jueves, 14 de junio de 2012

Distopía

 A la memoria de Ray Bradbury

Ray Bradbury, en umbraliana foto
 Bradbury, donde los libros están prohibidos

La semana pasada fallecía Ray Bradbury, autor de novela de ciencia ficción, que siempre ha ido, desde sus comienzos, estrechamente vinculada a la posibilidad de otras sociedades donde nuestra sociedad pueda reflejarse. Las colecciones de este tipo de literatura -por no decir subgénero, término peyorativo las más de las veces- están llenas de utopías y de distopías.
Sin embargo, aquí Ray Bradbury es sólo una excusa para tratar de las distopías probables, distopías de este mundo nuestro que han existido de alguna manera, o que existen, o que existirán.
Su novela más conocida -en dura competencia hacia la fama con Crónicas Marcianas-, Fahrenheit 451, es un buen ejemplo de ello. Luego el gran Truffaut haría una buena adaptación para el cine. (link)
En esta sociedad creada por este amante de las bibliotecas, los libros están muy mal vistos, tan perniciosa se suponía su presencia que el cuerpo de bomberos se ocupaba de quemarlos. A 451º F arden los libros. Para salvaguardar esta dañina semilla, un grupo de disidentes, antes de ver sus libros desintegrados por el fuego, deciden aprenderse al menos uno. Así se forman los hombres y mujeres libro.
Una sociedad donde no ya todos,  sino aunque sólo sean ciertos libros los prohibidos, ya es una distopía. Esto ha sucedido a lo largo de la historia, con inquisiciones varias. En la novela de Juan Marsé que comentábamos en el post anterior, Caligrafía de los sueños, leemos como en la posguerra española quemaban los libros.
En la literatura distópica tenemos como ingrediente principal la manipulación del ser humano en su conjunto, mental y hasta espiritual, en cuerpo y alma. Con la quema de libros se consigue sesgar una parte de la realidad que no se quiere sabida.
Otro ingrediente es la vigilancia extrema, sabida o no, y por lo tanto el miedo que viene añadido a este control.

Orwell y la obra maestra de la literatura distópica

Estos dos componentes son fundamentales en la que quizá sea la obra maestra de todas las distopías, 1984, de George Orwell. Él mejor que nadie supo recrear una sociedad sumergida en la manipulación, la vigilancia extrema y el miedo.
Y sin embargo su pesadilla no era soñada, era bien real, ya que dentro del mundo en el que él vivía y escribía, otras sociedades había como modelo para su obra: tanto el nazismo como el estalinismo, los regímenes totalitarios en general.

George Orwell
 Lo que hace Orwell es imaginar un futuro donde este tipo de regímenes sería llevado a su máxima potencialidad.
El personaje principal, por ejemplo, es un funcionario cuya misión es hacer desaparecer todo tipo de información que el poder establecido quiere que sea olvidado. Con lo cual se manipula la hitoria, y más aún los recuerdos. Son graciosos, entre comillas, los episodios en los que se cambian a gusto del poder los enemigos del pueblo. Los que ayer eran amigos hoy son enemigos, y el pueblo no hace más que vibrar de amor y odio con los hermanos y adversarios de cada momento.
El control, pues, es total, hasta en las casas hay pantallas con el afable gran hermano que vigilan todos los movimientos de los ciudadanos.
Las similitudes con el tiempo presente son claras. Que vivimos manipulados, es cierto. Pero gracias a que podemos entender que tenemos como dos poderes simultáneos, ya que se supone vivimos en una democracia, podemos contrastar y hasta elegir. Aunuqe la diferencia entre las dos opciones sea más estética que ética, más superficial que de carácter.
Lo mismo sucede con el control y la vigilancia. Yo, ahora dispongo de un móvil android, en el que tengo vinculadas todas mis cuentas y redes sociales. Ahora todos mis movimientos son guardados. Para un paranoico como yo esto está bien: siempre he tenido razón, y ahora que sé que soy vigilado haga lo que haga, no tengo porqué esconderme. Ahora por ejemplo estoy escribiendo haciendo uso de una herramienta más de este leviatán de nuestros días.
En 1984 vemos la distopía perfecta, con curiosas similitudes con el mundo de hoy, tan inteligente es la novela. Vemos por ejemplo de qué manera hacen creer al pueblo que fuman y comen lo que hay, un tabaco, cafés y chocolates infames, mientras que los altos funcionarios toman lo que de verdad es un buen tabaco, un auténtico café, un excelente chocolate. Hacen creer a la gente que lo que toman es lo que pueden tomar, que es lo mejor, guardándose para sí lo auténtico. Así también con las canciones que el pueblo escucha y tararea, canciones elaboradas por una máquina. Canciones de radio fórmula todas iguales, cortadas por el mismo patrón, que sirven para calmar el sentimentalismo del pueblo, pero no pueden acceder a más. Al igual que la ilusión de la lotería, que nunca toca si no son pequeños premios.
Es una sociedad que juega con la ilusión del pueblo, que se cree feliz o infeliz según convenga.

La utópica distopía de Huxley


Aldous Huxley
 Muy distinta pero con grandes similitudes es la obra de Aldous Huxley Un mundo feliz. Aquí la gente sí que parece realmente feliz, en una sociedad perfectamente organizada, con sus castas y sus élites y sus familias humanas. Es muy distinta a 1984 porque aquí al pueblo sí se le da lo que quiere: calmar sus necesidades más primarias, de maneras más o menos sotisficadas. Lo que le une a 1984 son los ingredientes fundamentales: manipulación -aquí llevada al extremo de la manipulación genética-, vigilancia, y miedo. Aunque aquí el miedo se da como la angustia ante lo desconocido, horror a perder el bienestar en pos de la verdad, del conocimiento. En Un mundo feliz mejor es no saber, ser inocentes: es éste un mundo edénico, donde el pecado es saber y conocer.
Quizá nuestro mundo actual, esta sociedad de bienestar, otra vez entre comillas, en que vivimos, sea más parecida a Un mundo feliz. La manipulación usa aquí un arma infalible: las drogas, que crean dentro de los personajes una satisfacción que les hace mansos, disciplinados, y lo que es mejor para ser manipulados: dependientes. Y felices.
Yo a veces pienso, y siento, que nuestros gobernantes deberían manipularnos de esta manera tan jovial y positiva. Todos drogados, haciendo el amor todo el día y por doquier, sin otra preocupación que la de que ningún pelma nos venga con que hay otros mundos de libertad y conocimiento.
Hasta las castas más bajas, los parias de Un mundo feliz, los trabajadores manuales, tienen su derecho a sus pastillitas para no rechistar ni sentirse infelices.
Si es que hay distopías y distopías.

La inocencia distópica de William Golding

Con esto volvemos atrás, unas decenas de miles de años.
La primera distopía viene tras el cierre de la primera utopía, el Jardín del Edén. El paraíso terrenal. Allí los primeros humanos sólo tenían el deber de ser felices, teniéndolo fácil. Además, tenían la labor intelectual de poner nombre a los animales y a las cosas. Sin embargo, no debían tomar la fruta del conocimiento, porque si no se verían desnudos.
Y así andamos todo el día desnudos, frágiles, y lo somos porque sabemos. Somos frágiles porque sabemos.
Sabemos por ejemplo que todo es mejorable, que se puede progresar y evolucionar a un mundo mejor, que vivimos en una sociedad de carencias y escasez. Es imposible ser inocentes, no ser culpables, cuando sabemos. Cuando sabemos que todo a nuestro alrededor sangra, que el mundo está roto, que nos han roto el mundo.
-Mi juguete se ha rompido -llora un niño.
Una felicidad plena es inconsciente, despreocupada, ignorante e inocente. Un hombre, una mujer felices, son seres sin culpa. No saben que están desnudos, que son frágiles. Todo está bien como está.
Un mundo feliz, la novela de Huxley, es un edén actualizado.
Y con esto tocamos la última distopía a comentar, la genial El señor de las moscas, de William Golding.
 
William Golding
 En esta parábola acertada de nuestra sociedad, un grupo de niños son abandonados a su suerte en una isla desierta.
Seres inocentes, sin culpa, ingénuos e ignorantes. Un nuevo comienzo, la restauración del paraíso.
Pues no. Se van estableciendo en sociedad y van cometiendo todos los errores e injusticias que cometió el hombre desde el albur de los tiempos.
Podríamos alargar el post unas cuantas parrafadas más, ya que la literatura distópica es abundante. Un ejemplo de hoy está en Saramago y su Ensayo sobre la ceguera, otra parábola de nuestra sociedad, donde ni siquiera estando ciegos e impedidos somos capaces de evitar la culpa.

Una consideración final

Para concluír, quisiera dar mi opinión. Toda utopía es el germen de una distopía. Otro día podríamos hablar de utopías. La de Sto Tomás Moro, por ejemplo. La República de Platón. El mismo Edén del Antíguo Testamento. En teoría, toda utopía se nos antoja atractiva e ideal. En la práctica, se una distopía, ya que estamos acostumbrados, dada nuestra torpeza y curiosidad y afán contínuo, de romperlo todo.
Y sobre todo el poder. No es posible una sociedad sin que haya un leviatán con el que poder pactar una dosis de felicidad a cambio de su poder. El poder que nos da un mundo tan frágil, tan precario. Difícil no será romperlo con nuestra torpeza y curiosidad.
Leí cada una de las obras comentadas hace más de quince años, pero guardo en mi memoria su lección. Alta literatura, qué duda cabe.

Coda

http://emperatrixmundi.blogspot.com.es/2012/03/eden.html




Y un anexo:

jueves, 31 de mayo de 2012

Caligrafía de los sueños, de Juan Marsé



Juan Marsé, calígrafo de sueños,
dice que esta es su obra más autobiográfica.
Lean y asombrense comparando sus perfiles
biográficos con el personaje de Ringo.

Cultiva secretamente una nostalgia de futuro y una creciente hostilidad hacia el entorno, suma tiempo y libertad para vivir intensamente cada palabra de los libros que lee, va y viene de casa a la taberna o al parque Güell con la novela en el sobaco y el brazo en cabestrillo, con mirada desapasionada pero sombría y con ojeras románticas, arrebatadamente despeinado y vistiendo con cierto desaliño, pero siempre con una tiesa y perseverante cortesía interior, una fervorosa gentileza que no tarda en convertirse en la expresión de un sentimiento de desarraigo y soledad.
Juan Marsé. Caligrafía de los sueños.






Barcelona, año 1948. Los fines de semana, la gente joven suele salir a divertirse, a bailar, a escuchar música. No hay mucha diferencia con el día de hoy, con las noches de sábado de hace diez años, o hace 20. Cambian, eso sí, las músicas y las maneras de vestir. Cambian las modas, no cambia el impulso. El cortejo sigue igual, de distinta manera. Ringo, nuestro joven amigo, no frecuenta mucho estas salas de fiesta, pero sí hay un paisaje importante en el que asiste. Tiene algo así como una deuda con Violeta y con su madre, Victoria Mir. Mientras la madre se emborracha en la barra para el triste final de su odisea, Ringo por fin bailará otra vez con Violeta, pelirroja y feucha Violeta, con esa excitación que provocan las feas sensuales, cuando el atractivo consiste en el aire que mueven las caderas.
Ringo quiere convencerse que va allí como quien hace un favor, no quiere reconocer su atracción natural hacia Violeta, algo mayor que él, más desengañada y despectiva, pero no menos atraída por Ringo que Ringo por ella. El rollito es inevitable, se veía venir.
Violeta es una muchacha, que siendo feucha, gusta mucho a los hombres, por su cuerpo venusino, cual Venus Calipigia. Violeta tiene además la carga de su madre, soñadora y alcohólica, estrafalaria y ridícula, una buena mujer que vive su sueño como si fuera cierto, un sueño en contradicción con el de los personajes de su propio sueño.
Violeta tiene además un terrible secreto, que es el tema oculto de la novela, que es lo que desencadenarán los hechos y creará la intriga. Hay una confusión terrible, y remordimiento por parte de Ringo, pero hay veces que de nada sirve el remordimiento cuando los malos son los otros.
Digo que Violeta gusta mucho a los hombres, como mujer en el mundo recreado en la novela, como personaje para el lector.
Violeta desnuda mirándose al espejo. De pronto tropieza y cae. Se abre el misterio, comienza la primera página, Victoria Mir intenta suicidarse minutos después en una inservible vía de tranvía.
Luego aparecerá Ringo, personaje inolvidable, amor por el cine y por los libros. Ringo es tan humano que especula y no acierta, Ringo es observador, pero se confunde tanto como cualquiera. Ringo es un poco antihéroe y un poco como tú y como yo. Ringo no resuelve el misterio, pero ya se ocupará el tiempo de resolverlo. Entonces comprenderemos a Violeta y nos apiadaremos de Victoria Mir, y sabremos que no fuimos atinados observadores, y que fuimos malos jueces por ignorancia más que por maldad.
Difícil caligrafía de los sueños, difícil armonizar la melodía de la vida.
Violeta con bata de andar por casa.
Y yo me pregunto si
cambiará mucho la interpretación
de una novela según la portada de la
edición que se lea.
Ringo va para músico y va y se corta un dedo en el trabajo. Sin embargo no pierde la esperanza. Hay determinismo en la novela, uno no puede sustraerse a su naturaleza, sin embargo alguna escapatoria hay, el escapismo a veces no es malo, nos hace bien, montar la película de nuestra vida.
Una de las razones por las que leer a Marsé es por su creación de personajes. Un ejemplo sería aquel Pijoaparte de Últimas tardes con Teresa, su mejor novela según algunos. Pijoaparte es un personaje emblemático, tipo, que reune en sí ciertas características que luego le harán reconocible no ya en la literatura, sino en el mundo de afuera. Se dice: es un quijote, es una celestina, es un romeo, es un pijoaparte. El Pijoaparte es uno de los persojajes más importantes de nuestra literatura, quien lo leyó lo sabe.
En Caligrafía de los sueños, desde Ringo hasta el Matarratas, pasando por Victoria Mir y por Abel Alonso, tenemos una buena colección de excelentes retratos, personajes vivos, creíbles, con sus miserias y sus excentricidades. Sobre todo con sus ambigüedades, lo que les proteje con un aura de misterio.
Otra razón por la que leer a Marsé es por los ambientes que recrea. Los años de la dictadura, desde la posguerra hasta el tardofranquismo. Estampas en sepia y en blanco y negro. Carteles de cine y de espectáculos de variedades. Cartillas de racionamiento. Cada capítulo presenta una estampa de un tiempo ya pasado, donde nuestros mayores se verán reflejados. Las calles y parques de Barcelona, las tabernas y cines de Barcelona, las salas de fiesta y los burdeles del Barrio Chino de Barcelona, las casas burguesas, proletarias, de Barcelona.
Las farolas al anochecer con su luz imperfecta, las tardes de lluvia vistas a través de los ventanales de la taberna donde Ringo, personaje principal de Caligrafía de los sueños, suele pasar las horas leyendo, estudiando, soñando y escuchando historias.
Cada personaje tiene su historia, sus historias. Miserias, excentricidades, misterios, ambigëdades. Estas características de los personajes hacen historias peculiares.
Tenemos la historia clandestina del Matarratas, el personaje más misterioso de esta obra.
Tenemos la historia del origen de Ringo, también misteriosa hasta para el mismo, un misterio que le acompañará siempre. Dado a la ensoñación y a la especulación novelera, Ringo hace de cada historia un asunto literario o cinematográfico. Empapado de cine y literatura, gracias a él gozamos con él de perspectivas fabulosas de las historias de esta novela.
Luego hay misterios e intrigas que cuando se resuelven no eran sino miseria, como en el caso de Abel Alonso.
No es una trama folletinesca la de esta historia , uno no empieza a intrigarse hasta bien avanzada la novela. Sin embargo sí hay personajes folletinescos, como Victoria Mir, que se cree personaje de una historia de amor de las de entonces.
Piedad por la señora Mir, víctima de su quimera, de su propo autoengaño.


(...) de modo que todo acaba nuevamente diluido en el limo invernal por el que resbalan los días, en la grisura uniforme que el barrio y la ciudad soportan como un estigma, y uno vuelve a pensar que las cosas que de verdad importan en la vida han de ser otras y pasan lejos de aquí, lejos de nosotros.
(...) observa el declive de la tarde sobre la calle que, al igual que todos los domingos a esta hora, parece repentinamente inóspita y abandonada.
Juan Marsé. Caligrafía de los sueños.

 
Meat, de Max Sauco, nos recuerda a la morbosa
sensualidad de Violeta

miércoles, 23 de mayo de 2012

José Bastida ha muerto no sin antes dejarle una carta de amor a Julia. (A Robin Gibb, in memoriam)



Si La saga/fuga de J.B. fuera llevada al cine, empresa improbable y casi imposible -casi, pues hasta La Celestina, tan compleja, pudo ser representada en teatro-, Robin Gibb le pondría la canción a la película, y muy bien podría ser el vídeo de la canción algo así como un trailer.


Robin Gibb, es decir, José Bastida
 Recordamos a José Bastida como un tipo entrañable, admirable, culto y feo. Recordaremos siempre a José Bastida, por fin, en los brazos de Julia, los dos en fuga. Este vídeo me recuerda a ciertos pasajes de la novela, a ese hervidero histórico en la batalla. Vemos en el vídeo a José Bastida como lo que es, un prototipo romántico, escribiendo, rodeado de libros. Uno puede fantasear con tramas que siguen después de la fuga, y no queda mal la trama del vídeo para una fantasía más, pues aunque huyen en un avanzado siglo XX, don Gonzalo Torrente Ballester nos permite hacer de su literatura una máquina del tiempo. Julia y José Bastida regresan a un siglo anterior y se vuelven a ver metidos en otras guerras y otras románticas aventuras. Para más licencia nos acompaña el tiempo húmedo y la niebla, podemos suponer que el vídeo ha sido rodado en Galicia, ¿por qué no?
Si un ilusionista como Torrente Ballester nos invita a soñar, soñemos derribando muros, superando límites, como dice en esta canción José/Robin Bastida/Gibb que Julia hace con él.
No es casualidad que la canción se titule Juliet, y que se pronuncie Julia.
Robin Gibb ha muerto, y de los Bee Gees era el más feo y el más interesante. Los Bee Gees son parte de mi educación sentimental, más la primera época que la segunda; aunque la segunda, discotequera y espectacular, no estuvo mal. Prefiero la primera época por canciones como Holiday, I Started a Joke, New York Mining Desaster 1941 ...
Joyas de la Literatura, abrigadas y protegidas por la luminosa niebla del recuerdo.

Y sí, fue Robin Gibb es Robin Gibb el que canta en I Started a Joke, es el feo y guasón José Bastida el que empezó la broma:







¡Ay, qué maravilla volver a escuchar a los Bee Gees, Holiday, su canción más apreciada por mí, con ese sabor al eterno día del eterno verano!

miércoles, 16 de mayo de 2012

Simbolismo (XIV). Espejismos.



Pero es que, como dice esta canción, nada puede llevarse esta tristeza, nada es comparable a tí.
El carro del buhonero se lleva algo que arrojé algún día, sin saber yo que pronto, enseguida, iba a necesitarlo.
-Alguien silba en un anuncio publicitario, y quien conmigo vive pregunta si quien silba soy yo, yo, que nunca quise venderle nada a nadie, yo, que tan sólo compré, compré capitales de ilusión, por ver si me completaba-.
Algún día te mostraré, sin tú saber que soy yo quien te lo muestra, qué es una página completa: o vacía, completa de vacuidad, vacía de plenitud.
Pasaba esta tarde por un territorio de posguerra y me preguntaba si no será necesaria otra guerra para volver a estimar en su justo valor lo que se tiene, lo que se anhela, lo que se piensa, la propia creencia con un endecasílabo que redecore la vida, como el Ikea.
Esta tarde hemos leído algo y bien, que es mejor que leer mucho y mal. Hemos leído que los libros arden para proteger la sabiduría del hombre, y hemos aprendido que lo actual, en los últimos siglos, necesita de narratiblilidad. Y lo que no es así será pureza, será vanguardia, será para la élite y para cuatro acabaos que lo comprendan.
Es necesaria la trama, y yo busco en los periódicos el culebrón de todos los días, tan ajeno como si fuese de telenovela.
El Sábado a la noche, muy de noche, poco antes del amanecer, me pasé por donde la revolución española, esa válvula de escape de nuestra juventud deseosa de escarmientos y batallas, tan proscrita de madurez; tan clamor, fragor, candor, sudor de hembra adolescente.
No había nadie.
Casi lloré.
Todo saldrá en televisión: todo es mediático.
Menos tu odio hacia mí, menos ese cariño tuyo, tan estacional, casi metódico.
Ha muerto Carlos Fuentes, y el Boom continuará, como hasta ahora, en los manuales de literatura y no más.
Por mucho que quieran los críticos buscar lo excelso la gente leerá otra cosa. Y la historia dictará otra.
En dos siglos, los de ahora, no sabemos quien pasará el donoso escrutinio, qué modas sacarán el nombre de hoy que es flor de un día.
A mí me gusta que me quieras, tu cariño flor de un día, rodeado de algo de desprecio y resentimiento y hasta de odio. De higos a brevas, de pascuas a ramos, los meses con r no me quieres, y los sin r me amas hasta la flor del hueso, aquella de la primavera del tuétano, aquella tan interior, tan de tu alma sabia, que es la que me quiere a mí, porque sólo una mujer sabia puede enamorarse de la imbeciblilidad de un hombre tan quieto que no para, como si hiciera algo, sin hacer nada, como si fuera bueno, siendo mediocre, como si fuese estrella siendo tan sólo un meteorito iluminado por otras voces y otros ámbitos.
La curiosidad lleva también al amor, pero cuando se ve una región que es un páramo de angustia, llega las frustración y el resentimiento. Yo lo comprendo.
Hay desiertos tan llenos de espejismos que parecen vergeles.
Pero no llueve.
Gobierne quien gobierne, es que no llueve.
Se me llevan no ya todos los demonios que tentaron al de Nazaret en el desierto, si no los espejismos de las tentaciones.
Se nos llevan todos los espejismos, que son un simulacro de realidad.
A los jóvenes de hoy, tan Quince de Mayo y tan braga brasileña y tan android, se nos llevan.
Palabras somos que se lleva el viento, espejismos de un mar y de una tormenta que nos arrebatara y nos permitiera destrozar el mundo, para recrearlo esta vez sí, esta vez puro y edénico, esta vez con el reinicio del sistema, esta vez con la inocente vocación de un niño abanderado en su juego flor de un día.
Un espejismo es un instante.
Luego se acaba.
Luego se apaga la luz, y a dormir, que mañana es día laborable. O a morir, cuando lo laborable es otro espejismo más.
No, yo para tí no fui un espejismo, lo sé. Yo para tí fui lo que soy, pero me visitaste en Domingo con el traje de fiesta. A diario soy uno más que juega y pierde cada día, con la ilusión de que mañana será día de suerte.
Y siempre que me quieras y te atrevas a volver a verme tendré las galas de Domingo, pero no me pidas que sea excelso día a día, no tengo medios para llenarte el corazón de espejismos para luego defraudarte.
Soy un mediocre.
Menos en Domingo, cuando tú me das un sí que es un vergel y una tormenta.
¿No es La invención de Morel, de Bioy Casares, una metáfora del hoy, donde se proyecta una película donde no la hay, donde sólo hay ambiente? Genialidad de la novela del espejismo, que ha sabido ver nuestro cariño, repitiéndonos una y otra vez ese Domingo que es la tarde de cualquier día de besos y caricias y promesas.
Sí, no me condenes por no ser siempre yo una tarde de besos de caricias, un Domingo, o un vergel. Yo soy, normalmente, un desierto más que a veces regala un espejismo.
Hace dos días o tres soñaba contigo, tú eras una gata de mandíbula furiosa que indignada por no sé yo qué motivos me reñía. Me mostrabas unos dientes afilados.
Si tienes sed no me culpes, si quieres lo verde, no me culpes, si quieres un mar, la lluvia, la vendimia, no soy yo quien lo traerá. Tan sólo esperaré contigo las galas del Domingo. Más no puedo.
Una fábula es un espejismo literario. Correcto.
Una ficción es un espejismo literario. Correcto.
Un ideal es un espejismo en cualquier ámbito. Correcto.
Yo soy de carne y hueso e incorrecto.
No soy un ideal, aunque lo busque y añore.
El caminante no es el camino: los son sus pasos, y por tanto los pasos que no da, no son camino. Acaso una ilusión, un espejismo.
Y hay niebla alrededor, y a veces ni hay camino.
Que la luna nos haga su claro, no es más que un espejismo del sol que a ella alumbra.
Porque es de noche. Aunque es de noche.
Claro de luna, por Debussy/Disney






El caminante sobre el mar de niebla
de Caspar David Friedrich

viernes, 27 de abril de 2012

Operación Fausto (II): de Goethe y de Sokurov

Johann Wolfgang von Goethe, retratado
 por Johann Heinrich Wilhelm Tischbein

¿Qué simboliza la pintura que vemos más arriba? El paso del Clasicismo -la toga blanca- al romanticismo -la vestimenta y el sombrero-.
Podemos considerar que Goethe es un escritor entre dos épocas, uno de esos seres necesarios para una evolución, que supera un movimiento desfasado y ayuda a que la frescura de uno nuevo llene la estancia viciada.
Goethe es sobre todo conocido por aquella enfermedad llamada Romanticismo, que como la gastroenteritis vírica que me acosó a mí la semana pasada, duró sólo tres días. Sí, el Romanticismo, al igual que la Primavera y el Amor, es más enfermedad que otra cosa. Pero todo es estacional, tres estornudos y ya pasó todo. Luego vendría el Realismo a curar al enfermo.
Nosotros, felizmente, languidecemos. No hemos superado aún esta manía de ir suicidándonos como werthers contemporáneos. Por lo tanto, somos románticos. Romanticones más bien.
Toda esta moda vampírica y conspiranoica es una secuela romántica.
El enfermo no curó del todo, vino para quedarse porque la humanidad quiso llenarse de pulsiones varias, porque el Romanticismo entretiene, teniendo como tiene, paradójicamente, el vicio de la pereza, la pena de la princesita triste y desencantada, la mirada desengañada y altiva del lobo estepario.
Estamos viviendo un siglo posmoderno, donde el Romanticismo juega su rol con las máscaras de twitteros indignados y adolescentes que quisieran ser mordidas par algún drácula buenorro. La esquizofrenia posmoderna es así, quiere esa pasión romántica de romper límites, y quiere la estabilidad de una sociedad ilustrada y equilibrada.
¿No gritábamos los indignados del año anterior por una continuidad y salvación del bienestar conseguido? A diferencia de la del 68, que perseguía un cambio radical.
Hacen de nosotros lo que quieren porque tampoco nosotros sabemos lo que queremos. Siempre recordaré aquella mañana de Sábado en Sol, cuando los acampados. Uno de los que manejaba el cotarro pedía por un altavoz que necesitaban comida, y un poco de chocolate paladín, y leche, que quería hacerse un chocolate. Como en un chiste de Gila.

El Fausto de Goethe

Fausto. - (...) ¿Quién eres?
Mefistóteles. - Una pequeña porción de ese elemento que, andando de continuo en busca del mal, sólo sabe hacer el bien.
La tradición de Goethe es continental e idealista.
La tradición de Marlowe, al que dedicamos la primera parte de esta Operación Fausto, es británica. Ingleses y alemanes siempre han tenido sus más y sus menos, yo no sé con quien quedarme, las dos culturas me gustan, a las dos admiro. Aunque dicen que yo parezco más inglés que alemán, -por mi espíritu enamorado de pastor anglicano caminando bajo la lluvia por la campiña inglesa para ir a tomar el té donde mi enamorada, que me toca el piano y me canta cantatas-, lo alemán, con su filosofía y su música, me crea gran fascinación. Literariamente prefiero a los ingleses, musical y filosóficamente, a los alemanes.
El personaje de Fausto en Goethe es muy distinto.
Podemos considerar más canalla y vital al de Marlowe. El de Goethe es el prototipo de la psique romántica pura, un tipo que se aburre porque se cree que todo lo sabe, y vende el alma al diablo por motivarse y encontrar un sentido a su abulia.
Es, lo es, un sabio. Y ha descubierto que todo es una mentira, su oficio sagrado, el de médico, sobre todo. Busca en la naturaleza la alegría de vivir, se desespera entre la gente queriendo contagiarse de su alegría. Mefistóteles aquí es más tacaño, y se hace de rogar más. En Marlowe este diablo le complacía a Fausto en todo: Fausto quería probarlo todo. Fausto en Goethe quiere que algo de lo que pruebe le llene.
Es más creible el diablo de Marlowe, lleno de tentaciones. El de Goethe, como el de Sokurov, es mezquino y charlatán también, pero se hace de rogar demasiado.

Sin embargo la obra de Goethe es más hermosa y profunda, más humana también, más redentora y de estampas más sugerentes.
Ahora, para descansar brevemente, vamos a guasearnos un rato de la obra:
El Fausto de Goethe puede tener, sacada de contexto y a los ojos de hoy, una lectura peculiar: un señor de mediana edad se enamora de una quinceañera y se la beneficia.
Pederastia.
Es una obrita de amor muy bonita.
Algo así leímos hace no mucho de la pluma de Gabriel García Márquez. Esta también era una novelita de amor muy bonita.
Últimamente sólo leo cosas que me escandalizan sobremaneramente. Valga el adverbio.
(Dicen que los adverbios son un vicio a evitar para la buena literatura.)
Margarita, la niña, es un personaje que no sale en Marlowe, ya que este primer Fausto es más sátiro y vividor que enamorado. Margarita aparece para encandilar a un Fausto sin alicientes, por lo que Fausto se dedica a ella por completo, a ella y a los milagros de la naturaleza. Después de hacerle el amor a Margarita, se va al bosque a encandilarse con los misterios de la madre tierra.
Así que vemos a un Fausto muy poco pecador, un Fausto bueno, un Fausto bonancible y digno del perdón.
Le sale a Goethe una obra hermosa, pero no es muy creíble. Sí lo es su profundidad psicológica, lo son sus sentencias -subrayadito que lo tengo-, sus ocurrencias, hasta su fantasía de brujas despelotadas danzando en la noche de Walpurgis -que por cierto es pasado mañana-. Pero toda falta es perdonable si el acabado es bueno.


Fausto. - Ya lo he dicho; no trato de buscar la felicidad. ¡Quiero el vértigo que ciega, los placeres que dañan, el amor que participa del odio, el pesar que deleita! Mi corazón, curado de la fiebre del saber, debe saborear toda clase de dolores; quiero sentir todo cuanto los demás hombres han sentido; quiero experimentar, como ellos, lo que tiene de sublime el gozo y el dolor; acumular en mi seno el bien y el mal; y, por último, acabar mi existencia del mismo modo que ellos la acaban.

El Fausto de Sokurov

Hacía tiempo que no veía una obra maestra tan redonda. Más de dos horas de película sin resuello, maravillado. Entre lo grotesco y lo sublime, entre lo feista y lo bello. El Fausto de Sokurov es una joya que pasó casi desapercibida en cartel, y algunos de los espectadores que estaban a mi alrededor le daban más al móvil que a la pantalla. La gente paga un dinero precioso por aburrirse. Yo no, si de mí depende.



Es una película que quisiera revisionar algún día, por su riqueza de matices, por la magia de tantas  de sus secuencias, por las magistrales interpretaciones. Una mirada de Mefistóteles aquí lo dice todo. Un gesto de Margarita, también. No sólo en primer plano, cuando dos personajes conversan, alrededor también pasan cosas dignas de verse. Este Sokurov desborda imaginación al igual que Goethe en esta obra desborda fantasía y sabiduría.
Una ambientación del siglo soberbia, sugerente, un buen estudio de los usos y costumbres de entonces.
Dicen que es adaptación del Fausto de Goethe, pero no se nota.
Algo hay en su esencia y su sentido, sí. Es muy libre Sokurov en su versión, lo cuenta de otra manera.
Aquí lo que mueve a no es sólo Fausto no es el hastío y la nausea de Goethe, buen precedente del existencialismo. Aquí le mueve también el hambre. Hay mucho hambre en esta versión cinematográfica.
Mefistóteles es el gran logro, un diablo con todos los signos de serlo. No es atractivo como en Marlowe/Gothe. Es repelente, más mezquino aún, y aún más se hace de rogar que en Goethe.
Aquí la economía de los deseos sufre más aún de escasez. Sólo se pide una noche con Margarita.
Hay que advertir que el Fausto de Goethe no es casto. Su amor es carnal, quiere poseer a Margarita por completo. No se parece al sátiro retratado por Marlowe, pero es claramente sexual, lo mismo que su deseo.
Casi podemos decir que el Fausto de Sokurov sí es más casto, pues casi se limita a la contemplación de la amada. Del sexo de la amada. Hay una escena memorable, cuando él contempla a su amada dormida, y los diablos grotescos van en su busca: la manera que tienen de mirar a Margarita ellos. Como si nunca en su vida hubieran visto algo bello y de pronto se encontraran frente a ella, La Belleza. Algo como una nostalgia del bien, o como una pena por su inaccesiblilidad.
Luego está la lucha de Mefistóteles y Fausto en un páramo, en un desierto, o en un mar tan extraño como lo es la película.
Y su final abierto, un logro que despierta preguntas, que inicia una segunda parte en la mente del espectador.
Últimamente he visto películas cojonudas, Shame, por ejemplo, o Alp. Pero este Fausto se lleva mi aplauso principal, me quito el sombrero del romanticismo -el mismo que lleva Goethe en su retrato- por unos instantes y me inclino y saludo.

Coda

Hay un Fausto que ví hace años, impactante, una película de la Fura dels Baus, Fausto 5.0. También de calidad suprema y tampoco apta para todos los paladares.
Sin embargo, en la tercera parte de esta Operación Fauto que me traigo entre manos, será El Maestro y Margarita, de Bulgakov, el libro que estuidaremos y gozaremos.
Entonces veremos a Margarita cabalgar desnuda por los aires.



Por cierto, esta mismita canción de los Rolling Stones está basada en este Fausto de Bulgakov:




sábado, 21 de abril de 2012

Microrrelatos para el día del libro (II)




Figura solitaria en el Café Gijón. McCartney
 Cuando cerraba la tienda, el viejo librero solía pasarse a tomar un vino al café donde yo escribía por las tardes. Sabía contar con gracia los centenares de anécdotas de sus clientes. Pero un día, triste, me contó lo de la muchacha que entró alterada a la penumbra de la librería. Anochecía, y mi amigo aún no había encendido las luces. Llorosa y y con hipo, pidió al librero algo para curar el libro enfermo que acunaba entre sus brazos: "Sus palabras me queman las manos por la fiebre, cada capítulo es un lamento de dolor, se me muere, señor, usted me lo vendió y me lo vendió enfermo, se ha hecho mi mejor amigo y no quiero que me lo cambie por otro, no quiero que se muera aquí solo y abandonado. Cada vez que lo leo me llega su angustia, su soledad y su miedo."  El viejo cogió el libro y lo abrió, pasando las páginas desconcertado. Sólo se le ocurrió decir: " Ya está escrito, no hay vuelta de hoja". La niña salió llorando. La librería ya estaba a obscuras. "¿Qué libro era?"  -Pregunté sobrecogido. Me contestó con desprecio: "Aquel que escribiste tú, maldito genio".

viernes, 20 de abril de 2012

Microrrelatos para el día del libro (I)



En toda guerra el tirano quema las bibliotecas, mas siempre hay un héroe capaz de salvar un libro. Osado y sediento, quise salvar al menos La Odisea de entre las llamas del holocausto, pero cuando llegué, Penélope ya se había ocupado de desperdigar las páginas del libro.
Libro que en la paz volverá a hilvanar para que su relato no sea olvidado.

Penélope, por William-Adolphe Bouguereau

miércoles, 4 de abril de 2012

La saga/fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester.


De mayor quiero ser como don Gonzalo

Perdonad el retraso, pero me he comprado un e-chisme y mi curiosidad me ha llevado a gastar parte de mi precioso tiempo en ver todas y cada una de sus utilidades. Luego, buscando una funda barata, y no encontrándola, he pasado la tarde haciéndome una artesana, que no me ha costado más de un euro. Me ha quedado cutreperfecta: te compras una minicarpeta en el chino, la forras con cartulina color café au lait, usas la goma como sostén interior del e-chisme, y ya está. Tijeras para papel y pegamento imedio. He vuelto a los tiempos escolares. Menudos colocones aquellos, esnifando pegamento. Cuando dicen que hay que volver a los orígenes, supongo que se referirán a estas edénicas artes.
He tendio mi pequeña peripecia para comprar la funda, infructuosa búsqueda. Sobre todo cuando en el corteinglés, preguntando si tenían fundas para libros electrónicos, y preguntándome a la vez el pulcro señor que para qué libro, y respondiéndole yo que para el kindle, me ha echado de la tienda de muy malas maneras:" no, aquí no tenemos de eso". Haced la prueba, id por ejemplo a la librería de dicho comercio de Preciados con una bolsa de la Fnac, ya veréis si os reciben con arrogante desprecio.
¿Abandonaremos el papel por el e-chisme? Ni mucho menos. Pero eso de tener en una pequeña tableta tanto libro metido satisface en parte un sueño desde la infancia: el libro total, la nutrida biblioteca. No, hasta que no tenga espacio en condiciones y dinero para ello, no podré saciar el deseo de esas paredes forradas de sabios y doctos tomos.
Y ahora comencemos con un scherzo, como tan bien imita don Gonzalo con su prosa:



Como siempre, depende del Destino, que nosotros llamamos cálculo de probabilidades, un factor de incertidumbre que introduce en la armonía de la matemática la perplejidad del drama.

(La saga/fuga de J.B. Gonzalo Torrente Ballester)
La saga/Fuga de J.B. es uno de esos libros totales imprescindibles. Claro que uno puede seguir viviendo sin haberlo leído, se puede vivir también, tan ricamente, no habiendo leído un solo libro. Sin embargo libros como así te enriquecen y humanizan de tal manera que sigues queriendo más buena literatura, reconciliado con la vida a través de ella.

Pese a su dificultad y confusión, pero, ¿quién dijo que la vida era un día de sol en primavera? La vida es niebla y confusión de hitorias y las dificultades impiden ver con claridad. Pero por lo poco que entendemos y vemos, creemos.
Ya he hablado aquí de aquel sueño epifánico en que Sto Julio Cortázar se me apareció para proclamarme la salvación a través de la Literatura. La Saga/Fuga, todo un vía crucis, es un ejemplo.
Ya existió un lector ileso, y existen un lector malherido y un lector iracundo. Lectores hay tanto como temperamentos lectores, cada cual el suyo. Yo podría quitar mi cartel de libro con anillo matrimonial sobre las páginas de Crimen y Castigo, y ponerme el sobrenombre de Lector Sadomaso.
Qué orgasmos, los que me provocaba el Ulises -de Joyce- atizándome disciplina inglesa y clavándome su afilado tacón narrativo. Luego intercambiábamos papeles y el libro era mi putita, a la que desnudaba sin piedad para abrir sus orificios páginas y meterle mi incisivo instrumental de cirujano. Jugar a los médicos con los libros. Pero a lo gore.
Así con el tormento se da un primer paso para el misticismo, la iluminación, el nirvana, que es a lo que aspira todo poeta, y José Bastida y yo lo somos.
La T es la letra de esta nuestra relación: tortuosa, tórrida, tormentosa y torrencial.
Podría decir aquí lo que diría cualquier reseñista amante de los libros, pero mi Saga/Fuga de J.B. no se merece esto.
Es muy buena la introducción a cargo de Carmen Becerra y J. Gil González. Ayuda a entender.
Yo intentaré animaros a que os acerquéis a la F.
Fábula y Fantasía para funambulistas.
Es complicado dejar aquí todas las impresiones, todo lo que quisiera decir, todas las especulaciones en torno a la obra.
Sólo os puede apartar de su lectura su dificultad sin asideros con el engaño de una prosaclara, inteligible. Difícil más que cualquier otro libro, más que el propio Ulises, que tenía una estructura acorde a sus diversas proposiciones narrativas, a cada capítulo un juego, a cada contenido un continente.
Aquí en La Saga/Fuga, sin embargo, la estructura es la niebla donde todo se confunde. Lo que es complicado aquí no es ni su lenguaje ni su forma, si no su texto niebla, su caótico delirio, que asemeja a uno de esos duermevelas. Y así sucede, pues lo que sucede en la última parte, Scherzo y Fuga, es la ensoñación del duermevela de José Bastida, que espera a Julia, que goza con Julia, que se fuga con Julia, cuando simultáneamente la pura alucinación de todos los jotabés habidos y por haber de la historia esperan, aman, y se fugan.

Don Gonzalo entre la niebla del
tabaco
Llega un momento, como el caminante a través del bosque en la niebla, en que nos preguntamos si no andaremos perdidos. Quien ya ha pasado por esta experiencia lectora os da este consejo: no pares, sigue, olvídate de la niebla, no quieras reconocer cada árbol, cada sendero, déjate maravillar por lo poco que se puede ver, que ya es mucho, deleitate por cada pequeña historia encadenada a otra.
Son cientos de historias y personajes que se entrelazan y separan, intercambiándose los roles y hasta el alma.
Es una novela que cree en la transmigración de las almas. Juego de máscaras. Platonismo. Matemática: probabilidad y combinatoria.
El J.B. que pensabas no era el que creías, pero sí. Así con otros personajes que van cambiando de nombre, o no, pero sí. Lilaila, Coralina ... El cura que volviéndose ateo y aún así sigue ejerciendo de inquisidor y con sonoros nombres va repitiendo la misma historia a lo largo del tiempo, reencarnación tras reencarnación.
Es una novela homenaje a la vez que paródica, por lo tanto quijotesca. Quijotesca también por su humanismo y su riqueza de historias y caracteres.
Reúne las vanguardias en sí, con esos juegos.
También es hija de su época, la época del realismo mágico, a quien también parodia, como un homenaje.
Es como Cien años de soledad, pero a la gallega.
Tiene algo también de relato borgiano.
Y de Cela, y de Fernández Flórez, paisanos.



Todo lo de la época, con sus estructuralismos y existencialismos, todas aquellas filosofías clarividentes.
Es, también, espiritual. Cree en la magia y en el misticismo.
No cree en nada para creerlo todo.
Recuerdo aquel prólogo de don Gonzalo Torrente Ballester para el Gargoris y Habidis, una hisoria mágica de España, de Sánchez Dragó. Tal para cual. La lectura hace diez años de este descomunal ensayo me ha ayudado hoy a comprender esta novela, que precede al ensayo.
Estudios de mitología comparada, La Rama dorada de Frazer, ¿o es que acaso hay algo nuevo bajo el sol? Sólo hay novedad en la combinatoria.
Está también Nietzchse, claro, con el eterno retorno.
Y está Alicia, con su lógica, esa lógica de preguntas y respuestas.
Merece su lectura atención y tranquilidad, pero estos tiempos posmodernos, viciados, de ruido e interferencias, no pueden, no saben leer una obra que es una crítica a este ruido, a estas interferencias.
Pasa como con el Ulises, o lo lees porque te lo imponen, o porque pareces así más guay, o porque amas con locura la Literatura.
Este libro lo leemos tú y yo, que tan locamente amamos.
Y da igual ser más o menos sabio, más o menos analítico, saber hacer mejor o peor las cosas. El amor se da y se recibe cada cual como sabe, por eso se dice aquello: inventamos el amor.
Es como sentir que eres el primer lector de un libro grande, y aunque -gracias a que- hay guías que te hablan de ese libro, tienes esa sensación: yo he entendido el libro, parece que fuera yo el único.
A ver para cuando os preparo el post: literatura obesa. Pues no hay duda que este libro es obeso, de manera diferente a otros, pues aquí la grasa es entreverada, pero va en su mismidad, en su autenticidad, no hay por qué quitársela, si le quitas la grasa niebla es otra novela y se le quita el mérito.
Es una novela que es una mirada genuina a la Vida y a la Literatura, e imita aquello que de lo que se ríe, por lo tanto es parodia, y al ser su identidad aquello de lo que se mofa por lo tanto es un homenaje y un canto.
Quijotismo.
Lo mejor de toda la obra, sin embargo, es el protagonista, José Bastida: un sabio, el más humilde de todos. Un hombre solo, como aquella obra de Mingote. Uno de los mejores personajes de la Literatura, de los más complejos, que te hacen reír y estremecerte por su fragilidad y humanidad.
Muchos nos sentimos, metafóricamente, por esta vida, como José Bastida, y hemos de aprender de él su riqueza interior, su bondad machadiana, su modestia pese a su gran sabiduría, que parece pedir perdón antes de deslumbrarnos.
Qué pena haber tomado en préstamos le libro de la biblioteca, subrayadito que lo tendría.
Esperaba yo tener un e-chisme donde se pudiera subrayar y anotar, y ya lo tengo. La de trastadas y travesuras que haría un J.B. con uno de estos inventos.

La Gaite y el Torrente


Coda

Seguro que fue don Acisclo, el cura de la novela, el censor de la misma que dijo aquello de:

«De todos los disparates que el lector que suscribe ha leído en este mundo, éste es el peor. Totalmente imposible de entender, la acción pasa en un pueblo imaginario, Castroforte del Baralla, donde hay lampreas, un cuerpo Santo que apareció en el agua, y una serie de locos que dicen muchos disparates. De cuando en cuando, alguna cosa sexual, casi siempre tan disparatada como el resto, y alguna palabrota para seguir la actual corriente literaria.

Este libro no merece ni la denegación ni la aprobación. La denegación no encontraría justificación, y la aprobación sería demasiado honor para tanto cretinismo e insensatez. Se propone se aplique el SILENCIO ADMINISTRATIVO.»

Por cierto, bien satisfecho que ha quedado nuestro sicalíptico Marqués de la Pollalzada con la lectura de este libro.


martes, 20 de marzo de 2012

Narratofagia



Aunque a primer oído no tiene mucho que ver, en su sentido más profundo esta canción recuerda a las primeras páginas de la tercera parte, Scherzo y Fuga, de La Saga/Fuga de JB.
Y ya van para dos meses, no quiero ni contar los días, con interrupciones para otras lecturas, por aquello de la sobrecarga.
Tenemos a José Bastida tumbado en su cama con un pijama nuevo. Páginas reflexivas. Desde niño siempre quiso ser otro. Quiso otra vida, por lo que se reinventó como un Pessoa más al norte e igual de luso.
Hace una semana te escribía yo un post, con la excusa de la película Shame. Muy buen post. Paso de publicarlo. Por ahora. No hacía más que linkear otras páginas, otros textos.
A falta de unas diez frases para el colofón, dí al guardar y guardado queda.
Me tumbo y tomo un libro de relatos. Un libro de ensayo. Sueño con otra vida. Yo soy otros.
Juego de roles: capacidad para metamorfosearse según las circunstancias. Como el maravilloso José Bastida.
Este libro de Gonzalo Torrente Ballester es novela canónica. Los manuales te la presentan con todas sus virtudes.
No es novela que se lea. Nadie la lee, sólo cuatro gatos en el callejón maullando tu cántico, oh, Literatura. Cuatro frkazos.
Nadie lee la canónica Ulises, de Joyce.
Tiempo de silencio se lee porque es obligada en los manuales.
La montaña mágica, El hombre sin atributos, En busca del tiempo perdido ... Una obra magna al año no hace daño. Queda para sentencia. Es mi pena, condenado soy, por atreverme a querer ser otro.
Cien años de Soledad, El Quijote, Shakespeare ... son lecturas canónicas que suelen gustar. Se leen aunque no hayas pasado por el manual de Literatura.
Basta aprobar el COU -opción letras, claro- para enterarse del meollo. Narratológica. Narratofagia.
Podemos considerar la narratofagia como el consumo desconsiderado y desmedido de todo tipo de narraciones.
Quien disfruta de Dan Brawn y de Joyce sin complejos es narratofágico.
Ego sum narratofágico.
Hay narraciones canónicas, otras que no. Hay narraciones que se leen, otras que no.
Y aquí todas sus combinaciones. Con sus tipos.
Hace unos minutos miraba yo la página de Felix. J. Palma. Y se me antoja su trilogía victoriana. Best seller. Cómo me pone.
La montagia máñica, perdón, La montaña mágica. También me pone el pensar que un día será mía.
Necesito tiempo: trabajar cansa. Uno ha de socializar, también, como decía aquella profesora de inglés que se buscaba excusas para no dar sus clases y dedicarse a la ginebra, cual una Patricia Highsmith lesbiánica y gatuna.

Venus Anadyomene, de Théodore Chasseriau
Uno ha de mirar las estrellas: el miércoles anterior jugaba el Madrí, y en el descanso salimos del bar a fumar. Señalé el astro más brillante. Mis amigos, matemáticos, astronómicos, me explicaron a mí, astrofágico: Venus. Y a su izquierda, también tan brillante: Júpiter.
Venus es lo que más nos luce. Mis tan pocas luces.
Mi cabecita loca, como el cielo de Madrí, sucio de contaminación, pero con luces tan brillantes como Venus. Que ni la contaminación logra borrarla.
A Tatyana, muñeca rusa venusina, le pregunté aquel día de Agosto con mi rudimentario y mal inglés, qué le gustaba hacer en su tiempo libre, your hobby, what is your hobby?, Read, y se señaló la palma de la mano como si tuviera un libro. Luego yo me la comí entera. Yo la imagino, cuando recuerdo la seriedad de su sonrisa aristocrática y su cuerpo de diosa griega, lo menos leyendo a Tolstoi, Turgeniev, a cualquier T Tatyana mi rusita. No: mi ucraniana. Where do you came from? Odessa.
Era, además, fría como estatua, mecánica como muñeca. Sin embargo cobró vida cuando me abrazó. Intensidad. Y agradecimiento. Pero el gusto fue mio.
En los ambientes más sórdidos y contaminados, en los cielos en que ya falta la lluvia y el aire, en las cabezas más viciadas, siempre queda una prodigiosa luz.
Hombre de pocas luces, haz que al menos una única luz sirva para iluminar toda una vida. Oh, vocación.
Saber buscar donde sea, moverse en los antros donde la vergüenza está prohibida.
Así igual, en los libros, hay que saber buscar donde mejor se vende la narración contaminada. La joya en la basura.
Pues también hay mucha mierda en el lujo, en la literatura de lujo.
Narratofagia es no discriminar, no hacer donoso escrutinio.
Un día, hace años, leí una entrevista a Alaska, Olvido Gara, en la que decía que uno de sus vicios era la cinefagia, que lo mismo veía un film cutre que uno de calidad.
Algo parecido leí en otra a Jose María García, decía gustarle tanto el fútbol que lo mismo disfrutaba de un Real Madrid -Milán, que de un partido de barrio en cualquier parque.
La pasión puede ser para anchas tragaderas o no, puede ser también selectiva.
Comer de todo, o comer poquito y bien.
Decía Francisco Umbral que un verdadero literato -y así me lo recordaba alguien- ha de estar dispuesto a follar con todo tipo de mujeres.
Claro que Ignacio Echevarría escribía el otro día en su página en El Cultural, que Umbral tenía una  talentosísima aptitud para la bisutería estilística (link), y ahí me jodieron mi Venus. Mi astro más brillante, ¿que no es oro de ley?
Me gusta Echevarría cuando rescata en sus líneas autores y obras olvidados. O casi.
A ver si recomienda algún día la reconocida, pero paradójicamente olvidada, Saga/ Fuga.

Coda

Aprovecho para recomendar, publicitar, lisonjear. Mi amigo el poeta y erudito -tan joven y ya erudito- Rubén Romero, que tanto cuida de que leamos bien las buenas obras, trabaja ahora para la revista Culturamas como redactor jefe para eso de la gran pantalla, firmamento y estrellas.
http://www.culturamas.es/blog/category/cine/
Es un un pequeño paso para un hombre, y un gran paso para una generación: nuestra Degeneración Akabá.
Gracias a tí y a este amigo, Rubén, consumé la lectura del Ulises, y aunque estuve a punto de cargarme a un tío,  uno termina sintiendo añoranza de las tardes de verano en la terraza dale que te pego a esa charada.
Y así seguiremos, remolones, pero al fin y al cabo cumpliendo con los buenos consejos para buenas lecturas.
Sin olvidar que somos narratófagos sin complejos.


Un pasaje del Apocalipsis de San Juan,
 donde el profeta es instado a comer un libro.



sábado, 3 de marzo de 2012

Operación Fausto (I): Fausto de Marlowe, y de Simon Breden





(La biblioteca de nuestro manicomio, siendo modesta es borgiana, más llena de posibilidades que completa. Aquí los libros no se escogen por un bibliotecario erudito y ecléctico, sino que llegan indiscriminadamente, aleatoriamente, sorprendentemente. Una terraza con vistas a nuestro jardín inglés ilumina la estancia.
Languidecíamos.)

Marqués de la Pollalzada: (kafkiano y con resaca) esta mañana hubo simposio de blogueros -reunión de pastores, oveja muerta-. No asistí. Por la noche, fui a un burdel. (link)

Salix Babylonica
(Salix Babylonica, sauce llorón, oh willow, willow, willow, bajo el que una fontana lo riega todo. Linfa. La Ninfa se baña provocadora, que no provocativa, por ver si nuestro poeta, en la cima abuhardillada de nuestro sanatorio -su torre de marfil, su celda de castigo, almohadillada-, mira y responde. Desde nuestro infierno escuchamos sus pisadas, en su cielo. La dulce y brutal condena de mirar el sauce, la fontana, Venus Calipigia.
Languidecíamos)

Príncipe de ArroyoLuche: (mequetrefe y risueño) esta noche tenemos teatro: Fausto de Marlowe, de Simon Breden. Como siempre desde el gallinero, por evitar la tentación cómoda y burguesa del patio de butacas, por la fascinación de la idea del suicidio y caer sobre las dos buenorras sobre las que moriré entre sendas piernas.

La Fontaine: (filólogo y jocoso) no nos cuadra la sintaxis, habrá que ver las piernas de las muchachas por ver si son sendas o senderos.

(¡Oh, musa! Emperatriz deja el baño y se acerca a la terraza. Mira hacia arriba la torre de marfil de nuestro genio, niño enfermizo y telúrico. Nos miramos a ella.
Languidecíamos)

Emperatriz: (diosa y desnuda) hoy es 4 de Marzo, cumpleaños de vuesa majestad, ¡oh, Príncipe! Ya vas por la edad en que las musas se retiran al amor de más tiernas cabezas y lozanos corazones.

Príncipe de ArroyoLuche: (zascandil y autocomplaciente) descuidad, que mientras nuestro poeta no crezca y siga muriendo de amores por vos, seguiremos con nuestros corazones lozanos y nuestras mentes jóvenes. Ved si no cómo Nuestra Erecta Majestad sigue empalmándose con el mismo vigor que un doncel amancebado, o cómo yo mismo sigo cabalgando el reino que un día será mío poniendo orden a todos mis súbditos enloquecidos , o cómo mi lugarteniente, Pasolosdíasvolviendomeloco, pasa los días volviéndose loco.

Pasolosdiasvolviendomeloco: (en penumbra) paso los días buscando en penumbra.

Venus Calipigia
Emperatriz: (Venus, calíope) ¡oh, pequeño Apolo de laureles adobado! La Saga/Fuga de JB, la reseña ya. Proyecto Fausto: reseñas del Fausto de Marlowe, del Fausto de Goethe, acaban de estrenar una película esperpéntica con el mítico y arquetípico personaje: reseña, reseña del de Mann, de todo lo que tenga un Mefisto entre las líneas, que no es poco, ya que toda biblioteca en cada libro tienen una proposición para condenar al más santito.

Pasolosdíasvolviendomeloco: (en el quicio de la ventana de la terraza, desquiciado) ser el lacayo me tiene sometido a una hiperactividad desmesurada, entre las juergas del príncipe y los lances amorosos del marqués no tengo tiempo, no oigo más que la musical voz de nuestro poeta musitando versos y muy bien quisiera yo pasarme las horas en su torre de marfil como su secretario mirándote a tí, buenorra, y transcribiendo sus versos como besos, pero de las orejas me coge el marqués y las jóvenes están muy ricas y no son demasiado caras y el príncipe y su dionisiaca labor para el mundo está más atenta al vino que al mundo y no hace mucho descubrió leyendo ensayos que el vino hace que los dioses se nos metan dentro, y así está él, endiosado de tantos dioses llamados Ribera, Rioja, Cariñena que ni el olimpo más ancho puede albergarlos y claro que la oscuridad de tanta hipocondria que les entra a todos con días de desazón y resaca pues no sé yo si voy a poder terminar todo el trabajo acumulado porque Nos nos comportamos como ciudadanos ejemplares y tenemos nuestro trabajo social y oficial y nos informamos de las modas y tendencias leyendo a los blogueros de moda que han hecho hoy una conferencia, gente erudita y sabia en lo suyo, y las páginas culturales de los periódicos de moda, que yo mira que tentado estoy de dejarlo todo y dedicarme a la lectura amena y fecunda y proteica de La Saga/Fuga que demediada la tenemos y cerrar la bitácora hasta poder hablar en serio y sin risa de los temas que compitan y de tanto hablar y tanta hiperactividad resulta que estamos aquí sentados, fumando, frente a Queritadora Amigátil, bebiendo cerveza y escribiendo la primera reseña del Proyecto Fausto, pues esta tarde estuvimos algunos amigos viendo la moderna representación que se hizo en los teatros del canal y lo pasamos muy bien en el gallinero el marqués no dejaba de mirarle las piernas a las burguesas de abajo y la acomodadora que le mostró el escote le regaló una taquicardia mientras que nuestro príncipe se impresionaba sobremanera con los endecasílabos y las interpretaciones y los numeritos musicales de Lujuria, Pereza, Ira, y demás capitales pecadillos y luego el gran logro de la representación que fue el de hacer que Mefistóteles fuese interpretado por varios actores y actrices para regocijo de la personalidad múltiple y posmoderna de nuestro príncipe y es que es el mal posmoderno de este personaje tan arquetípico y tentador que todo te lo ofrece con todas sus variantes y así como terminó aplaudimos con honestidad y agradecimiento, menos el que nunca aplaude, que dijo aquello de que había programas en la tele que le aburrían aún más mientras que el que organizó el evento, junto con su señora aplaudían a rabiar y rabiaba yo también porque mi amiga no pudo asistir pero merendamos bien a gusto vinos y quesos y dulces y montaditos y me regalaron un libro mefistotélico El Diccionario del Diablo de Ambroise Bierce que estuve leyendo luego en el autobús con el buen sabor dejado por la obra y si quieres una reseña en condiciones te vas a verla tú y te la comentas, que a mí no me pagan por reseñar, si no por soñar y resoplar me aplauden, las citas en latín que en el texto del libro de Cátedra están traducidas con sus anotaciones a pie de página no están traducidas en la obra representada, así pues el autor declamaba en endecasílabos que daba gusto y en latín paladino y no voy yo a reseñar ahora lo que tanto se han currado, vamos, creo yo que sería una falta de respeto, y ya está bien por hoy, y hasta la próxima. Y ahora quiero mi regalo de cumpleaños. Que si cuando yo nací sonaba en la radio aquella bella canción que habla de pájaros de nieve y nombres cerrados en el puño lo que me hizo ser un romántico empedernido (link), cántame ahora una canción magnética, aquí en mi cama, una del sauce bajo el que te bañas para inspirarme, como si fuera un sortilegio, ¡oh, musa, oh, hechicera!.

(Entra Emperatriz. Canta.
Languidecíamos.
Pero yo no.
Yo me volvía loco.)