Añoraban una mañana circunstancial. Sólo tenían que cruzar los brazos para adivinarse lejos. Ella vibraba con la caricia de olas imaginarias. A él se le ocurrió que podrían avanzar aún unos metros.
-Las piñas ya no nos distraen - aclaró él como si cantara.
-Mi padre solía decir que yo era algo más que una vaga promesa.
Él hubiera querido vestirla como a una muñeca, pero ya estaba vestida, y él no tenía más ropas que las suyas propias.
-Mi abuelo quizá tuviera la respuesta -siguió ella, a punto de llorar.
El consuelo se sirve en mantel a cuadros. Él preparó unas piedras y unas aceitunas azarosamente. Ella estudió sus movimientos y pensó que tal vez algún día la luna podría morderla ahí donde reside el nervio que si se roza da placer inmenso.
Él desabotonó el botón de la camisa en su pecho y le mostró su pezón derecho.
-Seguro que mi aureola es más clara que la tuya.
Él imaginó que ella le mostraría el suyo. Imaginó también que ese pezón le sonreiría gentilmente, iluminando la gris mañana de la estepa.
No pudo saber si el pezón le sonreía, pero ella sí le sonrió, sin amabilidad, le sonrió como la uña del dedo índice que al cortarse demasiado duele.
-Sacaste tantas aceitunas que no te hacían falta las piedras.
-Pero yo te amo, Dalanyo.
-Todo lo haces al revés.
-El orden de los factores no ha de alterarte.
Ella miró al Norte. Luego al Sur. Después al Este. Por último al Oeste. El mismo horizonte, no había escapatoria.
-No me quieras, no soy justa contigo.
-Nadie es justo en este contexto. Al menos, permíteme que te bese.
Ella escogió las piedras y se las metió en la boca.
-Aoa -dijo.
Él sacó con su boca las piedras, una a una.
Después, se sentaron a comer las aceitunas, apoyándose en la espalda del otro. Ella le daba los huesos, y él se los guardaba en el bolsillo. Los suyos los tiraba al suelo.
Después, ella le dijo que podía mirar su pezón, pero que un postre así se merecía una ruptura después de un beso.
-Sí -dijo él-, mi seno es estéril.
Ella se lo mostró. Sí, era claro y le sonreía, pero pícaramente. Él mamó y mamó hasta perder el resuello. Cogió aire y se besaron hasta perder el resuello.
Ella le tapó los ojos.
-Cuenta hasta cien.
-Cien, noventainueve, noventaiocho, noventaisiete...
Cuando abrió los ojos ella ya no estaba en la estepa porque ya no había estepa. La mañana en la ciudad era clara.
Él fue saboreando los huesos de las aceitunas que ella le regaló, recordando así el dulce amargor de la leche de su seno fecundo.
Escrito en Madrid, el 8 de Septiembre del año 2006
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miércoles, 29 de octubre de 2008
sábado, 18 de octubre de 2008
Su Real Istmo. Presentación para un proyecto de mente.
Textos dignos de una interpretación psicoanalítica para un estrangulamiento de la realidad, tomando como herramienta un método original llamado paranoico-positivo, no muy alejado a lo que el gran Salvador llamó método paranoico-crítico.
El método paranoico-positivo consiste en positivizar la disfunción que hace que la percepción de la realidad sea distorsionada.
Hablando con llaneza, favorecer el autoengaño, forzar la mentirijilla, potenciar el bovarismo-quijotismo, que predomine la ficción sobre lo real.
Usted dirá: pues como todo en literatura, que para la crónica fiel ya está la prensa. Llenita de mentiras, por cierto, según dicen los críticos de los grupos mediáticos opuestos.
Hacer de la paranoia positiva un estilo de vida, una costumbre como el inglés té de las cinco o la cañita española en el bar. Una práctica diaria, una bomba constante y consciente -hasta que haga mella en el insconsciente-.
Su real istmo, es decir, su percepción de la realidad, puede ser más o menos normal, es decir, que siguiendo las pautas marcadas por la cultura no lleve a escándalo ni a la vergüenza ajena, pero si se detiene a pensarlo, como haría un personaje tipo de Juan José Millás, la realidad que se nos ofrece ya de por sí es deforme. Y a veces muy feíta, la pobre, sácala tú a bailar que yo no quiero. Esto daría para páginas en mogollón, pero no quiero abrumarle, posible lector, y menos aun quiero abrumarme a mí mismo, que bastante tengo con lo que tengo.
Como en los simpáticos anuncios de IKEA, la paranoia positiva te dice: redecora tu vida a tu propio gusto, créate tu realidad, tu real istmo: tu propio nexo con el mundo.
Potenciar y aplacar.
Potenciar todo aquello que te ayude en tu búsqueda -asideros, recursos, máscaras-, aplacar los obstáculos-los ejércitos de la desolación(tangibles) y su fantasma (intangible)-.
En lo que aquí atañe, ya que esto es una bitácora literaria, y no un manual de autoayuda, todo esto puede ser aplicado al objeto artístico, al texto -ya sea narrativo, pictórico, fílmico...-.
Como me he puesto tan importante escribiendo, tal como un señor con cátedra y sillón académico, volveré a la llaneza: crear como un loco, tanto en el fondo como en la forma. A la manera demente y poseída por alguna musa cafeínica, y con talante surrealista, por no buscar otro adjetivo.
Un ejemplo transcribiré cualquier día de estos, un relatillo tenía por ahí, Yolanda en la Estepa, se llamaba, muy lírico y bonico. A ver si lo encuentro entre mis papeles.
Y ahora un poema
de desasosiego y pena.
El reloj
-es temprano-
el reloj
-es muy temprano-.
No ha amanecido aún.
El reloj se queda quieto
marca siempre las tres treinta
maulla un gato
aulla una sirena
Abres los ojos y son y treintaiuno
abres los ojos y son y treintaidos
cada minuto sueñas que se te abre el mundo
matriuska rusa que se le sale un mundo.
Sueño dentro del sueño
toda una noche dentro de un minuto.
Maulla un mundo
aulla un reloj
abres los ojos
no más de y treintaitrés.
maullan los minutos
aullan los ojillos...
El método paranoico-positivo consiste en positivizar la disfunción que hace que la percepción de la realidad sea distorsionada.
Hablando con llaneza, favorecer el autoengaño, forzar la mentirijilla, potenciar el bovarismo-quijotismo, que predomine la ficción sobre lo real.
Usted dirá: pues como todo en literatura, que para la crónica fiel ya está la prensa. Llenita de mentiras, por cierto, según dicen los críticos de los grupos mediáticos opuestos.
Hacer de la paranoia positiva un estilo de vida, una costumbre como el inglés té de las cinco o la cañita española en el bar. Una práctica diaria, una bomba constante y consciente -hasta que haga mella en el insconsciente-.
Su real istmo, es decir, su percepción de la realidad, puede ser más o menos normal, es decir, que siguiendo las pautas marcadas por la cultura no lleve a escándalo ni a la vergüenza ajena, pero si se detiene a pensarlo, como haría un personaje tipo de Juan José Millás, la realidad que se nos ofrece ya de por sí es deforme. Y a veces muy feíta, la pobre, sácala tú a bailar que yo no quiero. Esto daría para páginas en mogollón, pero no quiero abrumarle, posible lector, y menos aun quiero abrumarme a mí mismo, que bastante tengo con lo que tengo.
Como en los simpáticos anuncios de IKEA, la paranoia positiva te dice: redecora tu vida a tu propio gusto, créate tu realidad, tu real istmo: tu propio nexo con el mundo.
Potenciar y aplacar.
Potenciar todo aquello que te ayude en tu búsqueda -asideros, recursos, máscaras-, aplacar los obstáculos-los ejércitos de la desolación(tangibles) y su fantasma (intangible)-.
En lo que aquí atañe, ya que esto es una bitácora literaria, y no un manual de autoayuda, todo esto puede ser aplicado al objeto artístico, al texto -ya sea narrativo, pictórico, fílmico...-.
Como me he puesto tan importante escribiendo, tal como un señor con cátedra y sillón académico, volveré a la llaneza: crear como un loco, tanto en el fondo como en la forma. A la manera demente y poseída por alguna musa cafeínica, y con talante surrealista, por no buscar otro adjetivo.
Un ejemplo transcribiré cualquier día de estos, un relatillo tenía por ahí, Yolanda en la Estepa, se llamaba, muy lírico y bonico. A ver si lo encuentro entre mis papeles.
Y ahora un poema
de desasosiego y pena.
El reloj
-es temprano-
el reloj
-es muy temprano-.
No ha amanecido aún.
El reloj se queda quieto
marca siempre las tres treinta
maulla un gato
aulla una sirena
Abres los ojos y son y treintaiuno
abres los ojos y son y treintaidos
cada minuto sueñas que se te abre el mundo
matriuska rusa que se le sale un mundo.
Sueño dentro del sueño
toda una noche dentro de un minuto.
Maulla un mundo
aulla un reloj
abres los ojos
no más de y treintaitrés.
maullan los minutos
aullan los ojillos...
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