miércoles, 16 de mayo de 2012

Simbolismo (XIV). Espejismos.



Pero es que, como dice esta canción, nada puede llevarse esta tristeza, nada es comparable a tí.
El carro del buhonero se lleva algo que arrojé algún día, sin saber yo que pronto, enseguida, iba a necesitarlo.
-Alguien silba en un anuncio publicitario, y quien conmigo vive pregunta si quien silba soy yo, yo, que nunca quise venderle nada a nadie, yo, que tan sólo compré, compré capitales de ilusión, por ver si me completaba-.
Algún día te mostraré, sin tú saber que soy yo quien te lo muestra, qué es una página completa: o vacía, completa de vacuidad, vacía de plenitud.
Pasaba esta tarde por un territorio de posguerra y me preguntaba si no será necesaria otra guerra para volver a estimar en su justo valor lo que se tiene, lo que se anhela, lo que se piensa, la propia creencia con un endecasílabo que redecore la vida, como el Ikea.
Esta tarde hemos leído algo y bien, que es mejor que leer mucho y mal. Hemos leído que los libros arden para proteger la sabiduría del hombre, y hemos aprendido que lo actual, en los últimos siglos, necesita de narratiblilidad. Y lo que no es así será pureza, será vanguardia, será para la élite y para cuatro acabaos que lo comprendan.
Es necesaria la trama, y yo busco en los periódicos el culebrón de todos los días, tan ajeno como si fuese de telenovela.
El Sábado a la noche, muy de noche, poco antes del amanecer, me pasé por donde la revolución española, esa válvula de escape de nuestra juventud deseosa de escarmientos y batallas, tan proscrita de madurez; tan clamor, fragor, candor, sudor de hembra adolescente.
No había nadie.
Casi lloré.
Todo saldrá en televisión: todo es mediático.
Menos tu odio hacia mí, menos ese cariño tuyo, tan estacional, casi metódico.
Ha muerto Carlos Fuentes, y el Boom continuará, como hasta ahora, en los manuales de literatura y no más.
Por mucho que quieran los críticos buscar lo excelso la gente leerá otra cosa. Y la historia dictará otra.
En dos siglos, los de ahora, no sabemos quien pasará el donoso escrutinio, qué modas sacarán el nombre de hoy que es flor de un día.
A mí me gusta que me quieras, tu cariño flor de un día, rodeado de algo de desprecio y resentimiento y hasta de odio. De higos a brevas, de pascuas a ramos, los meses con r no me quieres, y los sin r me amas hasta la flor del hueso, aquella de la primavera del tuétano, aquella tan interior, tan de tu alma sabia, que es la que me quiere a mí, porque sólo una mujer sabia puede enamorarse de la imbeciblilidad de un hombre tan quieto que no para, como si hiciera algo, sin hacer nada, como si fuera bueno, siendo mediocre, como si fuese estrella siendo tan sólo un meteorito iluminado por otras voces y otros ámbitos.
La curiosidad lleva también al amor, pero cuando se ve una región que es un páramo de angustia, llega las frustración y el resentimiento. Yo lo comprendo.
Hay desiertos tan llenos de espejismos que parecen vergeles.
Pero no llueve.
Gobierne quien gobierne, es que no llueve.
Se me llevan no ya todos los demonios que tentaron al de Nazaret en el desierto, si no los espejismos de las tentaciones.
Se nos llevan todos los espejismos, que son un simulacro de realidad.
A los jóvenes de hoy, tan Quince de Mayo y tan braga brasileña y tan android, se nos llevan.
Palabras somos que se lleva el viento, espejismos de un mar y de una tormenta que nos arrebatara y nos permitiera destrozar el mundo, para recrearlo esta vez sí, esta vez puro y edénico, esta vez con el reinicio del sistema, esta vez con la inocente vocación de un niño abanderado en su juego flor de un día.
Un espejismo es un instante.
Luego se acaba.
Luego se apaga la luz, y a dormir, que mañana es día laborable. O a morir, cuando lo laborable es otro espejismo más.
No, yo para tí no fui un espejismo, lo sé. Yo para tí fui lo que soy, pero me visitaste en Domingo con el traje de fiesta. A diario soy uno más que juega y pierde cada día, con la ilusión de que mañana será día de suerte.
Y siempre que me quieras y te atrevas a volver a verme tendré las galas de Domingo, pero no me pidas que sea excelso día a día, no tengo medios para llenarte el corazón de espejismos para luego defraudarte.
Soy un mediocre.
Menos en Domingo, cuando tú me das un sí que es un vergel y una tormenta.
¿No es La invención de Morel, de Bioy Casares, una metáfora del hoy, donde se proyecta una película donde no la hay, donde sólo hay ambiente? Genialidad de la novela del espejismo, que ha sabido ver nuestro cariño, repitiéndonos una y otra vez ese Domingo que es la tarde de cualquier día de besos y caricias y promesas.
Sí, no me condenes por no ser siempre yo una tarde de besos de caricias, un Domingo, o un vergel. Yo soy, normalmente, un desierto más que a veces regala un espejismo.
Hace dos días o tres soñaba contigo, tú eras una gata de mandíbula furiosa que indignada por no sé yo qué motivos me reñía. Me mostrabas unos dientes afilados.
Si tienes sed no me culpes, si quieres lo verde, no me culpes, si quieres un mar, la lluvia, la vendimia, no soy yo quien lo traerá. Tan sólo esperaré contigo las galas del Domingo. Más no puedo.
Una fábula es un espejismo literario. Correcto.
Una ficción es un espejismo literario. Correcto.
Un ideal es un espejismo en cualquier ámbito. Correcto.
Yo soy de carne y hueso e incorrecto.
No soy un ideal, aunque lo busque y añore.
El caminante no es el camino: los son sus pasos, y por tanto los pasos que no da, no son camino. Acaso una ilusión, un espejismo.
Y hay niebla alrededor, y a veces ni hay camino.
Que la luna nos haga su claro, no es más que un espejismo del sol que a ella alumbra.
Porque es de noche. Aunque es de noche.
Claro de luna, por Debussy/Disney






El caminante sobre el mar de niebla
de Caspar David Friedrich

viernes, 27 de abril de 2012

Operación Fausto (II): de Goethe y de Sokurov

Johann Wolfgang von Goethe, retratado
 por Johann Heinrich Wilhelm Tischbein

¿Qué simboliza la pintura que vemos más arriba? El paso del Clasicismo -la toga blanca- al romanticismo -la vestimenta y el sombrero-.
Podemos considerar que Goethe es un escritor entre dos épocas, uno de esos seres necesarios para una evolución, que supera un movimiento desfasado y ayuda a que la frescura de uno nuevo llene la estancia viciada.
Goethe es sobre todo conocido por aquella enfermedad llamada Romanticismo, que como la gastroenteritis vírica que me acosó a mí la semana pasada, duró sólo tres días. Sí, el Romanticismo, al igual que la Primavera y el Amor, es más enfermedad que otra cosa. Pero todo es estacional, tres estornudos y ya pasó todo. Luego vendría el Realismo a curar al enfermo.
Nosotros, felizmente, languidecemos. No hemos superado aún esta manía de ir suicidándonos como werthers contemporáneos. Por lo tanto, somos románticos. Romanticones más bien.
Toda esta moda vampírica y conspiranoica es una secuela romántica.
El enfermo no curó del todo, vino para quedarse porque la humanidad quiso llenarse de pulsiones varias, porque el Romanticismo entretiene, teniendo como tiene, paradójicamente, el vicio de la pereza, la pena de la princesita triste y desencantada, la mirada desengañada y altiva del lobo estepario.
Estamos viviendo un siglo posmoderno, donde el Romanticismo juega su rol con las máscaras de twitteros indignados y adolescentes que quisieran ser mordidas par algún drácula buenorro. La esquizofrenia posmoderna es así, quiere esa pasión romántica de romper límites, y quiere la estabilidad de una sociedad ilustrada y equilibrada.
¿No gritábamos los indignados del año anterior por una continuidad y salvación del bienestar conseguido? A diferencia de la del 68, que perseguía un cambio radical.
Hacen de nosotros lo que quieren porque tampoco nosotros sabemos lo que queremos. Siempre recordaré aquella mañana de Sábado en Sol, cuando los acampados. Uno de los que manejaba el cotarro pedía por un altavoz que necesitaban comida, y un poco de chocolate paladín, y leche, que quería hacerse un chocolate. Como en un chiste de Gila.

El Fausto de Goethe

Fausto. - (...) ¿Quién eres?
Mefistóteles. - Una pequeña porción de ese elemento que, andando de continuo en busca del mal, sólo sabe hacer el bien.
La tradición de Goethe es continental e idealista.
La tradición de Marlowe, al que dedicamos la primera parte de esta Operación Fausto, es británica. Ingleses y alemanes siempre han tenido sus más y sus menos, yo no sé con quien quedarme, las dos culturas me gustan, a las dos admiro. Aunque dicen que yo parezco más inglés que alemán, -por mi espíritu enamorado de pastor anglicano caminando bajo la lluvia por la campiña inglesa para ir a tomar el té donde mi enamorada, que me toca el piano y me canta cantatas-, lo alemán, con su filosofía y su música, me crea gran fascinación. Literariamente prefiero a los ingleses, musical y filosóficamente, a los alemanes.
El personaje de Fausto en Goethe es muy distinto.
Podemos considerar más canalla y vital al de Marlowe. El de Goethe es el prototipo de la psique romántica pura, un tipo que se aburre porque se cree que todo lo sabe, y vende el alma al diablo por motivarse y encontrar un sentido a su abulia.
Es, lo es, un sabio. Y ha descubierto que todo es una mentira, su oficio sagrado, el de médico, sobre todo. Busca en la naturaleza la alegría de vivir, se desespera entre la gente queriendo contagiarse de su alegría. Mefistóteles aquí es más tacaño, y se hace de rogar más. En Marlowe este diablo le complacía a Fausto en todo: Fausto quería probarlo todo. Fausto en Goethe quiere que algo de lo que pruebe le llene.
Es más creible el diablo de Marlowe, lleno de tentaciones. El de Goethe, como el de Sokurov, es mezquino y charlatán también, pero se hace de rogar demasiado.

Sin embargo la obra de Goethe es más hermosa y profunda, más humana también, más redentora y de estampas más sugerentes.
Ahora, para descansar brevemente, vamos a guasearnos un rato de la obra:
El Fausto de Goethe puede tener, sacada de contexto y a los ojos de hoy, una lectura peculiar: un señor de mediana edad se enamora de una quinceañera y se la beneficia.
Pederastia.
Es una obrita de amor muy bonita.
Algo así leímos hace no mucho de la pluma de Gabriel García Márquez. Esta también era una novelita de amor muy bonita.
Últimamente sólo leo cosas que me escandalizan sobremaneramente. Valga el adverbio.
(Dicen que los adverbios son un vicio a evitar para la buena literatura.)
Margarita, la niña, es un personaje que no sale en Marlowe, ya que este primer Fausto es más sátiro y vividor que enamorado. Margarita aparece para encandilar a un Fausto sin alicientes, por lo que Fausto se dedica a ella por completo, a ella y a los milagros de la naturaleza. Después de hacerle el amor a Margarita, se va al bosque a encandilarse con los misterios de la madre tierra.
Así que vemos a un Fausto muy poco pecador, un Fausto bueno, un Fausto bonancible y digno del perdón.
Le sale a Goethe una obra hermosa, pero no es muy creíble. Sí lo es su profundidad psicológica, lo son sus sentencias -subrayadito que lo tengo-, sus ocurrencias, hasta su fantasía de brujas despelotadas danzando en la noche de Walpurgis -que por cierto es pasado mañana-. Pero toda falta es perdonable si el acabado es bueno.


Fausto. - Ya lo he dicho; no trato de buscar la felicidad. ¡Quiero el vértigo que ciega, los placeres que dañan, el amor que participa del odio, el pesar que deleita! Mi corazón, curado de la fiebre del saber, debe saborear toda clase de dolores; quiero sentir todo cuanto los demás hombres han sentido; quiero experimentar, como ellos, lo que tiene de sublime el gozo y el dolor; acumular en mi seno el bien y el mal; y, por último, acabar mi existencia del mismo modo que ellos la acaban.

El Fausto de Sokurov

Hacía tiempo que no veía una obra maestra tan redonda. Más de dos horas de película sin resuello, maravillado. Entre lo grotesco y lo sublime, entre lo feista y lo bello. El Fausto de Sokurov es una joya que pasó casi desapercibida en cartel, y algunos de los espectadores que estaban a mi alrededor le daban más al móvil que a la pantalla. La gente paga un dinero precioso por aburrirse. Yo no, si de mí depende.



Es una película que quisiera revisionar algún día, por su riqueza de matices, por la magia de tantas  de sus secuencias, por las magistrales interpretaciones. Una mirada de Mefistóteles aquí lo dice todo. Un gesto de Margarita, también. No sólo en primer plano, cuando dos personajes conversan, alrededor también pasan cosas dignas de verse. Este Sokurov desborda imaginación al igual que Goethe en esta obra desborda fantasía y sabiduría.
Una ambientación del siglo soberbia, sugerente, un buen estudio de los usos y costumbres de entonces.
Dicen que es adaptación del Fausto de Goethe, pero no se nota.
Algo hay en su esencia y su sentido, sí. Es muy libre Sokurov en su versión, lo cuenta de otra manera.
Aquí lo que mueve a no es sólo Fausto no es el hastío y la nausea de Goethe, buen precedente del existencialismo. Aquí le mueve también el hambre. Hay mucho hambre en esta versión cinematográfica.
Mefistóteles es el gran logro, un diablo con todos los signos de serlo. No es atractivo como en Marlowe/Gothe. Es repelente, más mezquino aún, y aún más se hace de rogar que en Goethe.
Aquí la economía de los deseos sufre más aún de escasez. Sólo se pide una noche con Margarita.
Hay que advertir que el Fausto de Goethe no es casto. Su amor es carnal, quiere poseer a Margarita por completo. No se parece al sátiro retratado por Marlowe, pero es claramente sexual, lo mismo que su deseo.
Casi podemos decir que el Fausto de Sokurov sí es más casto, pues casi se limita a la contemplación de la amada. Del sexo de la amada. Hay una escena memorable, cuando él contempla a su amada dormida, y los diablos grotescos van en su busca: la manera que tienen de mirar a Margarita ellos. Como si nunca en su vida hubieran visto algo bello y de pronto se encontraran frente a ella, La Belleza. Algo como una nostalgia del bien, o como una pena por su inaccesiblilidad.
Luego está la lucha de Mefistóteles y Fausto en un páramo, en un desierto, o en un mar tan extraño como lo es la película.
Y su final abierto, un logro que despierta preguntas, que inicia una segunda parte en la mente del espectador.
Últimamente he visto películas cojonudas, Shame, por ejemplo, o Alp. Pero este Fausto se lleva mi aplauso principal, me quito el sombrero del romanticismo -el mismo que lleva Goethe en su retrato- por unos instantes y me inclino y saludo.

Coda

Hay un Fausto que ví hace años, impactante, una película de la Fura dels Baus, Fausto 5.0. También de calidad suprema y tampoco apta para todos los paladares.
Sin embargo, en la tercera parte de esta Operación Fauto que me traigo entre manos, será El Maestro y Margarita, de Bulgakov, el libro que estuidaremos y gozaremos.
Entonces veremos a Margarita cabalgar desnuda por los aires.



Por cierto, esta mismita canción de los Rolling Stones está basada en este Fausto de Bulgakov:




sábado, 21 de abril de 2012

Microrrelatos para el día del libro (II)




Figura solitaria en el Café Gijón. McCartney
 Cuando cerraba la tienda, el viejo librero solía pasarse a tomar un vino al café donde yo escribía por las tardes. Sabía contar con gracia los centenares de anécdotas de sus clientes. Pero un día, triste, me contó lo de la muchacha que entró alterada a la penumbra de la librería. Anochecía, y mi amigo aún no había encendido las luces. Llorosa y y con hipo, pidió al librero algo para curar el libro enfermo que acunaba entre sus brazos: "Sus palabras me queman las manos por la fiebre, cada capítulo es un lamento de dolor, se me muere, señor, usted me lo vendió y me lo vendió enfermo, se ha hecho mi mejor amigo y no quiero que me lo cambie por otro, no quiero que se muera aquí solo y abandonado. Cada vez que lo leo me llega su angustia, su soledad y su miedo."  El viejo cogió el libro y lo abrió, pasando las páginas desconcertado. Sólo se le ocurrió decir: " Ya está escrito, no hay vuelta de hoja". La niña salió llorando. La librería ya estaba a obscuras. "¿Qué libro era?"  -Pregunté sobrecogido. Me contestó con desprecio: "Aquel que escribiste tú, maldito genio".

viernes, 20 de abril de 2012

Microrrelatos para el día del libro (I)



En toda guerra el tirano quema las bibliotecas, mas siempre hay un héroe capaz de salvar un libro. Osado y sediento, quise salvar al menos La Odisea de entre las llamas del holocausto, pero cuando llegué, Penélope ya se había ocupado de desperdigar las páginas del libro.
Libro que en la paz volverá a hilvanar para que su relato no sea olvidado.

Penélope, por William-Adolphe Bouguereau

miércoles, 4 de abril de 2012

La saga/fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester.


De mayor quiero ser como don Gonzalo

Perdonad el retraso, pero me he comprado un e-chisme y mi curiosidad me ha llevado a gastar parte de mi precioso tiempo en ver todas y cada una de sus utilidades. Luego, buscando una funda barata, y no encontrándola, he pasado la tarde haciéndome una artesana, que no me ha costado más de un euro. Me ha quedado cutreperfecta: te compras una minicarpeta en el chino, la forras con cartulina color café au lait, usas la goma como sostén interior del e-chisme, y ya está. Tijeras para papel y pegamento imedio. He vuelto a los tiempos escolares. Menudos colocones aquellos, esnifando pegamento. Cuando dicen que hay que volver a los orígenes, supongo que se referirán a estas edénicas artes.
He tendio mi pequeña peripecia para comprar la funda, infructuosa búsqueda. Sobre todo cuando en el corteinglés, preguntando si tenían fundas para libros electrónicos, y preguntándome a la vez el pulcro señor que para qué libro, y respondiéndole yo que para el kindle, me ha echado de la tienda de muy malas maneras:" no, aquí no tenemos de eso". Haced la prueba, id por ejemplo a la librería de dicho comercio de Preciados con una bolsa de la Fnac, ya veréis si os reciben con arrogante desprecio.
¿Abandonaremos el papel por el e-chisme? Ni mucho menos. Pero eso de tener en una pequeña tableta tanto libro metido satisface en parte un sueño desde la infancia: el libro total, la nutrida biblioteca. No, hasta que no tenga espacio en condiciones y dinero para ello, no podré saciar el deseo de esas paredes forradas de sabios y doctos tomos.
Y ahora comencemos con un scherzo, como tan bien imita don Gonzalo con su prosa:



Como siempre, depende del Destino, que nosotros llamamos cálculo de probabilidades, un factor de incertidumbre que introduce en la armonía de la matemática la perplejidad del drama.

(La saga/fuga de J.B. Gonzalo Torrente Ballester)
La saga/Fuga de J.B. es uno de esos libros totales imprescindibles. Claro que uno puede seguir viviendo sin haberlo leído, se puede vivir también, tan ricamente, no habiendo leído un solo libro. Sin embargo libros como así te enriquecen y humanizan de tal manera que sigues queriendo más buena literatura, reconciliado con la vida a través de ella.

Pese a su dificultad y confusión, pero, ¿quién dijo que la vida era un día de sol en primavera? La vida es niebla y confusión de hitorias y las dificultades impiden ver con claridad. Pero por lo poco que entendemos y vemos, creemos.
Ya he hablado aquí de aquel sueño epifánico en que Sto Julio Cortázar se me apareció para proclamarme la salvación a través de la Literatura. La Saga/Fuga, todo un vía crucis, es un ejemplo.
Ya existió un lector ileso, y existen un lector malherido y un lector iracundo. Lectores hay tanto como temperamentos lectores, cada cual el suyo. Yo podría quitar mi cartel de libro con anillo matrimonial sobre las páginas de Crimen y Castigo, y ponerme el sobrenombre de Lector Sadomaso.
Qué orgasmos, los que me provocaba el Ulises -de Joyce- atizándome disciplina inglesa y clavándome su afilado tacón narrativo. Luego intercambiábamos papeles y el libro era mi putita, a la que desnudaba sin piedad para abrir sus orificios páginas y meterle mi incisivo instrumental de cirujano. Jugar a los médicos con los libros. Pero a lo gore.
Así con el tormento se da un primer paso para el misticismo, la iluminación, el nirvana, que es a lo que aspira todo poeta, y José Bastida y yo lo somos.
La T es la letra de esta nuestra relación: tortuosa, tórrida, tormentosa y torrencial.
Podría decir aquí lo que diría cualquier reseñista amante de los libros, pero mi Saga/Fuga de J.B. no se merece esto.
Es muy buena la introducción a cargo de Carmen Becerra y J. Gil González. Ayuda a entender.
Yo intentaré animaros a que os acerquéis a la F.
Fábula y Fantasía para funambulistas.
Es complicado dejar aquí todas las impresiones, todo lo que quisiera decir, todas las especulaciones en torno a la obra.
Sólo os puede apartar de su lectura su dificultad sin asideros con el engaño de una prosaclara, inteligible. Difícil más que cualquier otro libro, más que el propio Ulises, que tenía una estructura acorde a sus diversas proposiciones narrativas, a cada capítulo un juego, a cada contenido un continente.
Aquí en La Saga/Fuga, sin embargo, la estructura es la niebla donde todo se confunde. Lo que es complicado aquí no es ni su lenguaje ni su forma, si no su texto niebla, su caótico delirio, que asemeja a uno de esos duermevelas. Y así sucede, pues lo que sucede en la última parte, Scherzo y Fuga, es la ensoñación del duermevela de José Bastida, que espera a Julia, que goza con Julia, que se fuga con Julia, cuando simultáneamente la pura alucinación de todos los jotabés habidos y por haber de la historia esperan, aman, y se fugan.

Don Gonzalo entre la niebla del
tabaco
Llega un momento, como el caminante a través del bosque en la niebla, en que nos preguntamos si no andaremos perdidos. Quien ya ha pasado por esta experiencia lectora os da este consejo: no pares, sigue, olvídate de la niebla, no quieras reconocer cada árbol, cada sendero, déjate maravillar por lo poco que se puede ver, que ya es mucho, deleitate por cada pequeña historia encadenada a otra.
Son cientos de historias y personajes que se entrelazan y separan, intercambiándose los roles y hasta el alma.
Es una novela que cree en la transmigración de las almas. Juego de máscaras. Platonismo. Matemática: probabilidad y combinatoria.
El J.B. que pensabas no era el que creías, pero sí. Así con otros personajes que van cambiando de nombre, o no, pero sí. Lilaila, Coralina ... El cura que volviéndose ateo y aún así sigue ejerciendo de inquisidor y con sonoros nombres va repitiendo la misma historia a lo largo del tiempo, reencarnación tras reencarnación.
Es una novela homenaje a la vez que paródica, por lo tanto quijotesca. Quijotesca también por su humanismo y su riqueza de historias y caracteres.
Reúne las vanguardias en sí, con esos juegos.
También es hija de su época, la época del realismo mágico, a quien también parodia, como un homenaje.
Es como Cien años de soledad, pero a la gallega.
Tiene algo también de relato borgiano.
Y de Cela, y de Fernández Flórez, paisanos.



Todo lo de la época, con sus estructuralismos y existencialismos, todas aquellas filosofías clarividentes.
Es, también, espiritual. Cree en la magia y en el misticismo.
No cree en nada para creerlo todo.
Recuerdo aquel prólogo de don Gonzalo Torrente Ballester para el Gargoris y Habidis, una hisoria mágica de España, de Sánchez Dragó. Tal para cual. La lectura hace diez años de este descomunal ensayo me ha ayudado hoy a comprender esta novela, que precede al ensayo.
Estudios de mitología comparada, La Rama dorada de Frazer, ¿o es que acaso hay algo nuevo bajo el sol? Sólo hay novedad en la combinatoria.
Está también Nietzchse, claro, con el eterno retorno.
Y está Alicia, con su lógica, esa lógica de preguntas y respuestas.
Merece su lectura atención y tranquilidad, pero estos tiempos posmodernos, viciados, de ruido e interferencias, no pueden, no saben leer una obra que es una crítica a este ruido, a estas interferencias.
Pasa como con el Ulises, o lo lees porque te lo imponen, o porque pareces así más guay, o porque amas con locura la Literatura.
Este libro lo leemos tú y yo, que tan locamente amamos.
Y da igual ser más o menos sabio, más o menos analítico, saber hacer mejor o peor las cosas. El amor se da y se recibe cada cual como sabe, por eso se dice aquello: inventamos el amor.
Es como sentir que eres el primer lector de un libro grande, y aunque -gracias a que- hay guías que te hablan de ese libro, tienes esa sensación: yo he entendido el libro, parece que fuera yo el único.
A ver para cuando os preparo el post: literatura obesa. Pues no hay duda que este libro es obeso, de manera diferente a otros, pues aquí la grasa es entreverada, pero va en su mismidad, en su autenticidad, no hay por qué quitársela, si le quitas la grasa niebla es otra novela y se le quita el mérito.
Es una novela que es una mirada genuina a la Vida y a la Literatura, e imita aquello que de lo que se ríe, por lo tanto es parodia, y al ser su identidad aquello de lo que se mofa por lo tanto es un homenaje y un canto.
Quijotismo.
Lo mejor de toda la obra, sin embargo, es el protagonista, José Bastida: un sabio, el más humilde de todos. Un hombre solo, como aquella obra de Mingote. Uno de los mejores personajes de la Literatura, de los más complejos, que te hacen reír y estremecerte por su fragilidad y humanidad.
Muchos nos sentimos, metafóricamente, por esta vida, como José Bastida, y hemos de aprender de él su riqueza interior, su bondad machadiana, su modestia pese a su gran sabiduría, que parece pedir perdón antes de deslumbrarnos.
Qué pena haber tomado en préstamos le libro de la biblioteca, subrayadito que lo tendría.
Esperaba yo tener un e-chisme donde se pudiera subrayar y anotar, y ya lo tengo. La de trastadas y travesuras que haría un J.B. con uno de estos inventos.

La Gaite y el Torrente


Coda

Seguro que fue don Acisclo, el cura de la novela, el censor de la misma que dijo aquello de:

«De todos los disparates que el lector que suscribe ha leído en este mundo, éste es el peor. Totalmente imposible de entender, la acción pasa en un pueblo imaginario, Castroforte del Baralla, donde hay lampreas, un cuerpo Santo que apareció en el agua, y una serie de locos que dicen muchos disparates. De cuando en cuando, alguna cosa sexual, casi siempre tan disparatada como el resto, y alguna palabrota para seguir la actual corriente literaria.

Este libro no merece ni la denegación ni la aprobación. La denegación no encontraría justificación, y la aprobación sería demasiado honor para tanto cretinismo e insensatez. Se propone se aplique el SILENCIO ADMINISTRATIVO.»

Por cierto, bien satisfecho que ha quedado nuestro sicalíptico Marqués de la Pollalzada con la lectura de este libro.


martes, 20 de marzo de 2012

Narratofagia



Aunque a primer oído no tiene mucho que ver, en su sentido más profundo esta canción recuerda a las primeras páginas de la tercera parte, Scherzo y Fuga, de La Saga/Fuga de JB.
Y ya van para dos meses, no quiero ni contar los días, con interrupciones para otras lecturas, por aquello de la sobrecarga.
Tenemos a José Bastida tumbado en su cama con un pijama nuevo. Páginas reflexivas. Desde niño siempre quiso ser otro. Quiso otra vida, por lo que se reinventó como un Pessoa más al norte e igual de luso.
Hace una semana te escribía yo un post, con la excusa de la película Shame. Muy buen post. Paso de publicarlo. Por ahora. No hacía más que linkear otras páginas, otros textos.
A falta de unas diez frases para el colofón, dí al guardar y guardado queda.
Me tumbo y tomo un libro de relatos. Un libro de ensayo. Sueño con otra vida. Yo soy otros.
Juego de roles: capacidad para metamorfosearse según las circunstancias. Como el maravilloso José Bastida.
Este libro de Gonzalo Torrente Ballester es novela canónica. Los manuales te la presentan con todas sus virtudes.
No es novela que se lea. Nadie la lee, sólo cuatro gatos en el callejón maullando tu cántico, oh, Literatura. Cuatro frkazos.
Nadie lee la canónica Ulises, de Joyce.
Tiempo de silencio se lee porque es obligada en los manuales.
La montaña mágica, El hombre sin atributos, En busca del tiempo perdido ... Una obra magna al año no hace daño. Queda para sentencia. Es mi pena, condenado soy, por atreverme a querer ser otro.
Cien años de Soledad, El Quijote, Shakespeare ... son lecturas canónicas que suelen gustar. Se leen aunque no hayas pasado por el manual de Literatura.
Basta aprobar el COU -opción letras, claro- para enterarse del meollo. Narratológica. Narratofagia.
Podemos considerar la narratofagia como el consumo desconsiderado y desmedido de todo tipo de narraciones.
Quien disfruta de Dan Brawn y de Joyce sin complejos es narratofágico.
Ego sum narratofágico.
Hay narraciones canónicas, otras que no. Hay narraciones que se leen, otras que no.
Y aquí todas sus combinaciones. Con sus tipos.
Hace unos minutos miraba yo la página de Felix. J. Palma. Y se me antoja su trilogía victoriana. Best seller. Cómo me pone.
La montagia máñica, perdón, La montaña mágica. También me pone el pensar que un día será mía.
Necesito tiempo: trabajar cansa. Uno ha de socializar, también, como decía aquella profesora de inglés que se buscaba excusas para no dar sus clases y dedicarse a la ginebra, cual una Patricia Highsmith lesbiánica y gatuna.

Venus Anadyomene, de Théodore Chasseriau
Uno ha de mirar las estrellas: el miércoles anterior jugaba el Madrí, y en el descanso salimos del bar a fumar. Señalé el astro más brillante. Mis amigos, matemáticos, astronómicos, me explicaron a mí, astrofágico: Venus. Y a su izquierda, también tan brillante: Júpiter.
Venus es lo que más nos luce. Mis tan pocas luces.
Mi cabecita loca, como el cielo de Madrí, sucio de contaminación, pero con luces tan brillantes como Venus. Que ni la contaminación logra borrarla.
A Tatyana, muñeca rusa venusina, le pregunté aquel día de Agosto con mi rudimentario y mal inglés, qué le gustaba hacer en su tiempo libre, your hobby, what is your hobby?, Read, y se señaló la palma de la mano como si tuviera un libro. Luego yo me la comí entera. Yo la imagino, cuando recuerdo la seriedad de su sonrisa aristocrática y su cuerpo de diosa griega, lo menos leyendo a Tolstoi, Turgeniev, a cualquier T Tatyana mi rusita. No: mi ucraniana. Where do you came from? Odessa.
Era, además, fría como estatua, mecánica como muñeca. Sin embargo cobró vida cuando me abrazó. Intensidad. Y agradecimiento. Pero el gusto fue mio.
En los ambientes más sórdidos y contaminados, en los cielos en que ya falta la lluvia y el aire, en las cabezas más viciadas, siempre queda una prodigiosa luz.
Hombre de pocas luces, haz que al menos una única luz sirva para iluminar toda una vida. Oh, vocación.
Saber buscar donde sea, moverse en los antros donde la vergüenza está prohibida.
Así igual, en los libros, hay que saber buscar donde mejor se vende la narración contaminada. La joya en la basura.
Pues también hay mucha mierda en el lujo, en la literatura de lujo.
Narratofagia es no discriminar, no hacer donoso escrutinio.
Un día, hace años, leí una entrevista a Alaska, Olvido Gara, en la que decía que uno de sus vicios era la cinefagia, que lo mismo veía un film cutre que uno de calidad.
Algo parecido leí en otra a Jose María García, decía gustarle tanto el fútbol que lo mismo disfrutaba de un Real Madrid -Milán, que de un partido de barrio en cualquier parque.
La pasión puede ser para anchas tragaderas o no, puede ser también selectiva.
Comer de todo, o comer poquito y bien.
Decía Francisco Umbral que un verdadero literato -y así me lo recordaba alguien- ha de estar dispuesto a follar con todo tipo de mujeres.
Claro que Ignacio Echevarría escribía el otro día en su página en El Cultural, que Umbral tenía una  talentosísima aptitud para la bisutería estilística (link), y ahí me jodieron mi Venus. Mi astro más brillante, ¿que no es oro de ley?
Me gusta Echevarría cuando rescata en sus líneas autores y obras olvidados. O casi.
A ver si recomienda algún día la reconocida, pero paradójicamente olvidada, Saga/ Fuga.

Coda

Aprovecho para recomendar, publicitar, lisonjear. Mi amigo el poeta y erudito -tan joven y ya erudito- Rubén Romero, que tanto cuida de que leamos bien las buenas obras, trabaja ahora para la revista Culturamas como redactor jefe para eso de la gran pantalla, firmamento y estrellas.
http://www.culturamas.es/blog/category/cine/
Es un un pequeño paso para un hombre, y un gran paso para una generación: nuestra Degeneración Akabá.
Gracias a tí y a este amigo, Rubén, consumé la lectura del Ulises, y aunque estuve a punto de cargarme a un tío,  uno termina sintiendo añoranza de las tardes de verano en la terraza dale que te pego a esa charada.
Y así seguiremos, remolones, pero al fin y al cabo cumpliendo con los buenos consejos para buenas lecturas.
Sin olvidar que somos narratófagos sin complejos.


Un pasaje del Apocalipsis de San Juan,
 donde el profeta es instado a comer un libro.



sábado, 3 de marzo de 2012

Operación Fausto (I): Fausto de Marlowe, y de Simon Breden





(La biblioteca de nuestro manicomio, siendo modesta es borgiana, más llena de posibilidades que completa. Aquí los libros no se escogen por un bibliotecario erudito y ecléctico, sino que llegan indiscriminadamente, aleatoriamente, sorprendentemente. Una terraza con vistas a nuestro jardín inglés ilumina la estancia.
Languidecíamos.)

Marqués de la Pollalzada: (kafkiano y con resaca) esta mañana hubo simposio de blogueros -reunión de pastores, oveja muerta-. No asistí. Por la noche, fui a un burdel. (link)

Salix Babylonica
(Salix Babylonica, sauce llorón, oh willow, willow, willow, bajo el que una fontana lo riega todo. Linfa. La Ninfa se baña provocadora, que no provocativa, por ver si nuestro poeta, en la cima abuhardillada de nuestro sanatorio -su torre de marfil, su celda de castigo, almohadillada-, mira y responde. Desde nuestro infierno escuchamos sus pisadas, en su cielo. La dulce y brutal condena de mirar el sauce, la fontana, Venus Calipigia.
Languidecíamos)

Príncipe de ArroyoLuche: (mequetrefe y risueño) esta noche tenemos teatro: Fausto de Marlowe, de Simon Breden. Como siempre desde el gallinero, por evitar la tentación cómoda y burguesa del patio de butacas, por la fascinación de la idea del suicidio y caer sobre las dos buenorras sobre las que moriré entre sendas piernas.

La Fontaine: (filólogo y jocoso) no nos cuadra la sintaxis, habrá que ver las piernas de las muchachas por ver si son sendas o senderos.

(¡Oh, musa! Emperatriz deja el baño y se acerca a la terraza. Mira hacia arriba la torre de marfil de nuestro genio, niño enfermizo y telúrico. Nos miramos a ella.
Languidecíamos)

Emperatriz: (diosa y desnuda) hoy es 4 de Marzo, cumpleaños de vuesa majestad, ¡oh, Príncipe! Ya vas por la edad en que las musas se retiran al amor de más tiernas cabezas y lozanos corazones.

Príncipe de ArroyoLuche: (zascandil y autocomplaciente) descuidad, que mientras nuestro poeta no crezca y siga muriendo de amores por vos, seguiremos con nuestros corazones lozanos y nuestras mentes jóvenes. Ved si no cómo Nuestra Erecta Majestad sigue empalmándose con el mismo vigor que un doncel amancebado, o cómo yo mismo sigo cabalgando el reino que un día será mío poniendo orden a todos mis súbditos enloquecidos , o cómo mi lugarteniente, Pasolosdíasvolviendomeloco, pasa los días volviéndose loco.

Pasolosdiasvolviendomeloco: (en penumbra) paso los días buscando en penumbra.

Venus Calipigia
Emperatriz: (Venus, calíope) ¡oh, pequeño Apolo de laureles adobado! La Saga/Fuga de JB, la reseña ya. Proyecto Fausto: reseñas del Fausto de Marlowe, del Fausto de Goethe, acaban de estrenar una película esperpéntica con el mítico y arquetípico personaje: reseña, reseña del de Mann, de todo lo que tenga un Mefisto entre las líneas, que no es poco, ya que toda biblioteca en cada libro tienen una proposición para condenar al más santito.

Pasolosdíasvolviendomeloco: (en el quicio de la ventana de la terraza, desquiciado) ser el lacayo me tiene sometido a una hiperactividad desmesurada, entre las juergas del príncipe y los lances amorosos del marqués no tengo tiempo, no oigo más que la musical voz de nuestro poeta musitando versos y muy bien quisiera yo pasarme las horas en su torre de marfil como su secretario mirándote a tí, buenorra, y transcribiendo sus versos como besos, pero de las orejas me coge el marqués y las jóvenes están muy ricas y no son demasiado caras y el príncipe y su dionisiaca labor para el mundo está más atenta al vino que al mundo y no hace mucho descubrió leyendo ensayos que el vino hace que los dioses se nos metan dentro, y así está él, endiosado de tantos dioses llamados Ribera, Rioja, Cariñena que ni el olimpo más ancho puede albergarlos y claro que la oscuridad de tanta hipocondria que les entra a todos con días de desazón y resaca pues no sé yo si voy a poder terminar todo el trabajo acumulado porque Nos nos comportamos como ciudadanos ejemplares y tenemos nuestro trabajo social y oficial y nos informamos de las modas y tendencias leyendo a los blogueros de moda que han hecho hoy una conferencia, gente erudita y sabia en lo suyo, y las páginas culturales de los periódicos de moda, que yo mira que tentado estoy de dejarlo todo y dedicarme a la lectura amena y fecunda y proteica de La Saga/Fuga que demediada la tenemos y cerrar la bitácora hasta poder hablar en serio y sin risa de los temas que compitan y de tanto hablar y tanta hiperactividad resulta que estamos aquí sentados, fumando, frente a Queritadora Amigátil, bebiendo cerveza y escribiendo la primera reseña del Proyecto Fausto, pues esta tarde estuvimos algunos amigos viendo la moderna representación que se hizo en los teatros del canal y lo pasamos muy bien en el gallinero el marqués no dejaba de mirarle las piernas a las burguesas de abajo y la acomodadora que le mostró el escote le regaló una taquicardia mientras que nuestro príncipe se impresionaba sobremanera con los endecasílabos y las interpretaciones y los numeritos musicales de Lujuria, Pereza, Ira, y demás capitales pecadillos y luego el gran logro de la representación que fue el de hacer que Mefistóteles fuese interpretado por varios actores y actrices para regocijo de la personalidad múltiple y posmoderna de nuestro príncipe y es que es el mal posmoderno de este personaje tan arquetípico y tentador que todo te lo ofrece con todas sus variantes y así como terminó aplaudimos con honestidad y agradecimiento, menos el que nunca aplaude, que dijo aquello de que había programas en la tele que le aburrían aún más mientras que el que organizó el evento, junto con su señora aplaudían a rabiar y rabiaba yo también porque mi amiga no pudo asistir pero merendamos bien a gusto vinos y quesos y dulces y montaditos y me regalaron un libro mefistotélico El Diccionario del Diablo de Ambroise Bierce que estuve leyendo luego en el autobús con el buen sabor dejado por la obra y si quieres una reseña en condiciones te vas a verla tú y te la comentas, que a mí no me pagan por reseñar, si no por soñar y resoplar me aplauden, las citas en latín que en el texto del libro de Cátedra están traducidas con sus anotaciones a pie de página no están traducidas en la obra representada, así pues el autor declamaba en endecasílabos que daba gusto y en latín paladino y no voy yo a reseñar ahora lo que tanto se han currado, vamos, creo yo que sería una falta de respeto, y ya está bien por hoy, y hasta la próxima. Y ahora quiero mi regalo de cumpleaños. Que si cuando yo nací sonaba en la radio aquella bella canción que habla de pájaros de nieve y nombres cerrados en el puño lo que me hizo ser un romántico empedernido (link), cántame ahora una canción magnética, aquí en mi cama, una del sauce bajo el que te bañas para inspirarme, como si fuera un sortilegio, ¡oh, musa, oh, hechicera!.

(Entra Emperatriz. Canta.
Languidecíamos.
Pero yo no.
Yo me volvía loco.)





lunes, 20 de febrero de 2012

Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez


Gabo, bajo un firmamento de estrellas fugaces

Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodiaco.
Gabriel García Márquez. Memoria de mis putas tristes.
Terminada la narcotizante primera parte de La Saga/Fuga de JB, pensándome tres o cuatro veces el meterme de cabeza en la segunda sin respiro, decido leer algo ligero, y busco en la estantería de los libros pendientes por leer.
Lustros sin el lustre de la flor de la prosa son demasiados años, no recordaba ya lo bien que escribía este señor con bigote nobelado y novelesco, una página digna del subrayado y la envidia, y eso que yo escuchaba por los días de su publicación que no era ni mucho menos el que antes era, o es que acaso había recuperado algo ya escrito hacía tiempo.
Al igual que Pla, supongo, que dejó en letargo sus escritos para recuperarlos años después frescos y descansados, como la niña del relato de Gabo Gabriel, prosa de arcángel. Así resultan las páginas del catalán jóvenes y lozanas con el tamiz viejuno de un sabio de sonrisa oriental, que es como deben ser las sonrisas al mundo, un zen al mundo estresado y neurótico.




Mientras todos se vuelven locos por llevarse a la tumba todo el afan, nosotros los de la hermandad de la sonrisa cheshire preferimos esta ironía descalza de piececitos núbiles que bailan en las páginas con gracia e inocencia para los viejitos verdes.
Los viejos verdes preferimos la delicadeza en la literatura, la prosa cuidada pero con desenfado, o la prosa descuidada y elegante, que no es lo mismo pero es igual.
Como si nada tuviera importancia, pero como si todo fuera digno de ser escrito con esmero.
Vayamos a la novela, corta y deliciosa.
Aún no comprendo cómo no le han denunciado por la novela todos los afectados. Fernando Sánchez Dragó dijo algo parecido y se le echaron encima.
La trama es escandalosa, seguro que lo publican como crónica periodística y se arma el belén por carnavales. Un nonagenario, periodista famoso en su pueblo, melómano y solterón, se quiere dar un homenaje y desvirgar a una chiquita. Contrata los servicios en un burdel al que fue asíduo y le preparan a una adolescente a la que le falta un lustro para ser mayor de edad.
Es una novela de amor muy bonita.
-Coñas aparte, va ...
A Pedro J. le hicieron coplillas y le satanizaron por hacerlo con una mayor de edad. Fue muy gore la cosa.
-Jo, venga ya, haga una reseña en condiciones.
Yo de mayor quiero ser viejo verde, rijoso nonagenario. Las reseñas interesantes están en los blogs de moda. Yo les leo, a ellos. Aquí nos comportamos irreverentemente, anárquicamente, porque compartimos con Nietchsze la idea de que para crear una estrella fugaz es imprescindible el caos.
Y aquí, noche oscura del alma, amamos la noche de San Lorenzo, musitando deseos, lluvia de perseidas para iluminar la noche, esta puta noche.



Es la memoria de un viejo que se siente joven, que escribe siempre con la voz de un hombre de noventa años que no aprendió a pensar como viejo, que sigue teniendo deseos. Anochece. Es una novela de amor porque se prenda de la muchacha a la que se limita a mirar desnuda y dormida y a acariciar.  Y se inventa una vida con ella, sin saber aún, ay, papito feo -así le llama-, que su amor sí es correspondido. Anochece.
Van cayendo las estrellas y yo subrayo. Es de noche. Abro un libro, llueven perseidas, subrayo como quien colecciona deseos.

Era tal mi desvarío, que en una manifestación estudiantil con piedras y botellas, tuve que sacar fuerzas de flaqueza para no ponerme al frente con un letrero que consagrara mi verdad: estoy loco de amor.
El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor.
Me inquietó que (ella) fuera tan real como para cumplir años.
La fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados.
Este sabio, así conocido y reconocido, lleva una memoria a la que llama Memoria de mis putas tristes. Nunca ha estado con una mujer si no es mediante pago. Pero ellas, las profesionales, le celebran y quieren y recuerdan, aunque hace ya años que se jubiló de lo de las putas. Hasta que al cumplir los 90 se le antoja una virgen. Le salen más de trescientas putas, que se haya beneficiado al menos una vez. Y a las que ha beneficiado. Con una regularidad más que matrimonial.


Pero el amor le llega a estas edades casi centenarias, un amor casi casto, sin sexo, de abrazo y caricias. Nunca hablan, la muchacha siempre duerme. De ella sobre todo le enamoran sus pies.
A sus años, sigue siendo fiel a su artículo semanal en el periódico, leyendo a los clásicos, y escuchando música, mucha música, de la que es crítico. Vive humildemente con un gato que le han regalado y Damiana, va a limpiarle la casa a diario, y a cocinarle. Damiana es vieja como él, y virgen. Pero no de atrás. Nuestro hombre se la beneficiaba de más joven por detrás.
Para mí, que leo cosas tan raras, ha resultado ser cosa rara esta novela, deliciosa. Yo lo flipo con las movidas de los literatos. Yo no sabía que ciertas cosas pudiesen escribirse. Por algo le dieron el nobel, tan temprano.
Es un libro que me ha facilitado mi mentor, también nonagenario como el prota, Su Erecta Majestad el Marqués de la Pollalzada (link), que es el que me pasa a hurtadillas las lecturas sicalíticas, para que no se enteren las monjitas que nos cuidan en este santo manicomio. Que es que si no nos dejan sin postre: hoy tocan natillas con canela y galleta maría, que pasado mañana es Miércoles de Ceniza y empieza la Vigilia y estas delicias que con delicada mano preparan se acabaron hasta Abril.
Y ahora volveremos a Gonzálo Torrente Ballester y su saga, con un grado de rareza por encima, exagerada, a la gallega.


lunes, 13 de febrero de 2012

Porque tú me condenas a tu olvido, te condeno yo a mi soledad

William Adolphe Bouguereau
Young Girl Defending herself against Cupid
o Muchacha defendiéndose de un ataque de Amor.


Hasta que me decida a escribir aquí para tí sobre el mito de Eros y Psique, vamos a hacer hoy, para celebrar el día, un antisanvalentín, con alguna parodia y con algunas de las mejores canciones que se han escrito para hundir toda esta mercadotecnia dedicada al enano cabrón con carcaj y culo al aire.
La vocación de mosca cojonera le viene al niño desde antíguo, ya celebraban en bello verso sus hazañas los antíguos griegos, ya los modernos sufren las consecuencias.
La culpa de la crisis la tiene el Amor de ojos vendados, como la Justicia. Amor es Justicia.
Curiosamente, tal día como ayer murió de amor Mariano José de Larra, un 13 de Febrero. Pocas horas después los comercios se abrían para celebrarlo: qué bonito es el amor.
Mata más el amor que el tabaco, y no se oye por ahí que Sanidad  alerte sobre sus efectos nocivos.
Pero ya el cancionero se ocupa de decir lo que las autoridades no dicen. Desde siempre.
Comencemos con don Luís de Góngora, que por boca y música de Paco Ibáñez hace una ilustración veraz de este veneno:
Amadores desdichados,
Que seguís milicia tal,
Decidme, ¿qué buena guía
Podéis de un ciego sacar?
De un pájaro ¿qué firmeza?
¿Qué esperanza de un rapaz?
¿Qué galardón de un desnudo?
De un tirano, ¿qué piedad?
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.





Como podemos leer y escuchar, es esta una tontería que viene de antaño ya, y en su versión moderna, con otras fachas y otra letra y otra música, tenemos a un descreído Tonino Carotone.




Es una opción tan válida como cualquier otra, esa de suplir la carencia de cariño con alguna muñeca, por lo demás literaria, aquí tenemos el ejemplo del gran y excéntrico Ramón Gómez de la Serna, que se hacía acompañar de su muñeca al igual que otros afortunados se hacen acompañar de sus enamoradas.



Ramón Gómez de la Serna y su muñeca de cera
Y aquí un tema paródico, muy bien cantado y muy gracioso el vídeo, de la canción  A quien hirió el amor, de Pedro Ruy Blas (link), canción que a su vez hiriera de amor a los enamorados infaustos de los setenta junto a otros temas de Camilo Sesto, Julio Igleisas y demás juglares gongorinos de aquel entonces. Una divina gamberrada de los Petersellers:





- ¿Qué haces, joven afeminado -le dijo-, con esas armas?
Le dijo Apolo a Eros cuando le vió tonteando con sus flechitas, según Ovidio en su libro Las Metamorfosis. Eros, joven guapo, esbelto y afeminado, quedó reciclado en Cupido por obra de los romanos para gloria de los centros comerciales contemporáneos, cobrando la estética de un querubín de no más de cinco años.
Cada cual entiende y se apaña con las mitologías como quiere. O como puede.

Pero bueno, todo este post no es más que una excusa para presentar una de las mejores canciones sobre el tema, canción casi desconocida de Santiago Auserón en uno de sus discos de más éxito con Radio Futura.
En el mismo disco ya nos regalaba a la inteligencia y los sentidos con el sí famoso Condena de Amor: oídla, paladeadla, verso a verso ...
... me quitas el aliento pero luego te vas, y ahora estás rondando por aquí ...


¡Oh, sí! ¿Pero no ha demostrado ya Santiago Auserón que es uno de los mejores poetas en lengua castellana? Uno de nuestros intelectuales más inquietos y auténticos.
Muchos años esperé a que estuviera disponible este tema magistral, esta maravillosa letra que canta un alma desgarrada, abandonada. Lo mismo sirve para un amante que para un amigo que para un tahúr. Todos, al fin y al cabo, se juegan las cartas.



Si me dejas solo


y te encierras en la vieja ilusión

entonando la misma canción

que cantaban los dueños de todo.



Si me dejas solo

y te vas por la senda marcada

con palabras que ya no dicen nada

sonriendo a quien tiene el poder.



¡Qué el demonio te lleve

al infierno que tú has elegido!

porque tú me condenas a tu olvido

te condeno yo a mi soledad.



Cuando miro tus ojos

voy buscando la luz de tu mirada

y sólo encuentro la imagen reflejada

del espanto que siento yo.



Ya no estás a mi lado

en la lucha diaria por la vida

y ahora somos dos balas perdidas

en la misma estupefacción.



¡Qué el demonio te lleve

al infierno que tú has elegido!

porque tú me condenas a tu olvido

te condeno yo a mi soledad.



Dices que tu vida es sólo para ti

pero te llevas mi alma contigo

dices que no tienes nada que perder

entonces, di, ¿por qué te dejas hacer?



Muéstrame tu cara pálida y azul

tú sabes bien lo que te cierra el camino

vuélvete a por ellos y empieza a luchar

da lo que tienes que dar.



Si no apuestas conmigo

y abandonas el juego en otras manos

si le escondes las cartas a tu hermano

dime en quién podrás confiar.



Si me dejas fuera

y le das a tu llave otra vuelta

yo me quedo plantado a tu puerta

porque no sé silbar con dos dedos.



Que el demonio te lleve

al infierno que tú has elegido

porque tú me condenas a tu olvido

te condeno yo a mi soledad.



Si me dejas solo

Si me dejas solo

Si me dejas solo






martes, 7 de febrero de 2012

Esta noche las calles están llenas de actores


Maybe you did, maybe you walked Maybe you rocked around the clock Tick-tock, tick-tock Maybe I drive, maybe you walk Maybe I try to get off, baby Hey kids, where are you? Nobody tells you what to do, baby
Durante los cinco minutos que tardarás en leer este post, seré tuyo, antes y después, búscate la vida.
Es otra manera de prostitución, como otra cualquiera, que un día no muy lejano aprendí en una sala de cine, primera sesión, cines Princesa.
A nuestro hombre le pagan por conducir, y que a nadie se le ocurra pedirle cuentas antes o después del tiempo convenido.
Excelente e imperturbable Ryan Gosling en Drive, aunque el oscar irá para un emotivo George Clooney en Los descendientes o para un carismático Jean Dujardin en The artist.
Así son los ceremoniosos oscares de jodiwood.
Aunque claro, yo fui por ver si mi Carey Mulligan, carita de duende, me enseñaba algo.
Ya que estamos navegando por turbulentas aguas literarias del fin de la tierra, allá donde un apóstol asentó su camino, podría atormentaros con la prosa torrencial de don Gonzalo Torrente Ballester.
Ya tuve bastante hace un año con James Joyce, por favor, cómo se me ocurre meterme en las venturas y desventuras de los JB.
¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!
Con el Ulises a veces me pasaba lo que me pasó hace dos veranos con un americano, que me hablaba y me hablaba y yo asentía y de vez en cuando le decía: no entiendo, no sé muy bien theinglishlaguage, y él se reía y seguía con su parloteo animoso. Torrente Ballester escribe en castellano, en muy buen castellano, y no se complica en construcciones complejas. El problema de don Gonzalo es que va de un tema a otro y de unos personajes a otros sin previo aviso y llega un momento en el que no sabes si estás leyendo una saga, una fuga, o una orgía de ambas dos sin dos ambas orgías.
Por cierto: muy buena lectura, endiabladamente divertida. Y más difícil que Joyce.
No se acaba este blog sin que termine suicidándome con la lectura de Larva, de Paradiso, de Volverás a Región.
Siempre hay un más difícil todavía.

The artist. Historias mudas para tiempos ruidosos.



Era necesaria. Un soplo de aire fresco. Tan antígua.
Historias del buen claqué, que es el baile flamenco de los yanquis.
Una música soberbia. Una obra maestra.
Una nostalgia extrema de lo que ya no se podrá ser más nunca, cuando llega el cine sonoro, o te reciclas o qué.
Hay un claqué literario de mis dedos como pies saltando el suelo del teclado.
Hubo un cine en blanco y negro como hay hoy un temperamento melancólico y decadente en blanco y negro. En blanco y negro no sabías si la prota se ruborizaba, ni si el malo se ponía amarillo. En blanco y negro uno ha de imaginarse los colores, al igual que en el cine mudo uno ha de imaginarse las palabras con la guía de los gestos de los personajes.
La vida es muda, la vida es en blanco y negro, y somos nosotros los que tenemos que ponerle palabras al silencio atroz, y color a la vida gris.
Fui a verla con gente de la universidad. A una de mis amigas no le gustó, me recomendó Drive, me la volvió a recomendar días después, cuando fuimos al teatro a ver una obra donde un chico homosexual y una chica heterosexual  comparten casa y se quieren suicidar juntos. Follan. Ya no se quieren suicidar.
Drive me la recomendaba todo el mundo.

Drive. Bajo el signo de escorpio.



Además de una canción de los REM, Drive es también una película de acción y mafia, igual de impactante y magnética que la canción.
Nuestro muchacho se caracteriza por no cambiar la expresión de su rostro, siempre bondadosa, casi neutra, sin nervio. Lleva siempre una cazadora con el dibujo del escorpión: su naturaleza, como dice el chiste.
Quien sepa algo de astrología ya sabe cómo se las gastan los escorpiones, ya te pueden estar sentenciando a muerte o te pueden estar amando con locura que el gesto es el mismo. Además, han elegido como actor a un escorpio.
Tienen mala fama los escorpios, pero yo sólo he conocido a buenos escorpios, o es que todos son buenos. Lo que ocurre es que sucede como con las buenas novelas: si las lees mal, te envenenan, si las lees bien, te curan.
Dostoyevski y Stevenson eran escorpio, y sólo un escorpio puede escribir El doble o El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde.
Carey Mulligan, que siempre está leyendo un libro en Nunca me abandones, aquí despierta el amor de nuestro muchacho. Ella es fresca y dulce y buena. Ella es su vecina. Ella está casada con un ganster.
Es una película de acción y mafiosos. Trepidante. Sin aliento.
Hay una chica pelirroja y peligrosa. Mafiosa. Se mete en problemas. Está muy buena. No es mi vecina.
Mi vecina es Carey Mulligan, y tiene un hijo. Juntos vemos los dibujos animados. Ella me ofrece un vaso de agua fresca.

Los descendientes. Los adolescentes.


Instrucciones para leer estas líneas:
Ver el vídeo Los adolescentes del grupo Dënver, aquí más abajo. Más allá de intenciones sicalípticas, es esclarecedor para la comprensión de la mente adolescente.



Los adolescentes son raros. Los adolescentes no son de este mundo. Los adolescentes son personas que han sido poseídos por alienígenas durante unos pocos años. Luego despiertan y se casan o no, son banqueros, políticos, cocineros, escritores, parados, músicos, horticultores y sacerdotes. Yo trabajo con adolescentes: yo lo flipo. ¿Yo fui así? No, no era yo, era un ser venido de una novela gallega de Gonzalo Torrente Ballester.
Bueno, la peli trata de un atractivo padre con cara de georgeclooney que se vee en el deber de lidiar con dos hijas de primera y última adolescencia. Y con un pseudoyerno más adolescente todavía, por lo tanto, más alienígena y extraño ser. Yo haría una segunda parte con este yerno como protagonista, sólo por ver cómo termina el suegro y si sigue teniendo cara de atractivo georgeclooney.
Muy bueno el trabajo actoral.
En Hawaii sucede, donde todos llevan camisetas hawaianas y un molesto musiqueo a ukelele lo solivianta todo, sobre todo a los púberes del lugar. Cada lugar sus músicas, Gonzalo Torrente Ballester, al igual que James Joyce, celtas geniales, escucharon muchas gaitas en su juventud. Y eso se nota luego en su lluviosa prosa, como calabobos en días de nubosidad variable.

Coda

-Y usted, de más joven, ¿qué escuchaba?
-Yo miraba, a Patsi Kensit. Las calles están llenas de actores esta noche, ¡quitad esos perros de aquí antes de que me muerdan! Iría a cualquier parte, cariño, ¡no tengo miedo!
¡I´m not scared!