miércoles, 4 de abril de 2012

La saga/fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester.


De mayor quiero ser como don Gonzalo

Perdonad el retraso, pero me he comprado un e-chisme y mi curiosidad me ha llevado a gastar parte de mi precioso tiempo en ver todas y cada una de sus utilidades. Luego, buscando una funda barata, y no encontrándola, he pasado la tarde haciéndome una artesana, que no me ha costado más de un euro. Me ha quedado cutreperfecta: te compras una minicarpeta en el chino, la forras con cartulina color café au lait, usas la goma como sostén interior del e-chisme, y ya está. Tijeras para papel y pegamento imedio. He vuelto a los tiempos escolares. Menudos colocones aquellos, esnifando pegamento. Cuando dicen que hay que volver a los orígenes, supongo que se referirán a estas edénicas artes.
He tendio mi pequeña peripecia para comprar la funda, infructuosa búsqueda. Sobre todo cuando en el corteinglés, preguntando si tenían fundas para libros electrónicos, y preguntándome a la vez el pulcro señor que para qué libro, y respondiéndole yo que para el kindle, me ha echado de la tienda de muy malas maneras:" no, aquí no tenemos de eso". Haced la prueba, id por ejemplo a la librería de dicho comercio de Preciados con una bolsa de la Fnac, ya veréis si os reciben con arrogante desprecio.
¿Abandonaremos el papel por el e-chisme? Ni mucho menos. Pero eso de tener en una pequeña tableta tanto libro metido satisface en parte un sueño desde la infancia: el libro total, la nutrida biblioteca. No, hasta que no tenga espacio en condiciones y dinero para ello, no podré saciar el deseo de esas paredes forradas de sabios y doctos tomos.
Y ahora comencemos con un scherzo, como tan bien imita don Gonzalo con su prosa:



Como siempre, depende del Destino, que nosotros llamamos cálculo de probabilidades, un factor de incertidumbre que introduce en la armonía de la matemática la perplejidad del drama.

(La saga/fuga de J.B. Gonzalo Torrente Ballester)
La saga/Fuga de J.B. es uno de esos libros totales imprescindibles. Claro que uno puede seguir viviendo sin haberlo leído, se puede vivir también, tan ricamente, no habiendo leído un solo libro. Sin embargo libros como así te enriquecen y humanizan de tal manera que sigues queriendo más buena literatura, reconciliado con la vida a través de ella.

Pese a su dificultad y confusión, pero, ¿quién dijo que la vida era un día de sol en primavera? La vida es niebla y confusión de hitorias y las dificultades impiden ver con claridad. Pero por lo poco que entendemos y vemos, creemos.
Ya he hablado aquí de aquel sueño epifánico en que Sto Julio Cortázar se me apareció para proclamarme la salvación a través de la Literatura. La Saga/Fuga, todo un vía crucis, es un ejemplo.
Ya existió un lector ileso, y existen un lector malherido y un lector iracundo. Lectores hay tanto como temperamentos lectores, cada cual el suyo. Yo podría quitar mi cartel de libro con anillo matrimonial sobre las páginas de Crimen y Castigo, y ponerme el sobrenombre de Lector Sadomaso.
Qué orgasmos, los que me provocaba el Ulises -de Joyce- atizándome disciplina inglesa y clavándome su afilado tacón narrativo. Luego intercambiábamos papeles y el libro era mi putita, a la que desnudaba sin piedad para abrir sus orificios páginas y meterle mi incisivo instrumental de cirujano. Jugar a los médicos con los libros. Pero a lo gore.
Así con el tormento se da un primer paso para el misticismo, la iluminación, el nirvana, que es a lo que aspira todo poeta, y José Bastida y yo lo somos.
La T es la letra de esta nuestra relación: tortuosa, tórrida, tormentosa y torrencial.
Podría decir aquí lo que diría cualquier reseñista amante de los libros, pero mi Saga/Fuga de J.B. no se merece esto.
Es muy buena la introducción a cargo de Carmen Becerra y J. Gil González. Ayuda a entender.
Yo intentaré animaros a que os acerquéis a la F.
Fábula y Fantasía para funambulistas.
Es complicado dejar aquí todas las impresiones, todo lo que quisiera decir, todas las especulaciones en torno a la obra.
Sólo os puede apartar de su lectura su dificultad sin asideros con el engaño de una prosaclara, inteligible. Difícil más que cualquier otro libro, más que el propio Ulises, que tenía una estructura acorde a sus diversas proposiciones narrativas, a cada capítulo un juego, a cada contenido un continente.
Aquí en La Saga/Fuga, sin embargo, la estructura es la niebla donde todo se confunde. Lo que es complicado aquí no es ni su lenguaje ni su forma, si no su texto niebla, su caótico delirio, que asemeja a uno de esos duermevelas. Y así sucede, pues lo que sucede en la última parte, Scherzo y Fuga, es la ensoñación del duermevela de José Bastida, que espera a Julia, que goza con Julia, que se fuga con Julia, cuando simultáneamente la pura alucinación de todos los jotabés habidos y por haber de la historia esperan, aman, y se fugan.

Don Gonzalo entre la niebla del
tabaco
Llega un momento, como el caminante a través del bosque en la niebla, en que nos preguntamos si no andaremos perdidos. Quien ya ha pasado por esta experiencia lectora os da este consejo: no pares, sigue, olvídate de la niebla, no quieras reconocer cada árbol, cada sendero, déjate maravillar por lo poco que se puede ver, que ya es mucho, deleitate por cada pequeña historia encadenada a otra.
Son cientos de historias y personajes que se entrelazan y separan, intercambiándose los roles y hasta el alma.
Es una novela que cree en la transmigración de las almas. Juego de máscaras. Platonismo. Matemática: probabilidad y combinatoria.
El J.B. que pensabas no era el que creías, pero sí. Así con otros personajes que van cambiando de nombre, o no, pero sí. Lilaila, Coralina ... El cura que volviéndose ateo y aún así sigue ejerciendo de inquisidor y con sonoros nombres va repitiendo la misma historia a lo largo del tiempo, reencarnación tras reencarnación.
Es una novela homenaje a la vez que paródica, por lo tanto quijotesca. Quijotesca también por su humanismo y su riqueza de historias y caracteres.
Reúne las vanguardias en sí, con esos juegos.
También es hija de su época, la época del realismo mágico, a quien también parodia, como un homenaje.
Es como Cien años de soledad, pero a la gallega.
Tiene algo también de relato borgiano.
Y de Cela, y de Fernández Flórez, paisanos.



Todo lo de la época, con sus estructuralismos y existencialismos, todas aquellas filosofías clarividentes.
Es, también, espiritual. Cree en la magia y en el misticismo.
No cree en nada para creerlo todo.
Recuerdo aquel prólogo de don Gonzalo Torrente Ballester para el Gargoris y Habidis, una hisoria mágica de España, de Sánchez Dragó. Tal para cual. La lectura hace diez años de este descomunal ensayo me ha ayudado hoy a comprender esta novela, que precede al ensayo.
Estudios de mitología comparada, La Rama dorada de Frazer, ¿o es que acaso hay algo nuevo bajo el sol? Sólo hay novedad en la combinatoria.
Está también Nietzchse, claro, con el eterno retorno.
Y está Alicia, con su lógica, esa lógica de preguntas y respuestas.
Merece su lectura atención y tranquilidad, pero estos tiempos posmodernos, viciados, de ruido e interferencias, no pueden, no saben leer una obra que es una crítica a este ruido, a estas interferencias.
Pasa como con el Ulises, o lo lees porque te lo imponen, o porque pareces así más guay, o porque amas con locura la Literatura.
Este libro lo leemos tú y yo, que tan locamente amamos.
Y da igual ser más o menos sabio, más o menos analítico, saber hacer mejor o peor las cosas. El amor se da y se recibe cada cual como sabe, por eso se dice aquello: inventamos el amor.
Es como sentir que eres el primer lector de un libro grande, y aunque -gracias a que- hay guías que te hablan de ese libro, tienes esa sensación: yo he entendido el libro, parece que fuera yo el único.
A ver para cuando os preparo el post: literatura obesa. Pues no hay duda que este libro es obeso, de manera diferente a otros, pues aquí la grasa es entreverada, pero va en su mismidad, en su autenticidad, no hay por qué quitársela, si le quitas la grasa niebla es otra novela y se le quita el mérito.
Es una novela que es una mirada genuina a la Vida y a la Literatura, e imita aquello que de lo que se ríe, por lo tanto es parodia, y al ser su identidad aquello de lo que se mofa por lo tanto es un homenaje y un canto.
Quijotismo.
Lo mejor de toda la obra, sin embargo, es el protagonista, José Bastida: un sabio, el más humilde de todos. Un hombre solo, como aquella obra de Mingote. Uno de los mejores personajes de la Literatura, de los más complejos, que te hacen reír y estremecerte por su fragilidad y humanidad.
Muchos nos sentimos, metafóricamente, por esta vida, como José Bastida, y hemos de aprender de él su riqueza interior, su bondad machadiana, su modestia pese a su gran sabiduría, que parece pedir perdón antes de deslumbrarnos.
Qué pena haber tomado en préstamos le libro de la biblioteca, subrayadito que lo tendría.
Esperaba yo tener un e-chisme donde se pudiera subrayar y anotar, y ya lo tengo. La de trastadas y travesuras que haría un J.B. con uno de estos inventos.

La Gaite y el Torrente


Coda

Seguro que fue don Acisclo, el cura de la novela, el censor de la misma que dijo aquello de:

«De todos los disparates que el lector que suscribe ha leído en este mundo, éste es el peor. Totalmente imposible de entender, la acción pasa en un pueblo imaginario, Castroforte del Baralla, donde hay lampreas, un cuerpo Santo que apareció en el agua, y una serie de locos que dicen muchos disparates. De cuando en cuando, alguna cosa sexual, casi siempre tan disparatada como el resto, y alguna palabrota para seguir la actual corriente literaria.

Este libro no merece ni la denegación ni la aprobación. La denegación no encontraría justificación, y la aprobación sería demasiado honor para tanto cretinismo e insensatez. Se propone se aplique el SILENCIO ADMINISTRATIVO.»

Por cierto, bien satisfecho que ha quedado nuestro sicalíptico Marqués de la Pollalzada con la lectura de este libro.


martes, 20 de marzo de 2012

Narratofagia



Aunque a primer oído no tiene mucho que ver, en su sentido más profundo esta canción recuerda a las primeras páginas de la tercera parte, Scherzo y Fuga, de La Saga/Fuga de JB.
Y ya van para dos meses, no quiero ni contar los días, con interrupciones para otras lecturas, por aquello de la sobrecarga.
Tenemos a José Bastida tumbado en su cama con un pijama nuevo. Páginas reflexivas. Desde niño siempre quiso ser otro. Quiso otra vida, por lo que se reinventó como un Pessoa más al norte e igual de luso.
Hace una semana te escribía yo un post, con la excusa de la película Shame. Muy buen post. Paso de publicarlo. Por ahora. No hacía más que linkear otras páginas, otros textos.
A falta de unas diez frases para el colofón, dí al guardar y guardado queda.
Me tumbo y tomo un libro de relatos. Un libro de ensayo. Sueño con otra vida. Yo soy otros.
Juego de roles: capacidad para metamorfosearse según las circunstancias. Como el maravilloso José Bastida.
Este libro de Gonzalo Torrente Ballester es novela canónica. Los manuales te la presentan con todas sus virtudes.
No es novela que se lea. Nadie la lee, sólo cuatro gatos en el callejón maullando tu cántico, oh, Literatura. Cuatro frkazos.
Nadie lee la canónica Ulises, de Joyce.
Tiempo de silencio se lee porque es obligada en los manuales.
La montaña mágica, El hombre sin atributos, En busca del tiempo perdido ... Una obra magna al año no hace daño. Queda para sentencia. Es mi pena, condenado soy, por atreverme a querer ser otro.
Cien años de Soledad, El Quijote, Shakespeare ... son lecturas canónicas que suelen gustar. Se leen aunque no hayas pasado por el manual de Literatura.
Basta aprobar el COU -opción letras, claro- para enterarse del meollo. Narratológica. Narratofagia.
Podemos considerar la narratofagia como el consumo desconsiderado y desmedido de todo tipo de narraciones.
Quien disfruta de Dan Brawn y de Joyce sin complejos es narratofágico.
Ego sum narratofágico.
Hay narraciones canónicas, otras que no. Hay narraciones que se leen, otras que no.
Y aquí todas sus combinaciones. Con sus tipos.
Hace unos minutos miraba yo la página de Felix. J. Palma. Y se me antoja su trilogía victoriana. Best seller. Cómo me pone.
La montagia máñica, perdón, La montaña mágica. También me pone el pensar que un día será mía.
Necesito tiempo: trabajar cansa. Uno ha de socializar, también, como decía aquella profesora de inglés que se buscaba excusas para no dar sus clases y dedicarse a la ginebra, cual una Patricia Highsmith lesbiánica y gatuna.

Venus Anadyomene, de Théodore Chasseriau
Uno ha de mirar las estrellas: el miércoles anterior jugaba el Madrí, y en el descanso salimos del bar a fumar. Señalé el astro más brillante. Mis amigos, matemáticos, astronómicos, me explicaron a mí, astrofágico: Venus. Y a su izquierda, también tan brillante: Júpiter.
Venus es lo que más nos luce. Mis tan pocas luces.
Mi cabecita loca, como el cielo de Madrí, sucio de contaminación, pero con luces tan brillantes como Venus. Que ni la contaminación logra borrarla.
A Tatyana, muñeca rusa venusina, le pregunté aquel día de Agosto con mi rudimentario y mal inglés, qué le gustaba hacer en su tiempo libre, your hobby, what is your hobby?, Read, y se señaló la palma de la mano como si tuviera un libro. Luego yo me la comí entera. Yo la imagino, cuando recuerdo la seriedad de su sonrisa aristocrática y su cuerpo de diosa griega, lo menos leyendo a Tolstoi, Turgeniev, a cualquier T Tatyana mi rusita. No: mi ucraniana. Where do you came from? Odessa.
Era, además, fría como estatua, mecánica como muñeca. Sin embargo cobró vida cuando me abrazó. Intensidad. Y agradecimiento. Pero el gusto fue mio.
En los ambientes más sórdidos y contaminados, en los cielos en que ya falta la lluvia y el aire, en las cabezas más viciadas, siempre queda una prodigiosa luz.
Hombre de pocas luces, haz que al menos una única luz sirva para iluminar toda una vida. Oh, vocación.
Saber buscar donde sea, moverse en los antros donde la vergüenza está prohibida.
Así igual, en los libros, hay que saber buscar donde mejor se vende la narración contaminada. La joya en la basura.
Pues también hay mucha mierda en el lujo, en la literatura de lujo.
Narratofagia es no discriminar, no hacer donoso escrutinio.
Un día, hace años, leí una entrevista a Alaska, Olvido Gara, en la que decía que uno de sus vicios era la cinefagia, que lo mismo veía un film cutre que uno de calidad.
Algo parecido leí en otra a Jose María García, decía gustarle tanto el fútbol que lo mismo disfrutaba de un Real Madrid -Milán, que de un partido de barrio en cualquier parque.
La pasión puede ser para anchas tragaderas o no, puede ser también selectiva.
Comer de todo, o comer poquito y bien.
Decía Francisco Umbral que un verdadero literato -y así me lo recordaba alguien- ha de estar dispuesto a follar con todo tipo de mujeres.
Claro que Ignacio Echevarría escribía el otro día en su página en El Cultural, que Umbral tenía una  talentosísima aptitud para la bisutería estilística (link), y ahí me jodieron mi Venus. Mi astro más brillante, ¿que no es oro de ley?
Me gusta Echevarría cuando rescata en sus líneas autores y obras olvidados. O casi.
A ver si recomienda algún día la reconocida, pero paradójicamente olvidada, Saga/ Fuga.

Coda

Aprovecho para recomendar, publicitar, lisonjear. Mi amigo el poeta y erudito -tan joven y ya erudito- Rubén Romero, que tanto cuida de que leamos bien las buenas obras, trabaja ahora para la revista Culturamas como redactor jefe para eso de la gran pantalla, firmamento y estrellas.
http://www.culturamas.es/blog/category/cine/
Es un un pequeño paso para un hombre, y un gran paso para una generación: nuestra Degeneración Akabá.
Gracias a tí y a este amigo, Rubén, consumé la lectura del Ulises, y aunque estuve a punto de cargarme a un tío,  uno termina sintiendo añoranza de las tardes de verano en la terraza dale que te pego a esa charada.
Y así seguiremos, remolones, pero al fin y al cabo cumpliendo con los buenos consejos para buenas lecturas.
Sin olvidar que somos narratófagos sin complejos.


Un pasaje del Apocalipsis de San Juan,
 donde el profeta es instado a comer un libro.



sábado, 3 de marzo de 2012

Operación Fausto (I): Fausto de Marlowe, y de Simon Breden





(La biblioteca de nuestro manicomio, siendo modesta es borgiana, más llena de posibilidades que completa. Aquí los libros no se escogen por un bibliotecario erudito y ecléctico, sino que llegan indiscriminadamente, aleatoriamente, sorprendentemente. Una terraza con vistas a nuestro jardín inglés ilumina la estancia.
Languidecíamos.)

Marqués de la Pollalzada: (kafkiano y con resaca) esta mañana hubo simposio de blogueros -reunión de pastores, oveja muerta-. No asistí. Por la noche, fui a un burdel. (link)

Salix Babylonica
(Salix Babylonica, sauce llorón, oh willow, willow, willow, bajo el que una fontana lo riega todo. Linfa. La Ninfa se baña provocadora, que no provocativa, por ver si nuestro poeta, en la cima abuhardillada de nuestro sanatorio -su torre de marfil, su celda de castigo, almohadillada-, mira y responde. Desde nuestro infierno escuchamos sus pisadas, en su cielo. La dulce y brutal condena de mirar el sauce, la fontana, Venus Calipigia.
Languidecíamos)

Príncipe de ArroyoLuche: (mequetrefe y risueño) esta noche tenemos teatro: Fausto de Marlowe, de Simon Breden. Como siempre desde el gallinero, por evitar la tentación cómoda y burguesa del patio de butacas, por la fascinación de la idea del suicidio y caer sobre las dos buenorras sobre las que moriré entre sendas piernas.

La Fontaine: (filólogo y jocoso) no nos cuadra la sintaxis, habrá que ver las piernas de las muchachas por ver si son sendas o senderos.

(¡Oh, musa! Emperatriz deja el baño y se acerca a la terraza. Mira hacia arriba la torre de marfil de nuestro genio, niño enfermizo y telúrico. Nos miramos a ella.
Languidecíamos)

Emperatriz: (diosa y desnuda) hoy es 4 de Marzo, cumpleaños de vuesa majestad, ¡oh, Príncipe! Ya vas por la edad en que las musas se retiran al amor de más tiernas cabezas y lozanos corazones.

Príncipe de ArroyoLuche: (zascandil y autocomplaciente) descuidad, que mientras nuestro poeta no crezca y siga muriendo de amores por vos, seguiremos con nuestros corazones lozanos y nuestras mentes jóvenes. Ved si no cómo Nuestra Erecta Majestad sigue empalmándose con el mismo vigor que un doncel amancebado, o cómo yo mismo sigo cabalgando el reino que un día será mío poniendo orden a todos mis súbditos enloquecidos , o cómo mi lugarteniente, Pasolosdíasvolviendomeloco, pasa los días volviéndose loco.

Pasolosdiasvolviendomeloco: (en penumbra) paso los días buscando en penumbra.

Venus Calipigia
Emperatriz: (Venus, calíope) ¡oh, pequeño Apolo de laureles adobado! La Saga/Fuga de JB, la reseña ya. Proyecto Fausto: reseñas del Fausto de Marlowe, del Fausto de Goethe, acaban de estrenar una película esperpéntica con el mítico y arquetípico personaje: reseña, reseña del de Mann, de todo lo que tenga un Mefisto entre las líneas, que no es poco, ya que toda biblioteca en cada libro tienen una proposición para condenar al más santito.

Pasolosdíasvolviendomeloco: (en el quicio de la ventana de la terraza, desquiciado) ser el lacayo me tiene sometido a una hiperactividad desmesurada, entre las juergas del príncipe y los lances amorosos del marqués no tengo tiempo, no oigo más que la musical voz de nuestro poeta musitando versos y muy bien quisiera yo pasarme las horas en su torre de marfil como su secretario mirándote a tí, buenorra, y transcribiendo sus versos como besos, pero de las orejas me coge el marqués y las jóvenes están muy ricas y no son demasiado caras y el príncipe y su dionisiaca labor para el mundo está más atenta al vino que al mundo y no hace mucho descubrió leyendo ensayos que el vino hace que los dioses se nos metan dentro, y así está él, endiosado de tantos dioses llamados Ribera, Rioja, Cariñena que ni el olimpo más ancho puede albergarlos y claro que la oscuridad de tanta hipocondria que les entra a todos con días de desazón y resaca pues no sé yo si voy a poder terminar todo el trabajo acumulado porque Nos nos comportamos como ciudadanos ejemplares y tenemos nuestro trabajo social y oficial y nos informamos de las modas y tendencias leyendo a los blogueros de moda que han hecho hoy una conferencia, gente erudita y sabia en lo suyo, y las páginas culturales de los periódicos de moda, que yo mira que tentado estoy de dejarlo todo y dedicarme a la lectura amena y fecunda y proteica de La Saga/Fuga que demediada la tenemos y cerrar la bitácora hasta poder hablar en serio y sin risa de los temas que compitan y de tanto hablar y tanta hiperactividad resulta que estamos aquí sentados, fumando, frente a Queritadora Amigátil, bebiendo cerveza y escribiendo la primera reseña del Proyecto Fausto, pues esta tarde estuvimos algunos amigos viendo la moderna representación que se hizo en los teatros del canal y lo pasamos muy bien en el gallinero el marqués no dejaba de mirarle las piernas a las burguesas de abajo y la acomodadora que le mostró el escote le regaló una taquicardia mientras que nuestro príncipe se impresionaba sobremanera con los endecasílabos y las interpretaciones y los numeritos musicales de Lujuria, Pereza, Ira, y demás capitales pecadillos y luego el gran logro de la representación que fue el de hacer que Mefistóteles fuese interpretado por varios actores y actrices para regocijo de la personalidad múltiple y posmoderna de nuestro príncipe y es que es el mal posmoderno de este personaje tan arquetípico y tentador que todo te lo ofrece con todas sus variantes y así como terminó aplaudimos con honestidad y agradecimiento, menos el que nunca aplaude, que dijo aquello de que había programas en la tele que le aburrían aún más mientras que el que organizó el evento, junto con su señora aplaudían a rabiar y rabiaba yo también porque mi amiga no pudo asistir pero merendamos bien a gusto vinos y quesos y dulces y montaditos y me regalaron un libro mefistotélico El Diccionario del Diablo de Ambroise Bierce que estuve leyendo luego en el autobús con el buen sabor dejado por la obra y si quieres una reseña en condiciones te vas a verla tú y te la comentas, que a mí no me pagan por reseñar, si no por soñar y resoplar me aplauden, las citas en latín que en el texto del libro de Cátedra están traducidas con sus anotaciones a pie de página no están traducidas en la obra representada, así pues el autor declamaba en endecasílabos que daba gusto y en latín paladino y no voy yo a reseñar ahora lo que tanto se han currado, vamos, creo yo que sería una falta de respeto, y ya está bien por hoy, y hasta la próxima. Y ahora quiero mi regalo de cumpleaños. Que si cuando yo nací sonaba en la radio aquella bella canción que habla de pájaros de nieve y nombres cerrados en el puño lo que me hizo ser un romántico empedernido (link), cántame ahora una canción magnética, aquí en mi cama, una del sauce bajo el que te bañas para inspirarme, como si fuera un sortilegio, ¡oh, musa, oh, hechicera!.

(Entra Emperatriz. Canta.
Languidecíamos.
Pero yo no.
Yo me volvía loco.)





lunes, 20 de febrero de 2012

Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez


Gabo, bajo un firmamento de estrellas fugaces

Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodiaco.
Gabriel García Márquez. Memoria de mis putas tristes.
Terminada la narcotizante primera parte de La Saga/Fuga de JB, pensándome tres o cuatro veces el meterme de cabeza en la segunda sin respiro, decido leer algo ligero, y busco en la estantería de los libros pendientes por leer.
Lustros sin el lustre de la flor de la prosa son demasiados años, no recordaba ya lo bien que escribía este señor con bigote nobelado y novelesco, una página digna del subrayado y la envidia, y eso que yo escuchaba por los días de su publicación que no era ni mucho menos el que antes era, o es que acaso había recuperado algo ya escrito hacía tiempo.
Al igual que Pla, supongo, que dejó en letargo sus escritos para recuperarlos años después frescos y descansados, como la niña del relato de Gabo Gabriel, prosa de arcángel. Así resultan las páginas del catalán jóvenes y lozanas con el tamiz viejuno de un sabio de sonrisa oriental, que es como deben ser las sonrisas al mundo, un zen al mundo estresado y neurótico.




Mientras todos se vuelven locos por llevarse a la tumba todo el afan, nosotros los de la hermandad de la sonrisa cheshire preferimos esta ironía descalza de piececitos núbiles que bailan en las páginas con gracia e inocencia para los viejitos verdes.
Los viejos verdes preferimos la delicadeza en la literatura, la prosa cuidada pero con desenfado, o la prosa descuidada y elegante, que no es lo mismo pero es igual.
Como si nada tuviera importancia, pero como si todo fuera digno de ser escrito con esmero.
Vayamos a la novela, corta y deliciosa.
Aún no comprendo cómo no le han denunciado por la novela todos los afectados. Fernando Sánchez Dragó dijo algo parecido y se le echaron encima.
La trama es escandalosa, seguro que lo publican como crónica periodística y se arma el belén por carnavales. Un nonagenario, periodista famoso en su pueblo, melómano y solterón, se quiere dar un homenaje y desvirgar a una chiquita. Contrata los servicios en un burdel al que fue asíduo y le preparan a una adolescente a la que le falta un lustro para ser mayor de edad.
Es una novela de amor muy bonita.
-Coñas aparte, va ...
A Pedro J. le hicieron coplillas y le satanizaron por hacerlo con una mayor de edad. Fue muy gore la cosa.
-Jo, venga ya, haga una reseña en condiciones.
Yo de mayor quiero ser viejo verde, rijoso nonagenario. Las reseñas interesantes están en los blogs de moda. Yo les leo, a ellos. Aquí nos comportamos irreverentemente, anárquicamente, porque compartimos con Nietchsze la idea de que para crear una estrella fugaz es imprescindible el caos.
Y aquí, noche oscura del alma, amamos la noche de San Lorenzo, musitando deseos, lluvia de perseidas para iluminar la noche, esta puta noche.



Es la memoria de un viejo que se siente joven, que escribe siempre con la voz de un hombre de noventa años que no aprendió a pensar como viejo, que sigue teniendo deseos. Anochece. Es una novela de amor porque se prenda de la muchacha a la que se limita a mirar desnuda y dormida y a acariciar.  Y se inventa una vida con ella, sin saber aún, ay, papito feo -así le llama-, que su amor sí es correspondido. Anochece.
Van cayendo las estrellas y yo subrayo. Es de noche. Abro un libro, llueven perseidas, subrayo como quien colecciona deseos.

Era tal mi desvarío, que en una manifestación estudiantil con piedras y botellas, tuve que sacar fuerzas de flaqueza para no ponerme al frente con un letrero que consagrara mi verdad: estoy loco de amor.
El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor.
Me inquietó que (ella) fuera tan real como para cumplir años.
La fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados.
Este sabio, así conocido y reconocido, lleva una memoria a la que llama Memoria de mis putas tristes. Nunca ha estado con una mujer si no es mediante pago. Pero ellas, las profesionales, le celebran y quieren y recuerdan, aunque hace ya años que se jubiló de lo de las putas. Hasta que al cumplir los 90 se le antoja una virgen. Le salen más de trescientas putas, que se haya beneficiado al menos una vez. Y a las que ha beneficiado. Con una regularidad más que matrimonial.


Pero el amor le llega a estas edades casi centenarias, un amor casi casto, sin sexo, de abrazo y caricias. Nunca hablan, la muchacha siempre duerme. De ella sobre todo le enamoran sus pies.
A sus años, sigue siendo fiel a su artículo semanal en el periódico, leyendo a los clásicos, y escuchando música, mucha música, de la que es crítico. Vive humildemente con un gato que le han regalado y Damiana, va a limpiarle la casa a diario, y a cocinarle. Damiana es vieja como él, y virgen. Pero no de atrás. Nuestro hombre se la beneficiaba de más joven por detrás.
Para mí, que leo cosas tan raras, ha resultado ser cosa rara esta novela, deliciosa. Yo lo flipo con las movidas de los literatos. Yo no sabía que ciertas cosas pudiesen escribirse. Por algo le dieron el nobel, tan temprano.
Es un libro que me ha facilitado mi mentor, también nonagenario como el prota, Su Erecta Majestad el Marqués de la Pollalzada (link), que es el que me pasa a hurtadillas las lecturas sicalíticas, para que no se enteren las monjitas que nos cuidan en este santo manicomio. Que es que si no nos dejan sin postre: hoy tocan natillas con canela y galleta maría, que pasado mañana es Miércoles de Ceniza y empieza la Vigilia y estas delicias que con delicada mano preparan se acabaron hasta Abril.
Y ahora volveremos a Gonzálo Torrente Ballester y su saga, con un grado de rareza por encima, exagerada, a la gallega.


lunes, 13 de febrero de 2012

Porque tú me condenas a tu olvido, te condeno yo a mi soledad

William Adolphe Bouguereau
Young Girl Defending herself against Cupid
o Muchacha defendiéndose de un ataque de Amor.


Hasta que me decida a escribir aquí para tí sobre el mito de Eros y Psique, vamos a hacer hoy, para celebrar el día, un antisanvalentín, con alguna parodia y con algunas de las mejores canciones que se han escrito para hundir toda esta mercadotecnia dedicada al enano cabrón con carcaj y culo al aire.
La vocación de mosca cojonera le viene al niño desde antíguo, ya celebraban en bello verso sus hazañas los antíguos griegos, ya los modernos sufren las consecuencias.
La culpa de la crisis la tiene el Amor de ojos vendados, como la Justicia. Amor es Justicia.
Curiosamente, tal día como ayer murió de amor Mariano José de Larra, un 13 de Febrero. Pocas horas después los comercios se abrían para celebrarlo: qué bonito es el amor.
Mata más el amor que el tabaco, y no se oye por ahí que Sanidad  alerte sobre sus efectos nocivos.
Pero ya el cancionero se ocupa de decir lo que las autoridades no dicen. Desde siempre.
Comencemos con don Luís de Góngora, que por boca y música de Paco Ibáñez hace una ilustración veraz de este veneno:
Amadores desdichados,
Que seguís milicia tal,
Decidme, ¿qué buena guía
Podéis de un ciego sacar?
De un pájaro ¿qué firmeza?
¿Qué esperanza de un rapaz?
¿Qué galardón de un desnudo?
De un tirano, ¿qué piedad?
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.





Como podemos leer y escuchar, es esta una tontería que viene de antaño ya, y en su versión moderna, con otras fachas y otra letra y otra música, tenemos a un descreído Tonino Carotone.




Es una opción tan válida como cualquier otra, esa de suplir la carencia de cariño con alguna muñeca, por lo demás literaria, aquí tenemos el ejemplo del gran y excéntrico Ramón Gómez de la Serna, que se hacía acompañar de su muñeca al igual que otros afortunados se hacen acompañar de sus enamoradas.



Ramón Gómez de la Serna y su muñeca de cera
Y aquí un tema paródico, muy bien cantado y muy gracioso el vídeo, de la canción  A quien hirió el amor, de Pedro Ruy Blas (link), canción que a su vez hiriera de amor a los enamorados infaustos de los setenta junto a otros temas de Camilo Sesto, Julio Igleisas y demás juglares gongorinos de aquel entonces. Una divina gamberrada de los Petersellers:





- ¿Qué haces, joven afeminado -le dijo-, con esas armas?
Le dijo Apolo a Eros cuando le vió tonteando con sus flechitas, según Ovidio en su libro Las Metamorfosis. Eros, joven guapo, esbelto y afeminado, quedó reciclado en Cupido por obra de los romanos para gloria de los centros comerciales contemporáneos, cobrando la estética de un querubín de no más de cinco años.
Cada cual entiende y se apaña con las mitologías como quiere. O como puede.

Pero bueno, todo este post no es más que una excusa para presentar una de las mejores canciones sobre el tema, canción casi desconocida de Santiago Auserón en uno de sus discos de más éxito con Radio Futura.
En el mismo disco ya nos regalaba a la inteligencia y los sentidos con el sí famoso Condena de Amor: oídla, paladeadla, verso a verso ...
... me quitas el aliento pero luego te vas, y ahora estás rondando por aquí ...


¡Oh, sí! ¿Pero no ha demostrado ya Santiago Auserón que es uno de los mejores poetas en lengua castellana? Uno de nuestros intelectuales más inquietos y auténticos.
Muchos años esperé a que estuviera disponible este tema magistral, esta maravillosa letra que canta un alma desgarrada, abandonada. Lo mismo sirve para un amante que para un amigo que para un tahúr. Todos, al fin y al cabo, se juegan las cartas.



Si me dejas solo


y te encierras en la vieja ilusión

entonando la misma canción

que cantaban los dueños de todo.



Si me dejas solo

y te vas por la senda marcada

con palabras que ya no dicen nada

sonriendo a quien tiene el poder.



¡Qué el demonio te lleve

al infierno que tú has elegido!

porque tú me condenas a tu olvido

te condeno yo a mi soledad.



Cuando miro tus ojos

voy buscando la luz de tu mirada

y sólo encuentro la imagen reflejada

del espanto que siento yo.



Ya no estás a mi lado

en la lucha diaria por la vida

y ahora somos dos balas perdidas

en la misma estupefacción.



¡Qué el demonio te lleve

al infierno que tú has elegido!

porque tú me condenas a tu olvido

te condeno yo a mi soledad.



Dices que tu vida es sólo para ti

pero te llevas mi alma contigo

dices que no tienes nada que perder

entonces, di, ¿por qué te dejas hacer?



Muéstrame tu cara pálida y azul

tú sabes bien lo que te cierra el camino

vuélvete a por ellos y empieza a luchar

da lo que tienes que dar.



Si no apuestas conmigo

y abandonas el juego en otras manos

si le escondes las cartas a tu hermano

dime en quién podrás confiar.



Si me dejas fuera

y le das a tu llave otra vuelta

yo me quedo plantado a tu puerta

porque no sé silbar con dos dedos.



Que el demonio te lleve

al infierno que tú has elegido

porque tú me condenas a tu olvido

te condeno yo a mi soledad.



Si me dejas solo

Si me dejas solo

Si me dejas solo






martes, 7 de febrero de 2012

Esta noche las calles están llenas de actores


Maybe you did, maybe you walked Maybe you rocked around the clock Tick-tock, tick-tock Maybe I drive, maybe you walk Maybe I try to get off, baby Hey kids, where are you? Nobody tells you what to do, baby
Durante los cinco minutos que tardarás en leer este post, seré tuyo, antes y después, búscate la vida.
Es otra manera de prostitución, como otra cualquiera, que un día no muy lejano aprendí en una sala de cine, primera sesión, cines Princesa.
A nuestro hombre le pagan por conducir, y que a nadie se le ocurra pedirle cuentas antes o después del tiempo convenido.
Excelente e imperturbable Ryan Gosling en Drive, aunque el oscar irá para un emotivo George Clooney en Los descendientes o para un carismático Jean Dujardin en The artist.
Así son los ceremoniosos oscares de jodiwood.
Aunque claro, yo fui por ver si mi Carey Mulligan, carita de duende, me enseñaba algo.
Ya que estamos navegando por turbulentas aguas literarias del fin de la tierra, allá donde un apóstol asentó su camino, podría atormentaros con la prosa torrencial de don Gonzalo Torrente Ballester.
Ya tuve bastante hace un año con James Joyce, por favor, cómo se me ocurre meterme en las venturas y desventuras de los JB.
¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!
Con el Ulises a veces me pasaba lo que me pasó hace dos veranos con un americano, que me hablaba y me hablaba y yo asentía y de vez en cuando le decía: no entiendo, no sé muy bien theinglishlaguage, y él se reía y seguía con su parloteo animoso. Torrente Ballester escribe en castellano, en muy buen castellano, y no se complica en construcciones complejas. El problema de don Gonzalo es que va de un tema a otro y de unos personajes a otros sin previo aviso y llega un momento en el que no sabes si estás leyendo una saga, una fuga, o una orgía de ambas dos sin dos ambas orgías.
Por cierto: muy buena lectura, endiabladamente divertida. Y más difícil que Joyce.
No se acaba este blog sin que termine suicidándome con la lectura de Larva, de Paradiso, de Volverás a Región.
Siempre hay un más difícil todavía.

The artist. Historias mudas para tiempos ruidosos.



Era necesaria. Un soplo de aire fresco. Tan antígua.
Historias del buen claqué, que es el baile flamenco de los yanquis.
Una música soberbia. Una obra maestra.
Una nostalgia extrema de lo que ya no se podrá ser más nunca, cuando llega el cine sonoro, o te reciclas o qué.
Hay un claqué literario de mis dedos como pies saltando el suelo del teclado.
Hubo un cine en blanco y negro como hay hoy un temperamento melancólico y decadente en blanco y negro. En blanco y negro no sabías si la prota se ruborizaba, ni si el malo se ponía amarillo. En blanco y negro uno ha de imaginarse los colores, al igual que en el cine mudo uno ha de imaginarse las palabras con la guía de los gestos de los personajes.
La vida es muda, la vida es en blanco y negro, y somos nosotros los que tenemos que ponerle palabras al silencio atroz, y color a la vida gris.
Fui a verla con gente de la universidad. A una de mis amigas no le gustó, me recomendó Drive, me la volvió a recomendar días después, cuando fuimos al teatro a ver una obra donde un chico homosexual y una chica heterosexual  comparten casa y se quieren suicidar juntos. Follan. Ya no se quieren suicidar.
Drive me la recomendaba todo el mundo.

Drive. Bajo el signo de escorpio.



Además de una canción de los REM, Drive es también una película de acción y mafia, igual de impactante y magnética que la canción.
Nuestro muchacho se caracteriza por no cambiar la expresión de su rostro, siempre bondadosa, casi neutra, sin nervio. Lleva siempre una cazadora con el dibujo del escorpión: su naturaleza, como dice el chiste.
Quien sepa algo de astrología ya sabe cómo se las gastan los escorpiones, ya te pueden estar sentenciando a muerte o te pueden estar amando con locura que el gesto es el mismo. Además, han elegido como actor a un escorpio.
Tienen mala fama los escorpios, pero yo sólo he conocido a buenos escorpios, o es que todos son buenos. Lo que ocurre es que sucede como con las buenas novelas: si las lees mal, te envenenan, si las lees bien, te curan.
Dostoyevski y Stevenson eran escorpio, y sólo un escorpio puede escribir El doble o El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde.
Carey Mulligan, que siempre está leyendo un libro en Nunca me abandones, aquí despierta el amor de nuestro muchacho. Ella es fresca y dulce y buena. Ella es su vecina. Ella está casada con un ganster.
Es una película de acción y mafiosos. Trepidante. Sin aliento.
Hay una chica pelirroja y peligrosa. Mafiosa. Se mete en problemas. Está muy buena. No es mi vecina.
Mi vecina es Carey Mulligan, y tiene un hijo. Juntos vemos los dibujos animados. Ella me ofrece un vaso de agua fresca.

Los descendientes. Los adolescentes.


Instrucciones para leer estas líneas:
Ver el vídeo Los adolescentes del grupo Dënver, aquí más abajo. Más allá de intenciones sicalípticas, es esclarecedor para la comprensión de la mente adolescente.



Los adolescentes son raros. Los adolescentes no son de este mundo. Los adolescentes son personas que han sido poseídos por alienígenas durante unos pocos años. Luego despiertan y se casan o no, son banqueros, políticos, cocineros, escritores, parados, músicos, horticultores y sacerdotes. Yo trabajo con adolescentes: yo lo flipo. ¿Yo fui así? No, no era yo, era un ser venido de una novela gallega de Gonzalo Torrente Ballester.
Bueno, la peli trata de un atractivo padre con cara de georgeclooney que se vee en el deber de lidiar con dos hijas de primera y última adolescencia. Y con un pseudoyerno más adolescente todavía, por lo tanto, más alienígena y extraño ser. Yo haría una segunda parte con este yerno como protagonista, sólo por ver cómo termina el suegro y si sigue teniendo cara de atractivo georgeclooney.
Muy bueno el trabajo actoral.
En Hawaii sucede, donde todos llevan camisetas hawaianas y un molesto musiqueo a ukelele lo solivianta todo, sobre todo a los púberes del lugar. Cada lugar sus músicas, Gonzalo Torrente Ballester, al igual que James Joyce, celtas geniales, escucharon muchas gaitas en su juventud. Y eso se nota luego en su lluviosa prosa, como calabobos en días de nubosidad variable.

Coda

-Y usted, de más joven, ¿qué escuchaba?
-Yo miraba, a Patsi Kensit. Las calles están llenas de actores esta noche, ¡quitad esos perros de aquí antes de que me muerdan! Iría a cualquier parte, cariño, ¡no tengo miedo!
¡I´m not scared!



miércoles, 25 de enero de 2012

La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa (II)

Perspectivas

No trataremos la trama aquí. La historia de unos cadetes en el colegio militar Leoncio Prado gustará a los que además de amar la lectura gustan de películas como Oficial y Caballero, El sargento de Hierro o La chaqueta metálica. Es deudora de aquella peripecia narrada por Robert Musil en Las tribulaciones del estudiante Törless, que ya reseñamos aquí en su día (link)
El relato es narrado desde cinco perspectivas, según con qué voz y personaje el lector se pasea de manos más o menos difíciles, a veces sin saber por por donde le llevan.
El único personaje narrador íntegro es el Boa, que no es más que un personaje secundario, cuya historia de amor con la perrilla Malpapeada es una de las más tiernas que uno haya podido leer. Casi nos hace llorar el Boa que maltrata y ama a la perra leal cuando narra sus peripecias que son sólo un ejemplo de esta historia de violencia y crueldad que es La ciudad y los perros-
Se trata de un personaje secundario, sin un papel determinante en la historia, pero sí es simbólico, representativo de todos los cadetes. Utiliza el autor aquí de un monólogo interior que usa de la jerga de ese microcosmos que es el colegio Leoncio Prado donde se crucan muchachos de diversos lugares del Perú.
Esta colectiva a la vez que personal voz del Boa es intercalada con otras voces narrativas con diversos grados de omnisciencia.
Desde la perspectiva de Alberto, quizá la más importante. La narración aquí mezcla la narración omisciente según la perspectiva de Alberto el poeta con su flujo de conciencia.
Otro personaje en el que se centra la narración es el Teniente Gamboa, donde el narrador omnisciente es plenamente realista, se limita a describir.
Luego está el caso de Ricardo, el Esclavo: aquí la narración centrada en él se limita a su vida anterior al Colegio Militar Leoncio Prado, como si quisiera subrayar su fragilidad, tratando bajo las otras voces lo que es su triste peripecia en el colegio.
Este juego de perspetivas hace que miremos a los personajes con sentimientos contradicciones, cuánto más cuando existe una quinta perspectiva, la de un personaje misterioso y sin nombre, cuya identidad se sabrá al final, aunque según vayamos pasando las páginas iremos intuyéndola con sorpresa.
Parte de la intriga se basa en esta misterioso personaje, que en un principio confundimos con Ricardo Arana el Esclavo o con el protagonista: Alberto el Poeta. Este muchacho sin nombre es un enamorado de un personaje imprescindible, pues se trata de un cruce de destinos: Teresa.
Teresa, de esta muchacha huachafa y fea se enamoran también, cada cual a su manera, Alberto y Ricardo. El propio Mario Vargas Llosa nos explica aquí qué es huachafa (link)
Como uno siempre espera, al escribir estas reseñas, que el lector se estimule a la lectura, no comentaré más personajes: el Jaguar, típico abusón, un tipo insensible. Por ejemplo.
El autor juega al despiste con este juego de voces, de perspectivas, de personajes anónimos que nos irán descubriendo su identidad.
Como en Conversación en la Catedral, tenemos un puzzle, más sencillo éste de La ciudad y los perros, donde desde esta genialidad se apunta esa genialidad aún mayor. En el epílogo podemos leer con el gozo que sentimos en la lectura de Conversación en la Catedral esa eliminación del espacio tiempo cuando en un mismo párrafo participamos de dos narraciones distintas que quedan así entrelazadas.

Corrupción de las leyes.

¿Es la realidad la que se ha de acomodar a la ley o es la ley la que ha de acomodarse a la realidad?
Este es el dilema moral que plantea el autor en la novela.
Se hace una crítica social tomando como ejemplo el microcosmos del Leoncio Prado, donde predomina un ambiente de corrupción, donde es preferible hacer la vista gorda antes de arrancar el sistema podrido de raíz. Lo que es tapar la mierda para que no huela fuera y envenene a los que viven en ella.
Los únicos persnajes no corruptos son El esclavo y el Teniente Gamboa, y no hay recompensa por ello, al contrario, de una manera u otra serán castigados.
Recordaba yo al personaje Cayo Mierda, de Conversación en la Catedral, personaje que simboliza la corrupción. Así que el tema aquí es el mismo: el sistema corrupto.
El teniente Gamboa aquí discute con su superior, cree con idealismo que la realidad se ha de acomodar a la ley, mientras que su superior dice que por salvar el colegio -el sistema-, deberá ser al revés, y tendrá que ser la ley la que habrá de acomodarse a la realidad.
Quien haya estudiado algo de Historia y Teoría del Derecho, sabrá que es el eterno dilema desde su existencia. Una ley nace de una necesidad de equilibrio para que una realidad establecida mejore o no desaparezca. Cada ley tiene su contexto, no es aplicable a otra cultura, a otro sistema. La ley ha de evolucionar según evoluciona la realidad.
¿Qué sucede cuando el sistema se siente amenazado por la propia ley que engendró? Es lo que sucede en el Colegio Militar Leoncio Prado, es necesario, según el superior corrupto, que no se aplique la ley para que no mate el sistema que la creó. Si la ley se aplicara la corrupción saría a la luz, y el colegio desaparecería por el escándalo. Así sucede con el sistema.
Así sucede con nuestro sistema.
Por eso vemos hoy de qué manera políticos y demás gentuza con presunta vocación de servicio se pasan por donde los torquemadas se pasan a su vez la piedad cristiana, las leyes que se crearon para vivir con un poco de dignidad.
Ejemplos en estos días hay bastantes: no hace falta decirlos.
Escondamos la mierda y envenenémonos con ella, aunque a la luz están en los medios de comunicación todos estos casos.
Contradicciones del sistema.
Así, nosotros nos volvemos más escépticos.
La ciudad y los perros es una novela de corte existencialista, con sus ingredientes de escepticismo y nihilismo. La vida, sin embargo, continúa, y el olvido ayuda. Así vemos como el protagonista, Alberto el Poeta, que se jugó la vida por denunciar, denunciándose a sí mismo -yo soy como los demás cadetes, no me libro, soy tan culpable como ellos-, sigue viviendo porque olvida reencontrándose con su vida anterior al Leoncio Prado.
Así que no diré que es una lectura imprescindible: ¿cuál lo es? Pero sí necesaria para comprender un poco el mundo que vivimos.
Sin concesiones.

martes, 24 de enero de 2012

La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa (I)

Mario Vargas Llosa, joven escritor de obras cumbre


Tengo pena por la perra Malpapeada que anoche estuvo llora y llora. Yo la envolvía bien con la frazada y después con la almohada pero ni por ésas dejaban de oirse los aullidos tan largos. A cada rato parecía que se ahogaba y atoraba y era terrible, los aullidos despertaban toda la cuadra. En otra época, pase. Pero como todos andan nerviosos, comenzaban a insultar y a carajear y a decir "sácala o llueve" y tenía que estar guapeando a uno y a otro desde mi cama, hasta que a eso de la medianoche ya no había forma. Yo mismo tenía sueño y la Malpapeada lloraba cada vez más fuerte. Varios se levantaron y vinieron a mi cama con los botines en la mano. No era cosa de machucarse con toda la sección ,ahora que estamos tan deprimidos ...

Quiere el destino que no se dedique a otra cosa que a escribir y a comentar. Hace unos días quisieron ofrecerle robarle algo de su tiempo, tan preciado para seguir en lo que es lo suyo. Quiso gobernar un país hace un par de décadas, pero su gobierno es el de la palabra. Si hibiera ganado aquellas elecciones, qué nobel le iban a dar a un gerifalte, aunque teniendo el caso de Churchill nada sería de extrañar. Si hubiera aceptado manejar el meollo Cervantes, mejor para el meollo, peor para él. A esas edades nadie debería manejar más que su hacienda y la herencia que dejará a la humanidad.
Cuenta una anécdota que dejó de beber alcohol y de fumar sólo porque quería centrarse en la literatura, sin la ansiedad que provoca la falta de nicotina y la dispersión a la que empuja el alcohol. Aunque otros necesitamos ponernos un traje de vicios para escribir, esta sana costumbre puede resultarnos ejemplar, hay que tomar nota de ello para lograr algún día la absoluta ebriedad de la literatura y el humo sensual de sus ensueños.
Nos gusta Mario Vargas Llosa porque, al igual que los personajes bien construídos, no es plano, no ha permanecido estancado, ha cambiado, es complejo. Se nota en sus novelas, la crítica social de esta que comentamos hoy o de Conversación en la Catedral, la autocomplacencia burguesa de otras como Los cuadernos de Don Rigoberto. La calidad, sin embargo, no merma por ello.
Aunque por su culpa estoy siempre tentado de hacerme liberal, la parte negativa de esta corriente política y económica sigue doliendo más que su parte positiva, ahí nadie me ha convencido.
La socialdemocracia, si se inclina a la  izquierda, mejor, pero tiene tan malos y frívolos gestores que dan ganas de inclinarla a la derecha.

Mario Vargas Llosa, arquitecto.

Para saber qué es una novela perfectamente construída hay que leer al primer Vargas Llosa: tanto La ciudad y los perros como Conversación en la catedral son edificaciones sólidas, complejas, con sus balcones al aire fresco y liberador de las palabras y sus pasadizos a las celdas y las letrinas donde la voluntad se anula y lo más corrupto de la sociedad y lo humano se descompone.
Nuestro autor no llega a los 30 años y te escribe una obra maestra como La ciudad y los perros, con una estructura sólida y una riqueza de lenguaje y variedad de registros envidiables. Ya por eso merece su entada en los manuales de literatura. Luego lo del nobel es otra cosa, en dura competencia con otros escritores del boom, sucede como con la Geeración del 27, uno se pregunta si es un premio a una carrera o a una generación. La comparación puede parecer peregrina, pero rasgos que unen a un autor con su grupo, escuela, movimiento o generación. Siendo cada cual único en lo suyo, volando libre con el paso de los años.

Junto a otros del Boom, y señoras.

La ciudad y los perros goza de unas virtudes estructurales que serán un precedente o un ensayo de la gran maravilla que es Conversación en la catedral. Leyendo el libro de Marchamalo Donde se guardan los libros, en la entrevista dedicada a Vargas Llosa, don Mario dice que es, de las suyas, su preferida, siendo la que más le costó construír. Conversación en la catedral debería ser leída después de La ciudad y los perros, la lectura de esta novela me ha sido sencilla, pues ya tenía en el recuerdo la otra.
Como si se trataran de puzzles, estas dos novelas son retos. Sin que el ritmo o la intriga decaigan, es fácil perderse entre las voces narrativas. No sólo eso. Lo que le hace grande, a mi manera de ver, es la liberación del espacio tiempo en la narración, donde personajes y acciones en distintas situaciones son juntados en las mismas líneas sin que el lector sea avisado, lo que lleva al desconcierto y a una singular alegría cuando descubrimos lo que está sucediendo, quien está hablando, e intuimos por qué razón se narra así.
Conversación en la catedral es la catedral de la literatura. Un tornasolado juego de luces y sombras donde es fácil perderse, pero hay que continuar caminando para llegar al centro de la novela, donde todo se aclara y el puzzle está terminado y el orgullo de ser lector despierto se te queda como una medalla tatuada que ya no te quitarás.
Estamos hablando de la edificación, el contenido es perfecto en las dos novelas.
La ciudad y los perros, siendo como es una novela sólida, será un boceto que hallará terminación en Conversación en la catedral. Qué gran deslumbramiento supuso para mí Conversación en la catedral, cómo me influyó, de qué manera esa liberación estructural me enseñó que era fácil ser amado por la musa, una de las obras mayores de todos los tiempos de la que el lector se encuentra como constructor y amante, porque es el lector el que alerta a de construír lo que ya es perfecto.
Como quien inventa el amor en cada encuentro, así el lector inventa la literatura en ciertas lecturas.

Un hijo de Faulkner

Como lo eran muchos por entonces, sin Faulkner no se podría entender la literatura contemporánea. Joyce, Kafka, Faulkner ...
Ya dediqué un post a este tema, cuando comenté, recién nacido este blog, El ruido y la furia (link)

(Otros aspectos como el juego de voces narrativas y el dilema moral que plantea la novela los trataremos mañana. He tenido un problema: la segunda parte del post me ha desaparecido, tendrá que ser reescrito)

jueves, 12 de enero de 2012

Joan Margarit y la lluvia

Joan Margarit


Quiero hacerte partícipe de esta aventura, con su tesoro encontrado en esta aventura de la isla del tesoro.
Tengo en mis manos la antología Arquitecturas de la memoria, del poeta Joan Margarit, en una excelente edición bilingüe de José Luis Morante, en Cátedra -completa sobriedad-.
Claro que aquí ya conocíamos a Joan Margarit, si hasta tuvo su mozartiano post sobre un perro hecho de música y de lluvia al que seguíamos (link).
La lluvia, recurrente en la memoria, en esta arquitectura de la memoria, con una sencillez e intensidad pocas veces leída y sentida en los libros de Poesía.



Mientras tú duermes


A Joana


En la plaza humillada por la lluvia
miro la alta ventana iluminada
que no quiero perder: no he de rendirme
a la condena de la vida.
Este no es ni un lugar de la ciudad:
nadie en los bancos y, sobre la arena,
los charcos que reflejan
la luz del rótulo del hospital.
El cristal de las puertas automáticas,
que la luz del vestíbulo ilumina,
de vez en cuando se abre y deja paso
a una oscura figura rutinaria.
Unas muletas cruzan,
invisibles, la calle y se aproximan
a uno de los coches aparcados,
el nuestro, en el que iremos en silencio
bajo la lluvia hacia el dolor futuro.
Tu calidez ha sido tan efímera.
Triste felicidad la de esta calma
mientras recuerdo
cuando tú y yo teníamos mañanas
que nos guardaban las miradas.
Tenía tanto miedo
a tener que dejarte sola un día.
Por débil y pequeña que la luz
sea en la oscuridad, es mi consuelo:
no habrá más desamparo ya que el mío.

(Joan Margarit. Joana)




Flores blancas en la niebla.


Sábanas grises de la escarcha
cubrían el bancal de los almendros;
pero llegaron lluvias como máscaras
y la hierba borró los espejos del frío.
En la invernal mirada un aire cálido
comenzaba a mentir
a aquellas alas grises
de pájaros erráticos en árboles desnudos.
En una sola noche de tibieza
con reflejos de sombra en el espejo,
los almendros se abrieron en sus flores.
Tú llegaste también
en un tiempo de frío y soledad:
El amor fue la brisa
sobre la escarcha gris. Las flores olvidadas
extendían olor a primavera
en el ámbito helado, nieve cálida
de breves flores blancas. Con tristeza
las recuerdo durante aquel invierno
que en una sola noche las heló.

Joan Margarit. Estación de Francia




No tires las cartas de amor


Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.

(Joan Margarit. Aguafuertes.)



 Y del libro, Luz de Lluvia, sin desentonar con el post anterior:
Ulises en aguas de Ítaca (link)


De los leídos hasta ahora, el que me ha parecido más hermoso, del libro Joana, libro dedicado a su hija:
La Espera (link)

martes, 10 de enero de 2012

Simbolismo (XIII): La Rosa de los Vientos






La Belleza es mi rosa de los vientos, la brújula que me guía al antojo de los 8 vientos, que no del mío.
Creías que estaba dormido, pero no, tan sólo soñaba.
Creías que quizá había naufragado, pero no, tan sólo estaba atendiendo a las sirenas.
Mi nombre es Ulises, regreso a Ítaca, desde hace tanto, tanto tiempo ...
Engaño cíclopes, mi nombre para el enemigo es Nadie. No tengo enemigos, tampoco compito: tengo cosas más importantes que hacer que lo que se supone que debo hacer.
Porque sé que Penélope me estará esperando, pero no me estará esperando siempre, y si me retraso, me retraso.



Poemas de Kavafis, Charlie Parker y otros hombres de jazz buscando una Ítaca melódica, la Belleza es Verdad, y la Verdad Belleza, quien busca la Verdad busca Belleza, que diría Keats.(link)
En el juego de la rayuela se busca a la Maga, ¿enocntraría a La Maga? Y aquí, ¿encontraremos a La Ninfa?
La Ninfa también es mi Ítaca, mi Verdad, La Belleza.
Bajemos por esta bitácora y veremos que, como en las cartas de navegación, hay una Rosa de los Vientos, mi emblema con su leyenda: La Belleza es mi Rosa de los Vientos, la brújula, etcétera.



Así como en mi primera bitácora, hace más de cuatro años.
Esto, ya lo sabéis, es un manicomio, pero esconde como una excusa una razón: la búsqueda. Esto, digo, además es un barco, con su tripulación permanentemente amotinada: anarquía. Sin embargo, todos los marineros locos tenemos algo en común: un mismo emblema, la Rosa de los Vientos. La misma brújula.
El Norte, la Flor de Lis.
Como la estrella para los caminantes.
Nos perdemos contínuamente: es una necesidad para encontrarse. Los reencuentros felices, ay, cuándo tú y yo ...
Fracasábamos. Tampoco importaba demasiado. Sabíamos que había un lugar donde nos esperában, pero no iban a esperarnos siempre. Y si nos retrasamos, pues nos retrasamos.
Sabemos que hay que hacerlo, y que podemos hacerlo. Pero somos tan frágiles, peleamos sin escudo, no sabemos ver, o bien hay niebla, o bien el sol quema los ojos.



Todo es ilusión. Todo es vanidad. Cuando leemos el Eclesiastés lo aprendemos. También lo dicen en sus mantras los budistas.
Nosotros, mientras ellos todos se vuelven locos, navegamos.
Y... ¿por qué navegas? Te veo desde la roca confundiéndote.
¿Sabíais que siempre, frente a mí, tuve una rosa de los vientos? Era un dibujo fascinante. Sobre todo en Verano, cuando salía a leer a la terraza, desde niño, Robur el Conquistador, por ejemplo, veía una terraza frente a la mía, con una rosa de los vientos en el techo.
Luego todo siempre fue viento, pero yo tuve como asidero una rosa.
Vientos muchas veces enfrentados, pero La Rosa siempre se mantuvo fragante y lozana.
Era como cuando se abría la caja de Pandora. Fiebre y naufragio. Pero Pandora eres tú, Pandora soy yo, y nadie está libre de la tormenta.
Nadie está libre de ser verso en un bello poema, o capítulo en una novela de cualquier estilo.
Como sabéis todos los que me leéis, esta bitácora es un blog de autoficción. Aunque, ay, aunque no tanto.



Norte, Sur, Este, Oeste.
Islas donde repostar, donde perderse. Mujeres como islas.
Los vientos me llevan donde Calipso, donde Nausica, donde Circe.
Isla Eugenia o Isla TuNombre. Isla Tatiana o isla Lucía.
Oh, si un día fui bello y fui bueno ...(link)
Sin embargo era Tatiana la que más se parecía a mis sueños, con su pelo rubio y sus cejas oscuras, y unos ojos aún más oscuros y una sonrisa permanente, aristocrática y altiva. Era una muchacha elegante. Era fría como amante, su cuerpo desnudo parecía el de una diosa griega. Sin embargo todo lo compensó con un abrazo intenso que me regaló esa noche, cuando le dije: no importa, no te preocupes, no te pido más, tan sólo estar así ...
Era además una gran lectora, y yo pensé que era un milagro el encontrarme amando en la realidad a una chica tan parecida a un personaje que creé para esas novelas que imaginé en la adolescencia y que nunca escribí. Era como Patricia, la diótima, la heroína culta y seria de mis sueños.
Poco después llegué a Lucía, que también era rubia y de piel muy blanca. De cara graciosa, era más cálida, y se le escapaba el deseo de las manos. Sus besos de novia eran casi castos, pero luego navegaba sobre mí como si yo fuera oceánico, como si no le importara el naufragio. Ella quería que yo me quedara. No hace mucho la ví, y no quise decirle nada. Circe es un episodio, no es Ítaca. Lucía me hechizó con el licor de su deseo, y convirtió en cerdos a todos mis amigos. Yo, el astuto Ulises, sin embargo, sé de qué manera esta circe me ayudó en mi camino a Ítaca. Y uno no puede descartar volver a sus orillas.



Y luego estás tú, tan parecida en tu verdad -La Belleza es Verdad, y la Verdad Belleza- a Penélope. Tú, que esquivas pretendientes y deshaces cada noche la prenda que tejes durante el día.
Tú: mi dolor, tú: mi brújula.
Cuando te conocí no pude resistirme a tu magnetismo de brújula. Tus ojos tristes, extraños, entre el gris y el verde como un jardín lluvioso.
Tú siempre me indicas mi Norte.
Nos miramos, y no fueron unos pocos segundos, mantuvimos la mirada, nos juntamos de esa manera ya para siempre. Aunque estemos siempre tan separados, desde ese momento somos los imanes del hierro que nos hace fuertes.
Sólo tú me hiciste feliz de una manera duradera.
Yo llego a tí, haciéndome pasar por mendigo, para tensar el arco que yo sólo sé tensar. Yo, príncipe de Ítaca.
A la reconquista del reino que me fue arrebatado.
Ya sea en barco, con el emblema de la Rosa de los Vientos, o sobre yegua gallarda, con el emblema del lobo de la estepa.




Coda

Este post podría tratarse de una excusa para presentaros la más bella canción, ya lo anuncié hace semanas, y hace meses. No hace mucho descubrí que ya se podía encontrar en youtube, pero quise demorar mi alegría.
En el primer post (link) que aquí escribí dije lo que pensaba: la poesía es para ser cantada.
Se trata del poema Amor Onírico, del poeta sevillano Al Mutamid, cantado por Enrique Morente, (link) tan celebrados los dos siempre aquí en mis cuadernos de bitácora.
... parecía que te besé los labios, los ojos, las mejillas y las manos, y que logré mi propósito.
Por amor tuyo, si no mi visitaba tu imagen nocturna, jamás podría conocer el sabor del sueño ...
Y por hoy ya sólo queda por decir que aquí compartimos las palabras de Amos Oz en lo que respecta a Ítaca como símbolo de la llegada y el encuentro y cualquier consecución y realización. (link)
Sin prisa, pero sin perder el norte.