos más rockeros de Argüelles y mi camiseta de los mismos, una reliquia que sólo uso en grandes ocasiones. En ocasiones se lo ponen otras. Rota y desteñida, queda muy sexy como única prenda.
¿Jugamos a las prendas?
Quítate el vestido, me quito un calcetín.
Desde que el mundo es mundo, siempre hemos tenido promesas de apocalipsis para el canguelo colectivo.
Yo, con resaca, me siento apocalíptico. Ayer no es que me pasara con las cañas, es que a un amigo y a mí nos dio por filosofar y me econtré con un gin tonic como aperitivo a otras rondas de cañas.
Luego llegué a casa y me entró el misticismo de los borrachos, me peleé con los santos de mi santuario y alquien puso en el facebook a Little Tony (link)y me emocioné y me acordé de tí y después ya era de día y me dolía mucho la cabeza y tenía palpitaciones. No hay nada que el ibuprofeno no solucione.
Hoy, último día de vacaciones, mañana vuelta al tajo.

Daenerys, de la sangre del dragón
Tan apocalíptico me encuentro últimamente que, habiendo levantado hace una hora un mueble de estos de ikea, y minutos después habiendo sentido picor en la mano izquierda, he pensado en que me estaba entrando una parálisis de esas que van enfriando poco a poco el cuerpo, así que no me ha quedado más remedio que ponerme a escribirte aquí, y ya parece que se va solucionando.
Mi carta astral tiene la culpa, dicen que si tienes la bonita conjunción de Venus con Neptuno, o eres hipocondriaco, o eres afortunado en amores, y yo, siendo en amores desafortunado, no me queda más que la hipocondria, que con la resaca se acentúa. Úlitmamente se ha estado paseando Venus sobre mi signo, Piscis, con lo que mi actividad social se ha expandido, a la vez que la hipocondria.
La culpa, según Hugo Chávez, viene de los Estados Unidos, que nos inyectan cosas muy malas en el cuerpo y en la mente. Habrá que ver qué dice Masa Enfurecida en torno a esto, que yo me entero de las noticias leyéndoles.
Qué depresión me entra la vigilia del primer día de trabajo, después de una semanita de diversiones y lecturas.
Tyrion, afilando su mejor arma.

Hoy es el día de mi santo, día del Rey David. No hay ningún David santo, somos bastante lascivos -si no lean el Antíguo Testamento-, pero somos muy buenazos y queridos. Yo habitualmente releo sus salmos.
Leer La Biblia es como leer historia, pero pasan cosas míticas y mágicas, como en Juego de Tronos. Algunos personajes no desentonarían en estas crónicas.
A mí, quien me tiene fascinado es el personaje Tyrion Lannister -Peter Dinklage en la serie-, enano lector insomne y putero voraz, pendenciero, astuto, con la virtud de la franqueza más mordaz y bufa. No sé si fue su intención, pero al autor, George R.R. Martin, le salió el personaje shakesperiano. Recuerda al bufón del Rey Lear, uno de los personajes literarios más logrados.
-Usted sí que está hecho un personaje.
-De novelita rosa, urdangarina de mi corazón.
Tiene la saga personajes atractivos, como la niña Arya, que recuerda a aquella George de Enyd Blyton, o Daenerys, interpretada en la serie por Emilia Clarke, capaz de despertar al dragón que todos llevamos dentro.
Sin embargo, leo siempre con más interés los capítulos dedicados al Gnomo, y espero con ansia que llegue el momento de sus páginas.
¿Por qué lee Tyrion? Porque sabe que la mente es su única arma. Y la usa. De qué manera. Merece la alegría leer estos libros por este personaje.
Dice que no puede morir, porque entonces, ¿qué van a hacer sin él las rameras de todo el reino?
En la bitácora de nuestro rijoso marqués tenemos un pequeño homenaje a Tyrion (link)

Coda.

Dafne y ensueños, así se titula un libro de Gonzalo Torrente Ballester. Un título así da envidia.
Sin embargo, este año que llega, 2012, será el año en que leamos por fin La saga /fuga de J.B. El otro día acepté el reto, con mucho gusto, y más después de ver lo que dijo el señor censor después de leer la obra:

«De todos los disparates que el lector que suscribe ha leído en este mundo, éste es el peor. Totalmente imposible de entender, la acción pasa en un pueblo imaginario, Castroforte del Baralla, donde hay lampreas, un cuerpo Santo que apareció en el agua, y una serie de locos que dicen muchos disparates. De cuando en cuando, alguna cosa sexual, casi siempre tan disparatada como el resto, y alguna palabrota para seguir la actual corriente literaria.

Este libro no merece ni la denegación ni la aprobación. La denegación no encontraría justificación, y la aprobación sería demasiado honor para tanto cretinismo e insensatez. Se propone se aplique el SILENCIO ADMINISTRATIVO.»

domingo, 18 de diciembre de 2011

La horda, de Vicente Blasco Ibáñez

Fijémonos bien en que don Vicente practicaba la escritura automática, de ahí su fecundidad.

...pobres seres engañados circulando por la vida en las alas icarianas del capricho...
(Vicente Blasco Ibáñez)


Me parece lo mejor que he leído en los últimos meses.
Vicente Blasco Ibáñez: testigo de una realidad. A esto le sumamos la amenidad de un folletín con la expresividad apabullante de alguien que sabe narrar una historia.
No es, podrá pensarse, Gran Literatura, es, sin embargo, Gran Novela. Ni tuvo, quizá ni tendrá, un pedestal, ni será parte de un canon. No es canónica, ni santa. No tuvo el autor menciones exquisitas, ni las tiene, quizá las tendrá. No forma parte de esa literatura necesaria, si no de la contingente. ¿Es acaso un reportaje, un folletín, algo necesario para una evolución literaria?
No es Arte, pero es retrato de una época.
No es el gran Valle-Inclán.
Pero le ponemos junto a Galdós, junto a Baroja, junto a la Pardo Bazán. Es, por tanto, Literatura.
Clarín ya se acerca más a esa entelequia llamada Arte.
Blasco Ibáñez me gusta más que Flaubert -le reconozco el mérito, pero prefiero Stendhal-. Me gusta tanto como Balzac, como Hugo, como Eça de Queirós, como la Pardo Bazán -con la que hacía manitas-. Me gusta casi tanto como Baroja, como Clarín.
Lo que le pasaba a don Vicente es que era un escritor de best-sellers, fecundísimo, y eso no está muy bien visto. Es lo que hoy sería un Carlos Ruiz Zafón, más por las ventas que por otros valores. A mí Zafón me mola, tiene esa dosis de misterio y ensueño que tanto nos gusta a los adolescentes.
Como dispongo de las obras completas, me fijo en las fechas, y este señor escribía una novela tras otra, dos meses tardaba en parir una criatura de unas trescientas páginas.
(Aunque el record de rapidez/excelencia lo tenga Fernando de Rojas, que nos hizo La Celestina en quince días)
Zafón, sin embargo, tarda unos cinco años en sacar un nuevo best-seller.
Yo creo que Blasco Ibáñez es nuestro Víctor Hugo en muchos sentidos. Testigo directo, vividor, y escritor meón de meada larga. Tuvo nuestro don Vicente, eso sí, la fortuna de tener éxito en vida, y hasta se nos fue a las américas, y tuvo fortuna.

La biblioteca paterna.

Algún día tendré que leer alguna de las novelas valencianas. Todo lo tengo en los tres tomos en Aguilar, que aunque se dicen obras completas no son tal, ya que faltan los folletines como La Araña Negra, de los que don Vicente renegó, aunque hoy siguen leyéndose y hasta vendiéndose.
Forman parte de la biblioteca paterna. Mi padre no es que lea mucho, -sí leía cuando se quedaba de rodríguez en Madrid-, pero siempre le ha gustado mucho comprar, y tratándose de alguien que se dedicó durante muchos años al mundo del libro -trabajó en Sopena, por ejemplo, cuando hacían esos libros manejables y prácticos donde lo mismo encontrabas a Flaubert o a Walter Scott que un diccionario o una enciclopedia -. Así que, sin ser lector habitual como sí lo es mi madre, sí tenía buen gusto para comprar colecciones y encontrar algunas joyas.
Unas obras completas de Lorca con manchas de café con leche y dibujos del propio Federico y míos -ya por entonces quería emularle-. Alejandro Casona muy leído por mí, Episodios Nacionales galdosianos, extrañas enciclopedias de la vida que leía yo de niño con estupor, alguna guía de sexualidad escrita por un cura y un psicólogo franquista -más retro el psico que el cura, pues el cura al menos describía el acto con el lirismo de un ser necesitado, y el psico como si fuese semilla de las taras más perjudicales y los vicios más nefandos-, libros sobre plantas, flores, civilizaciones, colecciones de obras de premios nobel, escritores de éxito sesenteros y setenteros que cayeron casi en olvido como un tal Martín Vigil.
La Horda es de los pocos libros que me me aconsejó mi padre: cómo te describe el rastro, me dijo hace muchso años.
Pero no sólo es el rastro.

La Horda, novela madrileña.

Emparentada con la trilogía barojiana La lucha por la vida, en especial con La busca, La Horda es novela sobre los desposeídos a principios del siglo XX. Un extenso fresco donde pareciera que la intención de Blasco Ibáñez es la de hacer un estudio sobre los grupos humanos de entonces con los males que les aquejaban.
Ya desde el comienzo nos muestra el Madrid de entonces con un poder evocador atractivo a mis gustos: barrio de Cuatro Caminos, bajan a Madrid, por Bravo Murillo, las lecheras no sin antes pagar el impuesto en la glorieta. Detrás va la busca, los que se ocupan de recoger la basura, lo que no quieren las clases medias y altas. Vienen -oh, sorpresa, pues ahora se trata de barrio pudiente- de los barrios de la zona de Estrecho.
Nos presenta a Isidro Maltrana, protagonista de la novela, un bohemio y erudito que quizá pertenezca a la clase más impotente, porque, como él mismo se repite a lo largo de la novela, si fuese de la clase de los que trabajan con las manos, que saben ganarse el pan, sería más afortunado. No le han servido de nada sus estudios, saber idiomas, haberlo leído todo, estar enterado de lo que sucede en el mundo gracias al Ateneo y a la Biblioteca Nacional. De vez en cuando hace alguna traducción, algún artículo, que para su soledad le sirven. El problema llega cuando se enamora y se empareja, entonces es cuando le llega el infortunio.
Eran los tiempos en que la bohemia frecuentaba el café Fornos, en Sol. Maltrana pasaba allí las horas, o allí o en las redacciones donde podía caerle algún pequeño banquete.
La trama de la novela es demasiado extensa, los pesonajes de lo más variopintos, para poder hacer aquí un resumen. Ojo: se la recomiendo a todo el que me lea, encarecidamente. Si tienes e-book, podrás encontrarla gratis.(link) Si no, suerte en las bibliotecas y librerías.
Un capítulo está dedicado a la caza furtiva en los bosques de El Pardo. Todo está tan bien narrado, con una expresividad y agilidad tales, que no decae ni aburre, la tensión narrativa es digna del maestro que fue Blasco Ibáñez.
En los últimos capítulos, en la miseria y acompañado por su amada Feli, embarazada, van a vivir a los barrios de las Injurias, a las Cambroneras, más allá del Puente de Segovia: Marqués de Vadillo, Carretera de Extremadura, Pradera de San Isidro ... tan cerca de donde yo vivo. Tienen como vecinos a los gitanos, y Blasco Ibáñez dedica sus buenas páginas a relatar sus tipos y costumbres. Aquí tenéis unas fotos de la época.

Barrio de las Injurias, donde suceden algunas páginas de La horda

Barrio de las Injurias

La Horda, folletín.

Ay de los amores de Isidro y Feli. Ay de su explendor y su ocaso. Ví hace semanas en la filmoteca la serie de la vida del autor, dirigida por Berlanga. Pudimos ver sus comienzos como negro de un folletinista de la época hoy desconocido. Él mismo hizo algunos, que prefirió relegar al olvido.
Gracias a esa técnica de suspense que tienen los folletines decimonónicos, la novela se coge con ganas, y al lector de hoy le asombra y enternece, según. El XIX tuvo sus culebrones como hoy tenemos la tele y sus ficciones tipo Bandolera y Amar en tiempos revueltos.
La lectura es otra cosa, es tener tú que hacerte una imagen con las pistas que te da el creador y testigo de un tiempo pasado. Siempre a favor de la lectura, que te hace coautor y por eso partícipe. Gracias a todos ellos por hacernos jugar al rol que no tuvimos ni tendremos.
La lectura: mi máquina del tiempo.
Maltrana y Feli se van a vivir juntos sin casarse, que en la época era motivo de alarma y escándalo. Yo me acordaba de Larra y su artículo: El casarse pronto y mal, en el que se hace crítica del romanticismo como enfermedad -enfermedad en la que el propio Larra cayó, dándose un tiro-. Más o menos, aquí sin boda, viene a ser lo mismo. En un ideal de belleza y helenismo, Isidro Maltrana creerá superar todas las pruebas, todo irá a su favor, hasta que poco a poco, casi sin notarlo, caerá en la máxima miseria, hasta llegar al hambre y al frío. Si tuviera, digo que se dice, las manos de un proletario, sería más afortunado.

Blasco Ibáñez, autor del naturalismo.

Es considerado este valenciano como exponente del naturalismo literario, junto a la Pardo Bázán. No he leído a Zola, que es como el padre de todo esto.
Las descripciones de la miseria del Madrid de entonces son magistrales, sin dar habitación al pudor, sin banalizar todo lo que de un rotrato de lo sórdido y la desolación.
He tenido el gusto de informarme en foros de internet sobre la obra, y hay gente que prefiere La Horda a La Busca barojiana.
Baroja es distinto, Baroja es autor impresionista.
¿Sería extraño si dijera que como obra prefiero La Horda, y como autor prefiero a Baroja?
Si fuera profesor de instituto, o por no pedir tanto, de universidad, sería interesante hacer que los alumnos trabajaran comparando estas dos obras.
Ya sabéis que Baroja es de mis preferidos. Y a partir de hoy, Blasco Ibáñez también.

Literatura legible y adolescente.

Hacía tiempo que no quedaba atrapado por la lectura de esta manera. He vuelto a la novela como cuando era adolescente y prefería leer a hacer otras cosas: atrapado.
La emoción del suspense, la riqueza de trama y personajes, por encima de una búsqueda artística.
Hay libros para todos los gustos, y yo tengo gustos muy variados, y todos pasionales.
Ahora sólo tengo ganas de tumbarme a leer Juego de Tronos. He pasado del folletín mayor, naturalista, de Blasco Ibáñez, -dejado por las noches con pesar, porque al día siguiente madrugaba- al folletín de fantasía de este mundo inventado, apasionante, que promete muchas horas de intrigas y divertimentos.
(Y mi amigo el Marqués de la Pollalzada, que me pasa las lecturas, está bien contento con la elección. Bellas doncellas como ninfas se me pasean en pelota por las páginas de los tomitos. Princesas follarinas y núbiles aristócratas me cogen de la mano y me invitan a pasar dentro de la página, como si se me abrieran de piernas).
No todo va a ser leer literatura de la excelencia, que está muy bien adentrarse en la maravilla de la creación artística y el despertar de la inteligencia en la página. Uno necesita, para mantenere etérnamente joven, su dosis de sangre fresca, su inyección de juventud cada cierto tiempo. Y su polvo con la literatura más ramera, que es la que mejor sabe venderse.
Sentarse a leer sin lapiz para subrayar y dejarse llevar, atrapar, encantar. Pasar las páginas y no darse cuenta de que los minutos se han ido con el movimiento del aire provocado por ellas.
Blasco Ibáñez, autor legible, se sitúa en la adolescencia lectora, cuando se busca el libro con la adicción que provocan los primeros cigarrillos.
Recomendable, muy recomendable.

Coda

Blasco Ibáñez cuenta como escribió "La Horda"


Vicente Blasco Ibáñez
En 1905, cuando vivía yo en Madrid y era diputado, al salir muchas tardes de mi casa con dirección al Congreso, torcía mi camino, como un escolar que siente la atracción tentadora de la libertad, y en vez de dirigirme al llamado «santuario de las leyes», prefería alejarme de él, siguiendo el contorno de los suburbios de la villa. (Seguir leyendo. link)

lunes, 12 de diciembre de 2011

Nadie encendía las lámparas, de Felisberto Hernández

Felisberto, ¿en el balcón suicida?

A pesar de todo me parece que cada vez escribo mejor lo que me pasa: lástima que cada vez me vaya peor.

Así se dice en el último relato del libro: Las dos historias. Aquí mismo hay otro fragmento genial:

Esa misma noche le confesé que mirándola descansaba de unos pensamientos que me torturaban, y que no me dí cuenta cuándo fue que esos pesamientos se me fueron. Ella me preguntó cómo eran esos pensamientos, y yo le dije que eran pensamientos inútiles, que mi cabeza era como un salón donde los pensamientos hacían gimnasia, y que cuando ella vino todos los pensamientos saltaron por las ventanas.

Yo, que yo pensaba que yo era, personaje de Enrique Vila Matas, resulta que se adelantó Felisberto Hernández, y ya vivía yo por entonces en aquellos relatos.
Según parece, se me reparten los escritores, parten pedacitos de mi ánima, quedan escritos, y yo me veo en el deber de ir recuperándolos, leyendo de aquí y de allá, variadito más que voraz, como quien va a un buffet y va picoteando hasta llenar su estómago. Como quien va juntando un puzzle hata hacerse una idea de su imagen. Aunque sea literaria, y por lo tanto distorsionada.
Aunque todo quedó ya distorsionado, sin falta de literaturas, ya vivir es una distorsión de lo ajeno hacia uno, de uno a lo ajeno. Y quien esté libre de distorsionarlo todo con el poso de su mirada, que me lance la primera metáfora.
Yo debería haber hecho este post hace ya semanas. Yo debería haberte hablado de otros libros, en este tiempo.
Pero los personajes somos así, sobre todo si nos relatan buenos escritores, ya sabes tú que un buen escritor no suele crear personajes planos, sino que juegan a hacer malabarismos y así dan complejidad al individuo.
Luego, según el tipo -de escritor- me refleja más en una buena descripción que en un personaje.
Es que, como sabrás, después de tantos años (casi 4), mi alma se halla en la metáfora.
Cuando leo, encuentro mi alma en la metáfora.
Es como si jugaran a dardos, siendo yo la diana, y tantas veces aciertan que aquí me hallo yo, herido de literatura, letraherido.
Voy a las librerías y a las bibliotecas y miro los libros como si fuesen viviendas y allí estuviera yo y quisiera entrar para dar conmigo mismo.
Y aquí me tienes hoy, ahora, comiendo mandarinas y tecleando, escribiendo a lo Felisberto Hernández, con derecho, pues yo ví en él a un padre que tiene hijos varios, yo uno de ellos.
Todos se lo montan con la Literatura, y se reproducen, como manda el Génesis.
La historia de este libro es singular, y culpa de la demora la tiene es que, sacado de la biblioteca y leídos dos relatos, una noche porque no me molestara se lo guardó una amiga en su bolso y ahí se quedó.
Me metí con otro amigo en el Mesón de la Guitarra a hablar de toros y a beber vino, y recibo un sms de M.: "He llegado bien. Se me olvidó darte el libro" "Pues ahora te lo lees".
Y así es como lee la gente, tan azarosamente, tan por azar las páginas que uno lee, luego otros las leen, con la peculiaridad de espíritu de cada cual. Cada cual, su criterio, su historia, en este otoño de lluvias tan vestido.
Yo siento nostalgia sincera de tus historias, este otoño más tuyo que de nadie, pues a nadie más que a tí le gusta vestirse de lluvia, Híade.
Estos días de atrás, con el madrugón, la niebla espesa de un Madrid que parecía capital de Inglaterra. Y el frío, y yo saliendo a fumar a la calle en mangas de camisa, en uniforme.
Y, como tambien soy personaje de Javier Marías, digo: uno no debería leer nunca nada. Nadie podrá vacunarme de esta literaturitis crónica que tanto me afecta y es que se acentúa con las lluvias, como si fuese un dolor de huesos.
Achacosos estamos, es que leemos. En un singular relato de este libros de relatos de Felisberto H., van inyectando por ahí publicidad con jeringuillas. Ya sólo faltaba eso, y en Navidad encima. Bastante tenemos cada uno con nuestras propias inyecciones para nuestras propias dolencias, como para que vengan a contarnos cuentos chinos vía intravenosa. Ya puestos, publicidad en supositorios: por el culo.
Cada cual, digo, se inyecta lo que quiere, y lo que puede: yo me meto unos chutes literarios soberbios. Tengo problemas de adicción, sin embargo, me dura el colocón ya para siempre, sin embargo.
Gran y corto relato, por cierto: Muebles "El Canario", se titula, donde una tienda de muebles, en vez de repartir folletos como IKEA, va por ahí en autobuses y avenidas inyectando propaganda en los bracitos.
Buena idea para IKEA y demás negocios de toda índole.
Prologa el librito Italo Calvino, y no es de extrañar que el autor de libros como Marcovaldo y El Barón Rampante, en que los personajes son extravagantes hasta lo extraordinario, tenga querencia por la literatura de Felisberto. Junto a este ejemplar, estaba la otra edición, de Cátedra, con amplio estudio, pero preferí éste por el buen gusto de la editorial RM, y por Calvino, claro.
Al igual que me siento marxista por el humor de los HermanosMarx, me siento calvinista por la literatura de Italo Calvino, que el otro -Juan- siempre me llenó la quijotera de pesadillas y el cuerpo de cansancio, -dada su ética de salvación a través del trabajo-.
Yo prefiero la salvación a través de la Literatura, como me proclamó en su feliz epifanía Sto Julio Cortázar, que tuvo el honor de comentar los relatos de Felisberto.
Esa nueva ola de literatura extraña que surgió de allende los mares para invadir la decadente Europa en el pasado siglo, con sus mágicos realismos cotidianos y maravillosos, tiene en Felisberto Hernández un peculiar autor, un peculiar entre los peculiares, pues eso se trataba de ver quién escribía más mítico y vanguardista, más mágico e ingenioso.
El relato fantástico tiene, cómo no, más tradición, aunque yo, que me lo creo todo, prefiero considerar que Ulises sí trataba con sirenas y con cíclopes. Las novelas de caballería son fantásticas, lo sé a través de Alonso Quijano, El Bueno.
Leía yo en el tren hacia Pozuelo, en uno de mis primeros trabajos, los relatos de Hoffmann, y solía hacerme con antologías, por entonces, del relato fantástico español.
Mi última adquisición ha sido Juego de Tronos -fantasía-, libro que estamos leyendo un par de akabaos mientras otro akabao se rasga las vestiduras por no leer a Foster Wallace o a Musil o a Proust, por ejemplo.
Nos gusta leer lo que no se debe leer. Nos gusta leer lo que nos apetece, desde que amanece, que no es poco.
Nos gusta Felisberto Hernández porque además de escribir relato fantástico, hace buena literatura. Escribe demasiado bien, me comentó mi amiga cuando me lo devolvió.
Escribir demasiado bien es escribir zen, pensando en la frase presente, no en la futura. Los escritores que escriben bien no piensan en la conclusión de la obra, piensan en el instante en que se está escribiendo la obra, así les salen esos juegos y esos tropos, esas páginas florales, faúnicas, como decorativas pero con un sentido que se alcanza con la atención. Todo muy zen: con atención al presente, sin pensarlo apenas.

Felisberto al piano


Todo además muy musical, pues Felisberto era músico, y así sus personajes lo son, como si fueran uno sólo repartido entre varios cuentos. Ellos son pianistas, como él, y como lo soy yo ahora que te escribo como si te lanzara una rapsodia en azul, a lo Gershwin. (link)
Aunque a veces creo que soy más de Thelenious Monk, éste sí que parecía tocando un personaje de Felisberto, con sus pausas y sus extravagancias.(link)
Lo fantástico, en Felisberto Hernández, no suele surgir del exterior, si no del interior de los personajes, que trasladan al texto su extrañeza, y del texto quedan tocados los ojos lectores y así queda contagiado el lector.
La melodía de Felisberto, digo, es contagiosa.
Está por ejemplo el relato El Balcón, maravilloso por cierto. Un balcón que se suicida por celos, y no es fantasía, pero queda así la sensación en quien lo lee.
Musicales, sus relatos no aspiran a ser creibles, la música no aspira a ser creíble, nadie dice que el Otoño de Vivaldi sea creíble, y sin embargo todos dicen que es Otoño, que suena a Otoño.(link)
Ya en el primer relato, Nadie encendía las lámparas, notamos esta extrañeza de objetos y personas que no lo son porque sean extraños, si no por el mirar extraño del narrador.
Mis preferidos son La mujer parecida a mí (porque yo también fui caballo, soñando que lo era) y El corazón verde, cuento genial sobre los recuerdos de la infancia, cuando todo nos parece mágico.

Todos estos recuerdos vivían en algún lugar de mi persona como en un pueblito perdido: él se bastaba a sí mismo y no tenía comunicación con el resto del mundo. Desde hacía muchos años allí no había nacido ninguno ni se había muerto nadie. Los fundadores habían sido recuerdos de la niñez. Después, a los muchos años, vinieron unos forasteros: eran recuerdos de la Argentina. Esta tarde tuve la sensación de haber ido a descansar a ese pueblito como si la miseria me hubiera dado unas vacaciones.

En el próximo post hablaremos de otra literatura, en las antípodas literarias como quien dice. Don Vicente Blasco Ibáñez: magnífico, un Víctor Hugo de nuestras letras, tan fecundo ...

Coda. Cajita de música.

En el relato Mi primer concierto, el protagonista toca este tema:

jueves, 1 de diciembre de 2011

Un método peligroso, de David Cronenberg

Segismundo el de los sueños,
siempre fumando puros
Aunque la guapa Keira Knightley no me llega a convencer en todos sus papeles -y aún me tiene desconcertado en esta película poniendo caras raras-, Tocayo Cronenberg ya es una garantía de buen cine, un buen cine con un grado de tensión por encima de la media. No tengo prisa, normalmente, por ver todos los estrenos de Cronenberg, sé que más tarde o más temprano acabaré atrapado. En este caso, el tema me interesaba bastante, ver una representación de la relación de rivalidad profesional que tuvieron Freud y Jung me entretiene tanto o más que un Real Madrid - Atlético de Madrid, con la buena noticia ya sabida de que aquí no hay ganadores ni perdedores, de que cada uno de ellos creó escuela, y que aunque Freud es uno de los grandes filósofos contemporáneos -más filósofo que psicólogo, sí- que supo valientemente desnudar la psique, Jung es otro bravo, más místico que psicólogo, que supo ver el cuento -la fábula- en que vivimos.
Es como si Freud dijera: no somos quienes creíamos ser, dentro hay una batalla. Es como si Jung añadiera: somos personajes de cuento. Y para esto último tendríamos que desviarnos hacia el estudio literario que hizo sobre el cuento Vladimir Propp en su Morfología del cuento. Añadiendo más bibliografía con los libros sobre la psicología de los cuentos de hadas. Ya puestos, te hago una tesis.
Pero no.
Preferiría no hacerlo.
Yo soy tu príncipe azul, tú: mi princesa. Tan sólo un príncipe encantado.
Encantado de conocerte.
Segismundo Freud, que creo yo que se llamaba así por Segismundo el de La Vida es Sueño, pasaba las horas vivas de charleta con Carlos Jung. Se contaban los sueños y se los interpretaban, Freud a todo le daba una interpretación sexual, y Jung decía sí negando con la cabeza, que luego se encogía de hombros y llevaba el psicoanálisis fundado por su maestro por terrenos mágicos. Esto es lo que se dice, como diría Segismundo -Freud- matar al padre.
De ahí surge la tensión entre los dos. No hay película de Tocayo Cronenberg sin tensión y sin violencia. Aquí la tensión se siente más que se ve, la violencia es dialéctica, sin alzar la voz.
Yo me lo pasé muy bien, estuve muy entretenido, la amiga que me invitó me daba a mí la sensación que dormitaba -luego me diría que le pareció un poco plomo-, a mi alrededor la gente encendía los móviles y miraba la hora o  mandaba un sms o miraba internet o lo que haga la gente moderna de hoy contemporánea del tiempo presente con sus celulares.
Carl Jung, Maestro
El tema, la trama, los detalles -hermosa fotografía-, el genuino estudio de Segismundo Freud ...
Viggo Mortensen, actor preferido para Cronenberg en sus últimas películas, me parece todo un acierto. Este ser polifacético y renacentista, actor camaleónico que se sale y al que todo le sale bien, como el genio de Freud es creible, humano, cómico, caricaturesco, paródico, sin llegar al patetismo.
Freud mira con envidia la suerte de Jung, cadado con una mujer rica, que además se zumba y zumba a la princesa del cuento, Keira Knightley interpretando a Sabina Spielrein, también psicoanalista y también discípula. No sé qué me ha parecido su interpretación. Que está muy rica. Su mejor papel es el de la heroína de Orgullo y Prejuicio, tan de campiña inglesa. Cuando traté Nunca me abandones ya hablé de ella.(link)

Keira, Sabina de los Azotes, psicoanalista
Keira como Sabina pone caras raras, hace muecas, tartamudea. Luego la psicoanaliza Carlitos Jung según el peligroso método freudiano. Le va la marcha. Le azota en el pompis y a ella eso le gusta. Le azota con violencia, como le gusta a mi Tocayo. A ella, poniéndole el culo al bueno de Carlos, se le acaba toda la tontería y se cura.
Es lo que decían nuestros mayores cuando el adolescente se portaba mal.
-Falta de hostias.
-Necesitas mili, chaval.
-Te daba un revés que te quitaba toda la tontería que llevas dentro, majete.
Hoy día en esta edad contemporánea del tiempo presente tan redundante y repetitiva, todo esto ha cambiado. Ahora vamos al psicoanalista a que nos analice la psique, cuando lo que en realidad necesitamos es fostiarnos como enemigos para terminar tomando cubatas juntos, como en las fiestas de los pueblos, tan añoradas.
Pelea, todo en la vida es batalla. Por eso y no por otra cosa rivalizan las escuelas y no valen medias tintas, cuando en realidad todo viene a ser lo mismo.
O eres de Freud, o eres de Jung.
O de Aristóteles, o de Platón.
O racionalista o empírico.
O psicológico o parasicológico.
O blanco o azulgrana, ¿es que no sientes la camiseta?
O de la escuela del toreo literario purista -Marsé - o de la tremendista -Cela -.
O angloaburrido o prosa sonajero.
O de los Beatles o de los Rolling.
Ay de esta vida demediada, ay de los blogueros bipolares, ay de los ayes partidos en dos.
Una acertada metáfora -por que yo lo valgo- serían las nalgas de Sabina -Keira-, que son dos nalgas que anhelan ser azotadas hasta el orgasmo, y un orgasmo es el cubata entre amigos que fueron enemigos, la reconciliación de contrarios, reconciliación del mundo, la paz por fin.
Yo de mayor me pido Jung, pero con el estudio -soberbio, sobrecargado de libros y fetiches, ramoniano- de Freud.
Yo, como Jung, te contaré el cuento de la vida: un azote que te duela y que te haga gozar, que te haga quererme más. Yo soy tu medicina. Tu psicólogo, pero por el lado místico.
(Arquetipos, personajes en esta morfología extraña que es el mundo)
Es que yo soy más de Jung.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Una lectora nada común, de Alan Bennett

Alan Bennett, porque también nos gusta el humor inglés
de té con  nube de mala leche
Como ya avisé en el anterior post, hoy vamos a hablar de la reina de Inglaterra, que para algo uno es un príncipe y de cuando en cuando gusta de pasearse por entre la Realeza. No todo va a ser maleza, que es por donde me paseo siempre para perderme por ese dicho que hago mío de que para encontrarse a uno mismo primero hay que perderse.
Sin embargo, por mucha Realeza que tenga, esta novelita, más que una semblanza o un retal biográfico, es una ficción, una fábula amable que presenta un supuesto, una ilusión, una posibilidad.

El intríngulis

A la reina, un día de paseo por los jardines de palacio, se le escapan los perros, que entran ladrando en la biblioteca ambulante que va a palacio una vez por semana y aparca en la puerta de una de las cocinas. La reina ni lo sabía, la reina tiene a su disposición algunas bibliotecas que sirven más que para la lectura, para reuniones y otros menesteres reales.
Ya que ha entrado en busca de sus caninos lacayos enfurecidos, decide cortésmente llevarse un libro, por cumplir. Allí está uno de los pinches de cocina del palacio, un pelirrojo gay que está dispuesto a llevarse en préstamo un libro de fotografía con hombres desnudos.
A partir de entonces se desencadenan una serie de peripecias causadas por el enfrentamiento del  gusto recién adquirido por los libros de la reina con la antipatía que parecen tenerle a la lectura todos los que la rodean, desde su antipático secretario personal hasta el primer ministro. La misma noche del día en que descubre la biblioteca ambulante:
-Tenemos una biblioteca ambulante -le dijo aquella noche la reina a su marido-. Viene todos los miércoles.
-Estupendo. Los prodigios no cesan.
La misma camaradería que surge entre la reina y el pinche gay -que por cierto, sólo lee literatura escrita por gayers- no gusta en palacio, el muchacho es ascendido a paje para estar más cerca de Su Majestad, sentado en una mesita todo el día en un pasillo junto al despacho de la monarca sin otra cosa que hacer que leer y asesorarla e intercambiar opiniones y darse a pequeños retos, como la lectura de la obra magna de Proust en unas vacaciones.
No faltan los villanos, consejeros y secretarios, que harán todo lo imposible por quitarle el vicio a la reina.

El meollo
Poco antes de cumplir los 80, se da cuenta del tiempo perdido y se nos hace voraz. La República -así llamará la monarca este mundo conquistado- es un ámbito de igualdad, donde ella no es más que nadie, donde puede adentrarse sin ser vista, sin todas esas obligaciones y deberes, protocolos y cortesías. Como una niña, quiere transmitir su recién adquirida nueva alegría a todo aquel que la saluda, tanto si se reune con mandatarios -el premiere francés prefiere no opinar sobre Genet pero estará encantado de departir sobre Proust- como si va a inaugurar ante el pueblo. A todos preguntará qué lee, y hará saber lo que ella lee. Y subraya, y anota. Se hace socia de bibliotecas -o ya lo era, pues la principal patrona de la biblioteca londinense es ella-, merodea buscando las bibliotecas propias, pide prestados libros, libros regala. Conoce a Alice Munro. Autores que al principio de la novela no le entran bien, ahora después de una temporada como lectora de oficio, le entran demasiado bien y les entiende, como en el caso de Henry James. Ha conocido durante su vida a muchos escritores, y ahora se apena de no haber sido lectora entonces. Entonces prepara una cena para escritores a los que Norman -el pinche que ahora es paje- y ella admiran: un desastre, se siente como aislada. Se da cuenta que es mejor leer que conocer a los autores. Ella misma decide para el pánico de todos escribir sus memorias, pero no como hace todo famoso, si no como si fuera una nueva Proust -aunque le parezca una guarrería eso de mezclar el bizcocho en el té-.
El atractivo, pensó, estaba en la indeferencia: había algo inaplazable en la literatura. A los libros no les importaba quién los leía o si alguien los leía o no. Todos los lectores eran iguales, ella incluida.La literatura, pensó, es una mancomunidad, las letras, una república. (...) Sólo ahora comprendía su significado - república-. Los libros no se sometían (...)

Humor inglés
El lector se llega a identificar con el personaje. Yo, como lector, me he identificado.
¿Qué me ha llevado a leer esta novela?
Anteayer, buscando un libro de relatos de Felisberto Hernández, y no dando con él, me encontré en la estantería de exposición en la biblioteca más cercana a mi casa, esta novela, cuyas reseñas leí en su día en los suplementos culturales, pareciéndome atractiva la trama, más teniendo en cuenta que es novela inglesa de humor.
¿Ha cumplido su finalidad?
Cierto es. Té e ironía y una sutil mala leche en la nube de este té.
Un cierto humor negro, clásico de la isla, en una deliciosa tarde en un jardín inglés. Todos los personajes, menos los dos principales -la reina y el pinche gay-, son caricaturescos, desde el duque hasta el primer ministro. El duque por lo menos es un guasón.
Uno se reencuentra  felizmente con el humor aquél de los Roper y de los Monty Python -sin llegar a su irreverencia, aunque a veces ...-.
A la reina, en una de sus reuniones semanales con el primer ministro, le da por prestarle algunos libros. Así que el villano consejero especial -de suponemos Tony Blair- llama enfurecido al secretario personal de la reina:
Al final Sir Kevin recibió una llamada del consejero especial.
-Su jefa le ha hecho pasar un mal rato a mi jefe.
-¿Sí?
-Sí. Le ha dado libros para leer. Es improcedente.
-A Su Majestad le gusta leer.
-A mí me gusta que me chupen la polla. Pero a mi jefe no le obligo a chupármela. ¿Se le ocurre algo, Kevin?

Método caótico e intuitivo
Uno busca este tipo de libros, fascinado por la historia lectora de cada lectora, y de cada lector.
Así adquirí hace un par de semanas donde los Tipos Infames el libro de Jesús Marchamalo Donde se guardan los libros, que es una recopilación de los amados artículos sobre bibliotecas que publicara hace años en el ABCD y que yo esperaba y leía con la fruición de una reina inglesa en fábula. Como es relectura -aunque felizmente vienen viejas bibliotecas en nuevos artículos- ya lo comentaré más adelante, cotilleándote qué joyas guardan Luis Alberto de Cuenca y Andrés Trapiello. Me volví a encontrar, en la biblioteca de Juan Manuel de Prada, con el nombre de Felisberto Hernández, que buenos blogueros proclaman como uno de los mejores narradores de relatos fabulosos. Ayer me dí un paseo largo hasta otra biblioteca, la Antonio Mingote, y encontré Nadie encendía las lámparas, que ya comencé hoy a leer, dejándome una impresión de reconocimiento, de un modo de narrar y percibir las cosas como a uno le gusta: una Literatura. Buscaba otro en concreto, Las Hortensias, que buscaré en otras bibliotecas, cercanas o lejanas, o que compraré en una antología más completa, por este afán de posesión y de buscar lo completo que tiene alguien como yo que no lo es.
Yo, como ya me conoces, soy muy desastre en mucho, y como lector no lo soy menos, al igual que la reina de esta fábula no tengo un método de lectura, muchas veces lo intenté y me salí por peteneras a aires más frescos y anárquicos. El método de la reina es el mío: un libro lleva a otro libro, una lectura a otra lectura, un simple comentario, una reseña, una intuición -que nunca fallan estas, mecachis-, o un porque sí.
¿Y por qué no?
Ya sabes mi lema: buscar, encontrar, amar, por lo que en el próximo post te ofreceré aquella canción que faltaba como sueño y ausencia.

YSEQA

lunes, 14 de noviembre de 2011

Los raros



No he querido saber, pero he sabido, a través de Kirsten Dunst en su papel de Justine, que estamos solos en el universo.
-Yo sé muchas cosas -dice en una escena Kirsten, Justine.
La película se llama Melancholia, y está dirigida por un tipo que dice que es el mejor director del mundo, este mundo solo, en el universo. Este director se llama Lars, Lars Von Tryer. Este director no sé yo, que no opino por no molestar, si es o no el mejor, lo que sí sé es que es un tipo raro. Un raro.
Otro tipo raro en curiosa competencia para  director del año -por no decir de todo tiempo-, es Terrence Malick. Por sendas películas. Por raras películas. Más raras que soltarle a la urna una metáfora -o un tropo cualesquiera- en ese 20N aciago con memoria de efemérides y otras causalidades.
Iremos a votar, y votaremos raro.
Yo era un raro, ya no lo soy tanto, ahora me adapto.
Estos larsvontryers y terrencemalicks son unos inadaptados. Hacen Arte. La gente les hace una reseña y asisten a la proyección en reverencial silencio. Hoy una abuelita se ha escapado de los Golem en el minuto 40. Hace semanas, cuando lo de El árbol de la vida, la gente huía en manadas de los Ideal. Yo, con mi reverencial y proverbial paciencia, aguanté, porque se trata de Arte. Y el Arte duele, y hay que disfrutarlo con dolor, con tesón, con sudor. El Arte, como la fama, cuesta. Sobre todo le cuesta al que asiste al espectáculo: los euros, y la mala conciencia por no estar a la altura.
Pero mola.
¿Es que yo no leí el Ulises de Joyce?
¿Es que yo no leí las quinientas disgresiones de Los Miserables de Hugo?
¿Es que no sigo leyendo, con lágrimas y sorbiéndome los mocos de frustración, la introducción que le hicieron a Javier Marías para Corazón tan blanco en Crítica? La novela, por cierto, muy interesante, con esa elegante amenidad que sabe verter Marías, aunque no quiso saber, pero ya sabe.
Lo malo no es el objeto artístico, lo malo es todo ese funambulismo de bibliografías en la cuerda floja de mis entendederas. Lo malo es que te tragas un Melancholia y en el lote va incluido el Arte sádico de las horas de estudio infructuosas, con su código sólo para iniciados en la excelencia.
A un raro, si es famoso y premiado y de culto, se le permite todo. Yo se lo permito todo, y todo se lo perdono al que me aburre, pero no me vengan con tesis doctorales para la sentida melodía en una mala resaca.
Estos raros creadores viven en una permanente mala resaca, y tararean bien, bonito, por el polvo que no echaron ayer noche. Luego llegan la miríada de páginas bibliográficas a analizar la melodía, resaca incluída, y en vez de pasarte a tí la melodía te pasan la resaca, a tí, con el polvo que no echó el otro ayer noche.
Yo volveré a ser el chico raro de la clase, como lo fui hasta el bachillerato. Luego en la universidad nos juntamos mil raros y ya todo nos fue perdonado.
Pero no habrá paz para los rarunos.
Hacía tiempo que no te hablaba de cine. Ven, siéntate aquí, a mi vera, a la vera de mi canto que ni es arte ni hoy tiene resaca y ni es merecedor de bibliografías funambulistas para cuerdas de locos. Ven, te digo ven, a mi vera, que te voy a contar hoy el cine que yo ya ví, sólo para tus oidos que saben escuchar mejor, y más que todos los excelsos camaradas del Arte.

Melancholia. (trailer)
Me gustaba más Kirsten Dunst como novia de Spiderman, aunque aquí está soberbia. Me gustó más, también, como Maria Antonieta. Sofía Coppola, aunque hay quien dice que es fea, a mí me pone mazo. Me montaba yo un menage a trois con la Coppola y la Maria Antonieta que no lo filmaba un larsvontryer ni después de la larguísima depresión que le entra después de un premio en Cannes. Antiticristo me gustó más. Ésta de Melancholia es muy esteta, muy bella en su conjunción planetaria pese a tanto apocalipsis. Los planetas son la música de Wagner -Tristán e Isolda-, el paisaje, el trabajo actoral, los melones de la Dunst, y mi reverencial silencio, tan peregrino a veces. A voces.
Sin embargo sigue en pie mi lealtad a Lars Von Tryer, por Los Idiotas, por Bailar en la Oscuridad, por Anticristo, por Dogville ... y por Melancholia, claro que sí, más rara de ver que difícil de tragar, y uno a lo largo de su vida se ha tragado tantos ladrillos -no me llores jamesjoyce, que tú eres mi padre bastardo- que le está cogiendo cierto gusto a esto de ser sodomizado por el Arte. Lo mejor, sin duda, es que no sale Penélope Cruz, que era para quien Lars Von Tryer cantaba su polvo no echado de ayer noche. Entonces yo me habría ido también en el minuto 40 con la abuelita que se sentaba detrás mío, a comer tortitas con nata en el Vips de la Plaza de los Cubos.
La Belleza de esta obra reside en el mal sueño que todos hemos tenido algún día, muy a menudo yo, qué te voy a contar que no te duela. Un apocalipsis narrado con el dolor de la desolación, pero con el latido feliz del que pese a todo se maravilla ante La Vida.
Yo me acordaba de tí, y de un sueño que tuve hace dos años y medio, en esa primavera rara de neurosis y añoranzas. En el sueño era de noche, y estaba yo con mi familia en una casa desconocida, con jardín, aunque en el sueño era nuestra casa. Se oían ruidos como de bombas al explotar, entonces salimos al jardín y vimos caer aviones, como derribados, pero no fue así. La luna se partió en dos, desapareció. Sería el efecto de la luna al romperse, qué sé yo, la gente salía a los jardines de sus casas con miedo y ansiedad. Pero no se acababa el mundo, no, sólo la luna acababa, y yo me acordaba de tí y pensaba: ¿qué será de ella, ahora que no hay luna?

El árbol de la vida.(trailer)
El apocalipsis, otra vez. Esta vez sin embargo no tiene un valor de acabamiento. El árbol de la vida gana puntos según pasan los meses, en el recuerdo. No miento si digo que me gustaría verla otra vez, pese a que salí del cine -salimos del cine- admirándonos de lo raro que era el mundo, de lo raro que era el Terrence Malick, de lo rara que era la película, y de lo raros que éramos nosotros por habernos atrevido a entrar al festín sin apreciar la comida en su propia valía. Manda huevos las cosas que hace la gente por el Arte.
Más esperanzadora, por religiosa, que Melancholia, El árbol de la vida es también la labor de un esteta, también esta vez con su ética incorporada. Con paciencia y silencio reverentísimos irá el espectador que quiera ser merecedor del premio al chico raro de la clase.
Yo soy raro.
Tú eres raro.
Él -Malick- nos gana por goleada.
Si ponemos juntos a Terrence y a Lars y les dejamos encerrados en una urna este 20N aciago, ¿quién ganará? Rajoy seguro.
-Ja, ja, me parto y me mondo. Anda a contar chistecitos al club de la tragedia, mozo. Y siga con su cinemanía, que escribiendo está más guapo.
-Gracias por el piropo, señora ... o señorita.
-Señora, por favor.
-A sus pies ...
Digo que si ponemos juntos a Lars y a Terrence, ¿quién se lleva la palma de la genialidad de la temporada de cine? Dicen que dicen, por ahí leí algo, que el mundo está demediado en dos bandas, los de Terrence y los de Lars, los de El árbol de la vida, o los de Melancholia. A mí, si me dan a elegir, me prostituyo a quien me page más. Es lo de siempre ¿ Barsa o Madrid? ¿Prosa sonajero o angloaburridos? ¿Sabrina o Samantha Fox? ¿Derechas o Izquierdas? No valen las medias tintas, no habrá paz para los tibios.
Acércate y ven, aquí a mi lado, que yo te diré en un susurro lo que sólo a tí y a mí importa. Lo demás es un circo, intereses creados, mafias, juegos para engañar el tedio. Tan peligrosos, a veces, que no merece la pena participar y dar la vida por aquello que ni te da de comer y que además te quita el sueño.
Juegos son, sí, de la edad tardía, sí, para engañar el tedio.
Hay una semejanza personal entre El árbol de la vida y Juegos de la edad tardía, de Luis Landero. Con la novela me pasó algo que rara vez me ha pasado -quizá con el Ulises de Joyce, que más que una lectura fue un parto por lo dolorosa, pero ahí tenéis al niño, haciendo posts porque ha leído el Ulises, qué mono y qué lindo-, ha ganado con el paso del tiempo. No recuerdo haber disfrutado especialmente con la lectura de Juegos de la Edad Tardía, sin embargo tengo un recuerdo maravilloso de ella, una novela imborrable, con unos personajes que se han quedado, y una fábula genial. Así me sucede también con El árbol de la vida, que según pasan los días gana en el recuerdo, y crece, como una flor extraña que se miró un día y sólo con ser mirada se quedó, y creció y dio fruto en el alma.
Así como me pasó contigo, así son las obras que duran, los amores que quedan, los que han dejado más que huella: camino, más que rastro: presencia.
Nos hemos puesto evangélicos, ¿verdad? Días después de leer El árbol de la vida, voy y me encuentro con un artículo de Juan Manuel de Prada, que escribió Coños, que escribió Las máscaras del héroe, y luego de un día para otro envejeció, sin venir a cuento. Ahora alguna le llama mi John Wayne. Y a mí, que sigo más joven y más guapo, ninguna me dice esas lindezas.
Bueno, a lo que íbamos, de lo que tratábamos. El artículo trata sobre El árbol de la vida, y Juan Manuel de Prada le da una interpretación evangélica. Luego termina diciendo que Malick tiene un par, por la película.
Bueno, no hay que ponerse tan genital, y menos tratándose de Malick. Yo, la verdad, prefiero los genitales de Elena, mi Elena, Elena Anaya.

La piel que habito(trailer)
Me gustó bastante, por lo general me gusta todo Almodóvar, pese a algún desliz, pese a alguna Penélope Cruz. Al que creó Qué he hecho yo para merecer ésto, sin embargo, yo le perdono hasta eso.
Yo fui a ver si Elena Anaya me enseñaba algo, y me lo enseñó todo. A ver si la Sofía Coppola hace Maria Antonieta II, versión X, y hacemos la rareza del año haciendo Arte los tres juntitos: Sofía, Elena, Kirsten, y yo.
La piel que habito, aunque dicen que es la menos, yo digo que es muy almodovariana. Con su comedia y su tragedia, haciéndoselo juntas. Allí el raro -o el menos raro- era yo, pues cuando todo el mundo callaba reverencialmente, yo reía con las ocurrencias de Pedro Almodóvar. La cosa está -no sigan leyendo si no la han visto- en que Elena Anaya antes era un chico, y Antonio Banderas va y le rapta por un feo que le hace a su hija Blanca Suárez. Una mañana mi Elena se levanta y ve que no se le levanta, se mira en el espejo y en vez de tener la cosa colgando le ha nacido un lindo coñito, que es el coño que le faltaba a Juan Manuel de Prada en Coños. A mí me entró la hilaridad.
Si un día yo me levanto y me miro al espejo y me encuentro a Elena Anaya, ¿no sería maravilloso? La de cosas que haría bajo las órdenes de Sofía Coppola, mi Sofía.
Pero no habrá paz para los soñadores.

No habrá paz para los malvados.(trailer)
También me gustó mucho. Es de esas películas tan buenas, tan buenas, que no parece ser española. Parece americana. Así que la obviamos.

Si la cosa funciona. (trailer)
Woody Allen es un dicector americano que hace cine europeo, y todos le aplauden.
El mundo es raro, el mundo del cine es raro, los que opinan -opinamos- sobre cine, son raros.
Así que lo obviamos.
Bueno, no, digamos algo, ya que la peli es buena, pese a ser americana que intenta ser europea y lo europeo sólo es bueno si parece americano.
La ví en la filmoteca, y tiene una gran lección para la vida, que se dice al principio, se demuestra durante la película, que tiene final feliz. Woody Allen hace a veces finales felices, y yo, si me levanto mañana en la piel que habitaré de Elena Anaya, iré a hacer cine raro con él, Arte para exquisitos españoles que sólo ven cine americano aunque el cine americano se travista en europeo, o que una mañana se levante europeo. Con un coñito europeo que Juan Manuel de Prada se olvidó de publicar en esos fabulosos homenajes ramonianos.

Tímidos anónimos.(trailer)
Esta película fui a verla el Viernes. Se la recomiendo a todos, exquisitos o no. Se pasa un buen rato, y la hilaridad no desmerece a un chiste almodovariano que entienda yo sólo. La peli es francesa, humor francés, que a lo mejor no gusta a todos, pero yo creo que algo sacarás de aquí que sí te guste. Aunque sea el chocolate. O la empatía por los raros personajes. Porque esta peli sí es de raros, más que las otras, porque estos son raros como tú y como yo, no como el Banderas poniéndole coños a los que se benefician a su hija Blanca Suárez, si no raros con complejo de raros, raros anónimos como los que nos encontramos a diario, tímidos de verdad, no de mentira. La vida misma, con concesiones al musical en los momentos de magia.
Luego nos fuimos a cenar a un chino donde cenan los chinos, que cenan unas cosas muy raras, que yo les ví.
Y por hoy ya basta, que me lío y termino contando cuentos chinos, cuentos chinos para niños del japón.
 Pasado, o mañana, te hablaré de la reina de Inglaterra.

Coda.
Y luego querrás que te cuente un cuento, que te escriba una novela, ¡un cuento chino te voy a contar!
Una novela de un mundo raro, te voy a escribir.
Pero ven junto a mí, aquí a mi lado, que te cuento yo lo que a nadie le importa, por mucho Arte que tenga, que a tí y a mí sólo nos concierne.