viernes, 11 de diciembre de 2009

Eco

Eco y Narciso, de John Waterhouse




Esto que estás oyendo
ya no soy yo,
es el eco, del eco, del eco
de un sentimiento;
su luz fugaz
alumbrando desde otro tiempo,
una hoja lejana que lleva y que trae el viento.

Yo, sin embargo,
siento que estás aquí,
desafiando las leyes del tiempo
y de la distancia.
Sutil, quizás,
tan real como una fragancia:
un brevísimo lapso de estado de gracia.

Eco, eco
ocupando de a poco el espacio
de mi abrazo hueco…..

Esto que canto ahora,
continuará
derivando latente en el éter,
eternamente….
inerte, así,
a la espera de aquel oyente
que despierte a su eco de siglos de bella durmiente..

Eco, eco
ocupando de a poco el espacio
de mi abrazo hueco…...

Eco, de Jorge Drexler



Narciso y Eco, de Gonzalo Orquín



...Eco merece una disgresión. Su alegría y parlachinería cautivaron a Júpiter; sorprendidos en adulterio por Juno, castigóla ésta a que jamás podría hablar por completo; su boca no pronunciaría sino las últimas sílabas de aquello que quisiera expresar. Pues bien, viendo Eco a Narciso quedó enamorada de él y le fue siguiendo, pero sin que él se diera cuenta. Al fin decide acercársele y exponerle con ardiente palabrería su pasión. Pero.. ¿Cómo podrá si las palabras le faltan? Por fortuna, la ocasión le fue propicia. Encontrándose solo el mancebo, desea darse cuenta de por dónde pueden caminar sus acompañantes y grita: "¿Quién está aquí?" Eco repite las últimas palabras "... está aquí". Maravillado queda Narciso de esta voz dulcísima de quien no ve. Vuelve a gritar: "¿por qué me huyes?" Eco repite: "... me huyes". Y Narciso: "¡juntémonos!" Y Eco: "...juntémonos". Por fin se encuentran. Eco abraza al ya desilusionado mancebo. Y éste dice terriblemente frío: " No pensarás que yo te amo..." Y Eco repite, acongojada: "...yo te amo". "¡ Permitan los dioses soberanos -grita él- que antes la muerte me deshaga que tú goces de mí!"
Huyó, implacable, Narciso. Y la ninfa así menospreciada, se refugió en lo más solitario de los bosques. La consumía su terrible pasión. Deliraba. Se enfurecía. Y pensó: "¡ojalá cuando él ame como yo amo, se desespere como me desespero yo!"

Némesis, diosa de la venganza -y a veces de la justicia- escuchó su ruego. En un valle encantador había una fuente de agua extremadamente clara, que jamás había sido enturbiada ni por el cieno ni por los hocicos de los ganados. A esa fuente llegó Narciso, y habiéndose tumbado en el césped para beber, Cupido le clavó, por la espalda, su flecha... Lo primero que vio Narciso fue su propia imagen, reflejada en el propio cristal. Insensatamente creyó que aquel rostro hermosísimo que contemplaba era de un ser real , ajeno a sí mismo. Sí, él estaba enamorado de aquellos ojos que relucían como luceros, de aquellos cabellos dignos de Apolo. El objeto de su amor era... él mismo. ¡ Y deseaba poseerse! Pareció enloquecer... ¡No encontraba boca para besar! Como una voz en su interior le reprochó: "¡insensato!" "¿cómo te has enamorado de un vano fantasma? Tu pasión es una quimera, retírate de esa fuente y verás como la imagen desaparece. Y, sin embargo, contigo está, contigo ha venido, se va contigo... ¡y no la poseerás jamás!."

Alzó los brazos al cielo Narciso. Llorando. Tiróse los cabellos. Y gritó, blasfemo así: "Decidme selvas, vosotras que habéis sido testigo de tantos idilios apasionados... ¿por qué el amor es tan cruel para mí? Hace siglos que existís; decidme ¿visteis nunca un amor obligado a sufrir designios más rudos? Yo veo al objeto de mi pasión y no le puedo encontrar. No me separan de él ni los mares enormes, ni los senderos inaccesibles, ni las montañas, ni los bosques. El agua de una fontana me lo presenta consumido del mismo deseo que a mí me consume. ¡Oh pasión mía! ¡quienquiera que seáis, aproximaos a mí como a vos me aproximo! ¡Ni mi juventud ni mi belleza son causas para vuestro temor! Yo desdeñe el amor de todas las ninfas... No tengáis para mí el mismo desdén. Pero ¿ si me amáis, por qué os sirvo de burla? Os tiendo mis brazos y me tendéis los vuestros. Os acerco mi boca y vuestros labios se me ofrecen. ¿Por qué permanecer más tiempo en el error? Debe ser mi propia imagen la que me engaña. Me amo a mí mismo. Atizo el mismo fuego que me devora. ¿Qué será mejor: pedir o que me pidan? ¡ Desdichado de mí que no puedo separarme de mí mismo! A mí me pueden amar otros, pero yo no me puedo amar...¡Ay! El dolor comienza a desanimarme. Mis fuerzas disminuyen. Voy a morir en la flor de la edad. Mas no ha de aterrarme la muerte liberadora de todos mis tormentos. Moriría triste si hubiera de sobrevivirme el objeto de mi pasión. Pero bien entiendo que vamos a perder dos almas una sola vida."

Dicho esto, tornó Narciso a contemplarse en la misma fuente. Y lloró, ebrio de pasión, ante su propia imagen. Volvió a traslucir frases entrecortadas... ¿Quién? ¿Narciso? ¿Su imagen llorosa? "¿por qué me huyes? Espérame, eres la única persona a quien yo adoro. El placer de verte es el único que queda a tu desventurado amante."

Poco a poco Narciso fue tomando los colores finísimos de esas manzanas, coloradas por un lado, blanquecinas y doradas por el otro. El ardor le consumía poco a poco. La metamorfosis duró escasos minutos. Al cabo de ellos, de Narciso no quedaba sino una rosa hermosísima, al borde de las aguas, que se seguía contemplando en el espejo sutilísimo.

Todavía se cuenta que Narciso, antes de quedar transformado pudo exclamar: "¡Objeto vanamente amado...adiós...!" Y Eco: "... adiós" cayendo enseguida en el césped rota de amor. Las náyades, sus hermanas, le lloraron amargamente meneándose las doradas cabelleras. Las dríadas dejaron romperse en el aire sus lamentaciones. Pues bien: a los llantos y a las lamentaciones contestaba Eco... cuyo cuerpo no se pudo encontrar. Y, sin embargo, por montes y valles, en todas las partes del mundo, aún responde Eco a las últimas sílabas de toda la patética voz humana.
Ovidio. Metamorfosis. Libro Tercero III.


La muerte de Narciso, de Nicolas Poussin

martes, 8 de diciembre de 2009

La Carretera, de Cormac McCarthy



Un hombre y su hijo...

..., cada cual el mundo entero para el otro...

..., camino del sur, después de la hecatombe...

... la fragilidad de todo por fin revelada.

Y punto.



Me la podría haber perdido, tenía mis reservas, ni el título ni la fachada me llamaban la atención. No sabía ni de qué iba. Pero lo ví barato, y muy recomendado por amigos cuya opinión me importa, así que me decidí. Primero compré el libro, y luego leí la contraportada. Normalmente hago al revés, todos lo hacemos de la otra manera, primero leemos la contraportada, hojeamos, y compramos.
Y eso que lleva años en las tiendas, y ni una sola ojeada por la curiosidad. Reconozco que mis prejuicios venían a que me sonaba a Jack Keruac. Gracias a que normalmente no hago caso a mis prejuicios he podido leer esta gran obra de McCarty, que a buen seguro, muchos lo dicen, será un clásico que se codeará en los anaqueles con los colosos de la literatura.

No hay un sólo profeta en la larga crónica de la Tierra que no encuentre hoy aquí su razón de ser. Teníais razón, hablarais de lo que hablarais.

Cualquiera que lea un resumen podría encuadrar la obra en cualquier subgénero de ciencia-ficción y de catástrofes, pero La Carretera está muy por encima de cualquier etiqueta, es alta literatura, se salva por la exquisita escritura, realmente inspirada. Un buen manejo de las técnicas narrativas para crear tensión y desasosiego, emoción sin sentimentalismo, y un escepticismo nada gratuito. Todo ello con un lirismo que le otorga el don de lo literario, ese lirismo que sólo los literatos de raza transportan como ese fuego salvífico del que hablan contínuamente el padre y el hijo. Porque nosotros llevamos el fuego, ¿verdad, Papá? Pregunta siempre el niño al padre. Sí, porque nosotros llevamos el fuego.

Todo ello como en un antiguo ungimiento. Que así sea. Evoca las formas. Cuando no tengas nada más inventa ceremonias e infúndeles vida.

Cuando empecé a leer La Carretera algo me llamó la atención, una manera de describir que ya conocía en otros, y no sé cuanta culpa, o mejor dicho bendición, tendrá el traductor Luis Murillo Fort. De esto y de la riqueza del lenguaje.
No siempre, porque predomina la descripción seca y limpia, sin afectación ni sobrecarga. Pero hay páginas y páginas que tienen ese algo que me hace querer tanto un libro: la metáfora. La metáfora a la manera de Ramón Gómez de la Serna, has leído bien, y he seleccionado para tí unas cuantas greguerías que me dejaron boquiabierto.
Pese a su fama de mal novelista, me he leído media docena de novelas de Ramón, quedando encantado. Tienen mala fama porque dicen que encadena una greguería con otra, y que así no hay manera de que fluya una narración. Lo mismo le echaban en cara a Umbral, que sí, muy literato y muy lírico, pero nones como novelista. Que se vayan a freír tramas esparragueras los que no saben saborear los delicados y fortísimos licores diamantinos de la literatura.
Escribo con conocimiento de causa, he leído El Novelista, El Torero Caracho, Piso Bajo, El Chalet de las Flores... y sé de qué manera se las gastaba este madrileño para urdir tramas, a base o a golpe de metáfora, que daban esa sensación onírica y plástica, que lo estás viendo viviendo un sueño.
En el caso de La carretera hay que añadir a estas metáforas un grado de intensidad, sensación onírica, sí, pero de pesadilla que se repite con una saña cruel demasiado a menudo. Te lo hace pasar mal, el amigo McCarty, acierta al tocar la fibra sensible, con esa plasticidad que otorga la metáfora, mejor que la descripción al uso, que a mí siempre me parece un coñazo. Por eso estoy más a favor de los líricos que describen con impresiones y símbolos que de los que rellenan párrafos con paja, aunque sea de oro puro.
Cambio una página de Ramón por cien de Azorín.
Cormac McCarthy es un escritor genial, un literato de raza, he aquí las pruebas del delito. Selección de greguerías, metáfora+humorismo, aunque aquí el humor sea más bien negro:

Un cadáver en el portal, tieso como el cuero. Haciéndole un mohín al día.

Está nevando, dijo el chico. Miró al cielo. Un solitario copo grisáceo que cayera de un tamiz. Lo atrapó en la palma de la mano y lo vio expirar como la postrera hostia de la cristiandad.

Por la mañana volvía a nevar. Cuentas de hielo gris en ristra sobre los cables de electricidad.

De día el sol proscrito circunda la tierra cual madre afligida con una lámpara.

Reflejando el sol desde aquella oscuridad profunda como un destello de navajas en una cueva.

En las cañadas el humo elevándose del suelo como grupos de velas paganas.

Se sentó a su lado y acarició sus pálidos cabellos enmarañados. Cáliz de oro, bueno para albergar a un Dios.


Presiento que la película será de nuestro agrado. Esperando su estreno... ¿cuantos posts sobre cine te debo ya? Una larga decena, sin duda.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Páginas para el recuerdo en los últimos años.



De las fantasías diurnas en la carretera no había modo de despertar. Siguió caminando pesadamente. Lo recordaba todo de ella, salvo su olor. Sentado en un teatro con ella al lado inclinada al frente escuchando música. Volutas y apliques dorados y los pliegues del telón como columnas a cada lado del escenario. Ella le tenía la mano cogida sobre el regazo y él notaba la parte superior de sus medias a través de la fina tela de su vestido de verano. Congela este fotograma. Ahora maldice tu oscuridad y tu frío y fastídiate.
Cormac McCarthy. La carretera.
Si la memoria no me engaña, el año 2005 fue el de El Barón Rampante, de Italo Calvino, y la Insoportable levedad del ser, de Milán Kundera.
Del año 2006 recuerdo ante todo Conversación en la catedral, de Vargas-Llosa, y El libro de las ilusiones, de Paul Auster.
En el 2007 fueron Un descanso verdadero, de Amos Oz, y Crimen y Castigo, de Dostoyevski.
En el 2008, por encima de todos, sobresaliendo entre ruinas de páginas olvidadas, y de otras guardadas en el corazón de la memoria, sobresaliente, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.
2009 podría haber sido también de un único monarca, Perec y la extensísima La vida instrucciones de uso. Pero ha venido el pez chico a compartir, a buen seguro, el recuerdo en un futuro del ánima de las horas de lectura de estos meses. La intensa obra de Cormac McCarthy, La Carretera.
De ella hablaré mañana, o pasado, o quizá al otro.

Porque hay un lugar donde me están esperando, pero no me estarán esperando siempre. Y si me retraso, me retraso.
Amos Oz. Un descanso verdadero.

A no ser que el siguiente, rechoncho y dormidito aún en la espera de la aurora de mis ojos, quiera gobernar en triunvirato en el ministerio de las nostalgias literarias:

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Simbolismo (IX). El ciprés y la luna


La voz inmóvil

El ciprés, junto a la adelfa,
velando a la luna nueva,
me está llamando:
-Ven, ven...

(No, no, que no voy,
que no.)

El ciprés, junto a la acequia,
velando a la luna llena,
me está llamando:
-Ven, ven...

(No, no, que no voy,
que no.)

El ciprés, junto a la alberca,
velando a la luna muerta,
me está llamando:
-Ven, ven...

(No, no, que no voy,
que no.)

La noche cubre al ciprés
como una campana negra.

Sigue sonando:
-¡Ven!...
¡Ven!...
(Emilio Prados)



Camino con ciprés bajo cielo estrellado, de Vincent Van Gogh

sábado, 28 de noviembre de 2009

¡Oh, hazme una máscara!, de Dylan Thomas


Oh, make me a mask

O make me a mask and a wall to shut from your spies
Of the sharp, enamelled eyes and the spectacled claws
Rape and rebellion in the nurseries of my face,
Gag of dumbstruck tree to block from bare enemies
The bayonet tongue in this undefended prayerpiece,
The present mouth, and the sweetly blown trumpet of lies,
Shaped in old armour and oak the countenance of a dunce
To shield the glistening brain and blunt the examiners,
And a tear-stained widower grief drooped from the lashes
To veil belladonna and let the dry eyes perceive
Others betray the lamenting lies of their losses
By the curve of the nude mouth or the laugh up the sleeve.

(Dylan Thomas)



Oh, hazme una máscara

Oh hazme una máscara y un muro que me oculte de tus espías
de esos agudos ojos esmaltados y de las garras ostentosas
de la rebeldía y la violación en los viveros de mi rostro,
una mordaza de árbol, en silencio golpeado para cubrirme de los desnudos enemigos
hazme una lengua de bayoneta en esta oración indefensa,
vuelve mi boca flagrante y que sea una trompeta de mentiras soplada dulcemente,
dame las facciones de un tonto moldeado en vieja armadura y roble
para escudar el cerebro brillante y confundir a los indagadores,
y un dolor viudo manchado de lágrimas caído de las pestañas
para velar la belladona y hacer que adviertan los ojos secos
que otros traicionan las quejumbrosas mentiras de sus pérdidas
con los pliegues de la boca desnuda y la risa solapada.

(Traducción de Elizabeth Azcona Cranwell)

martes, 24 de noviembre de 2009

Deseo de ser punk, de Belén Gopegui



En vez de estudiar, me he puesto a escribirte. No eres un puto personaje inventado ni eres mi puto amor platónico. Te he encontrado y tú sí tienes música.

Así finaliza el primer capítulo de esta novela íntegra y honesta, que trata de la búsqueda de la autenticidad y la actitud, temas que ya sabes tú que me son no sólo interesantes, sino imprescindibles.
Y la música no es un puto pretexto, pues para Martina, muchacha de dieciséis años, la música es esa actitud auténtica que se busca. Desde las primeras páginas me he sentido identificado con la voz de Martina, admirando, eso sí, ciertos poéticos aciertos del estilo de Belén Gopeui.

... imagina que se te rompe algo, el vaso, por ejemplo, ese que tiras sin querer, y la gente se limita a traer una bayeta para el agua y una escoba para los cristales. Pero imagina que tú no quieres la bayeta. Querías ese vaso. Te importaba ese vaso. No entiendes que esté roto. Y entonces te pones a recoger los cristales uno a uno. Y tratas de pegarlos. Aunque, claro, intentas hacer eso, se te ha olvidado secar el agua con la bayeta. Y también se te ha olvidado la hora que es. Y, encima, hay veces que las cosas se rompen en siete trozos y vale, las puedes pegar. Pero a veces se rompen en cien o más.

Monólogo interior de una adolescente, purificado por el filtro literario de esta escritora de extraño atractivo y fiero pensamiento, quien haya leído algo suyo o alguna entrevista conocerá su actitud moral ante este sociedad herida, repleta de vasos rotos que se van quedando por el camino.


Es un libro cargado de sentencias, como un revólver no mortífero de balas, si no agresivo de salsa picante, quien haya leído el libro sabrá de qué hablo.
Así encabeza la Gopegui esta novela, con los versos del loco mayor del reino:

Sitting Bull (Toro Sentado) ha muerto: no hay tambores que anuncien su llegada a las Grandes Praderas. Deseo de ser Piel Roja.
Leopoldo María Panero.

Cita que como puedes ver, da pie al título de la obra.
Ha tenido excelentes críticas, pero yo no se la aconsejaría a todo el mundo. A no ser que se acojan a la técnica en la lectura del distanciamiento, tan errónea. Tú puedes leer con distanciamiento una novela de terror del virtuoso Stephen King, o El Señor de los Anillos. Un mundo aparte como vía de escape por unas horas. Pero este libro es real, Martina lo dice en cualquier página en su búsqueda de la autenticidad, que no quiere elfos ni duendes, busca personas. Si te implicas como lector activo, identificándote, no te gustará, a no ser que sientas como el personaje, y yo he tenido la suerte de encontrar en Martina a alguien muy parecido a mí, en constante reflexión y baremo.
En su manera de entender la música por ejemplo, yo encontré mi música hace ya años, y quizá no sea la de Martina, pero ella en su búsqueda aspira a ese código que yo he encontrado, y aunque a veces llegue a él y lo encuentre roto, día a día intento reconstruírlo, porque quizá sea lo único que me mantiene en pié, o lo único que comprendo o simplemente intuyo como certeza.
No tiene más de doscientas páginas, pero vale una larguísima reflexión, esta novela.
Si la lees, y si puedes, escucha para profundizar en el alma de Martina toda la música sobre la que medita y que escucha, en pasajes memorables, como cuando con su amiga Vera cantan este tema de los Foo Fighters en el Jardín Botánico.




O Martina escuchando en la biblioteca pública el Total eclipse of the heart de Bonnie Tyler que encabeza este post.
O en el mismo lugar peru otro día, la oración de Johnny Cash.



Muchas de las canciones que se mencionan son canciones que oían sus padres, Lucas, todos los adultos, canciones que a ella le parecen algo blandas, pero que sí le parece que tienen un código. Como esta de los Crosby, Still and Nash:



Luego están las que ella y sus amigos escuchan, Fe de Ratas:


Reincidentes:


AC/DC:


Guns and Roses:


Pero es esta canción de Iggy Pop la estancia donde Martina se encuentra y donde quiere estar, el grito, que no el lamento, que quiere lanzar al mundo. Hay dos versiones, una corta y triste, y otra larga, “emoción en estado puro”, que es la que da sentido a la locura genial de esta Martina:




gimme danger, little stranger
and I'll give you a piece
gimme danger, little stranger
and I'll feel your disease

there's nothing in my dreams
Just some ugly memories
kiss me like the ocean breeze

(hey!)

Now if you will be my lover
i will shiver insane
but if you can be my master
i will do anything

there's nothing left to life
but a pair glassy eyes
raze my feelings one more time

(yeah!)

find a little strip and find a little stranger
yeah you're gonna feel my hand

said:
I got a little angel, want a little danger
honey you're gonna feel my hand
swear you're gonna feel my hand
swear you're gonna feel my hand

gimme danger
little stranger
gimme danger
little stranger
gimme danger
little stranger

gimme danger
little stranger

gimme danger
little stranger

can you feel me?
you gotta feel me!
you gotta feel this

little stranger...


Belén Copegui y "Deseo de ser punk". (Un idioma sin fronteras)

sábado, 7 de noviembre de 2009

Manicomio musical. Pop para el siglo XXI

Bienvenidos al siglo XXI
Están cerradas por stock
las puertas.
Yo mismo

Comenzaré este post como comienza sus monólogos ese gran humorista llamado César Vidal, que junto a Jiménez Losantos forma parte de una nueva generación de cómicos adeptos al esperpento y el absurdo más hilarantes.
Corría el año milnovecientosnoveintaitrés cuando este muchacho llamado David asistía por las tardes a las clases de Hostelería -rama de Cocina- de la Casa de Campo, dedicando las mañanas a leer libros de métrica y a practicar todas las composiciones poéticas propuestas por don Fernando Lázaro Carreter en aquel libro... Cómo se comenta un texto literario, o quízá otro, qué sé yo, qué sabe nadie.
No se me escapaba nada: sonetos, redondillas, coplas, liras, tetrástrofos monorrimos, serventesios y villancicos.
No recuerdo ahora mismo la composición del villancico, pero sí recuerdo los primeros versos que elaboré como ejercicio: Bienvenidos al siglo XXI/ están cerradas por stock/ las puertas... y ahí se quedó la profecía. Seguro que se hallará el poemilla al completo en cualquier hoja de cuaderno en cualquier carpeta entre poemas fotocopiados de Blas de Otero y Neruda, dibujos obscenos, letras de canciones de los Héroes del Silencio y de Antonio Vega, chicas de la revista Interviú y cánticos rojiblancos.
Pues bien, he ahí, en mí, un ejemplo de esquizofrenia posmoderna profética y precursora de lo que hay hoy, aquí, ya entraditos en el siglo XXI.
Por entonces mis amigos y yo escuchábamos eso: Antonio Vega, El último de la fia, Héroes del silencio, Celtas Cortos, Loquillo... mientras que las revistas de música señalaban a otros grupos como exponentes de la música generacional.
Tanto la crítica como el consumidor mayoritario han hablado distintos idiomas siempre, pero ahora mismo dudo que sea, en música, por una cuestión de elitismo, sino que es una cuestión de edades. Y es que los críticos musicales siempre tendrán más años y gustos distantes a los de los adolescentes y veinteañeros.
Leo en las revistas Rockdelux y Mondosonoro a quienes consideran hoy como los mejores de esta década que finaliza, que supongo será precursora en tantas cosas. Todos los nombres me suenan, y soy oyente de algunos de ellos, todos me gustan.
Hoy, digo, la crítica y yo estamos de acuerdo, por lo menos en ésto. Mira, oye y disfruta conmigo.
Hay demasiadas músicas, demasiados libros, demasiada baratija y demasiado de todo. Reina un caótico berenjenal por doquier. Están cerradas por stock las puertas del entendimiento. Lo diré siempre: es necesaria la crítica como son necesarias las señales, las guías, sobre todo en estos días de efímeras imposturas y postines.











martes, 3 de noviembre de 2009

Réquiem por tres grandes hombres longevos



Francisco Ayala, (Granada, 16 de Marzo de 1906- Madrid, 3 de Noviembre de 2009)



Perduración del libro y la lectura.

Pinchad en la imagen para leer el artículo:




Jose Luis López Vázquez (Madrid, 11 de Marzo de 1922- Madrid, 2 de Noviembre de 2009)






Claude Lévi-Strauss (Bruselas, 28 de Noviembre de 1908- París, 31 de Octubre de 2009)



Raza e historia (fragmento)
" Hablar de la contribución de las razas humanas a la civilización mundial podría causar sorpresa en una serie de capítulos destinados a luchar contra el prejuicio racista. Sería vano haber consagrado tanto talento y tantos esfuerzos en demostrar que nada, en el estado actual de la ciencia, permite afirmar la superioridad o inferioridad intelectual de una raza con respecto a otra, si solamente fuera para devolver subrepticiamente consistencia a la noción de raza, queriendo demostrar así que los grandes grupos étnicos que componen la humanidad han aportado, en tanto que tales, contribuciones específicas al patrimonio común. Pero nada más lejos de nuestro propósito que una empresa tal, que únicamente llevaría a formular la doctrina racista a la inversa. Cuando se intenta caracterizar las razas biológicas por propiedades psicológicas particulares, uno se aleja tanto de la verdad científica definiéndolas de manera positiva como negativa. No hay que olvidar que Gobineau, a quien la historia ha hecho el padre de las teorías racistas, no concebía sin embargo, la «desigualdad de las razas humanas» de manera cuantitativa, sino cualitativa: para él las grandes razas primitivas que formaban la humanidad en sus comienzos —blanca, amarilla y negra— no eran tan desiguales en valor absoluto como diversas en sus aptitudes particulares. La tara de la degeneración se vinculaba para él al fenómeno del mestizaje, antes que a la posición de cada raza en una escala de valores común a todas ellas. Esta tara estaba destinada pues a castigar a la humanidad entera, condenada sin distinción de raza, a un mestizaje cada vez más estimulado. Pero el pecado original de la antropología consiste en la confusión entre la noción puramente biológica de raza (suponiendo además, que incluso en este terreno limitado, esta noción pueda aspirar a la objetividad, lo que la genética moderna pone en duda) y las producciones sociológicas y psicológicas de las culturas humanas. Ha bastado a Gobineau haberlo cometido, para encontrarse encerrado en el círculo infernal que conduce de un error intelectual, sin excluir la buena fe, a la legitimación involuntaria de todas las tentativas de discriminación y de explotación. "

domingo, 1 de noviembre de 2009

Los Hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson

... y puso la cafetera.



Ay Mama Inés
Ay Mama Inés
Todos los suecos
tomamos café


Cambien la palabra negros por la palabra suecos, y servirá de banda sonora original para la primera parte de la primera parte de la saga Millennium, también conocida por la trilogía de culto -no sé por qué- y por trilogía Salander.
Una de las cosas que más me ha gustado de la novela es que sus personajes están todo el día tomando café, normalmente solo, sin leche y sin azúcar, y a menudo, aunque menos, café latte, es decir, con leche, sin azúcar.
Un sueco visita a otro sueco y antes de saludarse ya están poniendo la cafetera y colocando las tazas. Si un sueco se despierta a media noche y no logra conciliar el sueño, se pone la cafetera y se bebe un café mientras reflexiona alguna trama económica, periodística, judicial o criminal. Un sueco, solo en casa, al levantarse, a media mañana, a media tarde, y después de la cena, pone la cafetera y se toma un café.
Además comen rebanadas de pan con queso, mucho pescado ahumado, albóndigas, guisos de carne de alce y de otros pintorescos cérvidos nórdicos.
Y beben un orujo de allí, cuyo nombre ahora no recuerdo, no me acuerdo ni de los nombres de los personajes ni de los nombres de las ciudades de la novela.
En Suecia, en verano hace calor y en invierno mucho frío, la diferencia con España es que allí en Invierno hace un frío de unos 30 grados bajo cero. Imagínate que un español sale de casa con esa temperatura. Un sueco, con esa costumbre del frío, hace vida normal, entre estanterías de Ikea y cafeteras y albóndigas de Bambi y que seguramente aderecerá con salsas de arándanos u otras frutas del bosque. Un español quedará momificado nada más poner un pie en la calle, ostia, Manolo, mira cómo patino...
Está de moda Estocolmo, y en la tele echan programas tipo españoles por el mundo en los que salen paisanos que viven por allá arriba -según los mapas-. Yo no me pierdo ni uno, uno aprende mucho con los programas de la tele, como qué quiere decir la expresión hacerse el sueco. Y es que resulta que a los suecos no les gusta entrar en conflictos, si alguien tiene ganas de entrar en polémica, el sueco hará un gesto gentil y escurrirá el bulto. Yo soy muy gentil y muy sueco, llegado el caso.
Uno de los mayores aciertos, según Vargas-Llosa y yo mismo, es el personaje femenino de la outsider Salander. Es el gran acierto de esta novela.
Hay una trama judicial, una trama económica, una trama periodística, y una trama criminal, que es la principal. A diferencia de tanto best-seller -cuidado, que esta novela reúne todos los tópicos de lo que se entiende por best-seller-, hay un toque original, y es que la trama principal, la solución del enigma, se resuelva cien páginas antes de finalizar la obra.
Uno vuela por las páginas leyendo a velocidad vertiginosa, hasta llegar a la quinientos ochenta o así, entonces para, sosegadamente, se pone la cafetera, y lee la solución de otras tramas menores, entrelazadas todas entre sí.
También hay sexo y violencia, cómo no, y después de cada polvo y de cada agresión se toman un café.
Yo lo que busco en este tipo de obras es algo que encontraba de niño en las novelas de Enid Blyton, enumeración más o menos narrada de rutinas y manías. Yo leía las novelas de Los Cinco, más que por la trama de misterio, por ver lo que comían, y es que esos muchachos estaban todo el día devorando sándwiches, salchichas, pasteles, huevos con tocino; todo regado con té y cerveza de jengibre.
Los personajes dramáticos de Wilde toman mucho té y sándwiches de pepino.
Pepe Carvalho, el detective más grande, se pasa el día comiendo mucho y bueno, que es lo que hay que hacer, según piensa éste, cuando uno come solo, para olvidar que está solo. En las novelas de Vázquez Montalbán siempre hay una trama gastronómica donde siempre gana el buen comer, allí los malos siempre comen mal y poco.
Las novelas más geniales, como El Quijote de Cervantes y el Gargantúa de Rebelais, enumeran manjares con evocadoras descripciones. Memorables las bodas de Camacho …
Claro es que también busco el suspense, que el escritor de turno me meta en su intriga. Pero esto es lo de menos, tampoco soy un buen lector de novelas de intriga, en cuanto los personajes se dedican a la resolución del caso, sin comer, ni amar, ni reflexionar sobre cualquier cosa ajena a la trama, pues me suelo aburrir mazo.
Un par de horas después de dar por finalizada la novela me he puesto la peli en el dvd. Ni punto de comparación. Si después de leerte un tochazo de 700 páginas te ves su representación en un par de horas, es como si visualizaras un resumen bastante raquítico, mutilado. Así que de la peli mejor que no opino -eso sí, la reconstrucción de los hechos a través de los negativos de las fotografías escaneadas logran adaptar para la pantalla todo ese misterio de la novela-. Si hubiera dejado pasar un par de meses, seguro que algo habría sacado en claro.